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	<title>Calle 58editorial menoscuarto &#8211; Calle 58</title>
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		<title>Cristina Peri Rossi: &#8220;Conservo la libertad, pero sé que la muerte no admite insumisiones&#8221;</title>
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		<pubDate>Wed, 02 Dec 2020 10:16:21 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Angélica Tanarro</dc:creator>
		                		<category><![CDATA[igualdad]]></category>
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			<content:encoded><![CDATA[<p><span style="font-size: 14pt;"><strong>&#8216;LA INSUMISA&#8217;, SU ÚLTIMA ENTREGA NARRATIVA, ABORDA CON VALENTÍA SU INFANCIA Y PRIMERA ADOLESCENCIA</strong></span></p>
<div id="attachment_1585" style="width: 368px" class="wp-caption alignright"><a href="https://static-blogs.elnortedecastilla.es/wp-content/uploads/sites/2/2020/12/Cristina.jpg"><img aria-describedby="caption-attachment-1585" loading="lazy" class="wp-image-1585" src="https://static-blogs.elnortedecastilla.es/wp-content/uploads/sites/2/2020/12/Cristina-180x300.jpg" alt="" width="358" height="597" srcset="https://static-blogs.elnortedecastilla.es/wp-content/uploads/sites/2/2020/12/Cristina-180x300.jpg 180w, https://static-blogs.elnortedecastilla.es/wp-content/uploads/sites/2/2020/12/Cristina-768x1280.jpg 768w, https://static-blogs.elnortedecastilla.es/wp-content/uploads/sites/2/2020/12/Cristina-614x1024.jpg 614w, https://static-blogs.elnortedecastilla.es/wp-content/uploads/sites/2/2020/12/Cristina.jpg 1536w" sizes="(max-width: 358px) 100vw, 358px" /></a><p id="caption-attachment-1585" class="wp-caption-text">Cristina peri Rossi, fotografíada en Barcelona</p></div>
<p>“La primera vez que me declaré a mi madre tenía tres años”. De esta contundente manera comienza ‘La insumisa’, la última entrega narrativa de Cristina Peri Rossi (Montevideo, 1941) y la primera tras la concesión del premio José Donoso a toda su trayectoria, que llega de la mano de la editorial Menoscuarto. Hace ahora seis años, la escritora uruguayo española, afincada en Barcelona, daba a la imprenta ‘Julio Cortázar y Cris’ (libro que por cierto tenía también un atractivo comienzo: “No fui al entierro de Julio Cortázar. No estoy en la foto”) y aunque entonces escribió la crónica de una amistad que duró casi una vida, y que quedó interrumpida por la muerte del autor de ‘Rayuela’, a Peri Rossi le cuesta admitir que fuera un libro autobiográfico. Este carácter que sí le concede sin reservas a ‘La insumisa’, la crónica sentimental de su infancia y primera adolescencia. Como suele hacer tanto si escribe novelas, poesía o relatos, la autora de obras como ‘Todo lo que no te pude decir’ o ‘Habitaciones privadas’ se abre en canal y no le tiembla la mano incluso a la hora de dejar por escrito episodios dolorosos de su juventud.</p>
<p><strong>&#8211;Hizo su primera incursión autobiográfica publicada en el libro ‘Julio Cortázar y Cris’, sobre su relación con el escritor argentino, ¿qué le impulsó a volver al género con ‘La insumisa’?</strong></p>
<p>&#8211;Escribí ‘Julio Cortázar y Cris’ sin la menor intención autobiográfica, sino como parte de la biografía que algún día alguien escribirá sobre él.  Y completamente indignada por los rumores que corrían acerca de su posible homosexualidad, porque lo más probable es que murió de sida, pero no a causa de un contacto sexual, sino de una transfusión. Cuando escribí el libro ya habían pasado más de diez años de su muerte y creo que fue la primera vez que asumí que la Cris de los quince poemas de amor a Cris de su libro ‘Salvo el crepúsculo’ era yo. Pero nunca accedí a publicar sus cartas. Para mí ‘La Insumisa’ y ese otro libro no tienen nada que ver. Aunque ambos sean autobiográficos, en ‘La insumisa’ soy la protagonista, en el otro es Julio.</p>
<p><strong>&#8211;El libro tiene una acotación temporal muy clara: escribe sobre su infancia y primera adolescencia. Sin duda, un periodo crucial en la vida en el que empiezan a manifestarse los deseos y las vocaciones. Conocemos a la niña, lectora voraz que pronto descubre que será escritora. Y la dejamos con catorce años cuando llega a sus manos un libro de relatos de William Saroyan, ‘Nena querida’, que tiene cierto peso en la obra.  ¿La historia de su vida tendrá continuidad?</strong></p>
<p>&#8211;No escribo con proyectos a largo plazo, me siento mucho más libre si sigo la inspiración que surge de una emoción o un proyecto que me entusiasma sin predeterminación. Además, como escribo poesía, relatos y novelas, tengo una gran libertad para seguir la inspiración. Ahora bien, una vez que me dejo enamorar por un proyecto, le soy fiel y lo termino. Todavía no he sentido el deseo de seguir con mi biografía, tengo otros que me entusiasman. De lo que estoy segura es de que no sería nunca un libro autobiográfico convencional.</p>
<p><strong>&#8211;¿Cuánto pesa en su libro lo real biográfico sobre lo novelado?</strong></p>
<p>&#8211;Todo lo que cuento en la novela ocurrió (es la primera vez que puedo decir esto de un libro mío, yo escribo con la imaginación, no soy realista ni costumbrista) ahora bien, lo importante es cómo se sienten las cosas, cómo se cuentan. Solo el viaje de mis bisabuelos de Génova a Montevideo tuve que imaginarlo y creo que es uno de los pasajes más emotivos del libro. Pero las mismas cosas vividas por otra adolescente hubieran sido sentidas y hubieran provocado otras reacciones posiblemente. Ocurre lo mismo con los lectores, según el lector un pasaje es más sentido que otro. Significativamente no quise dramatizar el episodio de la violación y ya he visto reacciones muy diferentes: en Montevideo, pasó casi inadvertido, porque sus habitantes creen pertenecer a una cultura muy igualitaria y nada machista. Seguramente en España ese capítulo será más significativo.</p>
