{"id":192,"date":"2009-09-24T13:07:00","date_gmt":"2009-09-24T13:07:00","guid":{"rendered":"http:\/\/blogs.elnortedecastilla.es\/angelicatanarro\/?p=192"},"modified":"2009-09-24T13:07:00","modified_gmt":"2009-09-24T13:07:00","slug":"oficio-editor","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.elnortedecastilla.es\/angelicatanarro\/2009\/09\/24\/oficio-editor\/","title":{"rendered":"Oficio de editor"},"content":{"rendered":"<p><meta http-equiv=\"CONTENT-TYPE\" content=\"text\/html; charset=utf-8\"><title><\/title><meta name=\"GENERATOR\" content=\"OpenOffice.org 2.3  (Win32)\"><\/p>\n<style type=\"text\/css\">  <\/style>\n<p style=\"margin-bottom: 0cm;\"><big>Entre las profesiones que admiro profundamente hay dos que sobresalen. Una de ellas es la de m\u00e9dico. Cualquier persona que dedica su vida laboral a paliar los dolores del cuerpo o del alma del pr\u00f3jimo tiene de entrada todo mi respeto. Si adem\u00e1s es uno de esos profesionales a los que no se les nota si el sistema le est\u00e1 apretando el bot\u00f3n del cuello de la bata, y siempre se pone en el lugar del miedo o el desconcierto de quien tiene enfrente y s\u00f3lo su presencia (su sonrisa o su templanza) es el primer alivio del paciente, tiene adem\u00e1s mi admiraci\u00f3n de por vida.<\/big>  <\/p>\n<p style=\"margin-bottom: 0cm;\"><big>La profesi\u00f3n que podr\u00eda ocupar el segundo puesto entre las que provocan mi simpat\u00eda m\u00e1s extrema es menos necesaria aparentemente y, desde luego, mucho menos urgente. Me refiero al oficio de editor. Sobre todo, si hablamos de eso que se ha venido en llamar editores \u2018independientes\u2019. T\u00e9rmino que usado como apellido de editor quiere decir que lo pasa fatal para cuadrar la cuenta de resultados porque no le respalda ning\u00fan gran grupo, ni banco, ni negocio medi\u00e1tico alguno.<\/big>  <\/p>\n<p style=\"margin-bottom: 0cm;\"><big>No puedo evitar sentirme atra\u00edda por esos raros ejemplares de seres humanos que arriesgan su casa y hacienda para compartir con los dem\u00e1s lo que suele ser uno de los placeres principales (si no el primero) de sus vidas: leer un buen libro. Leer es un vicio solitario que cuando est\u00e1 muy depurado, todo lo m\u00e1s, proporciona despu\u00e9s a los afectados por la adicci\u00f3n el placer de compartirlo con alg\u00fan c\u00f3mplice (cada vez m\u00e1s escasos), en peque\u00f1as reuniones semiclandestinas, donde se pasan ejemplares de esos textos, a menudo culpables de no estar en ninguna lista de \u00e9xito y de encerrar una luz que hizo m\u00e1s llevaderas las tinieblas de sus perplejidades. Nunca tendr\u00edamos ese placer o no lo tendr\u00edamos tan c\u00f3modamente si no existieran esos locos empe\u00f1ados en compartir su enfermedad en reuniones m\u00e1s amplias que la de una tertulia de colegas.<\/big><\/p>\n<p style=\"margin-bottom: 0cm;\"><big>Bien pensado, cuando el editor sale fino, tiene algo de m\u00e9dico, y de confesor (los m\u00e9dicos son tambi\u00e9n confesores, cuando tienen o\u00eddo). A menudo los editores funcionan como los terapeutas de sus autores. Cargan con sus miedos, con sus inseguridades. Les animan en los momentos m\u00e1s turbios. Les aconsejan como una madre. A veces claro tambi\u00e9n funcionan como una madrastra. De todo hay. Encontrar un buen editor, un editor sincero y generoso es tan importante como encontrar un m\u00e9dico en quien confiar.<\/big><\/p>\n<p style=\"margin-bottom: 0cm;\"><big>Y todo esto viene a cuento porque me ha emocionado el homenaje que Almudena Grandes le hace al que ha sido su editor en estos a\u00f1os y que falleci\u00f3 recientemente. Antonio L\u00f3pez Lamadrid era el 50% del alma de Tusquets y alguien que podr\u00eda sentirse muy orgulloso de saber c\u00f3mo le ve una de sus autoras.<\/big><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Entre las profesiones que admiro profundamente hay dos que sobresalen. Una de ellas es la de m\u00e9dico. Cualquier persona que dedica su vida laboral a paliar los dolores del cuerpo o del alma del pr\u00f3jimo tiene de entrada todo mi respeto. 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