{"id":258,"date":"2010-09-09T21:47:00","date_gmt":"2010-09-09T21:47:00","guid":{"rendered":"http:\/\/blogs.elnortedecastilla.es\/angelicatanarro\/?p=258"},"modified":"2010-09-09T21:47:00","modified_gmt":"2010-09-09T21:47:00","slug":"piromanos","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.elnortedecastilla.es\/angelicatanarro\/2010\/09\/09\/piromanos\/","title":{"rendered":"Pir\u00f3manos"},"content":{"rendered":"<p><big>Algunas veces me pregunto qu\u00e9 se les pasa por la cabeza a esos individuos que en las peores condiciones climatol\u00f3gicas (con sequ\u00eda, temperaturas altas o vientos fuertes) deciden prender fuego al bosque sabiendo (buscando, supongo) las funestas consecuencias que su acci\u00f3n tiene. A veces tan tr\u00e1gicas como la p\u00e9rdida de vidas humanas, pero siempre devastadoras para el paisaje, la vida natural y nuestra propia vida.<\/big><br \/>\n<big>Como dec\u00eda aquella campa\u00f1a publicitaria de hace a\u00f1os, cuando un bosque se quema algo nuestro se quema. Siempre. Y con cada \u00e1rbol que se muere un peque\u00f1o pulm\u00f3n deja de aliviar el maltrecho aire que respiramos. El \u00e1rbol, como tantas veces nos recuerda el naturalista Joaqu\u00edn Araujo, es uno de los mayores tesoros de nuestro patrimonio. Deber\u00edamos tratarlos con veneraci\u00f3n. Pero cada verano asistimos impotentes a su destrucci\u00f3n sistem\u00e1tica.<\/big><br \/>\n<big>Despu\u00e9s de la plaga del fuego y de la ceniza persistente vienen las otras plagas: la de los insectos que encuentran su acomodo en la madera quemada (lo hemos visto este verano en \u00c1vila) o la plaga de los recursos insuficientes que eviten los da\u00f1os colaterales o la plaga de la desidia o la de los recursos destinados a lo superfluo. Y, mientras avanzan las llamas y el requemo de un paisaje que tarda a\u00f1os en regenerarse, los pir\u00f3manos andan sueltos sin que sus acciones, salvo en raras excepciones, tengan castigo.<\/big><br \/>\n<big>Pocas veces vemos a uno de estos atacados por la avaricia, la frustraci\u00f3n o la locura sentados ante el banquillo o trabajando para reparar su acci\u00f3n. Hay amantes del fuego que, en cambio, gustan de salir en los peri\u00f3dicos, a cara descubierta y presumiendo de sus acciones. Desde ayer conocemos a uno nuevo. Se llama Terry Jones y es pastor de una iglesia denominada Dove World Outreach Center (Centro de la Paloma de Alcance Mundial, o algo as\u00ed). Y a pesar de eso no tiene empacho en ser filmado en su oficina con una pistola encima de la mesa. (No s\u00e9&#8230; cuando era ni\u00f1a me dec\u00edan cuando dos cosas no casaban bien: \u00abLe pega como a un santo dos pistolas\u00bb).<\/big><br \/>\n<big>Adem\u00e1s de pistola, el pastor Jones tiene un plan: convocar a una quema colectiva y planetaria de ejemplares del Cor\u00e1n para \u2018conmemorar\u2019 el 11 de septiembre. Como si las v\u00edctimas de aquellos horribles atentados que cambiaron la marcha de la pol\u00edtica internacional no merecieran el homenaje de trabajar por que algo as\u00ed no vuelva a suceder. Como pasa  con los que incendian el bosque, el pastor Jones no parece haber calculado las consecuencias de su idea (\u00bfo s\u00ed?) y no parece predispuesto a atender a las reclamaciones del general Petreus, encargado de las tropas norteamericanas en Afganist\u00e1n, que ha advertido de los peligros que  pueden correr si se tensa el ambiente. Las revueltas contra Estados Unidos han comenzado.<\/big><br \/>\n<big>El fuego avanza. Mientras los dif\u00edciles acuerdos de paz entre jud\u00edos e israel\u00edes penden de que los extremistas no impongan su ley, hay gente dispuesta a imponer la ley de la gasolina. Lo vemos a diario, tambi\u00e9n a peque\u00f1a escala. Lo malo es que incendiarios como Jones tienen seguidores. Esperemos que el d\u00eda 11 se queden en casa.<\/p>\n<p>(<\/big><em>Publicado en la edici\u00f3n impresa de El Norte de Castilla en la columna D\u00edas Nublados<\/em><big>)<\/big> <\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Algunas veces me pregunto qu\u00e9 se les pasa por la cabeza a esos individuos que en las peores condiciones climatol\u00f3gicas (con sequ\u00eda, temperaturas altas o vientos fuertes) deciden prender fuego al bosque sabiendo (buscando, supongo) las funestas consecuencias que su acci\u00f3n tiene. 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