<p><strong>&#8211;La literatura del yo, las memorias, los diarios, incluso los epistolarios tienen tras de sí una larga tradición, pero ahora parece que se ha redescubierto, hay como un ‘boom’ de la autoficción. ¿Cómo ve este fenómeno?</strong></p>
<p>&#8211;Lo cierto es que no sigo las corrientes editoriales en boga, eso es un asunto de producción comercial editorial. Si hubiera querido ser rica y famosa habría aceptado algunas propuestas de grandes editoriales, pero soy demasiado insumisa como para escribir al dictado del marketing editorial.</p>
<p><strong>&#8212; Elena Poniatowska ha dicho de usted: “Peri Rossi es la autora que corre más riesgos sin tener red debajo”. Y es cierto que en sus libros suele mostrarse valiente. En este, incluso cuando relata la violación que sufrió ya que lo hace sin rastro de morbo ni escabrosidad. ¿Cómo ha manejado el riesgo en esta ocasión?</strong></p>
<p>&#8211;Elena es una mujer muy inteligente y una gran observadora que ha luchado mucho por las mujeres indígenas de México y contra el machismo atroz de la sociedad. Nos hemos visto sólo un par de veces en congresos internacionales, pero nos hemos entendido enseguida. No me interesa la literatura que no corre riesgos. Kafka dijo: “la literatura es un reloj que a veces adelanta” y coincido con él. No tengo redes, es verdad: no me protege ni me ha protegido nunca una agente literaria, ni un editor, ni un crítico literario, ni un suplemento cultural. Me han echado de casi todos lados: de mi país por luchar contra la dictadura; de España, por luchar contra el franquismo; Carmen Balcells, porque no quise estar en el armario cuando nadie publicaba un poema no heterosexual; de la Autónoma de Barcelona por dar las clases en castellano y de TV3 y Catalunya Radio, por lo mismo. Las redes son para pescar muchos peces y yo prefiero la libertad. Ah! Una editorial muy importante me ofreció su premio de diez millones de pesetas por mi novela ‘La última noche de Dostoievski’ si hacía algunos cambios para que fuera más comercial y me negué, no teniendo ni sueldo fijo ni techo ni amante que me mantenga. Ahora bien, tengo muchos años ya y no diría en cuanto a esto &#8220;Je me regrette rien&#8221;, como decía la Piaff.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><span style="font-size: 14pt;"><strong>AÑOS DOLOROSOS</strong></span></p>
<p><strong>&#8211;De alguna forma, las personas que se vieron obligadas al exilio, nunca pierden esa condición de exiliados, por bien que se hayan adaptado al lugar de llegada. En su caso, además tiene la doble nacionalidad. Pero el hecho de vivir en Cataluña y estar por tanto viviendo de cerca el asunto del independentismo, ¿ha renovado de alguna manera esa condición?</strong></p>
<p>&#8211;Estos años en Cataluña han sido muy, muy dolorosos, muy tristes. Han frustrado por completo mi deseo de vivir una vejez serena y amable, devolviéndome hasta cierto punto a la soledad del exilio. Pero la pandemia es una lección que habría que entender: para el virus no hay fronteras, ni provincias, ni sexo, ni patria. Todos somos iguales siendo diferentes. Esa es la gran lección que los independentistas deberían aprender y aplicar. Por otro lado, nada me parece más ridículo que estar orgulloso del lugar donde nació, algo sobre lo cual uno no tuvo la menor intervención.</p>
<p><strong>&#8211;Volviendo al libro, hay un capítulo en el que se muestra especialmente valiente. Es el titulado ‘Alerta’. En él se define como una niña siempre en estado de vigilancia. Y describe a su padre como “huraño, violento, solitario y peligroso”. ¿Le tembló el pulso al escribirlo?</strong></p>
<p>&#8211;No me tembló la mano al escribirlo. Me temblaban las manos y me sudaban cuando lo veía.</p>
<p><strong>&#8211;Y a pesar de estos testimonios el libro está atravesado por un sentimiento de ternura y de empatía. Ternura por la madre, su “primer amor”; por su amiga Mabel, su “segundo amor”; y al final el descubrimiento del libro de William Saroyan ‘Nena querida’ y la cita de Pavese que escribió: “Síntoma inequívoco de amor es contarle al otro nuestra infancia”. ¿El libro es, al fin, un acto de amor?</strong></p>
<p>&#8211;En todos mis libros, aún en aquellos más dramáticos hay muchísima ternura, no solo porque yo soy una persona muy tierna y empática (y también puedo no serlo) sino porque me parece que es el sentimiento más generoso, noble, una forma entrañable de amor. Me atrae y me horroriza, a veces, el contraste entre el lado oscuro del ser humano y el sublime, dicotomía que observaron los artistas románticos y que para mí sigue siendo una característica del género humano. A Hitler le gustaba la música clásica y yo, que me formé enamorada de la música clásica, no podía entender cómo alguien que escucha a Chopin o a Satie es capaz de torturar a alguien. Me ha llevado toda la vida comprenderlo, y creo que en mi novela anterior, ‘Todo lo que no te pude decir’, demuestro que por fin lo he entendido. Entendí que los seres humanos pueden tener los valores disociados, y que lo sublime y lo abyecto pueden existir en una misma persona, no simultáneamente. Polanski puede ser el niño judío que consiguió huir de los nazis sufriendo y muchos años después violar a una jovencita. Neruda puede escribir los ‘veinte poemas de amor’ y confesar en sus memorias que violó a una pordiosera, y pedir perdón en su autobiografía.</p>
