…Y BECKETT SE COLÓ FUERA DE CONCURSO
A veces, el cine y el teatro hacen buena boda, Lubitsch lo sabía bien. También lo ha probado Emmanuelle Courcol (1957), actor, guionista y, desde 2012 en que hizo su primer corto, también director. Su segundo largometraje, que ya ha sido proyectado en el pase de prensa, clausurará la edición más valiente de cuantas ha celebrado el Festival en sus últimos años. ‘Un triunfo’ para clausurar una edición cuya sola celebración lo ha sido ya. La historia, basada en un hecho real, la cuenta Courcol con brío, con verdad. Un grupo de presos acude, al principio sin mucho convencimiento, a un taller de teatro dentro las actividades de la prisión. El profesor, Etienne, es un actor en cierta forma fracasado, que acepta la misión porque no tiene otra cosa: lleva tres años sin pisar un escenario. Los presos están hartos de las fábulas que les hacía aprenderse el anterior director del taller. Etienne decide dar un paso más. Se da cuenta de que para ellos el mundo de Beckett no está alejado de su día a día y se propone subir una montaña: que representen ‘Esperando a Godot’.
Para ellos tampoco Godot llegará nunca, pero al menos tienen su sombra. Y lo que iba ser una representación única se convierte en una exitosa gira por teatros cada vez de más alcurnia. Las dificultades, las tensiones, los amagos de abandono… todo es lidiado por el tesón de Etienne, que ha encontrado él también un motivo para levantarse por las mañanas. La directora de la prisión es su único apoyo cuando todo parece que se torcerá definitivamente.
Magnífica la interpretación de Kad Merad en el papel de esforzado director, muy bien acompañado por el resto del elenco.
La película, que no puede ser tachada de amable, supuso un soplo de alivio entre tanto drama en blanco y negro. El de Servants, de Ivan Ostrochovský, que sitúa la acción en la Checoslovaquia totalitaria de los ochenta. El film denuncia la connivencia de las autoridades de la Iglesia Católica con las exigencias del Partido Comunista y la represión de cualquier intento de disidencia bajo la amenaza de cierre del seminario en el que se forman dos amigos, Juraj y Michal. El poder del miedo, el dilema de elegir entre la sumisión o la ética, son presentados con una más que destacable fotografía en blanco y negro (con atractivos y estéticos planos cenitales) y tal sequedad en el guion que difícilmente consigue del espectador algo más que una mirada externa. Difícil empatizar con sus protagonistas, pues Ostrofchvský elude con precisión de cirujano cualquier atisbo se sentimentalidad.
ESTÉTICA SIN FUNDAMENTO
No hubo respiro en la siguiente propuesta del día, la china ‘La nube en su cuarto’, un cúmulo de buenas intenciones, también con propuestas estéticas entre el blanco, el negro y el blanco y negro, y el juego de la imagen invertida. El primer largometraje de la joven cineasta Zhen Lu Xinyuan es el claro ejemplo de cómo una voluntad de estilo puede comerse el argumento y desbaratar la historia. La película tiene momentos, pero quedan aislados en un puzzle sin argamasa. Quizá la próxima vez…
LA VUELTA DE BAJO ULLOA
Y una mención para ‘Baby’, la última película de Juanma Bajo Ulloa, proyectada en sesión especial durante el Festival. La historia, una fábula contada en tono de thriller, supone la vuelta de este cineasta a su cine más personal, aquel con el que brilló en films como ‘Alas de mariposa’ o ‘La madre muerta’. Aquí una joven drogadicta da a luz un bebé al que será incapaz de cuidar, pues se encuentra en el momento más bajo de su vida. Tras venderlo a una extraña mujer se arrepiente de su decisión y decide recuperarlo. A partir de aquí la película se convierte en un cuento de terror, rodado sin palabras, puesto en pie a base de la expresividad de las intérpretes, todas mujeres, y las poderosas, barrocas y bellas imágenes que logra su director con la complicidad de la fotografía de Josep M. Civit.
Lo dicho: la vuelta a su mejor cine, que hay que celebrar, pues no es de extrañar las dificultades que en los tiempos que corren tienen este tipo de proyectos para salir adelante.