{"id":1066,"date":"2019-03-18T17:47:45","date_gmt":"2019-03-18T16:47:45","guid":{"rendered":"https:\/\/blogs.elnortedecastilla.es\/angelicatanarro\/?p=1066"},"modified":"2019-03-18T17:47:45","modified_gmt":"2019-03-18T16:47:45","slug":"bartleby-el-mito","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.elnortedecastilla.es\/angelicatanarro\/2019\/03\/18\/bartleby-el-mito\/","title":{"rendered":"Bartleby, el mito"},"content":{"rendered":"<p>Como el Quijote, Madame Bovary o Robinson Crusoe, tambi\u00e9n Bartleby se convirti\u00f3 en uno de esos personajes que superan la fama de su autor. Puede que algunos lectores no recuerden al inventor del famoso n\u00e1ufrago ni se hayan molestado en averiguar, y eso que en los \u00faltimos a\u00f1os su nombre ha estado en todos los teclados, qui\u00e9n envi\u00f3 a la ni\u00f1a Alicia a ese mundo extra\u00f1o y maravilloso, pero sus criaturas forman parte de nuestra biograf\u00eda. As\u00ed, decir Bartleby es ponernos ante el espejo de nuestras propias par\u00e1lisis, aunque hayamos olvidado a Herman Melville, y ello a pesar de que el escritor neoyorkino, de cuyo nacimiento se cumple ahora el segundo centenario, sea el autor de otro famos\u00edsimo personaje, esta vez animal, \u2018Moby Dick\u2019. En las ant\u00edpodas del h\u00e9roe, del aventurero cuerdo o desequilibrado; desde el lugar opuesto a la audacia, Bartleby adquiri\u00f3 pronto el car\u00e1cter de mito. Y fue, y sigue siendo, el motor de an\u00e1lisis y escrituras, de casi febriles indagaciones literarias, lo cual no deja de ser una po\u00e9tica paradoja: que el paradigma de la negaci\u00f3n, el escribiente que se neg\u00f3 a seguir escribiendo, haya dado lugar a tanta literatura.<a href=\"https:\/\/static-blogs.elnortedecastilla.es\/wp-content\/uploads\/sites\/2\/2019\/03\/800px-Herman_Melville_profile1.jpg\"><img loading=\"lazy\" class=\"alignright size-medium wp-image-1067\" src=\"https:\/\/static-blogs.elnortedecastilla.es\/wp-content\/uploads\/sites\/2\/2019\/03\/800px-Herman_Melville_profile1-240x300.jpg\" alt=\"800px-herman_melville_profile1\" width=\"240\" height=\"300\" srcset=\"https:\/\/static-blogs.elnortedecastilla.es\/wp-content\/uploads\/sites\/2\/2019\/03\/800px-Herman_Melville_profile1-240x300.jpg 240w, https:\/\/static-blogs.elnortedecastilla.es\/wp-content\/uploads\/sites\/2\/2019\/03\/800px-Herman_Melville_profile1-768x960.jpg 768w, https:\/\/static-blogs.elnortedecastilla.es\/wp-content\/uploads\/sites\/2\/2019\/03\/800px-Herman_Melville_profile1.jpg 800w\" sizes=\"(max-width: 240px) 100vw, 240px\" \/><\/a><\/p>\n<p>Es el a\u00f1o 1853 y Melville, que ya ha publicado su novela m\u00e1s famosa, ambienta un cuento en una gris oficina de Wall Street. En la sede de un abogado al que se le acumula el trabajo y necesita un nuevo escribiente. Cuando nuestro silencioso y pasivo personaje aparece en escena, el lector desconoce que, cuando termine el relato, apenas sabr\u00e1 nada sobre \u00e9l. \u201cEn respuesta a mi anuncio, un joven inm\u00f3vil apareci\u00f3 una ma\u00f1ana en el umbral de mi bufete; era verano y la puerta estaba abierta. Vuelvo ahora a ver esa figura: \u00a1p\u00e1lidamente pulcra, lamentablemente decorosa, incurablemente desamparada! Era Bartleby\u201d, nos dice el narrador de la historia. Pero \u00bfqui\u00e9n era realmente este aplicado (al principio) escribiente