<p><span style="font-size: 14pt;"><strong>MEMORIA Y OLVIDO</strong></span></p>
<p><strong>&#8211;La lectura del libro produce una sensación de fluidez semejante a la de la lectura de ‘Julio Cortázar y Cris’. Como si le resultara más fácil la escritura de estas memorias que la de las novelas, la poesía o los relatos. ¿Es así?</strong></p>
<p>&#8211;Hay muchísimo trabajo oculto, que no se ve, sobre decidir qué narró y qué no (mi hermana casi no aparece, por ejemplo) porque un buen escritor tiene que ser riguroso con la finalidad de su libro y no distraerse ni ceder a tentaciones que perjudicarían el objetivo final. Ese trabajo no se hace en el ordenador, lo hace la mente. Y duele. Me dolió mucho no incorporar a la novela a una de mis tías, Rosa, pero hubiera necesitado más páginas y cambiado un poco la estructura. Por otro lado, la memoria es olvido y no se rige por ningún criterio racional, quizás sentimental. Y ese es su misterio. ¿Por qué recuerdo la mancha de café en el borde del vestido de mi primera pareja y no el nombre de su hermano? Por suerte no recordamos todo, la memoria no es de fiar, es un ordenador sin criterio alguno. La memoria es olvido, como dice el tango.</p>
<p><strong>&#8211;La niña Cristina descubre ya en la primera página que las leyes sociales van a ser un obstáculo en sus deseos. Pero aún no sabe que deberá enfrentarse a un exilio y a una dificultad para vivir con normalidad su sexualidad hasta casi la madurez. De ahí, en parte, la insumisión. ¿Hasta qué punto la vida ha limado a la insumisa? ¿O no lo ha hecho?</strong></p>
<p>&#8211;La niña y la adulta han sido insumisas ante las injusticias, las humillaciones, las desigualdades. No en otras cosas necesarias para la vida en sociedad. No cruzo con luz roja ni amarilla, tomo mis medicinas, pago mis impuestos y soy empática y colaboradora. Conservo la libertad, pero sé que la muerte no acepta insumisiones.<a href="https://static-blogs.elnortedecastilla.es/wp-content/uploads/sites/2/2020/12/portada-portada-es.jpg"><img loading="lazy" class="alignright size-full wp-image-1586" src="https://static-blogs.elnortedecastilla.es/wp-content/uploads/sites/2/2020/12/portada-portada-es.jpg" alt="" width="172" height="260" /></a></p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>La insumisa</strong><br />
Cristina Peri Rossi<br />
Editorial Menoscuarto<br />
248 páginas<br />
17,90 euros</p>
<hr />
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		<title>La alegría de la escritura</title>
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		<pubDate>Mon, 03 Jun 2019 18:35:41 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Angélica Tanarro</dc:creator>
		                		<category><![CDATA[General]]></category>
		<category><![CDATA[la sombra del ciprés]]></category>
		<category><![CDATA[Libros]]></category>
		<category><![CDATA[literatura]]></category>
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		<description><![CDATA[A PROPÓSITO DE &#8216;LOS SECRETOS DE SAN GERVASIO&#8217; (SHERLOCK HOLMES EN BARCELONA), DE CARLOS PUJOL En los últimos años de su trayectoria, el escritor Carlos Pujol, hombre vinculado a la editorial Planeta durante toda su vida y miembro del jurado de su premio más internacional, confió sus novelas a la editorial palentina Menoscuarto. En este [&#8230;]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><strong>A PROPÓSITO DE &#8216;LOS SECRETOS DE SAN GERVASIO&#8217; (SHERLOCK HOLMES EN BARCELONA), DE CARLOS PUJOL</strong></p>
<p>En los últimos años de su trayectoria, el escritor Carlos Pujol, hombre vinculado a la editorial Planeta durante toda su vida y miembro del jurado de su premio más internacional, confió sus novelas a la editorial palentina Menoscuarto. En este sello fueron apareciendo títulos como ‘Fortunas y adversidades de Sherlock Holmes’ (2007), ‘Antes del invierno’ (2008), ‘El teatro de la guerra’ (2009) y ‘Los fugitivos’ (2011). Pujol, que falleció en 2012 en su Barcelona natal, fue, además de escritor y editor, un reputado traductor y crítico literario, gran conocedor del género policiaco. Pero por encima de todo eso, un hombre de gran cultura y trato exquisito.   ‘Los secretos de San Gervasio’ apareció por primera vez hace 25 años y el sello palentino lo ha rescatado a modo de homenaje, como el que le rindió recientemente la Universidad Internacional de Barcelona en el que la novela fue uno de los ejes. Un prólogo de Andrés Trapiello y un epílogo del propio Pujol sobre el género negro dan personalidad a la nueva edición.<a href="https://static-blogs.elnortedecastilla.es/wp-content/uploads/sites/2/2019/06/portada-portada-es1-5.jpg"><img loading="lazy" class="alignright wp-image-1125" src="https://static-blogs.elnortedecastilla.es/wp-content/uploads/sites/2/2019/06/portada-portada-es1-5.jpg" alt="portada-portada-es1" width="141" height="212" /></a></p>
