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	<title>Calle 58la sombra del ciprés &#8211; Calle 58</title>
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		<title>La piel transparente y vegetal de Marina Núñez</title>
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		<pubDate>Mon, 26 Feb 2024 12:27:02 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Angélica Tanarro</dc:creator>
		                		<category><![CDATA[Actualidad]]></category>
		<category><![CDATA[Arte]]></category>
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		<description><![CDATA[La artista palentina interviene con sus obras en el Museo Lázaro Galdiano de Madrid Algo en la trayectoria artística de Marina Núñez (Palencia, 1966) alude siempre a la idea del eterno retorno y así es también en ‘Nada es tan profundo como la piel’, la exposición que hasta el 10 de marzo se puede visitar [&#8230;]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><strong>La artista palentina interviene con sus obras en el Museo Lázaro Galdiano de Madrid</strong></p>
<div id="attachment_1970" style="width: 591px" class="wp-caption aligncenter"><a href="https://static-blogs.elnortedecastilla.es/wp-content/uploads/sites/2/2024/02/Botánica-2-pequeña.jpg"><img aria-describedby="caption-attachment-1970" class="wp-image-1970" src="https://static-blogs.elnortedecastilla.es/wp-content/uploads/sites/2/2024/02/Botánica-2-pequeña-300x210.jpg" alt="" width="581" height="406" srcset="https://static-blogs.elnortedecastilla.es/wp-content/uploads/sites/2/2024/02/Botánica-2-pequeña-300x210.jpg 300w, https://static-blogs.elnortedecastilla.es/wp-content/uploads/sites/2/2024/02/Botánica-2-pequeña-768x538.jpg 768w, https://static-blogs.elnortedecastilla.es/wp-content/uploads/sites/2/2024/02/Botánica-2-pequeña-1024x718.jpg 1024w" sizes="(max-width: 581px) 100vw, 581px" /></a><p id="caption-attachment-1970" class="wp-caption-text">Foto: Borja Morgado</p></div>
<p>Algo en la trayectoria artística de Marina Núñez (Palencia, 1966) alude siempre a la idea del eterno retorno y así es también en ‘Nada es tan profundo como la piel’, la exposición que hasta el 10 de marzo se puede visitar en el Museo Lázaro Galdiano de Madrid. Así lo señala Isabel Tejeda comisaria de una muestra concebida como algo más complejo que una intervención en la colección del museo. Una serie de obras más que invadir visitan, dialogan, contrastan y se mezclan humilde o espectacularmente con las piezas de enorme valor que el matrimonio formado por Lázaro Galdiano y Paula Florido atesoró a lo largo de su existencia y que en origen se concibió como como una gesamtkunstwerk, es decir, una obra de arte total y a la manera de los gabinetes de curiosidades. Esta es una de las cuestiones que diferencian esta exposición de otras intervenciones de Núñez en espacios históricos como la titulada ‘Tinieblas y luz’ que hizo para la catedral de Burgos en 2008, o la intervención ‘Vanitas’ en 2021 para el museo Thyssen Bornemisza de Madrid.</p>
<p>La frase de Paul Valéry que da título a la muestra le sirve a la artista para reivindicar la epidermis entendida no como frontera o simple envoltorio de lo más profundo del ser humano sino como la superficie que nos conecta con el exterior y es al mismo tiempo el mapa donde se imprimen nuestras vivencias y eso indefinible que subyace en nuestro interior y a su través sale a la superficie. La piel que es también el lugar del ornamento y ornamento es un concepto pilar de esta exposición. Todo en el museo (las molduras, los techos, el mobiliario) es un canto a la ornamentación, pero también las telas y ropajes de los personajes representados en las pinturas de la colección le sirven a la artista palentina para recrearlas en sus obras. Piel y ornamento, lo presuntamente superficial defendido aquí como lo que también nos constituye e identifica.</p>
<p>Mujeres son todos los personajes presentes en la exposición. Marina Núñez se ha caracterizado no solo por reivindicar la figura femenina sino por retorcer los tópicos y estereotipos ligados a su imagen en la historia de la cultura. Su feminismo pasa a menudo por servirse de esos mismos tópicos y reivindicarlos como una forma de libertad. Así sus dafnes no se quedan atrapadas en la forma vegetal sino que de su cerebro brota la vida y se expande.</p>
<div id="attachment_1972" style="width: 470px" class="wp-caption alignright"><a href="https://static-blogs.elnortedecastilla.es/wp-content/uploads/sites/2/2024/02/Ornamento-copia-pequeña.jpg"><img aria-describedby="caption-attachment-1972" loading="lazy" class="wp-image-1972" src="https://static-blogs.elnortedecastilla.es/wp-content/uploads/sites/2/2024/02/Ornamento-copia-pequeña-300x197.jpg" alt="" width="460" height="302" srcset="https://static-blogs.elnortedecastilla.es/wp-content/uploads/sites/2/2024/02/Ornamento-copia-pequeña-300x197.jpg 300w, https://static-blogs.elnortedecastilla.es/wp-content/uploads/sites/2/2024/02/Ornamento-copia-pequeña-768x504.jpg 768w, https://static-blogs.elnortedecastilla.es/wp-content/uploads/sites/2/2024/02/Ornamento-copia-pequeña-1024x673.jpg 1024w" sizes="(max-width: 460px) 100vw, 460px" /></a><p id="caption-attachment-1972" class="wp-caption-text">foto: Borja Morgado</p></div>
<p>Sin duda dos piezas de las que componen la muestra se quedarán por su espectacularidad en la mente del espectador que la visite. Se trata de dos grandes rostros femeninos situados en el salón de honor del palacio, un espacio dedicado a la pintura española de los siglos XV y XVI. Artista y comisaria decidieron ocupar los dos únicos espacios libres de una sala particularmente llena de cuadros y objetos: los ventanales. ‘Botánica’ I y II son dos enormes impresiones digitales sobre aluminio de 300 x 132,5 cm cada una. Representan dos rostros femeninos sin pelo, de encaje transparente (debajo de esa piel no hay nada) a los que le crecen unas esferas de distinto tamaño que simulan esporas: dentro de ellas surge la vida, en el juego entre representación y meta representación que supone toda la muestra. Las plantas que aparecen en esas esferas están realizadas con inteligencia artificial.</p>
<div id="attachment_1974" style="width: 310px" class="wp-caption alignright"><a href="https://static-blogs.elnortedecastilla.es/wp-content/uploads/sites/2/2024/02/envidia-rama-de-abedul-1-pequeña.jpg"><img aria-describedby="caption-attachment-1974" loading="lazy" class="wp-image-1974 size-medium" src="https://static-blogs.elnortedecastilla.es/wp-content/uploads/sites/2/2024/02/envidia-rama-de-abedul-1-pequeña-300x237.jpg" alt="" width="300" height="237" srcset="https://static-blogs.elnortedecastilla.es/wp-content/uploads/sites/2/2024/02/envidia-rama-de-abedul-1-pequeña-300x237.jpg 300w, https://static-blogs.elnortedecastilla.es/wp-content/uploads/sites/2/2024/02/envidia-rama-de-abedul-1-pequeña-768x607.jpg 768w, https://static-blogs.elnortedecastilla.es/wp-content/uploads/sites/2/2024/02/envidia-rama-de-abedul-1-pequeña-1024x809.jpg 1024w" sizes="(max-width: 300px) 100vw, 300px" /></a><p id="caption-attachment-1974" class="wp-caption-text">Detalle de una de las obras expuestas. Foto: Borja Morgado</p></div>
<p>Arte, ciencia y tecnología han sido y son las líneas maestras del argumento de sus obras. Y el movimiento, una constante en sus exposiciones a través de la vídeo proyección. La segunda pieza espectacular de la muestra se instala en la sala de armaduras. También en esta ocasión la artista ha ocupado los huecos acristalados que comunican lo que en realidad era el zaguán del palacio con los jardines que lo rodean. Son ahora las pantallas sobre las que se proyecta ‘Las herboristas’. El trazado del ‘suelo’ simboliza el jardín y los pórticos que separan y abren dicho jardín hacia un espacio oscuro son arbóreos pero también aluden a los ventanales abiertos al paisaje de las pinturas flamencas. Las herboristas, mujeres cubiertas con mantos dorados también de ornamentación vegetal y a las que no se les ve el rostro, recorren el espacio ‘interior’ mientras que unas enigmáticas figuras compuestas por una presunta cota de malla igualmente transparente (de nuevo la piel, el ornamento <em>per se</em>) se sitúan en ese otro espacio oscuro e infinito y lo recorren en sentido contrario. Una música compuesta para la pieza por Luis de la Torre recuerda la música del Renacimiento.</p>
