{"id":2048,"date":"2025-02-03T20:33:06","date_gmt":"2025-02-03T19:33:06","guid":{"rendered":"https:\/\/blogs.elnortedecastilla.es\/angelicatanarro\/?p=2048"},"modified":"2025-02-03T20:33:06","modified_gmt":"2025-02-03T19:33:06","slug":"instantes-con-luz","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.elnortedecastilla.es\/angelicatanarro\/2025\/02\/03\/instantes-con-luz\/","title":{"rendered":"Instantes con luz"},"content":{"rendered":"<p><span style=\"font-size: 14pt;\"><strong>Gonzalo Calcedo demuestra con \u2018La chica que le\u00eda <em>El viejo y el mar<\/em>\u2019 que sigue dominando el g\u00e9nero del relato<\/strong><\/span><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Una serie de personajes desorientados y solitarios, deambulan por aeropuertos, barras de bar de hoteles, estaciones de servicio\u2026 Lugares anodinos en los que inesperadamente o inevitablemente se produce alg\u00fan tipo de conexi\u00f3n con el pr\u00f3jimo y, aunque sea fugaz, parece una chispa de luz en las vidas de esos seres. Esos personajes pueblan \u2018La chica que le\u00eda <em>El viejo y el mar<\/em>\u2019, el \u00faltimo libro de relatos de Gonzalo Calcedo que publica con el sello Menoscuarto, la editorial con la que ha establecido una fidelidad correspondida. Momentos fugaces, de chispazos de luz\u2026 hay cuentos de este autor que nos servir\u00edan para hacer una teor\u00eda del g\u00e9nero. Porque ejemplifican esa breve intensidad que requiere el relato. En este punto, suelo poner como ejemplo uno de mis cuentos favoritos en su ya larga producci\u00f3n: hablamos de un autor que tiene en su haber una veintena de libros de relatos. Me refiero, una vez m\u00e1s, a <em>El prisionero de la Avenida Lexington<\/em>, que da t\u00edtulo a una de sus colecciones de relatos. En \u00e9l, un escritor y viejo profesor italiano ha sido invitado a un congreso en una universidad de Nueva York. Est\u00e1 cansado, su vida personal es un desastre, su carrera acad\u00e9mica se acerca al final, se pregunta qu\u00e9 hace ah\u00ed, en Manhattan, solo en la habitaci\u00f3n del hotel en la v\u00edspera de su regreso a casa. Al otro lado de la Avenida Lexington donde se hospeda, en un lujosos edificio de apartamentos, una luz se enciende y se apaga intermitentemente. Parece un faro, parece que alguien le estuviera haciendo una se\u00f1al, una se\u00f1al de vida. El que enciende y apaga esa luz es un ni\u00f1o, un ni\u00f1o tan solitario como el profesor. Su madre, divorciada, est\u00e1 m\u00e1s pendiente de su cita de la noche que de su hijo al que pronto dejar\u00e1 en manos de una canguro. Son dos seres solitarios en medio de la gran ciudad conectados imperceptiblemente por la luz de una lamparilla de mesa.<\/p>\n<div id=\"attachment_2051\" style=\"width: 310px\" class=\"wp-caption alignright\"><a href=\"https:\/\/static-blogs.elnortedecastilla.es\/wp-content\/uploads\/sites\/2\/2025\/02\/Gonzalo-y-yo.jpg\"><img aria-describedby=\"caption-attachment-2051\" loading=\"lazy\" class=\"wp-image-2051 size-medium\" src=\"https:\/\/static-blogs.elnortedecastilla.es\/wp-content\/uploads\/sites\/2\/2025\/02\/Gonzalo-y-yo-300x225.jpg\" alt=\"\" width=\"300\" height=\"225\" srcset=\"https:\/\/static-blogs.elnortedecastilla.es\/wp-content\/uploads\/sites\/2\/2025\/02\/Gonzalo-y-yo-300x225.jpg 300w, https:\/\/static-blogs.elnortedecastilla.es\/wp-content\/uploads\/sites\/2\/2025\/02\/Gonzalo-y-yo-1024x768.jpg 1024w, https:\/\/static-blogs.elnortedecastilla.es\/wp-content\/uploads\/sites\/2\/2025\/02\/Gonzalo-y-yo-768x576.jpg 768w, https:\/\/static-blogs.elnortedecastilla.es\/wp-content\/uploads\/sites\/2\/2025\/02\/Gonzalo-y-yo-1536x1152.jpg 1536w, https:\/\/static-blogs.elnortedecastilla.es\/wp-content\/uploads\/sites\/2\/2025\/02\/Gonzalo-y-yo.jpg 1600w\" sizes=\"(max-width: 300px) 100vw, 300px\" \/><\/a><p id=\"caption-attachment-2051\" class=\"wp-caption-text\">Presentaci\u00f3n del libro en la Fundaci\u00f3n Santiago Montes. Foto Alejandro Mart\u00ednez.