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Las cifras de la Cultura, un paisaje de ansiedad

Los periodistas que asistían a la rueda de prensa no daban crédito a sus oídos.  Y por tanto, no hicieron preguntas al respecto y el dato quedó ahí flotando… Fue durante la presentación a los medios de la exposición que conmemora en el Musac el decimoquinto aniversario de su inauguración. Su director, Manuel Olveira, afirmó sin que nadie lo hubiera preguntado que el Museo había perdido en el último año 1.500 visitantes.  Si una de la claves de lo que es noticia es la novedad, estábamos ante una verdadera noticia. Y no era la cifra que se acababa de aportar, que, por supuesto, hay que situarla en su contexto, aparte de que el que una institución cultural pueda perder visitantes no es una novedad. No. La noticia estaba en la sinceridad del director que, con la mayor naturalidad, se había situado en un lugar extraterrestre. En una época en la que las instituciones culturales, ya sean museos, festivales o justas poéticas, han entrado en la guerra de las cifras igualando los análisis de ‘share’ de las cadenas televisivas las redacciones de los medios son receptoras de avalanchas de notas de prensa en las que con el titular ya prescrito se ofrecen números tan grandilocuentes como sospechosos. Y así suelen publicarse, aunque un análisis mínimamente concienzudo, de esos que las mermadas plantillas o la pereza no ayudan a realizar, sería capaz de desmentir a la baja la mayoría de las cifras de asistencia, pongamos por caso y ya que estamos, a un museo. Ni contando como visitantes a todo ser humano que traspase el umbral ya sea una investigadora o el empleado de servicio de mensajería suenan reales los números que se aportan (sin olvidar que algunos de estos espacios se alquilan para bodas, bautizos y comuniones, cuyos participantes acaban engrosando las estadísticas de consumidores de cultura). Y no hay que cargar todo el peso de la culpa sobre los directores de estos centros, que a menudo sufren la presión en la nuca de los responsables políticos, que solo ven rentabilidad de la inversión si en la comparecencia mediática de turno pueden aportar números que avalen el presunto brillo de su mandato. Porque, aunque los periodistas culturales y en general el público afecto a las manifestaciones de la cultura, no olvidamos que ‘rentabilidad’ en este campo no puede medirse por el mismo baremo que el Ibex 35, los políticos al frente sí suelen olvidarlo. 

Por eso, el dato aportado por Olveira, aunque fuera negativo (el Museo cerró 2019 con 62.473 visitantes frente a los 64.027 de 2018), sonó a música celestial. A música de buenas prácticas y transparencia, sí, esos conceptos tan manidos como las cifras y tan irreales como ellas. Porque ni siquiera puso excusas al aportarlo. Y las tenía. El Musac pasó parte del año pasado sin responsable de comunicación (el puesto al que ha vuelto Izaskun Sebastián, que además de difundir las actividades del centro gestiona su presencia en las redes sociales) y sufrió la pérdida de un puntal de su equipo, la llorada Araceli Corbo, cuyas actividades al frente de la biblioteca y el centro de documentación del centro eran fuente de participación.

Ojalá cundiera el ejemplo y poco a poco actitudes como ésta no solo no fueran noticia sino ayudaran a cambiar la mentalidad. Aunque parece improbable. La tendencia político-institucional no parece la de aumentar mediante los planes educativos y la promoción de la cultura con mayúsculas el público demandante y susceptible de disfrutar del arte, el cine o la literatura sin que le doren la píldora del ‘entretenimiento’. Ni la de proteger el campo del embate de la ramplonería y el acomodaticio y comercial espectáculo, muchas veces avalado con dinero público.

Una lectura atenta de las manifestaciones de los directores de dos de los museos más importantes de la Comunidad (el Nacional de Escultura y el Patio Herreriano) con las que se abría ayer la sección de Cultura de este periódico parecían vislumbrar esa ansiedad. Siendo como eran irreprochables y avaladas por la impecable trayectoria de María Bolaños en el primero caso y el prometedor comienzo de Javier Hontoria en el segundo. Porque, por supuesto, nada hay que objetar a la necesidad de ampliar los públicos, trabajar con los espectadores del futuro e incardinar los museos en las aspiraciones de la sociedad que los acoge. Al contrario. Es el camino. Lo malo sería que, al final, su gestión solo se midiera por el número de almas que atraviesen el umbral. No habríamos aprendido nada.

Foto: una visitante contempla una de las obras expuestas en la exposición del Musac: ‘Cinco itinerarios y un punto de vista’. Cortesía del Musac

(Análisis publicado en la edición impresa de El Norte de Castilla el 27 de enero de 2020)

Sobre el autor

Más que un oficio, el periodismo cultural es una forma de vida. La llevo ejerciendo desde que terminé la carrera. Hace de eso algún tiempo. Me recuerdo leyendo y escribiendo desde que tengo uso de razón. La lectura es mi vocación; la escritura, una necesidad. La Cultura, una forma de estar en el mundo. Dejo poemas a medio escribir en el bolso y en todos los armarios.


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