<p>Por último, por lo que se refiere a las piezas de gran tamaño encontramos las situadas en lo que fuera el salón de baile del palacio. Marina Núñez ha reproducido la marquetería del suelo original en tres impresiones y sobre cada una de ellas aparece, como un trampantojo una mujer a la que cubre un sudario ornamental. También aquí una mano, una porción de pierna, nos muestran que sus cuerpos son encaje vegetal, que están huecas, pero que es ese encaje su consistencia. No es causal y así nos lo recuerda Isabel Tejeda que la sala la presida un retrato de Gertrudis Gómez de Avellaneda, la escritora romántica hispanocubana antiesclavista y pionera en la lucha por la independencia de las mujeres.</p>
<p><strong>Cristales y pan de oro</strong></p>
<p>El resto de las piezas que componen la intervención son ya de menor tamaño. Al entrar en la sala 9 del Museo, dedicada a los retratos femeninos, la mirada queda colgada de la gola de tul que rodea el cuello de la Duquesa de Medinaceli. Y cuánto tiene que ver con la iconografía de la artista que ahora ocupa la sala con dos grisallas a lápiz que son las dafnes anteriormente aludidas.</p>
<p>También la técnica del pan de oro de la pintura gótica tiene aquí su interpretación en tres dríades, tres ninfas, agrupadas bajo el título ‘Gótico’, que parecen volar cubiertas de un manto rojo. De nuevo sólo tenemos noticia de una porción de sus cuerpos: el pelo flotante en el que la artista se apropia de la simbología de la cabellera femenina, o los pies, en realidad raíces que no las atan a la tierra. Vuelan pese a todo.</p>
<p>La tecnología en fructífero diálogo con la imagen artística se muestra en cuatro pequeñas ‘esculturas’ transparentes en sus urnas de cristal. Realizadas con impresión láser y luz led muestran cuatro mujeres cuyos cuerpos están formados por minúsculas representaciones de planetas, virus o bacterias, neuronas o protozoos. Microcosmos natural (‘Historia natural’ es su título) que alude entre otras cosas, a las bacterias que alberga nuestro cuerpo. Estas delicadas composiciones a caballo entre lo tecnológico y lo poético dialogan con dos grandes representaciones religiosas de la Inmaculada Concepción que presiden la sala.</p>
<p>Un minucioso trabajo de investigación está detrás de cada una de las piezas que componen la muestra. Para la artista, explorar las posibilidades de las nuevas tecnologías ha sido siempre un motor de su trabajo, como lo es la mirada retrospectiva, la revisión de los mitos e hitos que sustentan nuestra cultura. Por diferentes caminos que emprenda algunas de estas constantes hacen que sus obras sean plenamente identificables como suyas. La preocupación por la Naturaleza es una de esas constantes. Ya en 2009 en la exposición que hizo para el Musac de León se preguntaba por la identidad humana y abogaba por un post humanismo que apoyara su conexión con la Naturaleza. Las mujeres que habitan hasta el 10 de marzo el Lázaro Galdiano son Naturaleza. No dejen de visitarlas.</p>
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		<title>Una oportunidad perdida</title>
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		<pubDate>Sun, 11 Feb 2024 10:05:59 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Angélica Tanarro</dc:creator>
		                		<category><![CDATA[Actualidad]]></category>
		<category><![CDATA[Arte]]></category>
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		<post_tag><![CDATA[Premios Goya 2024]]></post_tag>
		<post_tag><![CDATA[Víctor Erice]]></post_tag>

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		<description><![CDATA[VÍCTOR ERICE NO VIO RECOMPENSADA SU MAGNÍFICA &#8216;CERRAR LOS OJOS&#8217; Todo el mundo sabe, y más los que nos dedicamos profesionalmente a seguir este tipo de celebraciones, que los premios tienen su dosis de injusticia y un porcentaje de arbitrariedad. No pasa nada. Pero anoche se perdió una gran oportunidad de premiar a uno de [&#8230;]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><strong>VÍCTOR ERICE NO VIO RECOMPENSADA SU MAGNÍFICA &#8216;CERRAR LOS OJOS&#8217;</strong></p>
<p>Todo el mundo sabe, y más los que nos dedicamos profesionalmente a seguir este tipo de celebraciones, que los premios tienen su dosis de injusticia y un porcentaje de arbitrariedad. No pasa nada. Pero anoche se perdió una gran oportunidad de premiar a uno de nuestros mejores directores. Decir en activo quizá es decir demasiado por lo poco que se prodiga. Pero Víctor Erice ha dado al cine después de treinta años de silencio, no ya la mejor película del año sino a mi juicio de varios años. Cerrar los ojos es uno de esos artefactos artísticos a los que hay que volver para celebrar sus capas, su riesgo, su maestría, y la perfección de su engranaje. Erice profundiza en las luces y las sombras de los seres humanos, los acompaña en sus desdichas, y los mira como pocos directores de cine han sabido mirar. Pero ni el Goya a la mejor película ni el Goya al mejor director que, aunque no hiciera falta recurrir a eso, hubiera sido una oportunidad de premiar a uno de los grandes que quien sabe si volverá a dirigir, cayeron en sus manos.</p>
<p>Todo a mayor gloria de &#8216;La sociedad de la nieve&#8217;: quién duda de que sea una buena película y vale q<a href="https://static-blogs.elnortedecastilla.es/wp-content/uploads/sites/2/2024/02/cerrar_los_ojos-560967080-mmed.jpg"><img loading="lazy" class="alignright size-medium wp-image-1964" src="https://static-blogs.elnortedecastilla.es/wp-content/uploads/sites/2/2024/02/cerrar_los_ojos-560967080-mmed-210x300.jpg" alt="" width="210" height="300" srcset="https://static-blogs.elnortedecastilla.es/wp-content/uploads/sites/2/2024/02/cerrar_los_ojos-560967080-mmed-210x300.jpg 210w, https://static-blogs.elnortedecastilla.es/wp-content/uploads/sites/2/2024/02/cerrar_los_ojos-560967080-mmed.jpg 300w" sizes="(max-width: 210px) 100vw, 210px" /></a>ue está en la carrera de los Oscars , pero una vez más gana una gran producción, un artefacto visualmente potente, eso sí, sobre un tremendo drama humano, antes que el riesgo y la profundidad. Bayona, con doce estatuillas, fue el triunfador, pero el número de cabezones se antoja exagerado. La otra gran favorita, &#8216;20.000 especies de abejas&#8217; consiguió tres, entre ellos a la mejor dirección novel para su directora, Estíbaliz Urresola. Nada que objetar. Al contrario. Y para mí una de las alegrías de la noche fue el Goya conseguido por esa gran actriz que es Ane Gabarain.</p>
<p>ELEGANCIA</p>
<p>Pero hubo otras. El discurso de Sigourney Weaver acordándose de Luisa Solá, la actriz que vierte sus interpretaciones al español. La Weaver ya había demostrado su calidad humana y su elegancia durante la rueda de prensa anterior a la gala. Su humildad y sus elogios al cine independiente muestran a una gran profesional en medio de tanto divismo hueco como a veces hay en el sector. Otra alegría fue el Goya para Malena Alterio, otro pedazo de actriz al que no le suelen llegar papeles a su altura. Ella es sin duda lo mejor de &#8216;Que nadie duerma&#8217; a cuyo estreno acudimos en la pasada edición de la Seminci.</p>
<p>Para amantes de Almodóvar, entre los que me encuentro, un gran momento de la gala fue sin duda el sofá de &#8216;Todo sobre mi madre&#8217;. Un puntazo de originalidad y afecto.</p>
<p>En mi lista de agradecimientos figura en primer lugar Pedro Almodóvar quien con la visibilidad que da ser uno de los grandes puso voz a la indignación que despertó la última ocurrencia dañina de García Gallardo. Al hilo de ésta quizá los medios deberíamos plantearnos si merece la pena dar tanto altavoz a la insensatez. También José Sacristán había hecho referencia crítica aunque más veladamente a las palabras del vicepresidente de la Junta de Castilla y León.</p>
<p>Y a quienes pusieron en primer plano los dramas que viven seres humanos sometidos a la barbarie de las guerras o a la barbarie de la incapacidad de los responsables políticos para devolver la luz a la Cañada Real en Madrid.</p>
<p>Y, por supuesto, hay que seguir diciendo alto y claro SE ACABÓ.</p>
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		<title>Deseo y tensión de realidad</title>
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		<pubDate>Sun, 03 Dec 2023 11:45:41 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Angélica Tanarro</dc:creator>
		                		<category><![CDATA[Actualidad]]></category>
		<category><![CDATA[General]]></category>
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		<category><![CDATA[poesía]]></category>
		<category><![CDATA[Uncategorized]]></category>
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		<post_tag><![CDATA[MIguel Casado]]></post_tag>
