{"id":35,"date":"2007-02-15T21:05:00","date_gmt":"2007-02-15T21:05:00","guid":{"rendered":"http:\/\/blogs.elnortedecastilla.es\/angelicatanarro\/?p=35"},"modified":"2007-02-15T21:05:00","modified_gmt":"2007-02-15T21:05:00","slug":"retazos-vida","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.elnortedecastilla.es\/angelicatanarro\/2007\/02\/15\/retazos-vida\/","title":{"rendered":"Retazos de vida"},"content":{"rendered":"<p><em>Publicado en El Norte de Castilla el 15 de febrero<br \/>\n<\/em><\/p>\n<p>A veces voy mirando al suelo y otras al cielo. Estado de \u00e1nimo, supongo. Cuando miro al cielo, frecuentemente me quedo enganchada a mitad de camino. Una cortina entrecerrada, una ventana abierta, una luz que deja entrever el interior y ya estoy colgada de un espacio al que no he sido invitada. Me gusta colarme as\u00ed furtivamente en las casas ajenas. Pero solo un poco. Aunque parezca mentira no me interesa nada de la vida de los dem\u00e1s, salvo que esos \u2018dem\u00e1s\u2019 sean mi gente. Pero me encantan las historias que me cuento partiendo de una l\u00e1mpara, del color de una pared, de la esquina de una estanter\u00eda. Imagino a sus due\u00f1os, les coloco un pasado, a veces un trabajo, trato de adivinar c\u00f3mo se gana la vida el que coloc\u00f3 ese cuadro en la pared, si est\u00e1 casado y tiene hijos y en qu\u00e9  tipo de colegio estudian. Mido su grado de felicidad bas\u00e1ndome en la iluminaci\u00f3n de su cuarto.<br \/>\nSon peque\u00f1as historias que no van a ninguna parte, ni siquiera al papel. Que se suceden a toda velocidad cuando en el camino aparece otra ventana, otro retazo de vida. A veces llevan prendido un escalofr\u00edo, un calambre en el est\u00f3mago, una angustia tan fugaz como la visi\u00f3n, porque esa verja del portal, esa sombra en la pared, la forma de ese marco te instalan de golpe en el pasado, en algo perdido y olvidado en alg\u00fan rinc\u00f3n no explorado de la memoria. Otras, ese paisaje vital encerrado entre las l\u00edneas del balc\u00f3n me cuenta historias de amoroso cuidado, de gusto por el detalle, de defensa de una peque\u00f1a belleza cotidiana, de objetos que sobrevivieron al paso del tiempo, a todos los vaivenes de la existencia, y que son como estandartes contra la desmemoria. En contadas ocasiones pienso que podr\u00eda llamar a esa puerta y charlar con el due\u00f1o o due\u00f1a de esos objetos, de ese m\u00ednimo espacio vital que adivino confortable.<br \/>\n\u00daltimamente esos retazos de vida me llegan impuestos, sin que nada los convoque. Me ocurre sobre todo en el transporte p\u00fablico \u2013fuente inagotable de historias\u2013 cuando una musiquilla impertinente avisa de que un m\u00f3vil est\u00e1 a punto de sacarnos de nuestro ensimismamiento. Apenas inicio el juego de imaginar la personalidad del que eligi\u00f3 tan absurda sinton\u00eda, la realidad se impone con fuerza. Es dif\u00edcil modular la voz en los espacios cerrados, supongo. Y eso te obliga a participar imp\u00fadicamente en un episodio vital que no te corresponde. Aparece as\u00ed una enfermedad, la habitaci\u00f3n de un hospital, una separaci\u00f3n traum\u00e1tica, la historia de alguien que no se recupera de un abandono, la de otro alguien que ha encontrado por fin acomodo sentimental. Imposible evadirse. Imposible, casi, pensar en otra cosa. Intentas entonces no mirar a la cara de quien tan alegremente te hace part\u00edcipe de sus intimidades por no parecer cotilla. As\u00ed que el resto del viaje lo haces con el cuello en tensi\u00f3n, deseando que llegue tu parada y puedas volver a tus historias, al fin y al cabo inofensivas.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Publicado en El Norte de Castilla el 15 de febrero A veces voy mirando al suelo y otras al cielo. Estado de \u00e1nimo, supongo. Cuando miro al cielo, frecuentemente me quedo enganchada a mitad de camino. 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