El Norte de Castilla
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Autor: BESTEIRE
EL ASESINO DE VENECIA DE ANTONIO CIVANTOS
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Xoel Prado - Antúnez | 30-08-2012 | 11:52| 0

Es muy difícil escribir novelas de detectives sin caer en la copia ridícula de aquellos detectives cínicos que tan bien interpretó el valiente de la dura cara  dura lex, Bogart, ese Sam Spade, de Dashiell Hammett, que todo lo puede porque la vida le propone el camino a seguir y él le va a la contra. Otros detectives han tenido suerte porque venían del frío y nadie los conocía, pero ya resultan cansinos. O bien porque no se tomaban en serio a sí mismos y parodiaban la parodia de Spade padre. O bien porque tomaban derroteros políticos como Pepe Carvalho, por no olvidarnos, no nos olvidemos ni de Méndez. Antonio Civantos, el escritor de Trujillo, nos presenta la quinta entrega de su saga creada a mayor gloria de su particular detective Blume.

Blume es un detective tan particular que ni siquiera le interesa nunca el caso que le han encargado, y mirad, ahí radica el interés de este personaje. En efecto, le llaman, le contratan, le encargan un caso, pero él, como que no quiere la cosa, pasa. Entiende y nos hace participes, que el caso se va a solucionar por sí mismo y que él se puede dedicar a otros menesteres, como las mujeres, la digestión y la habitación para el humo. No es que se integre el sexo y la gastronomía en el desarrollo de la función detectivesca, como hace Méndez o el propio Carvalho, es que el sexo y la gastronomía es la función.

Y he ahí la belleza de la novela, que el detective puede dedicarse a presentarnos a sus amigos y correligionarios, como en una eclosión musical final, donde el cantante presenta a sus músicos, con la particularidad de que aquí, se presenta al miserable, al hundido, al canalla, al pobre diablo, a la condesa descalza, a la puta calzada, al pasota integral, al que le resulta indiferente vivir y al que vive de manera indiferente, al que posee la pasta y que se suicida por la pasta,e, incluso, al filósofo agobiado por las deudas y la cárcel. Es más importante todo este espectáculo circense que el propio asesinato, si es que lo ha habido, que Venecia sin mí, o los puentes que se tienden para que cualquiera se rompa la crisma.

Y mira por dónde, damos con la originalidad de la novela, un detective que no es detective sino una persona normal y corriente que se  hace pasar por detective para que reconozcamos su propia piel como la misma nuestra, es decir, que todos mentimos y matamos y morimos y multamos y miccionamos en la realidad que se nos muestra y no vemos lo que realmente nos importa hasta que alguien nos lo arrebata porque nihil medium est. Cuando iba finalizando la novela y cerrándola, se acababa, me entró una tristeza emocionante, quería que no finalizase porque me estaba divirtiendo con ese juego de naturalezas pregnantes, hasta con la del promotor pugilístico. Así que cierro esta crónica de la novela de Civantos con ese adagio latino tan recurrente tras un buen coito, post coitum, tristitia. Tras leer la novela de Civantos, la tristeza, porque igual no se encuentra una novela más como ésta, o mejor dicho, la tristeza de la insatisfacción, porque siempre se desea más, y, por ello, la frase se transforma en esta otra, tras la lectura, el gozo por la espera de otra novela a esta manera escrita.

Así que Blume, ponte a la labor: franco, visible y con valor

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MIENTRAS DUERMEN LOS MURCIÉLAGOS DE EMILIO ARAGÓN BERMÚDEZ
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Xoel Prado - Antúnez | 29-07-2012 | 6:36| 0

Hasta ayer, el libro que leí y que versaba sobre el mundo del circo, llevaba por título “La sonrisa al pie de la escala”, de Henry Miller, un payaso que está triste porque quiere ser trapecista. Tenía noticias del proyecto de una novela  titulada “El fabuloso circo River”, de Cecilia Rojas, pero creo que se trataba de tomar la vida del circo para hablar del tedio, la soledad, etc. Pero para esto tanto vale el circo como la fórmula 1. También tenemos la novela de “Agua para elefantes”, que va de un tipo que compra circos de saldo y en el último que adquiere le viene de atrezo una elefanta pequeña y juguetona. O “El circo de la noche”, de Morgenstern, pero que va sobre dos Harry Potters en duelo perpetuo perfecto.

A partir de ayer finalice la lectura de la novela que no lleva el circo en el título sino en la tinta de cada palabra escrita, en cada personaje que desfila por sus páginas, en las miradas de amor de los protagonistas, Mientras los murciélagos duermen, de Emilio Aragón Bermúdez. Creo hoy que esta es la novela del circo y circense por sí misma.