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		<description><![CDATA[(Mi lectura de la Poesía reunida de Miguel Casado, publicada en La Sombra del Ciprés el sábado 2 de diciembre de 2023) El viaje comienza en Lisboa, aunque esto no deje de ser un accidente, una estación primeriza en un itinerario poético y vital, si es que se pueden separar ambos planos en el caso [&#8230;]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><strong>(Mi lectura de la Poesía reunida de Miguel Casado, publicada en La Sombra del Ciprés el sábado 2 de diciembre de 2023)</strong></p>
<p>El viaje comienza en Lisboa, aunque esto no deje de ser un accidente, una estación primeriza en un itinerario poético y vital, si es que se pueden separar ambos planos en el caso de la vida y la trayectoria de Miguel Casado. Lisboa es el paisaje de ‘La condición de pasajero’ el libro que inaugura ‘Deseo de realidad’, el volumen que recoge la poesía reunida del escritor, ensayista, crítico y traductor vallisoletano y que ayer se presentó en la Fundación Santiago Montes de la mano del artista Manuel Sierra.</p>
<p>Hay creadores que transitan por diversos espacios, tendencias, territorios o influencias más o menos evidentes hasta encontrar su propia voz si, en el mejor de los casos, consiguen encontrarla. No es el caso del autor de ‘La mujer automática’. Su voz, como se puede comprobar en este volumen que reúne los libros dados a imprenta desde 1986, ya resuena nítida en el citado ‘La condición de pasajero’, libro que precedió a ‘Inventario’ con el que el poeta ganó el premio Hiperión. El que esa resonancia pueda sentirse ya tan temprano no quiere decir que en su mirada poética no se perciba un camino ascendente (ascendente hacia la hondura, si se me permite el oxímoron), un tomar cuerpo (cuerpo de realidad habría que decir en este caso) que cristaliza en ‘Tienda de fieltro’ y alcanza su cima (por ahora) en ‘El sentimiento de la vista’.<a href="https://static-blogs.elnortedecastilla.es/wp-content/uploads/sites/2/2023/12/Página-Miguel-Casado.jpg"><img loading="lazy" class="alignright wp-image-1948" src="https://static-blogs.elnortedecastilla.es/wp-content/uploads/sites/2/2023/12/Página-Miguel-Casado-235x300.jpg" alt="" width="360" height="460" srcset="https://static-blogs.elnortedecastilla.es/wp-content/uploads/sites/2/2023/12/Página-Miguel-Casado-235x300.jpg 235w, https://static-blogs.elnortedecastilla.es/wp-content/uploads/sites/2/2023/12/Página-Miguel-Casado.jpg 502w" sizes="(max-width: 360px) 100vw, 360px" /></a></p>
<p>¿Qué es un volumen de poesía reunida más allá de la recopilación en orden cronológico de aquello que el autor ha querido legarnos en unidad? La oportunidad de hacer el camino siguiendo sus propias huellas, las señales que fue dejando en el trayecto. Es importante en este caso, aunque parezca una obviedad, hacerlo con orden y sin prisas, siguiendo las pautas que aun sin pretenderlo ha ido dejando libro a libro sobre cómo ha ido perfeccionando su método de contemplación. Ese modo de encuentro poético con la realidad.</p>
<p>Digo contemplación y me viene a la memoria un libro de quien fuera su amigo y al tiempo poeta minuciosamente estudiado por él: Luis Javier Moreno. En ‘El final de la contemplación’, en el que el poeta segoviano desentraña algunas de las claves de los pintores que admiraba, escribe a propósito de la pintura de Ángel Cristóbal: “Al fin la luz obtiene el privilegio/ de ver llegar al día, los colores del día, / en la naturaleza de sus formas”. Y ese es el privilegio, tras una lectura reposada, minuciosa, y al tiempo relajada y dispuesta al placer de lo revelado, que encontramos en ‘Deseo de realidad’: La naturaleza de las formas a la luz de su contemplación.</p>
<p>Ya el título del libro encierra en sí numerosas claves o, mejor dicho, la clave. El mismo Miguel Casado nos da una pista en la nota final sobre ese ‘deseo de realidad’ que aparece con frecuencia en sus ensayos críticos reconociendo que su mirada de analista de la obra ajena se alimenta de la forma en que se sitúan los poemas. Y aún amplía el concepto y lo distingue de su hacer poético: “En los ensayos se puede trabajar indagando en un concepto, analizando sus aspectos, desarrollando sus relaciones. En los poemas no, en los poemas es, literalmente, un <em>deseo</em>. Se desea lo que falta, lo que no se tiene. Falta realidad, vivimos una acelerada pérdida de realidad, no solo por la ya familiar presencia de lo virtual, sino por el deterioro de la naturaleza, la progresiva ausencia de contacto con lo(s) que existe(n) fuera de nosotros, la sustitución de las cosas por su valor mercantil, la vigencia de esa <em>sociedad del espectáculo</em> de la que habló Debord hace ya muchas décadas. El deseo de realidad es tensión hacia ella, hacia las cosas y los seres, el impulso de las palabas que pudieran nombrarlos, identificarse con ellos, llenarse de esa forma suya de existir”, afirma el poeta.</p>
<p>Es también, parafraseando sus versos de ‘Falso movimiento’, un modo de mirar que se abre y que, como escribe más adelante, no precisa de modelo en las estrellas “(…) porque lo tengo aquí; nada como esta erupción de vida/ me afirma tanto en la materia (…)”</p>
<p>Y así, eliminando desde el principio retóricas superfluas, brillos engañosos, metáforas estridentes, limpiando todo aquello que no nos acerque a esa realidad buscada en “la voracidad de los detalles, la obsesiva/ observación, el tacto”, afirma su poética. La de la tensión y acercamiento a la realidad que tienen su expresión más nítida en su por ahora última entrega, ‘El sentimiento de la vista’, donde la poesía es ya cauce y corriente y en ocasiones armonía de contrarios: “Luz de la noche, / equilibrio de verdad y mentira, / corriente sin manantial (…) Oye lo que sabe y lo que no sabe/ resuena en sus tendones”.</p>
<p>Cuando publicó ‘Tienda de fieltro’, el libro anterior a éste, Miguel Casado era ya un nómada de sí mismo. “Converso con el hombre que siempre va conmigo” escribe Machado en su retrato. Casado nos invita a participar en ese soliloquio personal que no evita la mirada empática de quien siempre ha sido y es un hombre comprometido, como también en ocasiones demuestra su poesía.</p>
<p>Merece la pena, si no se ha hecho aún, acercarse a ella con la mirada abierta y, si ya se conoce, es un íntimo placer comprobar si el tiempo también ha leído estos poemas de quien tanto nos ha enseñado a leer a los demás. Los que han sido clave en nuestra formación sentimental e intelectual. También eso le debemos.</p>
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		<title>&#8216;Otto y mezzo&#8217;, Fellini en el diván</title>
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		<pubDate>Fri, 14 Feb 2020 11:44:21 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Angélica Tanarro</dc:creator>
		                		<category><![CDATA[Arte]]></category>
		<category><![CDATA[cine]]></category>
		<category><![CDATA[Espectáculos]]></category>
		<category><![CDATA[General]]></category>
		<category><![CDATA[la sombra del ciprés]]></category>
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		<description><![CDATA[“Me parecía que tenía algo muy sencillo que decir. Una película útil para todos, que nos ayudara a enterrar para siempre lo que está muerto en nosotros. Y yo soy el primero sin valor suficiente para enterrar nada”. Quien habla así es Guido Anselmi, guionista y director de cine que se encuentra en un momento [&#8230;]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>“Me parecía que tenía algo muy sencillo que decir. Una película útil para todos, que nos ayudara a enterrar para siempre lo que está muerto en nosotros. Y yo soy el primero sin valor suficiente para enterrar nada”. Quien habla así es Guido Anselmi, guionista y director de cine que se encuentra en un momento de crisis creativa, pero bien podría ser el propio Fellini quien abrumado por el éxito de sus anteriores películas (ya había conseguido el Oscar por ‘La Strada’ (1954) y ‘Las noches de Cabiria’ (1957) se encuentra ante el abismo de su creación futura.<a href="https://static-blogs.elnortedecastilla.es/wp-content/uploads/sites/2/2020/02/270px-Mastroianni_ottomez1.jpg"><img loading="lazy" class="alignright wp-image-1441" src="https://static-blogs.elnortedecastilla.es/wp-content/uploads/sites/2/2020/02/270px-Mastroianni_ottomez1.jpg" alt="" width="352" height="244" /></a></p>