<p>‘Los secretos de San Gervasio’ es el homenaje a Pujol a uno de los personajes clave del género, Sherlock Holmes y su inseparable Watson. Es un divertimento. Uno de esos libros con los que, además de experimentar el placer de la lectura, somos capaces de comprobar y compartir la alegría con la que fueron escritos. Pujol despliega su sentido del humor y su ironía como un homenaje a la ironía del autor, un Conan Doyle que hace un cameo en esta historia. La trama, en la que no falta el consabido cadáver sin el cual no se entiende el género, transcurre en Barcelona como lo atestigua el subtítulo de la novela, en un tórrido verano. La razón del inesperado viaje tiene que ver con la más inesperada aún llegada de dos jóvenes catalanas a la residencia del detective, en plena madrugada, con el objetivo de que les ayude a encontrar a su padre, un rico fabricante de telas, que ha desparecido sin dejar rastro.</p>
<p>Así comienza una trama en la que lo de menos son los acontecimientos, pues personajes y ambientes diestramente trazados, como sin esfuerzo, le sirven a Pujol para no solo parodiar las novelas policiacas, al modo en que El Quijote (que también es mencionado en sus páginas) parodiaba las de caballería, sino para reflexionar sobre los límites de la ficción, su conexión con la realidad y sobre el hecho mismo de la escritura.</p>
<p>En el remate del breve ensayo con el que concluye este volumen Pujol afirma del género que tanto estudió y disfrutó: “Es un juguete para mayores al que solo se le puede pedir lo que a los juguetes: que divierta y que funcione bien”. Y se aplica el cuento en esta novela, excelente puerta de entrada para leer a un autor que merecería mayor reconocimiento.</p>
<p><strong>FICHA</strong></p>
<p><strong>Título:</strong> &#8216;Los secretos de San Gervasio&#8217;</p>
<p><strong>Autor:</strong> Carlos Pujol</p>
<p><strong>Prólogo</strong>: Andrés Trapiello</p>
<p><strong>Editorial</strong>: Menoscuarto</p>
<p>272 páginas. 19,90 euros</p>
<hr />
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		<title>Horacio Quiroga: La obra por encima del personaje</title>
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		<pubDate>Thu, 06 Jun 2013 14:23:44 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Angélica Tanarro</dc:creator>
		                		<category><![CDATA[Actualidad]]></category>
		<category><![CDATA[Arte]]></category>
		<category><![CDATA[la sombra del ciprés]]></category>
		<category><![CDATA[Libros]]></category>
		<category><![CDATA[literatura]]></category>
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		<post_tag><![CDATA[Horacio Quiroga]]></post_tag>
		<post_tag><![CDATA[novelas cortas]]></post_tag>

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		<description><![CDATA[(A propósito de la publicación por Menoscuarto de sus novelas breves, bajo el título &#8216;El devorador de hombres&#8217;) Sería fácil intentar adivinar en la profunda e inquietante mirada que Horacio Quiroga exhibe en las fotografías que de él se han publicado, sobre todo cuando la edad iba dejando rastro en sus ojos y en sus [&#8230;]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><strong>(A propósito de la publicación por Menoscuarto de sus novelas breves, bajo el título &#8216;El devorador de hombres&#8217;)</strong></p>
<p>Sería fácil intentar adivinar en la profunda e inquietante mirada que Horacio Quiroga exhibe en las fotografías que de él se han publicado, sobre todo cuando la edad iba dejando rastro en sus ojos y en sus pómulos cada vez más hundidos, el reflejo de las tragedias que tuvo que ir sorteando –como sorteaba obstáculos en el paisaje selvático que eligió para vivir o como se los hacía sortear a sus personajes instalados en el Mato Grosso o en Bengala–, a lo largo de su vida. Si en vez de nacer en la localidad uruguaya de Salto en 1878, hubiera nacido en nuestros días y, sin ir más lejos, en nuestro país, sería carne de ‘reality’, le tentarían las cadenas más sensacionalistas,  su personaje probablemente se ‘comería’ al escritor como las bestias salvajes de sus relatos intentan comerse a los humanos. El morbo habría tapado su obra, como tapa la selva cada cierto tiempo los caminos débilmente asfaltados por el hombre. Afortunadamente para él, ni el ruido de las balas que se llevaron de este mundo vidas que le eran próximas, ni el rastro del cianuro que acabó con la suya cuando decidió escribir la palabra ‘fin’ han podido con la fuerza de su escritura. Decir Horacio Quiroga es hablar de un maestro de la narrativa corta, el eslabón no perdido entre el gran Poe y los grandes contemporáneos nuestros que siguieron su estela y reconocen su maestría.<br />
Hace nueve años una entonces recién nacida editorial palentina que pugnaba por hacerse hueco en la especialidad de la narrativa corta hizo algo así como una declaración de principios y editó ‘Cuentos de amor de locura y de muerte’. Fue un hito para el sello Menoscuarto y hoy, con el libro prácticamente agotado, sigue siendo uno de sus mayores aciertos.<br />
En el 2009 Quiroga volvió al catálogo de la editorial, esta vez en la colección ‘Entretanto’ donde aparecieron dos relatos breves, ‘Anaconda’ y ‘El regreso de Anaconda’.<br />
La editorial, a punto de cumplir su décimo aniversario, cierra ahora el círculo horaciano sacando a las librerías ‘El devorador de hombres’, con seis de sus novelas cortas. La que da título al libro, más ‘Las fieras cómplices’, ‘El mono que asesinó’, ‘El hombre artificial’, ‘El remate del Imperio romano’ y ‘Una cacería humana en África’.<br />