aparentemente inmune a las emociones humanas pero que con tanto aplomo desarmaba a su jefe, contestando a sus requerimientos con un simple y contundente, \u2018preferir\u00eda no hacerlo\u2019? \u00bfDe d\u00f3nde ven\u00eda? \u00bfTen\u00eda familia? \u00bfCu\u00e1les eran las razones de su extra\u00f1o comportamiento? \u00bfEra simplemente un loco pac\u00edfico? \u00bfUn sabio? \u00bfUn anacoreta que hab\u00eda elegido como lugar de retiro en lugar del consabido desierto una oficina sin m\u00e1s horizonte que la pared de ladrillo que contemplaba silencioso desde la ventana de su rinc\u00f3n? \u00bfUna versi\u00f3n ciertamente peculiar de Sim\u00f3n el Estilita? \u00bfUn suicida?<\/p>\n<p>Melville no responde a ninguna de estas preguntas, porque, probablemente, desconoce las respuestas. Y nuestra aproximaci\u00f3n debe ser as\u00ed en clave de interrogaci\u00f3n. Porque el suyo es un relato de la perplejidad. Nos preguntamos por qu\u00e9 nos atrae y tratamos de explicarnos esa atracci\u00f3n, como hizo Georges Perec en una carta a su profesora Denise Getzler . Pero si su fama ha traspasado todos estos a\u00f1os y ha dejado huellas en las m\u00e1s diversas vocaciones literarias y filos\u00f3ficas (recuerdo ahora los ensayos de Gilles Deleuze, Giorgio Aganbem y Jos\u00e9 Luis Pardo, reunidos hace tiempo por Pre-Textos) es sin duda porque su historia nos pone ante un espejo y en \u00e9l contemplamos nuestras propias incongruencias, esa parte de nosotros mismos que en ocasiones nos impide seguir adelante, que nos frena sin aparente motivo, es tambi\u00e9n, por qu\u00e9 no, la reencarnaci\u00f3n de una utop\u00eda: la de las veces que nos hubiera gustado contestar, \u2018preferir\u00eda no hacerlo\u2019 sin violencias, simplemente dejando atr\u00e1s no solo aquello que no quisimos hacer, sino la incomprensi\u00f3n de quienes requer\u00edan de nosotros sin duda molestas encomiendas. Es el mejor elogio y perd\u00f3n a nuestra pereza.<\/p>\n<p>Muchos de los bartlebys que somos y los que nunca seremos han surgido a la sombra enriquecedora del personaje de Melville. C\u00f3mo no traer aqu\u00ed ese artefacto titulado \u2018Bartleby y compa\u00f1\u00eda\u2019 con el que Enrique Vila-Matas hizo honor a la iron\u00eda melvilleana con su propia y afilada iron\u00eda. Ese libro que no quer\u00eda ser un libro, sino un conjunto de notas a pie de p\u00e1gina por el que desfila lo m\u00e1s granado de la literatura del no. Desde Rimbaud a Walser, de Pep\u00edn Bello al Juan Ram\u00f3n Jim\u00e9nez que afirma: \u201cmi mejor obra es el arrepentimiento de mi obra\u201d, de Kafka a Joubert, el libro, o lo que sea, es un homenaje a todos los que en alg\u00fan momento prefirieron no hacer m\u00e1s literatura. Lo cual no deja de ser un bello asunto literario. Y todo gracias a Bartleby.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>En la foto, el escritor Herman Melville<\/p>\n<p><em>(Art\u00edculo publicado en La Sombra del Cipr\u00e9s de El Norte de Castilla el 16 de marzo de 2019, dentro del dossier dedicado a Herman Melville en el segundo centenario de su nacimiento)<\/em><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Como el Quijote, Madame Bovary o Robinson Crusoe, tambi\u00e9n Bartleby se convirti\u00f3 en uno de esos personajes que superan la fama de su autor. 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