{"id":61,"date":"2007-09-28T13:23:00","date_gmt":"2007-09-28T13:23:00","guid":{"rendered":"http:\/\/blogs.elnortedecastilla.es\/angelicatanarro\/?p=61"},"modified":"2007-09-28T13:23:00","modified_gmt":"2007-09-28T13:23:00","slug":"la-mirada-marcel","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.elnortedecastilla.es\/angelicatanarro\/2007\/09\/28\/la-mirada-marcel\/","title":{"rendered":"La mirada de Marcel"},"content":{"rendered":"<p>Publicado en EL NORTE DE CASTILLA el 27 de septiembre del 2007<\/p>\n<p>A veces, los periodistas nos convertimos en escritores de necrol\u00f3gicas. Personajes que se van y dan lugar a recuerdos, perfiles, elogios retrospectivos&#8230; A veces incluso desmesurados o sin equilibrio. Pero espero que esta columna, que he decidido no evitar, sea en definitiva una celebraci\u00f3n de la vida, aunque lo que la motive sea una muerte. La de Marcel Marceau.<\/p>\n<p>Si dejamos a un lado las veces que vi sus espect\u00e1culos, es decir, las veces que me encontr\u00e9 con Bip, tuve ocasi\u00f3n de compartir con \u00e9l y con otros colegas una comida (un mont\u00f3n de risas), una cena (menos risas y m\u00e1s protocolo) y una de las horas m\u00e1s energ\u00e9ticas de mi vida. Fue durante una clase magistral que imparti\u00f3 en el Teatro Calder\u00f3n. Porque hubo un tiempo, justo antes de que las tapas y los macroconciertos ocuparan toda nuestra &#8216;vida cultural&#8217;, en que en Valladolid suced\u00edan estas cosas. Yo estuve all\u00ed.<\/p>\n<p>Es curioso. No recordaba sus palabras. He tenido que recurrir al archivo para saber qu\u00e9 dijo. Pero dos cosas se me hab\u00edan quedado grabadas con fuerza. Una, su mirada. La intensidad con la que nos miraba a los ojos. Ten\u00eda ya m\u00e1s de setenta a\u00f1os -era el 2001, durante la segunda edici\u00f3n del Festival de Teatro de Calle- y pens\u00e9 que s\u00f3lo una persona joven pod\u00eda mirar as\u00ed. La otra fue el regusto que me dej\u00f3 el acto: sal\u00ed con m\u00e1s ganas de vivir.<\/p>\n<p>S\u00e9 que ahora est\u00e1 cient\u00edficamente comprobado el porqu\u00e9 algunas personas s\u00f3lo con su presencia nos quitan toda la energ\u00eda y otras producen el efecto contrario. Tiene que ver con los ritmos del coraz\u00f3n y \u00e9stos a su vez con los sentimientos. Pero este es un tema para otro d\u00eda.<\/p>\n<p>Yo tengo adem\u00e1s otra teor\u00eda. Creo que lo que distingue una obra de arte de un suced\u00e1neo es su capacidad para transformarnos. Si despu\u00e9s de leer un libro, de mirar un cuadro, de escuchar una sinfon\u00eda, de asistir a una representaci\u00f3n teatral pensamos que algo ha cambiado en nuestro interior, si hemos sentido un escalofr\u00edo, un crujido, si pensamos que ya nada ser\u00e1 exactamente igual que antes es que acabamos de asistir a una obra de arte. Eso fue aquella conversaci\u00f3n. Y esa impresi\u00f3n es la que ha perdurado en el tiempo por encima de lo que dijo aquel d\u00eda.<\/p>\n<p>Cosas que, por otra parte, le\u00eddas sin su presencia no parecen extraordinarias: Que no hay un arte por encima de otras artes porque todas tratan de lo eterno. Que no hay futuro si no se asume el pasado. Que la poes\u00eda convierte en realidad los sue\u00f1os&#8230;<\/p>\n<p>Mientras nos hipnotizaba con sus manos, nos hizo pensar que no cre\u00eda en la muerte. Una vez fue a ver su obra un grupo de sacerdotes. Al terminar la funci\u00f3n le dijeron \u00abno sab\u00edamos que usted era tan religioso\u00bb. \u00abNo soy religioso. Soy un librepensador\u00bb, les contest\u00f3, \u00abpero cuando hago esto Dios est\u00e1 conmigo\u00bb.<\/p>\n<p>Al principio del acto se mir\u00f3 la mano y record\u00f3 aquello de William Blake de que en la palma de la mano cabe la condici\u00f3n humana. Tambi\u00e9n en una mirada, pens\u00e9 aquel d\u00eda.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Publicado en EL NORTE DE CASTILLA el 27 de septiembre del 2007 A veces, los periodistas nos convertimos en escritores de necrol\u00f3gicas. Personajes que se van y dan lugar a recuerdos, perfiles, elogios retrospectivos&#8230; A veces incluso desmesurados o sin equilibrio. 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