En el volumen de los cuentos (que pide a gritos una nueva edición), el poeta y novelista Andrés Neuman dejaba las cosas bien sentadas en un ensayo preliminar: «Quiroga fue el primer autor latinoamericano en elevar el cuento a la categoría de género específico, el primero en objetivar una técnica más o menos concreta y en reflexionar sobre ella».<br />
Tiempo originario<br />
En el de las novelas, Luis Alberto de Cuenca, apasionado poeta y erudito conocedor de la literatura de corte fantástico proclama su admiración por unos textos cuya lectura hace que nos instalemos en «el Tiempo originario, donde no fluye el tiempo que nos mata, donde no envejecemos». Y reivindica su valor literario que no desmerece, a su juicio, el de los cuentos, considerados lo mejor de su obra.</p>
<p><a href="/angelicatanarro/wp-content/uploads/sites/2/2013/06/A9-875144246.jpg"><img loading="lazy" class="alignright  wp-image-464" title="Horacio_Quiroga_1897.jpg" src="/angelicatanarro/wp-content/uploads/sites/2/2013/06/A9-875144246.jpg" alt="" width="365" height="516" srcset="https://static-blogs.elnortedecastilla.es/wp-content/uploads/sites/2/2013/06/A9-875144246.jpg 1511w, https://static-blogs.elnortedecastilla.es/wp-content/uploads/sites/2/2013/06/A9-875144246-213x300.jpg 213w, https://static-blogs.elnortedecastilla.es/wp-content/uploads/sites/2/2013/06/A9-875144246-768x1083.jpg 768w, https://static-blogs.elnortedecastilla.es/wp-content/uploads/sites/2/2013/06/A9-875144246-726x1024.jpg 726w" sizes="(max-width: 365px) 100vw, 365px" /></a>Uno de los aciertos de la recuperación de ‘Cuentos de amor&#8230;’ fue la inclusión en el volumen de un anexo que recogía algunos textos ‘teóricos’ de Quiroga en torno a la escritura. Al manual y los ‘trucs’ del perfecto cuentista se sumaba su célebre decálogo. Su  quinto mandamiento pone negro sobre blanco algo bastante conocido, pero no por ello menos susceptible de recordar: «No empieces a escribir sin saber desde la primera palabra adónde vas. En un cuento bien logrado, las tres primeras líneas tienen casi la importancia de las tres últimas».<br />
Quiroga fue siempre fiel a este mandato. Algunos de sus cuentos tienen comienzos ‘de libro’: «Concluía el primer acto de ‘Tristán e Isolda’. Cansado de la agitación de ese día, me quedé en mi butaca, muy contento de mi soledad. Volví la cabeza a la sala, y detuve en seguida los ojos en un palco bajo», (‘La muerte de Isolda’). «Ninguna época de mayor alegría que la que nos proporcionó a María y a mí , nuestra tía con su muerte», (‘Nuestro primer cigarro’.)  Y el contundente: «Su luna de miel fue un largo escalofrío», perteneciente al que ha sido considerado como uno de sus mejores cuentos, ‘El almohadón de pluma’.<br />
La misma atención al arranque que muestra en las novelas de ‘El devorador de hombres’. «La rata yacía inmóvil, patas arriba, entre las blancas manos de Donissoff. Los tres hombres con la respiración suspendida, estaban doblados sobre el animal tendido sobre la mesa», ( ‘El hombre artificial’). «En el año 193 del Imperio romano, un transeúnte de la capital se entretenía en arrancar a uno un ojo, en quebrar a otro los dientes con una piedra, en mutilar vergonzosamente a un tercero –todo esto por mero pasatiempo cuando se aburría», ( ‘El remate del Imperio romano’). «Yo Rajá, tigre real de Bengala, voy a contar en lenguaje humano cómo me vengué de mi dueño, el domador Kimberley, que me amansó», de ‘El devorador de hombres’.<br />
Lo que viene a continuación ‘entretiene’ como el pasatiempo del romano, y mucho más: introduce en una atmósfera a menudo inquietante, en ocasiones cruel, siempre algo sombría y un punto fantástica. El traje con el que se visten estas historias es siempre un lenguaje económico, preciso (salvo raras excepciones retóricas que nos recuerdan un tono folletinesco y el tiempo en que se escribieron) lo que le emparenta con el modo de hacer del periodismo, y eficaz a la hora de dosificar el misterio, lo que recuerda los cuentos de tradición oral y nos hace imaginar el buen papel que Quiroga haría en un típico filandón.<br />
Con esos elementos, el autor de ‘La insolación’ urde unas historias que atrapan de principio a fin<br />
Como ocurre con los cuentos, en sus novelas es frecuente la presencia de los animales y su condición de acompañantes obligados o de oponentes al género humano. Animales y bestias cruzan sus destinos con desigual fortuna, ya sea en la inmensidad de la selva amenazante, en un zoológico o en un laboratorio&#8230;<br />
Vuelvo a las fotografías de Horacio Quiroga y a su mirada que se fue endureciendo sin perder profundidad. En una de ellas aparece Alfonsina Storni, mirando a cámara con expresión ausente o, mejor dicho, con la mirada fija en algo que el espectador no puede adivinar, probablemente porque está más allá de lo tangible. Curioso destino común (la enfermedad y el suicidio) para una pareja de escritores que compartieron amistad y según otras fuentes, una relación más estrecha.<br />
Cuando la poeta argentina supo de la muerte de su amigo y compañero le escribió un poema que anunciaba la suya propia: «Morir como tú, Horacio, en tus cabales,/ y así como siempre en tus cuentos, no está mal;/un rayo a tiempo y se acabó la feria &#8230;/ Allá dirán.// No se vive en la selva impunemente,/ ni cara al Paraná./ Bien por tu mano firme, gran Horacio &#8230;/ Allá dirán.// ‘No hiere cada hora –queda escrito–, nos mata la final.’/ Unos minutos menos &#8230; ¿quién te acusa?/ Allá dirán. //Más pudre el miedo, Horacio que la muerte/ que a las espaldas va./ Bebiste bien, que luego sonreías &#8230;/ Allá dirán.// Sé que la mano obrera te estrecharon,/ mas no si Alguno o simplemente Pan,/ que no es de fuertes renegar su obra &#8230;/ (Más que tú mismo es fuerte quien dirá.)».<br />