<\/p><\/div>\n<p>M\u00e1s o menos as\u00ed entiendo yo el cuento. Un breve instante de luz, aunque el relato nos describa las sombras de la vida. Un par\u00e9ntesis en las vidas de sus protagonistas, un viaje entre estaci\u00f3n y estaci\u00f3n de un itinerario en el que puede caber una vida entera. Dominar esta t\u00e9cnica no es f\u00e1cil. Un cuento no permite la flaqueza, el desmayo, la distracci\u00f3n. Se lleva mal con la obviedad con el exceso de explicaciones, debe sugerir m\u00e1s que insistir. Y Gonzalo Calcedo demuestra con cada una de sus entregas que es un maestro indiscutible del g\u00e9nero al que permanece fiel.<\/p>\n<p>Creo que si hay una caracter\u00edstica en la literatura de Gonzalo no s\u00f3lo tiene que ver con esa insistencia en el relato \u2013aunque ha escrito algunas novelas cortas, son poco conocidas y por otro lado el reconocimiento le viene del g\u00e9nero que practica a diario. Esa caracter\u00edstica tiene que ver con su personalidad y es la independencia. La que le hace huir tanto de saraos literarios, citas de promoci\u00f3n y dem\u00e1s jolgorios como de giros en la forma de concebir el relato. De pronto se ha puesto de moda un tipo de cuento que gusta de bordear cierta truculencia, juega con la fantas\u00eda o con la ciencia ficci\u00f3n y suelen ser pretendidamente perturbadores. No hay nada malo en ello. Hay magn\u00edficos ejemplos en esta tendencia. Pero a \u00e9l no parece tentarle en absoluto. Su mirada es de luces cortas pero intensas. Mira a sus semejantes. Me lo imagino en la sala de espera de un consultorio m\u00e9dico, o en medio de un vuelo por corto que sea con la mirada y los o\u00eddos atentos. Y sus ojos viendo m\u00e1s all\u00e1 de la piel, de la apariencia, tratando de vislumbrar motivos, emociones, sentimientos, disgustos, esperanzas en los tonos de voz de quienes observa, en su lenguaje corporal, en sus miradas. La mirada de la ajenidad. Nada de engatusarnos con golpes de efecto, con sucesos extraordinarios, con mitos o leyendas. A ras de piel, pero hacia el interior de la piel.<\/p>\n<p>As\u00ed, el lector que se acerque a sus libros no puede ser un lector apresurado. No se puede ir a un restaurante gourmet a engullir. Se va a paladear, a degustar matices, a saborear despacio. Este es el lector que requieren estos cuentos. Y a \u00e9l se entregar\u00e1n sus hallazgos. Bajo la apariencia anodina de un encuentro anodino late la vida y escuchar ese latido requiere un o\u00eddo atento. A cambio siempre ofrecer\u00e1n algo nuevo. Son cuentos que no solo es que resistan una segunda lectura. La piden y cuando se les presta no pierden frescura como ocurre con esa literatura m\u00e1s de fuegos artificiales que una vez pasada la sorpresa se queda fr\u00eda. Sus relatos se abren a\u00fan m\u00e1s cuando los revisitamos.<a href=\"https:\/\/static-blogs.elnortedecastilla.es\/wp-content\/uploads\/sites\/2\/2025\/02\/Portada_LA-CHICA.jpg\"><img loading=\"lazy\" class=\"alignright size-medium wp-image-2054\" src=\"https:\/\/static-blogs.elnortedecastilla.es\/wp-content\/uploads\/sites\/2\/2025\/02\/Portada_LA-CHICA-200x300.jpg\" alt=\"\" width=\"200\" height=\"300\" srcset=\"https:\/\/static-blogs.elnortedecastilla.es\/wp-content\/uploads\/sites\/2\/2025\/02\/Portada_LA-CHICA-200x300.jpg 200w, https:\/\/static-blogs.elnortedecastilla.es\/wp-content\/uploads\/sites\/2\/2025\/02\/Portada_LA-CHICA-682x1024.jpg 682w, https:\/\/static-blogs.elnortedecastilla.es\/wp-content\/uploads\/sites\/2\/2025\/02\/Portada_LA-CHICA-768x1153.jpg 