Esta novela consigue que rememoremos los buenos tiempos del circo, sin nostalgias, en los malos tiempos actuales, de crisis, donde el circo no tiene ni lugar. Y ahí radica el interés de la novela, que va a tratar sobre el tema del circo sin aditamentos, no de la soledad o de la muerte llevadas al circo, sino del circo y sus intríngulis. Pero como os digo, es el circo el real protagonista de cada una de las líneas e historias que conforman la novela. Sus protagonistas son todos ellos viejas glorias de cada una de las habilidades circenses, viejos que se morían olvidados en una casa de artistas en una época de crisis, de guerra, la Alemania Nazi. Para vivir en esa casa de artistas han tenido que entregarlo todo aquello que poseían de tipo material y sólo les resta como ánima sus habilidades circenses. Unas habilidades que vendrá a rescatarlas un “ángel de remordimientos”, el protagonista de la novela, Barrachina, trapecista y joven. Barrachina que vive su vida circense al borde la muerte por culpa de la muerte misma, culpable como se siente del abandono de un amigo en el frente.

La belleza de esta novela consiste en el viaje que inicia Barrachina con esta troupe a la búsqueda de su pista circense, que es tanto como la búsqueda de la identidad perdida el día que se encerraron en la casa del artista. La identidad, en una época de crisis como la que vive la Alemania Nazi y Europa, resulta que puede suponer la salida de la crisis.

La recuperación de la identidad sólo se produce con la vuelta al/del circo, al de siempre, a aquel que no deja espacio al aliento del espectador, que lo corta porque todo el mundo se juega la vida en cada salto, en cada juego de habilidad.

Y claro, como no puede ser menos, el circo tiene sus trucos de atención, sus excusas argumentales, los macguffins de Hitchcock. El sobre marrón, la peripecia de Adler (con nombre de psicoanalista, el pobre), las botellas de licor celebrativo, el órgano que se desplaza, la misión que encomiendan a las SS, el piso franco de París (que bien vale una orgía), excusas y exclusas para que avance la acción y que lleguemos a lo que realmente interesa, la recuperación de los actores circenses en plena función y cada función a mayor gloria de los compañeros que van desapareciendo (como macguffins también) Y aquí el dominio de Emilio Aragón es innegable.

Y también destaca en la escritura de la novela la utilización cinematográfica del circo de algunos directores como Fellini, o, incluso, los Hermanos Marx. Hay pasajes deliciosamente fellianos, donde los viejos artistas van de acá para allá en sus antiguos bártulos circenses y deliciosas escenas marxianas, donde todo es caótico y delirante.

La originalidad de la novela se ciñe a los dos personajes que dirigen este viaje de farándula y muy trapecista nuestro. Unos hermanos gemelos griegos que tanto valen para causar un roto y desarreglar un descosido, con la finalidad de lograr el objetivo final de la novela, que el ángel del remordimiento, a través de la angélica belleza de su pareja de espectáculo (y de la vida), alcance a ser sólo angélico. Ellos dirigen, corrigen, reescriben, apuran, silencian o iluminan la escritura, la acción, la novela, al lector. En los mismos, y mientras iba leyendo página a página este deliciosa novela, veía representados, personalmente, a los hermanos Tonetti, los payasos más serios que vi actuar, capaces de reescribir la vida de los que iban a verles actuar y componerla con una sonrisa, cuando ellos llevaban su vida como una flor del traje del payaso augusto o el saxo falso del clown.

Una novela del circo a secas, deliciosa, que se inicia con el apetito de la identidad de una serie de habilidosos actores circenses y que finaliza cuando estos llegan a su paraíso, no sin antes hacernos pasar un tiempo arrebatador con esas desgracias teatrales que nos hacen creer.

JM. Prado – Antúnez

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SEXO EN MILÁN DE ANA MILÁN
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Xoel Prado - Antúnez | 20-07-2012 | 4:50| 0

Lo confieso, lo compré para mí y justifiqué la compra como un regalo para mi mujer. Y lo fui leyendo mientras conducía, lo confieso, porque soy muy malo y me gusta saltarme la ley. Lo coloqué sobre el volante e iba pasando las páginas entre curva y curva, así se me materializaba la voluptuosidad de la propia Ana Milán entre mis manos.

Vaya, lo confieso, me alimento del optimismo que desprende Ana Milán entre sonrisa y sonrisa, y de su mirada que hipnotiza, he quedado colgado, en cada escena que interpretaba, y he resbalado por el glamour que desprendía, y así comparecía como un payaso al pie de una escala, pidiendo ayuda para ascender.