Definitivo.</p>
<p>(Artículo publicado en La Sombra del Ciprés, suplemento literario de El Norte de Castilla</p>
<hr />
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		<title>&#8220;La novela puede con todo&#8221;</title>
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		<pubDate>Tue, 07 Feb 2012 19:44:52 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Angélica Tanarro</dc:creator>
		                		<category><![CDATA[la sombra del ciprés]]></category>
		<category><![CDATA[Libros]]></category>
		<category><![CDATA[literatura]]></category>
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		<post_tag><![CDATA[José Carlos Mainer]]></post_tag>

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		<description><![CDATA[&#160; A propósito de &#8216;La escritura desatada&#8217;, de José Carlos Mainer, que rescata la editorial Menoscuarto &#160; La historia de la novela más que un análisis de las estructuras narrativas. Así resume José Carlos Mainer (Zaragoza, 1944) la intención y el resultado de su libro ‘La escritura desatada. El mundo de las novelas’, que rescata [&#8230;]]]></description>
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<p><strong>A propósito de &#8216;La escritura desatada&#8217;, de José Carlos Mainer, que rescata la editorial Menoscuarto</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>La historia de la novela más que un análisis de las estructuras narrativas. Así resume José Carlos Mainer (Zaragoza, 1944) la intención y el resultado de su libro ‘La escritura desatada. El mundo de las novelas’, que rescata la editorial Menoscuarto en su colección Cristal de Cuarzo.<br />
Para este historiador de la literatura, que a lo largo de su trayectoria profesional se ha convertido en uno de los pilares de la crítica literaria en España, el mayor esfuerzo reconocido a la hora de escribirlo fue «estructurarlo de forma que tuviera un aspecto narrativo». Porque, como él mismo recuerda, en toda novela, como ocurre en otros campos de la creación artística, está de alguna manera cuanto las novelas han sido hasta llegar a ella pero también el germen de lo que vendrá. De ahí que su objetivo haya sido contar cómo se ha llegado a producir la novela moderna.<br />
Ya que comparte la idea de que el mejor comentario sobre una novela es escribir una novela, a Mainer le ha salido quizá la novela que de otra forma no hubiera escrito. Y es que la lectura de este libro es un viaje al tiempo apasionante y enriquecedor por la historia de los hitos más importantes del género. Ya que el autor ha evitado las notas, sustituyéndolas por una extensa bibliografía, la lectura discurre fluida y sin tropiezos, como en las mejores narraciones. Y lo hace aludiendo ya desde la cita a quien considera el fundador de la novela moderna, Cervantes,  y esa escena de su libro fundacional en la que el canónigo de Toledo diserta ante Don Quijote y Sancho sobre la construcción de las novelas. Hay así a lo largo del texto numerosas citas que apoyan sus argumentos, citas en las que autores como Kafka, Balzac, Tolstói o Dostoievski dejan entrever las inclinaciones del autor.<br />
«Inevitablemente, los gustos personales destiñen sobre el resultado. No oculto mi entusiasmo por algunos libros,  y en otras ocasiones se hace patente que hay otras obras que se citan por su importancia o por lo que significaron en un momento determinado. Por eso quizá empiezo con una confesión personal sobre el origen de mis lecturas, entrelazada con algunas consideraciones sobre la historia moral de las novelas y la desconfianza que siempre ha suscitado lo imaginario. Pero sí, no se puede ocultar lo que para mí significa ‘El Quijote’ que lo he leído, estudiado, disfrutado, vuelto a estudiar y sigo disfrutando, como tampoco, por las veces que se citan se oculta mi admiración, por novelas como ‘Guerra y paz’ o ‘Ana Karenina’ o mi afición por expresiones más recientes del relato que se viene haciendo desde los setenta y ochenta en los que la posición del escritor ante la historia o ante el pasado reciente se ve entrelazada en la novela con retazos de su vida personal y este fenómeno me interesa particularmente».<a href="/angelicatanarro/wp-content/uploads/sites/2/2012/02/NF04P1X11.jpg"><img loading="lazy" class="alignright size-medium wp-image-365" title="JOSE .jpg" src="/angelicatanarro/wp-content/uploads/sites/2/2012/02/NF04P1X11.jpg" alt="" width="306" height="624" /></a></p>
<p>‘La historia desatada’ comienza a vivir una segunda vida. El ensayo se publicó por primera vez hace diez años y el libro, pensado no solo para estudiantes o críticos, sino para lectores interesados en conocer los fundamentos del género, se descatalogó rápidamente. Menoscuarto consideró un derroche que el libro se olvidara y ofreció a Mainer la posibilidad de que saliera de nuevo a la calle con las ampliaciones y modificaciones que considerara oportunas. Esto ha dado como resultado casi un nuevo libro, pues a las correcciones inevitables y matizaciones a la luz de la marcha reciente de las cosas se unen páginas nuevas sobre aspectos como la narrativa femenina, la relación entre ensayo y novela, la narración en primera persona, el cuento como género y la llamada autoficción en el marco más general de la narrativa de los últimos treinta años.<br />
