{"id":822,"date":"2018-01-07T19:06:24","date_gmt":"2018-01-07T18:06:24","guid":{"rendered":"http:\/\/blogs.elnortedecastilla.es\/angelicatanarro\/?p=822"},"modified":"2018-01-07T19:06:24","modified_gmt":"2018-01-07T18:06:24","slug":"mi-adios-a-juan-pablo-ortega","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.elnortedecastilla.es\/angelicatanarro\/2018\/01\/07\/mi-adios-a-juan-pablo-ortega\/","title":{"rendered":"Mi adi\u00f3s a Juan Pablo Ortega"},"content":{"rendered":"<p>Hoy el temporal ha impedido que las cenizas del escritor Juan Pablo Ortega descansaran al fin junto a sus padres, en su localidad natal, El Espinar. Algo que ocurrir\u00e1 en pr\u00f3ximas fechas. Aqu\u00ed, mi emocionado y agradecido recuerdo al escritor y al amigo.<\/p>\n<p><strong>JUAN PABLO ORTEGA, UN<\/strong> <strong>INTELECTUAL,<\/strong> <strong>UN CABALLERO<\/strong><\/p>\n<p>Este art\u00edculo podr\u00eda tener solo tres palabras, las que vinieron a mi mente tras conocer el fallecimiento de Juan Pablo Ortega. Tres palabras. Las que componen un verso de Antonio Gamoneda, tambi\u00e9n el t\u00edtulo de uno de sus libros: \u2018Arden las p\u00e9rdidas\u2019. Arde el coraz\u00f3n por la ausencia del escritor, del defensor de la educaci\u00f3n laica, sobre todo del amigo.<a href=\"https:\/\/static-blogs.elnortedecastilla.es\/wp-content\/uploads\/sites\/2\/2018\/01\/Juan-Pablo.png\"><img loading=\"lazy\" class=\"alignright wp-image-823\" src=\"https:\/\/static-blogs.elnortedecastilla.es\/wp-content\/uploads\/sites\/2\/2018\/01\/Juan-Pablo-300x185.png\" alt=\"juan-pablo\" width=\"422\" height=\"260\" srcset=\"https:\/\/static-blogs.elnortedecastilla.es\/wp-content\/uploads\/sites\/2\/2018\/01\/Juan-Pablo-300x185.png 300w, https:\/\/static-blogs.elnortedecastilla.es\/wp-content\/uploads\/sites\/2\/2018\/01\/Juan-Pablo.png 624w\" sizes=\"(max-width: 422px) 100vw, 422px\" \/><\/a><\/p>\n<p>Recuerdo a la perfecci\u00f3n el d\u00eda que le conoc\u00ed. Comenzaba mi carrera period\u00edstica en El Adelantado de Segovia y nos present\u00f3 su entonces director, Pablo Mart\u00edn Cantalejo. \u201cOs vais a entender bien\u201d, dijo al proponerme que le hiciera una entrevista con motivo del premio Planeta a la novela de mayor inter\u00e9s cinematogr\u00e1fico de las presentadas ese a\u00f1o al galard\u00f3n y que hab\u00eda obtenido por \u2018Las dos muertes de un tirano\u2019. No se equivoc\u00f3. Pelo blanco, ojos reidores, traje Pr\u00edncipe de Gales. Lo del traje no es un detalle balad\u00ed. Juan Pablo era elegante por dentro y por fuera. Cuidaba su aspecto f\u00edsico y su indumentaria por coqueter\u00eda, s\u00ed, pero sobre todo por respeto a los dem\u00e1s. Y este fue uno de los emblemas de su vida. Respeto, tolerancia, empat\u00eda suma. Ning\u00fan drama humano le era ajeno y siempre estaba ah\u00ed para echar una mano, incluso a los desconocidos. Pero sobre todo a su familia, que era su debilidad. Un afecto, por cierto, muy correspondido.<\/p>\n<p>La vida no siempre le devolvi\u00f3 tanta generosidad. Abandon\u00f3 Espa\u00f1a en los sesenta, cuando este era un pa\u00eds dif\u00edcil para un dem\u00f3crata convencido, para un socialista que nunca reneg\u00f3 de sus ideas, pero respect\u00f3 las del adversario con la firmeza de quien de verdad ejerce la tolerancia. Universitarios de Dijon (Francia) y alumnos de los colleges Colby, Vermont y Vassar (los tres en Estados Unidos) tuvieron la suerte de tenerlo como profesor de espa\u00f1ol. Estoy segura de que fue algo m\u00e1s que un idioma lo que aprendieron de \u00e9l los j\u00f3venes que acudieron a sus clases.