<p>Y decide mirarse a sí mismo en el espejo de la pantalla para rodar ‘Ocho y medio’. El título no tiene más complicación y es una anécdota contada mil veces: Es su octava película y ese ‘medio’ hace referencia a ‘Boccaccio 70’, un filme colectivo rodado un año antes con Monicelli, Visconti y Vittorio de Sica. Por este ‘Ocho y medio’ entra la subjetividad en el cine felliniano. El director sienta metafóricamente en el diván a su alter ego (un espléndido Marcelo Mastroianni convertido en su actor fetiche después de la repercusión de ‘La dolce vita’, su inmediatamente anterior proyecto en solitario) que se refugia en un balneario buscando tranquilidad para imaginar su próxima película. Pero está en crisis de creatividad y el miedo al vacío le persigue (¿“Y si no fuera transitoria? ¿Y si fuera la caída final de un embustero sin talento?”, se pregunta el personaje) mientras el asedio del productor, del crítico, de la musa, de la amante, de la esposa no contribuye precisamente a despejar sus dudas.</p>
<p>Guido se refugia en sus sueños, a veces casi pesadillas, sueños de pasado y de futuro, imágenes grotescas, barrocas, que muestran sus obsesiones (las obsesiones fílmicas fellinianas al fin) que componen las mejores secuencias. Esos desfiles a los que era tan aficionado, aquí con los personajes vestidos de blanco, los curas de una Iglesia represora, las mujeres de su vida, los niños que fueron él y sus hermanos, los padres, la figura de la madre que siempre acaba mostrándose inalcanzable, el mago profesional, los personajes del circo al que era tan aficionado… Es también una película llena de largos parlamentos, de primeros planos en los que los personajes que rodean al director le interpelan, le reclaman, intentan llevarle a su terreno, mientras el protagonista se muestra ensimismado, ausente, perdido… Largos parlamentos que en otro director serían el anticine pero que aquí se apoyan en la magia de un genio y en sus siempre poderosas imágenes rodadas en un elegante blanco y negro.</p>
<p>La película, fechada en 1963, supone un antes y un después en la filmografía felliniana. No habrá más neorrealismo, se ha atrevido con el ‘yo’ y se queda para siempre en mayor o menor medida ese ambiente onírico que es seña de identidad del director.</p>
<p>No solo le deparó su tercer Oscar a la mejor película extranjera (aún llegarían un cuarto por ‘Amarcord’ y el honorífico a toda su trayectoria) sino que se convirtió en un film para cineastas. Muchos han sido los homenajes más o menos explícitos, más o menos fugaces, que le han hecho sus sucesores, entre los más citados, ‘Stardust memories’, de Woody Allen y ‘I’m not there’ de Todd Haynes.</p>
<p>Fellini se había rodeado de los suyos (además de Mastroianni, el compositor Nino Rota, las actrices Claudia Cardinale, Anouk Aimée y Sandra Milo) para hacer cine sobre cine. Para cineastas… Sí, pero una de las grandes películas de la historia, hecha para dejarse llevar, como su protagonista, que finalmente se desbloquea aprendiendo que hay que aceptar la vida tal y como se presenta: “Todo vuelve a ser confuso pero esa confusión soy yo”.</p>
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		<title>&#8220;Quiero que mis columnas le hagan sentir al lector menos loco o menos solo&#8221;</title>
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		<pubDate>Thu, 21 Nov 2019 16:49:36 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Angélica Tanarro</dc:creator>
		                		<category><![CDATA[Actualidad]]></category>
		<category><![CDATA[igualdad]]></category>
		<category><![CDATA[la sombra del ciprés]]></category>
		<category><![CDATA[Libros]]></category>
		<category><![CDATA[literatura]]></category>
		<category><![CDATA[Pensameinto]]></category>
		<category><![CDATA[periodismo]]></category>
		<category><![CDATA[poesía]]></category>
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		<description><![CDATA[LA PERIODISTA Y ESCRITORA ARGENTINA PUBLICA TEORÍA DE LA GRAVEDAD&#8217;, UNA SELECCIÓN DE SUS COLUMNAS  Angélica Tanarro Cuando las columnas de opinión pierden la urgencia del papel prensa o el brillo azulado de la pantalla del ordenador para recalar en un libro, todo aquello que tenían de narrativo cobra fuerza, se apoyan unas a otras [&#8230;]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><strong>LA PERIODISTA Y ESCRITORA ARGENTINA PUBLICA TEORÍA DE LA GRAVEDAD&#8217;, UNA SELECCIÓN DE SUS COLUMNAS </strong></p>
<p>Angélica Tanarro</p>
<p>Cuando las columnas de opinión pierden la urgencia del papel prensa o el brillo azulado de la pantalla del ordenador para recalar en un libro, todo aquello que tenían de narrativo cobra fuerza, se apoyan unas a otras y entre todas construyen un relato sobre la existencia humana. Eso sucede en ‘Teoría de la gravedad’, el último libro que ha dado a la imprenta en España la escritora y periodista argentina Leila Guerriero (Junín, 1967) cuyo trabajo se enmarca en la mejor tradición del periodismo literario en español que tan buenos frutos ha dado a uno y otro lado del Océano. El volumen acaba de llegar a las librerías de la mano de Libros del Asteroide. Se suma a otros títulos de la autora como ‘Opus Gelber o ‘Los suicidas del fin del mundo’.</p>
<p>&#8212;<strong>Empecemos por el título. ‘Teoría de la gravedad’ ¿a qué alude?</strong></p>
<p>&#8211;Buscaba un título que no tuviera un tono sentimentaloide, quería algo más frío, que fuera casi científico. Así que empecé a pensar en nombres de ecuaciones, de cosas relacionadas con la física y con la química. Y una de las teorías más famosas es sin duda la de la Ley de la Gravedad. Y el libro tiene esa cosa grave, pues al fin habla sobre la existencia humana así que me dije tomémosle el peso. Y pensé que iba justo por eso, porque remite a esa idea de la gravedad de la existencia humana, que no quiere decir oscuridad, pero si una cierta dureza.<a href="https://static-blogs.elnortedecastilla.es/wp-content/uploads/sites/2/2019/11/Leila-Guerriero-c-Emanuel-Zerbos.jpg"><img loading="lazy" class="alignright wp-image-1400" src="https://static-blogs.elnortedecastilla.es/wp-content/uploads/sites/2/2019/11/Leila-Guerriero-c-Emanuel-Zerbos-300x200.jpg" alt="" width="551" height="367" srcset="https://static-blogs.elnortedecastilla.es/wp-content/uploads/sites/2/2019/11/Leila-Guerriero-c-Emanuel-Zerbos-300x200.jpg 300w, https://static-blogs.elnortedecastilla.es/wp-content/uploads/sites/2/2019/11/Leila-Guerriero-c-Emanuel-Zerbos-768x512.jpg 768w, https://static-blogs.elnortedecastilla.es/wp-content/uploads/sites/2/2019/11/Leila-Guerriero-c-Emanuel-Zerbos-1024x682.jpg 1024w, https://static-blogs.elnortedecastilla.es/wp-content/uploads/sites/2/2019/11/Leila-Guerriero-c-Emanuel-Zerbos.jpg 1732w" sizes="(max-width: 551px) 100vw, 551px" /></a></p>
<p><strong>&#8211;Cuando se trata de reunir piezas sueltas, el orden y la selección tienen mucho peso, de forma que de ellos depende que salga un libro u otro y que al final las piezas se puedan leer como pequeños relatos encadenados. ¿Cómo ha sido en este caso el proceso de selección?</strong></p>
<p>&#8211;Es cierto lo que decís. En este caso, tanto la selección de las columnas como el orden los he hecho yo. Tenía una serie de columnas que trataban así asuntos de la experiencia humana desde un punto de vista personal y me preguntaba si no merecería la pena armar un libro con ellas que también eran las favoritas del editor Luis Solano. Porque otras veces escribo de temas más de actualidad, que se yo del Papa, de los abusos, de la crisis, de cuestiones de género… pero se trataba de hacer un libro atemporal con esas otras en las que hablo de amor, desamor, de ilusión, de desilusión, de las pérdidas, del paso del tiempo… Y fue un arduo trabajo elegir entre cientos y cientos de columnas, que afortunadamente tengo muy ordenadas en la computadora. No quería un orden cronológico, sino que buscaba un hilo narrativo que creo que subyace de una manera casi fantasmal.</p>
<p><strong>&#8211;De hecho, aunque no hay capítulos, a veces se pueden imaginar: en toda la primera parte tiene un gran peso el tema de las pérdidas (‘Lo que se pierde’ es el título de una de ellas), luego está la serie de ‘Instrucciones’ que son como fotos fijas de la vida de pareja…</strong></p>
<p>&#8211;Sí. Yo no quería capítulos, pero es cierto que hay zonas: el comienzo habla mucho de ausencias, de los padres, de la infancia, luego están las ‘Instrucciones’ que son la parte Frankestein porque las armé con retazos de cosas que he oído o que he visto o que me han pasado, y hacia el final hay una zona más luminosa… Es un paisaje emocional y como en todo paisaje hay distintas zonas, no estás siempre llorando o a los gritos, o feliz…</p>
<p><strong>GUARDIA PRETORIANA</strong></p>
