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Siempre leyendo (XXIV)

LA LLANURA CELESTE

Hoy les propongo un juego: olviden prejuicios y manías, esas orejeras que desarrollamos a veces los lectores empedernidos y que nos impiden ver la vastedad de las bibliotecas. Los animo a abrir ‘La llanura celeste’ como si fuera el primero libro que cayera en sus manos o, mejor, como si fuera la transcripción en letra impresa de una leyenda que les contaran en un viejo filandón a una hora entre la vigilia y el sueño.

El autor de este libro matrioshka, preñado de pequeñas leyendas y tradiciones orales, es José Antonio Abella. Un ser extraño que mientras cuidaba a sus pacientes en una de esas consultas del medio rural iba construyendo una carrera literaria plagada de viejas historias, pues allí donde olfatea un prodigio imagina una novela. A veces, están ‘basadas en hechos reales’ como ‘La sonrisa robada’ feliz unión de vida y literatura que le valió el premio de la Crítica de Castilla y León. Y como medicina y literatura no le son suficientes, hace esculturas, estudia las estrellas y rastrea en cuanta librería de viejo sospecha de la existencia de algún tesoro escondido. Así surgen libros como este del que les hablo.

En ‘La llanura celeste’ un niño pastor sin padres conocidos, que ha crecido al cuidado de los monjes del Monasterio de San Pedro de Arlanza, se ve envuelto en una misión: la de encontrar el prodigio que salve a su moribundo rey. Olvidé decir que el rey es Alfonso VIII y que estamos a finales del siglo XII. El caso es que el niño se acuesta una noche al lado de su fiel mastín y, cuando se levanta por la mañana, el viejo camino de tierra se ha convertido en un duro camino de algo oscuro que él no sabe que se llama asfalto por donde rugen dragones de metal con gente dentro sin síntomas de pánico alguno. Puro día de hoy. El destino del chaval, en cuya lengua se reproduce el castellano medieval hubiera sido muy tortuoso de no haberse topado entre las provincias de Burgos y Soria con un caminante acostumbrado a pisar ese terreno fronterizo entre realidad y ficción, de nombre Ignacio Sanz, escritor, alfarero, rastreador de todo tipo de usos y costumbres. Juntos recorrerán la comunidad en un viaje al que les invito a dejarse llevar leyendo estas páginas que ninguna guía de viaje pueden imitar. Aviso: ambos, José Antonio Abella e Ignacio Sanz, son amigos de la que suscribe. Pero eso no les hace culpables.

FICHAllanura-celeste

La llanura celeste
Autor: José Antonio Abella
Editorial: Páramo.
388 páginas, 21,50 euros

Sobre el autor

Más que un oficio, el periodismo cultural es una forma de vida. La llevo ejerciendo desde que terminé la carrera. Hace de eso algún tiempo. Me recuerdo leyendo y escribiendo desde que tengo uso de razón. La lectura es mi vocación; la escritura, una necesidad. La Cultura, una forma de estar en el mundo. Dejo poemas a medio escribir en el bolso y en todos los armarios.


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