<\/p>\n<p>Con la democracia volvi\u00f3 a Espa\u00f1a. Y volvi\u00f3 no para cruzarse de brazos, sino para tratar de aportar su grano de arena a la construcci\u00f3n de un pa\u00eds social y culturalmente moderno. Ahora que tanto se oye la palabra patriotismo y se nos llena la boca diciendo \u2018Espa\u00f1a\u2019 muchos tendr\u00edan que aprender de alguien que sin jactarse y sin agitar ninguna bandera y menos ninguna bandera de exclusi\u00f3n dio un paso al frente. Hubiera sido un extraordinario secretario de Estado de Cultura un puesto equivalente para el que le llam\u00f3 Adolfo Suarez y eso que \u00e9l era, y estaba orgulloso de ello, militante del extinto Partido Socialista Popular de Enrique Tierno Galv\u00e1n, de quien tambi\u00e9n fue amigo. Pero el sue\u00f1o de aportar algo de su enorme cultura desde la representaci\u00f3n institucional dur\u00f3 un suspiro. Para alguien tan radicalmente honesto, determinados usos del juego pol\u00edtico no entraban en su hoja de ruta. A partir de entonces, defendi\u00f3 sus ideas desde sus libros, desde una instituci\u00f3n que amaba: la Liga Espa\u00f1ola para la Educaci\u00f3n Laica de la que lleg\u00f3 a ser presidente de honor y, por encima de todo, desde su radical ejemplaridad personal. Nunca se escondi\u00f3 cuando cre\u00eda que la causa era justa.<\/p>\n<p>Escribi\u00f3 novelas, cuentos, (fue premio Doncel de Literatura infantil), obras teatrales y ensayos. Pero como todo buen escritor fue sobre todo un lector. Siempre le recuerdo leyendo varios libros a la vez y en varios idiomas distintos. Adoraba el ensayo hist\u00f3rico, era un fan silencioso del Real Madrid (\u201cun buen partido tambi\u00e9n es una obra de arte\u201d, me dijo una vez) y le gustaba la buena pintura, del Renacimiento al siglo XIX. Pero a\u00fan recuerdo c\u00f3mo consegu\u00ed interesarle en las vanguardias tras una concienzuda visita al Museo Thyssen, lo que me agradec\u00eda con humor siempre que pod\u00eda. Ah, el humor. Lo que me re\u00ed leyendo \u2018Los Americanos en Am\u00e9rica\u2019 o \u2018Los terr\u00edcolas\u2019, este \u00faltimo, publicado en 1976, pon\u00eda una ir\u00f3nica y divertida lente sobre nuestras costumbres desde la perspectiva de un extraterrestre que cae por error en la Tierra. En esta idea tambi\u00e9n se adelant\u00f3. Forges, con quien mantuvo una entra\u00f1able relaci\u00f3n, fue el autor de la portada. Por cierto, con Antonio Fraguas presentamos en El Espinar uno de sus libros y fue uno de esos momentos que se recuerdan siempre, por la calidad humana de ambos.<\/p>\n<p>Por la vida de una periodista pasa mucha gente y es un misterio por qu\u00e9 algunas de las personas que tienes la suerte de conocer se quedan en tu vida para siempre. Juan Pablo Ortega se qued\u00f3 en la m\u00eda y si alguien cuidaba esa amistad era \u00e9l. Siempre estaba ah\u00ed, sin exigencias, comprendiendo que la vida de un periodista no es la mejor para cuidar de los amigos. Estaba en sus cartas, con esa letra enrevesada que el temblor de sus manos impon\u00eda, en las llamadas, en los libros que te llegaban si consideraba que algo deb\u00edas de leer s\u00ed o s\u00ed.<\/p>\n<p>S\u00e9 que una de las grandes satisfacciones de la \u00faltima etapa de su vida profesional fue cuando le llamamos para que formara parte del equipo de opini\u00f3n de la reci\u00e9n estrenada edici\u00f3n de Segovia de El Norte de Castilla. Era la oportunidad de acercarse a sus or\u00edgenes y a una tierra en la que a veces se hab\u00eda sentido olvidado. Acudi\u00f3 puntualmente a su cita semanal con los lectores. Muchos de ellos no le conoc\u00edan personalmente y cuando me alababan sus art\u00edculos siempre les contestaba: como persona es a\u00fan mejor. En ellos mostraba su inteligencia y ese sentido del humor que afortunadamente nunca le abandon\u00f3. Le recuerdo en su casa de Madrid, al lado del \u2018Pirul\u00ed\u2019, una casa atestada de libros y de esas figuritas sedentes de las que era coleccionista. Un lugar que rezumba paz, la alegr\u00eda de una vida plena.<\/p>\n<p>S\u00ed. Se ha ido un hombre que por muchas razones parec\u00eda de otra \u00e9poca. Por su bondad, por su discreci\u00f3n, por su cultura, por su elegancia\u2026 Cu\u00e1nta falta nos hacen en el momento pol\u00edtico y cultural que atraviesa este pa\u00eds personas como \u00e9l. Juan Pablo, te recordaremos siempre con amor y gratitud y mantendremos ese recuerdo con la esperanza de que ejemplos como el tuyo nos iluminen el camino.<\/p>\n<p>(Publicado en la edici\u00f3n impresa de El Norte de Castilla, el 5 de enero de 2017. La foto es de FOTOPRENSA)<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Hoy el temporal ha impedido que las cenizas del escritor Juan Pablo Ortega descansaran al fin junto a sus padres, en su localidad natal, El Espinar. 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