<p><strong>&#8211;Es muy interesante el uso del yo como un recurso para hablar de cosas universales. Pedro Mairal, en el prólogo, lo expresa muy bien. Ese yo “es ficción en la medida en que es una construcción y contiene multitudes” y no lo es porque se muestra en carne viva.</strong></p>
<p>&#8211;Cuando uno escribe una columna así, con tanto contacto con lo personal, la pregunta que te haces es ¿por qué estoy contando esto? No tengo tanto ego como para pensar que lo que me ocurra le pueda interesar a tanta gente. La intención final es que cuando le llegue al lector eso que cuentas le haga sentir menos loco o menos solo, porque a él le ocurre algo parecido. Por eso, ese yo es una presencia algo fantasmal porque cuando piensas que se le va a atrapar ya está fuera. Hay una exposición, pero también una huida. Se muestra hasta el punto que esa exposición sirva para contar algo más universal.</p>
<p><strong>&#8211;Otro elemento de estilo es la poesía. Muchas columnas terminan con unos versos de poetas tan distintos como Idea Vilariño o Charles Simic, Elizabeth Bishop o Ana Blandiana. ¿Qué lugar ocupa la poesía en su vida y en su trabajo?</strong></p>
<p>&#8211;Yo leo mucha poesía. Y en mi biblioteca tiene un gran peso. Hablando con Manolo Borrás, el editor de Pre-Textos, le contaba que, en mi biblioteca, los estantes con la poesía están detrás de mi escritorio de forma que escribo de espaldas a los poetas. Y siento como que me protegen. Son algo así como mi guardia pretoriana. Y cuando los uso al final de una columna es como una rúbrica que intensifica lo que intento decir, o lo muestro porque ellos lo dijeron mejor. Por otro lado, es muy importante para un periodista leer poesía porque te da mucha oreja, mucho oído. En lo que escribo hay un cuidado por la música del lenguaje, por la métrica de las palabras. Corrijo mucho los textos buscando un adjetivo determinado que sea esdrújulo para que la frase suene como yo quiero, o busco un sinónimo para que no haya una rima innecesaria. Y también te enseña economía de recursos. Con dos frases los poetas dicen cosas que a ti te llevan cuarenta.</p>
<p><strong>&#8211;Otro tema habitual en sus columnas es la situación del periodismo. En una de las reunidas en un libro anterior, ‘Zona de obras’ (Círculo de tiza’), escribía: “¿Dejarían morir, sin intentarlo todo, a alguien que quieren mucho?”. ¿Lo estamos dejando morir?</strong></p>
<p>&#8211;Yo sigo escuchando la queja permanente. Y es cierto que las cosas no están bien, que hay muchos periodistas en paro y es muy preocupante y no sé si la situación se ha agudizado. Pero también creo que no hay que resignarse, que con la denuncia no basta. Hay que hacer algo para que este oficio no desfallezca, no se diluya, y hacerlo desde dentro. Volver a pensar entre todos el qué y el para qué. Hay crisis de medios, de empresas, pero este es un oficio de gente combativa, rebelde, contestataria, no es para gente mansita y yo me pregunto ¿qué responsabilidad nos cabe en todo lo que nos pasa?</p>
<p><strong>&#8211;Y esta forma de trabajo que imponen las nuevas tecnologías ¿afecta más al periodismo literario?</strong></p>
<p>-No. Yo creo que afecta más al de la noticia, al de la urgencia. Al periodista que tiene que hacer cinco notas al día y estar pendiente de la web y alimentar las redes sociales. A ese afán por llegar los primeros que acaba a veces dando noticias falsas, a ese periodismo que se hace desde la redacción por teléfono y sin pisar la calle. El periodismo narrativo siempre tuvo poco espacio, siempre fue marginal y, sin embargo, ahora hay muchos periodistas interesados por él y que gestionan medios en los que tienen cabida textos más largos, crónicas en las que se puede trabajar más tiempo. Porque urgencia y crónica se contraponen por completo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>TODO. TODO EL TIEMPO</strong></p>
<p><em>“Todo. Todo el tiempo”. La respuesta magistral que el genial músico de jazz Thelenius Monk dio a quien le preguntó cuando ya se había retirado y recluido ¿Qué te pasa? y a la que Leila Guerriero alude en la página 68 de ‘Teoría de la gravedad’ bien podría haber sido el título de este libro. En él una mujer escribe o piensa en que tiene que escribir, o coge el metro o un taxi, o recuerda su infancia en la Pampa y a sus padres, y va a los hospitales y a los cementerios, y a los conciertos en los que una adolescente irradiaba toda la fuerza por los poros, y cena con amigos o sola, o se detiene a pensar en el tiempo ese asesino veloz… Se angustia o es feliz en un instante incomprensible. Aquí palpita la vida en cada página y hay un yo que nos refleja, pero también hablan algunos yoes que la (nos) reflejaron antes. Guerriero toma la batuta para armonizar sus palabras con las de los poetas, y se apoya en ellos para sentirse menos sola. Entre las muchas citas hace suyas las palabras de Joan Didion cuando dice que uno no teme por lo que ya perdió, sino por lo que todavía no ha perdido. Guerriero, energía y lucidez hecha periodismo. ¿Su secreto? Quizá esta confesión: “Me dirán loca. Yo siempre estaré buscando bajo los adoquines, la arena de la playa”.</em></p>
<p>Foto: Emanuel Zerbos</p>
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		<title>La alegría de la escritura</title>
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		<pubDate>Mon, 03 Jun 2019 18:35:41 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Angélica Tanarro</dc:creator>
		                		<category><![CDATA[General]]></category>
		<category><![CDATA[la sombra del ciprés]]></category>
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		<post_tag><![CDATA[Carlos Pujol]]></post_tag>
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		<post_tag><![CDATA[Los secretos de San Gervasio]]></post_tag>

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		<description><![CDATA[A PROPÓSITO DE &#8216;LOS SECRETOS DE SAN GERVASIO&#8217; (SHERLOCK HOLMES EN BARCELONA), DE CARLOS PUJOL En los últimos años de su trayectoria, el escritor Carlos Pujol, hombre vinculado a la editorial Planeta durante toda su vida y miembro del jurado de su premio más internacional, confió sus novelas a la editorial palentina Menoscuarto. En este [&#8230;]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><strong>A PROPÓSITO DE &#8216;LOS SECRETOS DE SAN GERVASIO&#8217; (SHERLOCK HOLMES EN BARCELONA), DE CARLOS PUJOL</strong></p>
<p>En los últimos años de su trayectoria, el escritor Carlos Pujol, hombre vinculado a la editorial Planeta durante toda su vida y miembro del jurado de su premio más internacional, confió sus novelas a la editorial palentina Menoscuarto. En este sello fueron apareciendo títulos como ‘Fortunas y adversidades de Sherlock Holmes’ (2007), ‘Antes del invierno’ (2008), ‘El teatro de la guerra’ (2009) y ‘Los fugitivos’ (2011). Pujol, que falleció en 2012 en su Barcelona natal, fue, además de escritor y editor, un reputado traductor y crítico literario, gran conocedor del género policiaco. Pero por encima de todo eso, un hombre de gran cultura y trato exquisito.   ‘Los secretos de San Gervasio’ apareció por primera vez hace 25 años y el sello palentino lo ha rescatado a modo de homenaje, como el que le rindió recientemente la Universidad Internacional de Barcelona en el que la novela fue uno de los ejes. Un prólogo de Andrés Trapiello y un epílogo del propio Pujol sobre el género negro dan personalidad a la nueva edición.<a href="https://static-blogs.elnortedecastilla.es/wp-content/uploads/sites/2/2019/06/portada-portada-es1-5.jpg"><img loading="lazy" class="alignright wp-image-1125" src="https://static-blogs.elnortedecastilla.es/wp-content/uploads/sites/2/2019/06/portada-portada-es1-5.jpg" alt="portada-portada-es1" width="141" height="212" /></a></p>
<p>‘Los secretos de San Gervasio’ es el homenaje a Pujol a uno de los personajes clave del género, Sherlock Holmes y su inseparable Watson. Es un divertimento. Uno de esos libros con los que, además de experimentar el placer de la lectura, somos capaces de comprobar y compartir la alegría con la que fueron escritos. Pujol despliega su sentido del humor y su ironía como un homenaje a la ironía del autor, un Conan Doyle que hace un cameo en esta historia. La trama, en la que no falta el consabido cadáver sin el cual no se entiende el género, transcurre en Barcelona como lo atestigua el subtítulo de la novela, en un tórrido verano. La razón del inesperado viaje tiene que ver con la más inesperada aún llegada de dos jóvenes catalanas a la residencia del detective, en plena madrugada, con el objetivo de que les ayude a encontrar a su padre, un rico fabricante de telas, que ha desparecido sin dejar rastro.</p>
