{"id":234,"date":"2010-03-05T12:24:00","date_gmt":"2010-03-05T12:24:00","guid":{"rendered":"http:\/\/blogs.elnortedecastilla.es\/angelicatanarro\/?p=234"},"modified":"2010-03-05T12:24:00","modified_gmt":"2010-03-05T12:24:00","slug":"escribir-cuenta-ajena","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.elnortedecastilla.es\/angelicatanarro\/2010\/03\/05\/escribir-cuenta-ajena\/","title":{"rendered":"Escribir por cuenta ajena"},"content":{"rendered":"<p><big>La mujer, una anciana permanentemente enlutada, viv\u00eda dos calles m\u00e1s abajo. Algunas tardes, cuando comprend\u00eda que mi madre hab\u00eda acabado sus clases, iba a visitarla. Siempre con la misma petici\u00f3n: que le escribiera una carta a su familia.<\/big><br \/>\n<big>La mujer no sab\u00eda leer ni escribir. Hac\u00eda poco tiempo que hab\u00eda dejado la aldea gallega donde hab\u00eda pasado toda su vida. Y ahora, a la vejez, se ve\u00eda obligada a residir en Madrid, la ciudad a la que hab\u00edan emigrado sus hijos, y que a ella le resultaba ajena y hostil. Mi madre me contaba que a esa mujer la morri\u00f1a la estaba consumiendo. Lloraba mientras dictaba, a una joven a la que al fin y al cabo apenas conoc\u00eda, unos mensajes sencillos para los que hab\u00eda dejado atr\u00e1s. Imagino que gente mayor como ella, pues Galicia \u2013y Espa\u00f1a toda \u2013 era entonces pa\u00eds de emigrantes donde los j\u00f3venes se ve\u00edan obligados a dejar su casa para buscar el pan muy lejos. Siempre me gust\u00f3 esta historia. Seg\u00fan mi madre, sus cartas siempre terminaban igual: desgranando recuerdos personalizados. \u00abRecuerdos a Juan, a Pepi\u00f1o, al t\u00edo Celso, a Camilo el de la Rosaura, a Blanquita, a Paulina&#8230;\u00bb y as\u00ed una lista enorme, mucho m\u00e1s larga que el texto de la carta y que ella siempre remataba con la siguiente frase: \u00abpor no andar uno por uno\u00bb. Aquella frase se convirti\u00f3 en una broma familiar, pero nunca he olvidado la imagen de una mujer que yo no conoc\u00ed (todo esto sucedi\u00f3 antes de que yo naciera) pero que tengo viva en la memoria de mi imaginaci\u00f3n: con su pa\u00f1uelo negro y sus l\u00e1grimas. De ni\u00f1a me impresionaba que una persona mayor no supiera escribir y tuviera que recurrir a una extra\u00f1a para un acto que a m\u00ed me parec\u00eda muy \u00edntimo. Y ahora me doy cuenta de que nunca he preguntado a mi madre por qu\u00e9 aquella mujer no confiaba la tarea a alguno de sus hijos.<\/big><br \/>\n<big>Ayer me acord\u00e9 de esta historia porque un escritor me cont\u00f3 una parecida. Aunque en este caso el amanuense era \u00e9l, de ni\u00f1o, y la corresponsal, su abuela. \u00abCreo que lo que me hizo escritor fueron las cosas que me inventaba en esas cartas. Mi abuela dec\u00eda: \u2018cu\u00e9ntale algo m\u00e1s a la t\u00eda\u2019 y yo pon\u00eda de mi cosecha\u00bb. El cine nos ha dejado im\u00e1genes parecidas de escritores por \u2018cuenta ajena\u2019. Escribidores ante una mesita en la plaza de la ciudad \u2018principal\u2019 en los d\u00edas de mercado, ante desvencijadas m\u00e1quinas de escribir a la espera de clientes que necesitaran redactar una solicitud, una instancia a la superioridad. Me cuentan que en algunas ferias del libro autores de renombre han escrito delante de una mesita parecida historias y poemas por encargo del p\u00fablico en general a cambio de unos pocos euros. Ahora es un juego lo que entonces fue necesidad. Al fin y al cabo \u00bfqui\u00e9n escribe cartas hoy en d\u00eda?<\/big><br \/>\n<big>En Vers\u00e1til.es, las jornadas de poes\u00eda de la Uva, tambi\u00e9n hay mesitas a la puerta del sal\u00f3n de actos. Pero ah\u00ed quienes se comunican en breves entrevistas de siete minutos son escritores con un manuscrito bajo el brazo en busca de editor y editores a la caza de una joya in\u00e9dita. Si no fuera por el nombre (\u2018speed dating\u2019, las llaman) la iniciativa formar\u00eda parte de esas deliciosas im\u00e1genes del pasado que me reconcilian con algunas cosas del presente. Y dicen que han sido un \u00e9xito.<\/p>\n<p>(<\/big><em>Publicado en la secci\u00f3n &#8216;D\u00edas nublados&#8217; en la edici\u00f3n impresa de El Norte del jueves 4 de marzo del 2010)<\/em> <\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>La mujer, una anciana permanentemente enlutada, viv\u00eda dos calles m\u00e1s abajo. Algunas tardes, cuando comprend\u00eda que mi madre hab\u00eda acabado sus clases, iba a visitarla. Siempre con la misma petici\u00f3n: que le escribiera una carta a su familia. La mujer no sab\u00eda leer ni escribir. 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