768w, https:\/\/static-blogs.elnortedecastilla.es\/wp-content\/uploads\/sites\/2\/2025\/02\/Portada_LA-CHICA-1023x1536.jpg 1023w, https:\/\/static-blogs.elnortedecastilla.es\/wp-content\/uploads\/sites\/2\/2025\/02\/Portada_LA-CHICA.jpg 1102w\" sizes=\"(max-width: 200px) 100vw, 200px\" \/><\/a><\/p>\n<p>Calcedo ha tenido buenos maestros y todos est\u00e1n en el mismo territorio anglosaj\u00f3n. Y m\u00e1s concretamente en EEUU. \u00c9l habla de su descubrimiento de Graham Green, de Hemingway, de su adorado Cheever, de Amy Hampel una de cuyas citas abre el libro. En sus inicios, se resist\u00eda a lo que consideraba un costumbrismo rural y ese huir le hizo instalarse para siempre en este territorio.<\/p>\n<p>\u2018La chica que le\u00eda <em>El viejo y el mar<\/em>\u2019 se abre en una de las inmensas salas de espera de un aeropuerto y se cierra en un avi\u00f3n. Entre medias hay aparcamientos, gasolineras, la piscina de un hotel\u2026\u00a0 y un caf\u00e9 en Groninga, la ciudad de los Pa\u00edses Bajos en la que transcurre el cuento que da t\u00edtulo al volumen y en la que no es dif\u00edcil adivinar lo autobiogr\u00e1fico del asunto. Calcedo demuestra as\u00ed que con una realidad muy compartida tambi\u00e9n se puede hacer buena literatura. Y, por supuesto, con un lenguaje muy cuidado que aporta hallazgos y en ocasiones intenci\u00f3n po\u00e9tica como la de esas muchachas que salen de un hospital donde una de ellas ha sido curada de una fractura en un pie anhelaban \u201cretornar a las casitas con las tablas de surf apoyadas en las barandillas: los exvotos de un verano siempre perecedero\u201d.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Gonzalo Calcedo demuestra con \u2018La chica que le\u00eda El viejo y el mar\u2019 que sigue dominando el g\u00e9nero del relato &nbsp; Una serie de personajes desorientados y solitarios, deambulan por aeropuertos, barras de bar de hoteles, estaciones de servicio\u2026 Lugares anodinos en los que inesperadamente o inevitablemente se produce alg\u00fan tipo de conexi\u00f3n con el [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":2,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":[],"categories":[3,8,12,13],"tags":[927,928,315],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/blogs.elnortedecastilla.es\/angelicatanarro\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/2048"}],"collection":[{"href":"https:\/\/blogs.elnortedecastilla.es\/angelicatanarro\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/blogs.elnortedecastilla.es\/angelicatanarro\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/blogs.elnortedecastilla.es\/angelicatanarro\/wp-json\/wp\/v2\/users\/2"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/blogs.elnortedecastilla.es\/angelicatanarro\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=2048"}],"version-history":[{"count":5,"href":"https:\/\/blogs.elnortedecastilla.es\/angelicatanarro\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/2048\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":2056,"href":"https:\/\/blogs.elnortedecastilla.es\/angelicatanarro\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/2048\/revisions\/2056"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/blogs.elnortedecastilla.es\/angelicatanarro\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=2048"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/blogs.elnortedecastilla.es\/angelicatanarro\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=2048"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/blogs.elnortedecastilla.es\/angelicatanarro\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=2048"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}