<p>Así comienza una trama en la que lo de menos son los acontecimientos, pues personajes y ambientes diestramente trazados, como sin esfuerzo, le sirven a Pujol para no solo parodiar las novelas policiacas, al modo en que El Quijote (que también es mencionado en sus páginas) parodiaba las de caballería, sino para reflexionar sobre los límites de la ficción, su conexión con la realidad y sobre el hecho mismo de la escritura.</p>
<p>En el remate del breve ensayo con el que concluye este volumen Pujol afirma del género que tanto estudió y disfrutó: “Es un juguete para mayores al que solo se le puede pedir lo que a los juguetes: que divierta y que funcione bien”. Y se aplica el cuento en esta novela, excelente puerta de entrada para leer a un autor que merecería mayor reconocimiento.</p>
<p><strong>FICHA</strong></p>
<p><strong>Título:</strong> &#8216;Los secretos de San Gervasio&#8217;</p>
<p><strong>Autor:</strong> Carlos Pujol</p>
<p><strong>Prólogo</strong>: Andrés Trapiello</p>
<p><strong>Editorial</strong>: Menoscuarto</p>
<p>272 páginas. 19,90 euros</p>
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		<title>Correr detrás de Iris</title>
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		<pubDate>Tue, 07 May 2019 17:23:01 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Angélica Tanarro</dc:creator>
		                		<category><![CDATA[Actualidad]]></category>
		<category><![CDATA[cine]]></category>
		<category><![CDATA[Espectáculos]]></category>
		<category><![CDATA[la sombra del ciprés]]></category>
		<category><![CDATA[Libros]]></category>
		<category><![CDATA[literatura]]></category>
		<category><![CDATA[Pensameinto]]></category>
		<category><![CDATA[Uncategorized]]></category>
		<post_tag><![CDATA[Cine y literatura]]></post_tag>
		<post_tag><![CDATA[Iris Murdoch]]></post_tag>

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		<description><![CDATA[Correr detrás de Iris No siempre una vida memorable y una obra artística de peso dan lugar a una biografía memorable o una película que pueda calificarse de obra maestra. En el caso que nos ocupa habrá que decir que no es fácil retratar la personalidad de la filósofa y novelista Iris Murdoch (Dublín, 1919-Oxford [&#8230;]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Correr detrás de Iris</p>
<p>No siempre una vida memorable y una obra artística de peso dan lugar a una biografía memorable o una película que pueda calificarse de obra maestra. En el caso que nos ocupa habrá que decir que no es fácil retratar la personalidad de la filósofa y novelista Iris Murdoch (Dublín, 1919-Oxford 1999), su independencia, la potencia de su pensamiento, su intensa vida sexual y sentimiental, sus relaciones con otros escritores de la época (su controvertida historia con Elias Canetti) su matrimonio de 45 años con el también escritor y profesor John Bayley. En los recuerdos de su marido, recogidos en dos libros de memorias, se basa ‘Iris’, el filme de Richard Eyre sobre la autora de ‘La red’, que fue estrenado en 2001. Y que, gracias a la soberbia –una más— interpretación de Judi Dench, hace que se nos haga difícil desligar el rostro de la actriz del verdadero rostro de la escritora.</p>
<p>‘Iris’ se centra en los últimos años de su vida cuando el Alzheimer empieza a mostrar su terrible realidad. Las palabras empiezan a huir de la escritora, que es tanto como decir que empieza a quedarse sin sangre o sin aliento. No es un bloqueo de escritor, es una enfermedad que acabará borrando el pasado de quien consideraba el lenguaje la columna vertebral de un ser humano pues es la conexión directa con sus pensamientos.</p>
<p>A fuerza de ‘flash backs’, el film alterna la vitalidad, la libertad, algunas ráfagas sobre la potencia del pensamiento de Iris Murdoch –quien, entre otros puntos de interés, fue una estudiosa de Sartre sobre quien escribió uno de sus libros filosóficos el primero dedicado al autor de ‘La náusea’ en inglés’— con el deterioro de sus últimos años. El filme narra cómo Murdoch consigue terminar su última obra ya con dificultades a causa de la enfermedad y cómo cuando ésta llega a su casa, recién salida de la imprenta, es incapaz de reconocerla ni de reconocerse como su autora. El montaje es sin duda uno de los aciertos de la película, si dejamos a un lado su mejor activo: los actores, en especial Jim Broadbent y la ya mencionada Judi Dench que encarnan al matrimonio en los momentos de mayor deterioro vital. Ambos consiguieron reconocimientos por sus interpretaciones y para Broadbent fue el Oscar al mejor actor de reparto. Kate Winslett y Hugh Bonneville encarnan a la pareja en los años de su juventud.</p>
<p>Hay una secuencia inicial en a que Iris y JIm atraviesan un bosque en bicicleta. Ella va ‘a tumba abierta’ y él apenas puede seguirla. ‘Ve más despacio’ le insiste a la mujer de la que está irremediablemente enamorado, ‘sigue detrás de mí y no te pasará nada’, contesta ella. Y es de algún modo una metáfora de lo que fue su vida. A Bayley le tocó correr, literal y metafóricamente, detrás de Irish en muchas ocasiones a lo largo de los 45 años en que estuvieron casados y la peor sin duda de esas carreras fue cuando, ya muy enferma, ella  se escapa de casa y pasa varias horas de angustiosa búsqueda hasta que es devuelta al hogar. ‘Iris’, la película, es al fin una historia de amor entre una mujer excepcional, y como tal difícil para una relación digamos instalada en la costumbre, y un hombre tranquilo que aceptó su destino y que al final se convirtió en un devoto cuidador que nunca consintió que ella acabara sus días en una residencia, a pesar del deterioro que la situación estaba causando en su propia salud y del lugar inhabitable en que se había convertido el hogar por falta de ayuda y limpieza.</p>
<p>‘Irish’ no es desde luego una película memorable, pero puede funcionar como acicate para acercarse a su obra en el caso de quienes nunca hayan leído sus novelas. Si bien es cierto que solo fugazmente su pensamiento se cuela en ella a través de algunos fragmentos extraídos de sus conferencias, la potencia del personaje sí aparece, así como algunas ráfagas de sus motivos como escritora. En España apenas están traducidos sus ensayos, pero el centenario de su nacimiento ha animado a varios sellos a recuperar sus novelas más celebradas como ‘La red’, la que inició su carrera literaria en 1954, o ‘El mar, el mar’ (1978) con la que obtuvo el premio Booker.</p>
<p>Todas ellas buenas oportunidades para ‘correr’ detrás de Iris.</p>
<p>(Artículo publicado en La Sombra del Ciprés, en el número del 3 de mayo de 2019, dedicado a la filósofa, novelista y ensayista Iris Murdoch)</p>
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		<title>Bartleby, el mito</title>
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		<pubDate>Mon, 18 Mar 2019 16:47:45 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Angélica Tanarro</dc:creator>
		                		<category><![CDATA[Actualidad]]></category>
		<category><![CDATA[General]]></category>
		<category><![CDATA[la sombra del ciprés]]></category>
		<category><![CDATA[Libros]]></category>
		<category><![CDATA[literatura]]></category>
		<post_tag><![CDATA[Bartleby el escribiente]]></post_tag>
		<post_tag><![CDATA[centenario]]></post_tag>
		<post_tag><![CDATA[Herman Melville]]></post_tag>