Es claro que, por ejemplo,  el ‘boom’ del microrrelato no se había producido cuando esta historia apareció por primerz vez y ahora se le dedica un espacio al final del libro.<br />
Tratándose de un género en permanente evolución y expuesto cada cierto tiempo a los augurios de quienes se apresuran a certificar su defunción, son especialmente interesantes las reflexiones sobre Cervantes y sus dudas ante lo que estaba escribiendo. Y no es aventurado conjeturar que podemos estar viviendo un momento similar.<br />
«Sí. Es muy parecido. La novela es un género en permanente apertura. Parece como si en ocasiones se disolviera en el ambiente y fuera cambiando de forma a medida que va absorbiendo cosas. Está en crisis permanente pero en crisis de modificación. Cervantes vive la crisis constitutiva de la novela y es el que más lucidamente se da cuenta de que todos los hilos de lo narrativo que existían podían fusionarse en algo nuevo. Pero ocurrió algo similar al principio del siglo XX y también las décadas de los sesenta, setenta y ochenta. En realidad, han sido pocas las épocas en las que la novela ha tenido un programa definido. Lo tuvo la novela realista del siglo XIX, con un programa claro y concreto que se ve en autores como Galdós, Balzac o Tolstói. Todos ellos sabían, por decirlo así, lo que había que hacer y lo que pretendían».<br />
Mainer recuerda cómo a ese auge le siguen tiempos en los que el género queda ensombrecido. En España muy claramente en los años 20 y 30 del siglo XX, en los que la novela «es un género secundario, con mucho menos prestigio que la poesía y es en ese momento cuando muchos se hacen la pregunta de si el género seguirá subsistiendo o sucumbiría definitivamente. Pero siempre se demuestra que todo es cuestión de esperar. Porque la novela absorbe los cambios y sale fortalecida. La novela puede con todo».<br />
Así también en estos momentos en los que «como se decía del mundo posmoderno parece que vale todo. O se escriben narraciones muy largas de naturaleza indefinida o narraciones muy cortas como los microrrelatos o el aforismo, que está viviendo una vida renovada. O se escriben ensayos como si fueran novelas o novelas que tienen algo de ensayos. El microrrelato es, como diría la cosmología actual, un agujero negro, una enorme concentración de materia a punto de estallar, una narración que se nos presenta concentrada».<br />
No elude el libro la relación entre la poesía y la narrativa. «La novela fagocita otros géneros y la presencia de fragmentos de poemas o de poemas completos en las novelas ha sido una constante. Ha habido momentos en los que se ha hablado de novela poética y de poemas que tenían algo de novelas». E ilustra su ejemplo con la mención de ese curioso libro ‘Antología de Sponn River’, de Edgar Lee Masters, «de hecho una falsa antología sobre supuestos epitafios que bien podría haber sido un relato de vidas pasadas».<br />
El libro trata concienzudamente todo el entramado de un género con las referencias a autores imprescindibles como Kafka, Dickens o Dostoievski y relaciona el pasado con los nuevos movimientos del género, de forma que asistimos al surgimiento de una cartografía a la vez personal y erudita, amena y reveladora, realizada por un autor que asiste con distancia a la confusión que algunos fenómenos editoriales pueden generar sobre determinados aspectos de la novela. Es el caso por ejemplo de la novela histórica, cuya verdadera naturaleza habría que distinguir claramente de lo que ahora se entiende por tal.<br />
«Tengo un respeto por la tradición de la novela histórica que ha sido muy importante en el contexto de los años 30 y 40 del pasado siglo, en que surge una novela histórica de gran densidad filosófica. Nada que ver con lo que ahora se entiende por novela histórica y que se trata más bien de un fenómeno ‘aliterario’, que atiende a una necesidad de lectura fácil para que la gente se entretenga al tiempo que se entera de algunos acontecimientos. Sería algo así como el que va a una agencia de viajes para saber dónde quiere ir. Se trataría de un fenómeno para captar lectores más que otra cosa».<br />
Más optimista se muestra cuando se le pregunta por el futuro de la crítica, que en los últimos tiempos parece no atravesar su mejor momento. «Los malos momentos de la crítica están directamente relacionados, los comparte con la literatura. Pero en la medida en que esta exista existirá ese mecanismo de aproximación y subrayado que crea el campo literario. Y por tanto no corre ningún peligro».</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>(Artículo publicado en el suplemento cultural de El Norte de Castilla,  La Sombra del Ciprés)</p>
<p>Foto de Mainer en la Universidad de Valladolid de Ramón Gómez</p>
<hr />
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		<title>Una cosmopolita compañera de viaje</title>
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		<pubDate>Mon, 18 Jul 2011 17:47:00 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Angélica Tanarro</dc:creator>
		                		<category><![CDATA[igualdad]]></category>
		<category><![CDATA[la sombra del ciprés]]></category>
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		<description><![CDATA[Menoscuarto publica &#8216;Diario de una caraqueña por el Lejano Oriente&#8217;, de Teresa de la Parra Desde que algunas leyendas urbanas (¿o será un ‘trending topic’ en la red?) aseguran que vivimos tiempos apresurados incompatibles con la lectura, las editoriales, casi todas, han dedicado una parte de sus esfuerzos a buscar textos originales, inéditos, olvidados o [&#8230;]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<h3>Menoscuarto publica &#8216;Diario de una caraqueña por el Lejano Oriente&#8217;, de Teresa de la Parra</h3>