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		<description><![CDATA[Como el Quijote, Madame Bovary o Robinson Crusoe, también Bartleby se convirtió en uno de esos personajes que superan la fama de su autor. Puede que algunos lectores no recuerden al inventor del famoso náufrago ni se hayan molestado en averiguar, y eso que en los últimos años su nombre ha estado en todos los [&#8230;]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Como el Quijote, Madame Bovary o Robinson Crusoe, también Bartleby se convirtió en uno de esos personajes que superan la fama de su autor. Puede que algunos lectores no recuerden al inventor del famoso náufrago ni se hayan molestado en averiguar, y eso que en los últimos años su nombre ha estado en todos los teclados, quién envió a la niña Alicia a ese mundo extraño y maravilloso, pero sus criaturas forman parte de nuestra biografía. Así, decir Bartleby es ponernos ante el espejo de nuestras propias parálisis, aunque hayamos olvidado a Herman Melville, y ello a pesar de que el escritor neoyorkino, de cuyo nacimiento se cumple ahora el segundo centenario, sea el autor de otro famosísimo personaje, esta vez animal, ‘Moby Dick’. En las antípodas del héroe, del aventurero cuerdo o desequilibrado; desde el lugar opuesto a la audacia, Bartleby adquirió pronto el carácter de mito. Y fue, y sigue siendo, el motor de análisis y escrituras, de casi febriles indagaciones literarias, lo cual no deja de ser una poética paradoja: que el paradigma de la negación, el escribiente que se negó a seguir escribiendo, haya dado lugar a tanta literatura.<a href="https://static-blogs.elnortedecastilla.es/wp-content/uploads/sites/2/2019/03/800px-Herman_Melville_profile1.jpg"><img loading="lazy" class="alignright size-medium wp-image-1067" src="https://static-blogs.elnortedecastilla.es/wp-content/uploads/sites/2/2019/03/800px-Herman_Melville_profile1-240x300.jpg" alt="800px-herman_melville_profile1" width="240" height="300" srcset="https://static-blogs.elnortedecastilla.es/wp-content/uploads/sites/2/2019/03/800px-Herman_Melville_profile1-240x300.jpg 240w, https://static-blogs.elnortedecastilla.es/wp-content/uploads/sites/2/2019/03/800px-Herman_Melville_profile1-768x960.jpg 768w, https://static-blogs.elnortedecastilla.es/wp-content/uploads/sites/2/2019/03/800px-Herman_Melville_profile1.jpg 800w" sizes="(max-width: 240px) 100vw, 240px" /></a></p>
<p>Es el año 1853 y Melville, que ya ha publicado su novela más famosa, ambienta un cuento en una gris oficina de Wall Street. En la sede de un abogado al que se le acumula el trabajo y necesita un nuevo escribiente. Cuando nuestro silencioso y pasivo personaje aparece en escena, el lector desconoce que, cuando termine el relato, apenas sabrá nada sobre él. “En respuesta a mi anuncio, un joven inmóvil apareció una mañana en el umbral de mi bufete; era verano y la puerta estaba abierta. Vuelvo ahora a ver esa figura: ¡pálidamente pulcra, lamentablemente decorosa, incurablemente desamparada! Era Bartleby”, nos dice el narrador de la historia. Pero ¿quién era realmente este aplicado (al principio) escribiente aparentemente inmune a las emociones humanas pero que con tanto aplomo desarmaba a su jefe, contestando a sus requerimientos con un simple y contundente, ‘preferiría no hacerlo’? ¿De dónde venía? ¿Tenía familia? ¿Cuáles eran las razones de su extraño comportamiento? ¿Era simplemente un loco pacífico? ¿Un sabio? ¿Un anacoreta que había elegido como lugar de retiro en lugar del consabido desierto una oficina sin más horizonte que la pared de ladrillo que contemplaba silencioso desde la ventana de su rincón? ¿Una versión ciertamente peculiar de Simón el Estilita? ¿Un suicida?</p>
<p>Melville no responde a ninguna de estas preguntas, porque, probablemente, desconoce las respuestas. Y nuestra aproximación debe ser así en clave de interrogación. Porque el suyo es un relato de la perplejidad. Nos preguntamos por qué nos atrae y tratamos de explicarnos esa atracción, como hizo Georges Perec en una carta a su profesora Denise Getzler . Pero si su fama ha traspasado todos estos años y ha dejado huellas en las más diversas vocaciones literarias y filosóficas (recuerdo ahora los ensayos de Gilles Deleuze, Giorgio Aganbem y José Luis Pardo, reunidos hace tiempo por Pre-Textos) es sin duda porque su historia nos pone ante un espejo y en él contemplamos nuestras propias incongruencias, esa parte de nosotros mismos que en ocasiones nos impide seguir adelante, que nos frena sin aparente motivo, es también, por qué no, la reencarnación de una utopía: la de las veces que nos hubiera gustado contestar, ‘preferiría no hacerlo’ sin violencias, simplemente dejando atrás no solo aquello que no quisimos hacer, sino la incomprensión de quienes requerían de nosotros sin duda molestas encomiendas. Es el mejor elogio y perdón a nuestra pereza.</p>
<p>Muchos de los bartlebys que somos y los que nunca seremos han surgido a la sombra enriquecedora del personaje de Melville. Cómo no traer aquí ese artefacto titulado ‘Bartleby y compañía’ con el que Enrique Vila-Matas hizo honor a la ironía melvilleana con su propia y afilada ironía. Ese libro que no quería ser un libro, sino un conjunto de notas a pie de página por el que desfila lo más granado de la literatura del no. Desde Rimbaud a Walser, de Pepín Bello al Juan Ramón Jiménez que afirma: “mi mejor obra es el arrepentimiento de mi obra”, de Kafka a Joubert, el libro, o lo que sea, es un homenaje a todos los que en algún momento prefirieron no hacer más literatura. Lo cual no deja de ser un bello asunto literario. Y todo gracias a Bartleby.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>En la foto, el escritor Herman Melville</p>
<p><em>(Artículo publicado en La Sombra del Ciprés de El Norte de Castilla el 16 de marzo de 2019, dentro del dossier dedicado a Herman Melville en el segundo centenario de su nacimiento)</em></p>
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		<title>De la literatura catalana escrita en castellano</title>
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		<pubDate>Mon, 04 Mar 2019 09:40:27 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Angélica Tanarro</dc:creator>
		                		<category><![CDATA[Actualidad]]></category>
		<category><![CDATA[General]]></category>
		<category><![CDATA[la sombra del ciprés]]></category>
		<category><![CDATA[Libros]]></category>
		<category><![CDATA[literatura]]></category>
		<category><![CDATA[Pensameinto]]></category>
		<category><![CDATA[periodismo]]></category>
		<post_tag><![CDATA['Otra Cataluña']]></post_tag>
		<post_tag><![CDATA[Sergio Vila-Sanjuán]]></post_tag>

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		<description><![CDATA[A PROPÓSITO DE &#8216;OTRA CATALUÑA&#8217;, DE SERGIO VILA SANJUAN En estos años, se ha hablado en ocasiones, menos de las necesarias, de que en el proceso independentista catalán ha faltado el relato de la otra parte, de la que podría poner de relieve la historia común. En ese relato tiene una importancia decisiva la cultura, [&#8230;]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>A PROPÓSITO DE &#8216;OTRA CATALUÑA&#8217;, DE SERGIO VILA SANJUAN</p>
<p>En estos años, se ha hablado en ocasiones, menos de las necesarias, de que en el proceso independentista catalán ha faltado el relato de la otra parte, de la que podría poner de relieve la historia común. En ese relato tiene una importancia decisiva la cultura, y Sergio Vila-Sanjuán, uno de los periodistas culturales de referencia en el país, responsable del suplemento Culturas de ‘La Vanguardia’, que combina esta labor con la escritura de novelas y ensayos, viene a cubrir en parte ese vacío con su último libro, ‘Otra Cataluña’, en el que repasa seis siglos de cultura catalana en castellano, la que la mirada interesada del nacionalismo miope ha intentado minimizar, cuando no ocultar por completo.</p>
<p>Vila-Sanjuan traza el mapa cronológico de la historia de la literatura catalana en castellano que comienza con Enrique de Villena (1384-1434), “último superviviente por línea directa masculina y legítima de los primeros condes de Barcelona” y su ‘Arte de trovar’ y concluye con una serie de autores contemporáneos desde Eduardo Mendoza a Salvador Pániker, en un capítulo en el que hace una selección necesariamente restringida, como él mismo advierte, de algunos de los escritores con más prestigio y en la que figuran nombres incontestables como, además de los citados, Enrique Vila Matas, Eugenio Trías o Esther Tusquets.<a href="https://static-blogs.elnortedecastilla.es/wp-content/uploads/sites/2/2019/03/portada_otra-cataluna_sergio-vila-sanjuan_201806261227.jpg"><img loading="lazy" class="alignright size-medium wp-image-1061" src="https://static-blogs.elnortedecastilla.es/wp-content/uploads/sites/2/2019/03/portada_otra-cataluna_sergio-vila-sanjuan_201806261227-192x300.jpg" alt="portada_otra-cataluna_sergio-vila-sanjuan_201806261227" width="192" height="300" srcset="https://static-blogs.elnortedecastilla.es/wp-content/uploads/sites/2/2019/03/portada_otra-cataluna_sergio-vila-sanjuan_201806261227-192x300.jpg 192w, https://static-blogs.elnortedecastilla.es/wp-content/uploads/sites/2/2019/03/portada_otra-cataluna_sergio-vila-sanjuan_201806261227.jpg 252w" sizes="(max-width: 192px) 100vw, 192px" /></a></p>
<p>Como si de una crónica periodística se tratara (el propio autor ha calificado el libro como ‘crónica introductoria’ y en ese sentido son importantes las citas bibliográficas situadas al final de cada capítulo que invitan a profundizar en este viaje) Vila-Sanjuán expone y documenta los ‘hechos’, en este caso la rica producción literaria de autores catalanes en castellano a lo largo de seis siglos y desmiente la afirmación tantas veces repetida por el nacionalismo de que el uso literario del castellano en Cataluña fue siempre una imposición externa, (sin dejar de reconocer lo obvio, la represión que sufrió la lengua catalana durante el franquismo) como no lo fue tampoco desde el punto de vista de la edición. En el capítulo ‘Barcelona, capital editorial’ el autor se pregunta de dónde arranca el hecho de que la ciudad sea “la capital editorial de los países de habla hispana”, una vocación que toma forma en el siglo XVI, y cita al historiador Manuel Peña Díaz, autor de una ‘Historia cultural de la Barcelona del Quinientos’ que afirma que “La castellanización de la cultura catalana en el siglo XVI no fue impuesta desde el exterior. Fue fruto de los intereses crematísticos de los impresores y libreros barceloneses que imprimían y distribuían libros en castellano para poder competir en el mercado español”.</p>
<p>Al mundo editorial volverá en el siglo XX para referirse a las distintas ‘galaxias’ que pusieron a Barcelona en el centro de la edición en español (las editoriales Destino, Planeta, Barral, Bruguera…) y a sus autores de referencia.</p>
<p>El mero relato de los acontecimientos sirve para iluminar el pretendido lado oculto de la luna, oculto no por falta de relevancia sino por intereses políticos ejemplificados en unas declaraciones de un director general de uno de los gobiernos de Pujol acerca de que la cultura catalana en castellano “es fruto de una anormalidad y una excepcionalidad que no se deberían consolidar”.</p>
<p>Para contradecirlo están a lo largo de la historia las obras de figuras señeras y de tan distinta condición como Juan Boscán, Jaime Balmes, Federica Montseny, Eduardo Marquina o Ignacio Agustí, junto a otros menos conocidos y lejanos en el tiempo como Estefanía de Requesens o más recientes como Piferrer autor del primer volumen de la célebre obra ‘Recuerdos y bellezas de España’.  Ya en nuestros días, nombres como Carmen Laforet, Ana María Matute, Jaime Gil de Biedma, los Goytisolo o Juan Marsé ejemplifican a esos autores que por el hecho de escribir en castellano no pueden considerarse menos catalanes (¿lo serían paradójicamente los integrantes de la llamada Escuela de Barcelona y su brillante lugar en la poesía reciente española?), y que coexisten con otras figuras incontestables de nuestras letras como Manuel Vázquez Montalbán o Pere Gimferrer que han desarrollado su obra indistintamente en catalán y castellano.</p>
<p>Vila-Sanjuán no solo se ocupa en este viaje de los géneros ‘clásicos’ de la literatura, sino que amplía necesariamente el foco hacia las escrituras del yo, los ensayos históricos o los tratados filosóficos y morales. Tampoco olvida algunos fenómenos literarios que han tenido mucho peso en la cultura española y que, de alguna manera, se relacionan con Cataluña, desde los capítulos barceloneses de El Quijote al ‘boom’ de la literatura hispanoamericana, con muchos de sus autores afincados en Barcelona, pasando por un hecho menos conocido como la iluminación de Ignacio de Loyola en Manresa y su retiro cerca de Montserrat, donde comienza a escribir sus ‘Ejercicios espirituales’.</p>
<p>Estamos ante una obra que aúna erudición y divulgación, que calificaría de necesaria si no fuera un adjetivo demasiado manido últimamente. El libro se estructura en torno a breves capítulos que arrojan luz sobre los hitos principales de las distintas etapas de la literatura catalana en castellano y que hacen aún más amena la lectura, junto a las ya citadas reseñas bibliográficas que son una invitación a seguir profundizando en un conocimiento sin duda apasionante para letraheridos.</p>
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		<title>Rosana Acquaroni regresa a la casa común de la infancia</title>
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		<pubDate>Mon, 18 Feb 2019 10:20:55 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Angélica Tanarro</dc:creator>
		                		<category><![CDATA[Actualidad]]></category>
		<category><![CDATA[General]]></category>
		<category><![CDATA[la sombra del ciprés]]></category>
		<category><![CDATA[Libros]]></category>
		<category><![CDATA[literatura]]></category>
		<category><![CDATA[poesía]]></category>
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			<content:encoded><![CDATA[<p>RESEÑA DE &#8216;LA CASA GRANDE&#8217;</p>
<p>Parece difícil salir de la lectura de ‘La casa grande’ indemne. Pues no en vano todos hemos atravesado ese pasillo eterno de la infancia. Rosana Acquaroni (Madrid 1964) nos traslada en su último poemario a esa patria que todos compartimos y abre las ventanas de ese improbable refugio para que entre la luz y el aire. Mirar de frente, despejar la memoria de las trampas que la suelen hacer más soportable o más fotogénica es un ejercicio valiente que no tiene por qué dar un buen resultado literario. Pero cuando lo da, cuando se unen valor y verdad es difícil que el lector no se sienta concernido. Qué es la verdad en una obra de creación es asunto mil veces discutido, casi ya resuelto, pero no por ello menos escurridizo, o envuelto en capas de niebla. No es desde luego la concordancia con hechos biográficos o ‘históricos’, aunque pueda haberla, sino algo mucho más contundente, una relación entre el autor y la obra que evita demagogias, artificios vacíos o sonoridades estridentes. Supone estar dispuesto a entrar en un bosque intricado en el que cada lector o lectora, cada ‘lectura’, diría mejor, habrá de buscar su propia luz.<a href="https://static-blogs.elnortedecastilla.es/wp-content/uploads/sites/2/2019/02/Aquaroni-baja.jpg"><img loading="lazy" class="alignright size-medium wp-image-1053" src="https://static-blogs.elnortedecastilla.es/wp-content/uploads/sites/2/2019/02/Aquaroni-baja-300x200.jpg" alt="aquaroni-baja" width="300" height="200" srcset="https://static-blogs.elnortedecastilla.es/wp-content/uploads/sites/2/2019/02/Aquaroni-baja-300x200.jpg 300w, https://static-blogs.elnortedecastilla.es/wp-content/uploads/sites/2/2019/02/Aquaroni-baja-768x512.jpg 768w, https://static-blogs.elnortedecastilla.es/wp-content/uploads/sites/2/2019/02/Aquaroni-baja-1024x682.jpg 1024w, https://static-blogs.elnortedecastilla.es/wp-content/uploads/sites/2/2019/02/Aquaroni-baja.jpg 1250w" sizes="(max-width: 300px) 100vw, 300px" /></a></p>
<p>‘La casa grande’ tiene luz en medio de las sombras de ese pasillo casi siempre oscuro, “Atardece en la casa/ y el pasillo se vuelve/ sinuoso y eterno. // Yo soy aquella que se esconde/ en el fondo del cuarto”. Porque no hay mejor manera de iluminar el pasado que la de enfrentarse al fin a las fotografías en blanco y negro de la infancia e intentar descubrir detrás de las miradas francas de los rostros aún sin conformar del todo, los primeros miedos, las primeras decepciones, descubrir pronto que los cuentos de hadas no existen ni siquiera en las habitaciones destinadas a la protección de esos primeros años de vida, “Soy hija de la noche/ no busco tierra firme/ para poder crecer”.</p>
<p>Acquaroni, poeta que tiene en su haber varios libros, un accésit del premio Adonais (‘El mar bajo los puentes’) y el premio Cáceres Patrimonio de la Humanidad (‘Cartografía sin mundo’), nos lleva a la España de los años oscuros del franquismo, donde las mujeres debían conformarse con estrechos destinos, ocultar(se) sus verdades más íntimas. Nos muestra una infancia marcada por la soledad, por una madre a ratos ausente, a ratos enferma, a ratos llena de luz, de amor prohibido y de secretos, que apenas se vislumbran en armarios clausurados al fondo del pasillo. Y como en el resultado de un buen psicoanálisis, con el que la autora guarda una estrecha relación, se concede al fin la posibilidad de habitar esa casa, de ser la niña que mira seria y asombrada a su propio futuro, restañar con palabras las heridas, “Madre/ he venido hasta aquí a restañar tus ataduras// a contener el frío alojado en tu boca. // Soy la hija/ que te aguardó despierta cada noche/ y que ahora regresa/ para lavar tu lengua/ de la herida silente”.</p>
<p>Emocionante poemario que ve la luz en el sello Bartleby, uno de esos milagros editoriales que acaba de cumplir veinte años de vida dedicados a la poesía.</p>
<p>Fotografía: La autora de &#8216;La casa grande&#8217;, Rosana Acquaroni</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><em>(Reseña publicada en &#8216;La Sombra del Ciprés&#8217;, suplemento literario de El Norte de Castilla).</em></p>
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