<p><big><br />
Desde que algunas leyendas urbanas (¿o será un ‘trending topic’ en la red?) aseguran que vivimos tiempos apresurados incompatibles con la lectura, las editoriales, casi todas, han dedicado una parte de sus esfuerzos a buscar textos originales, inéditos, olvidados o con la suficiente calidad a la par que brevedad para engrosar sus colecciones en pequeño formato. No está claro que con ello se hayan ganado lectores, (distintos a los que ya leían, se entiende), ni siquiera que estos libros de apenas un centenar de páginas en tamaño ‘bolsillo pequeño’ y consecuentemente precio más que asequible, hayan contribuido a paliar la crisis que atraviesa el sector editorial. Pero lo que es seguro y constatable es que han servido para poner en las librerías libros muy interesantes, textos en verdad olvidados y merecedores de mejor suerte, y editados en general con un cuidado y un amor hacia el libro que los hacen dignos de acabar en las estanterías de los buenos bibliófilos. Algunos de ellos se han ido reseñando en estas páginas. Hoy es el turno de uno de esos textos que estaban inéditos en el mercado español. Se trata de ‘Diario de una caraqueña por el Lejano Oriente’, de Teresa de la Parra. El libro, que la editorial Menoscuarto publica en su colección Entretanto, no solo nos proporciona una deliciosa lectura, muy apropiada por cierto para estas fechas veraniegas (otra cuestión que ahora parece ineludible) sino que nos abre la puerta al recuerdo o en su caso descubrimiento de la autora venezolana de origen español que con dos novelas, ‘Ifigenia. Diario de una señorita que escribió porque se fastidiaba’ y ‘Memorias de Mamá Blanca’ se hizo un hueco en la historia de la literatura de su país y de Hispanoamérica e incluso, cuando en 1924 gana con la primera de ellas el concurso del Instituto Hispanoamericano de la Cultura Francesa de París, su nombre llega a ser tan célebre como el de la posteriormente premio Nobel Gabriela Mistral.</big><br />
<IMG src="/angelicatanarro/wp-content/uploads/sites/2" id="img_0" class="imgdcha"><br />
<big>De Teresa de la Parra (seudónimo de Ana Teresa Parra Sanojo) llegó a escribir Juan Ramòn Jiménez: «En su expresión poética narrativa se funden lo lírico y lo irónico en una delicada y graciosa lengua natural» y Luis Alberto de Cuenca la considera una «narradora formidable y mujer dotada de una exquisita sensibilidad literaria», como acertadamente recuerda el periodista Marco Porras en la introducción del libro, que nos invita a saber más de la autora de las páginas que siguen. Un libro que, como tantos escritos de la venezolana (nacida accidentalmente en París en 1889, que pasó su infancia en un internado de Valencia y tuvo un destino viajero del que este libro parece un paradigma) tiene un tono autobiográfico. Pero aunque el texto bien pudiera ser lo que pretende ser (un diario de viajes) es en realidad una ficción en formato epistolar  inspirada por las cartas que recibía de su hermana María. ‘Diario de una caraqueña&#8230;’ apareció publicado por primera vez en 1920 en la revista ‘Actualidades’, que dirigía Rómulo Gallegos. Menoscuarto lo ha elegido para conmemorar el 75 aniversario de la muerte de esta escritora que sucumbió a la tuberculosis en 1936 poco antes de que en España estallara la Guerra Civil y después de haber intentado sin éxito su curación en el célebre hospital de Guadarrama en la sierra de Madrid.</big><br />
<big>Se trata de un texto lleno de humor, ironía, miradas cosmopolitas sobre el mundo (al fin ella era una pertinaz viajera), prejuicios de clase, mezcla del habla popular y modismos snobs&#8230; La presunta viajera que nos invita a seguirla por Japón, China y Manchuria muestra sus preferencias por el país del sol naciente y su disgusto por China. En Japón se enamora de Kioto &#8230; «la Meca del Japón, la ciudad mística y creyente, el relicario que guarda todos los sagrados recuerdos en sus mil templos antiguos», pero también expresa su disgusto por Kobe y sus «horriblemente desaseados» habitantes del puerto y se aburre contemplando desde el tren las aldeas chinas: «las vimos silenciosas y dormidas; todas iguales y monótonas, todas eternamente chinas». Y consigue, como si de verdad lo estuviera contando desde allí que el lector se estremezca con la descripción de las fortificaciones de Tsingtao abandonadas tras la Primera Guerra Mundial: «Había allí la inmensa desolación de los recintos donde la muerte ha revoloteado angustiosa y terrible».</big><br />
<big>La prosa de Teresa de la Parra se desliza comoun barco en mar apacible por el Lejano Oriente, dejando en el lector la sensación de una escritura fácil tras la que adivinamos una mujer poderosa que tuvo que saltar por encima de las barreras que cercaban la autonomía de las mujeres de su época y más si, como ella, pertenecían a una familia aristocrática. La voz que se levantó en favor de la causa de las mujeres se apagó demasiado pronto, pero tuvo tiempo de dejarnos textos tan interesantes como este</big>.</p>
<p><em>(Reseña publicada en el suplemento literario &#8216;La Sombra del ciprés&#8217; del 16 de julio del 2011)</em></p>
<hr />
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