Porque Sexo en Milán es mucho más de lo que da a primera vista.

Exacto, en primer lugar se os aparecerá como un conjunto de monólogos que mueven a la sonrisa y nos proponen una suerte de gesto optimista en la comisura de los labios; y si imaginas a Ana Milán en el escenario, el mundo en el que vives se descompone a carcajadas sonoras, y emocionan a la escala rister y a su sister, pero sin riesgos, vale. Salvo caerse de un sofá a una alfombra de pura lama virgen.

En segundo lugar comparecerá ante vosotros como un libro de autoayuda, a la manera de qué quieres decir cuando dices, pero referido, las divinidades nos asistan, a un día al lado de una mujer, qué desea, que quiere que le digas, de ahí que el libro se encabece con ese programática orden/deseo, un libro de chicas que deberían leer los chicos.

En tercer lugar se presentará el libro como un recetario, pero no cualquier recetario, un recetario nada menos que de amor, y no precisamente afrodisiático. Dicho a la pata la llana: de qué se debe llenar el estómago de un amor que ya va cargado de eroticidad positiva, claro. Y allá que te van reglando los invitados de Ana, esos personajes con nombres y apellidos, y la misma Ana, recetas culinarias impagables.

En cuarto lugar se presentará el libro como un manual de amistad, que entre líneas se puede ir adquiriendo la certificación de qué es lo más importante para la autora, la amistad, una amistad que va in crescendo, y que finaliza en la presentación de la amistad más fuerte, la más anclada, la fatriarcal, la de la propia hermana sanguínea, pero sin olvidar a todas las demás, que es la propia fatría, y de la que hay sobrados ejemplos en el libro (como cameos de película) En quinto lugar es un bonito ejemplo de cómo construir un diario, a diario, no sólo porque lo que se puede o debe o se quiere escribir, sino por las grafías de las letras y los dibujos que las acompañan.

Cinco libros en un solo libro. Y además, lo podéis leer como una novela. Se trata de la historia de Ana, acompañada de sus amigos, que va contando cómo, cuándo, dónde, encuentra el amor al minuto, y por qué lo celebra  a lo grande y en lo que todo que está de más en nuestra vida, lo demás, se sostiene (y se sustenta)

Seis libros en uno, que va ya por la sexta edición, y que se sustentan a sí mismos, sin necesidad de esta recesión, desde luego. Y sin embargo, aquí la dejo, por si sirve para la amistad y para que, si cabe, se nos proporcione una segunda parte, que bien pudiera titularse “Bocaditos Milán”, y que hablase del amor al tiempo que le entramos al bocadito sagrado del tiempo de vermú, con un buen tinto y mucho tiento pero cayendo en la tentación.

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PUNTO DE FISIÓN DE DAVID TORRES
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Xoel Prado - Antúnez | 04-07-2012 | 5:56| 0

La lectura de Punto de fusión, la última novela de David Torres, me la proporcionó la lectura de su novela anterior, “Niños de tiza”. Esta novela me llegó porque proponía algo muy elemental, toda nuestra vida depende de la infancia, y fundamentalmente, de la infancia de los demás. Si esta es desgraciada, nos veremos viviendo en una vida de perdedor, y viceversa. Y en “Niños de tiza”, el protagonista tiene la desgracia en un mundo líquido, en una piscina, donde muere su infancia a manos de una mano negra. O de la negrura del alma de un payaso enfermizo. Sea como sea, aquel ambiente de polución de naranja mecánica, atrapaba al lector para traspasarlo de agonías explosivas perpetradas por manos negras equivocadas. Con el regusto de esta novela, que compró mi hijo sin saber porqué, salí a la búsqueda de la última, este Punto de fisión, premio ciudad de Logroño de novela, y editada por Algaida. Creía que me iba a encontrar con personajes que se meten en todos los líos del mundo al encuentro de un trasunto de Dios cuando se ven involucrados en desatar el bien a su alrededor. No sé porqué se me había metido en la cabeza, que esta debía de ser la continuación esencial de Niños de tiza.

Aquella misma mañana había sucedido determinados acontecimientos políticos que me llevaron a escribir algo parecido a esto: “hoy me he levantado con ganas de quemar España por los cuatro costados y luego licuarla”. Hay días en que la intuición puede más que la lógica.

Y este puede ser el arranque para una lectura original y bella de esta novela, remitirla a lo que significa punto de fisión en la física nuclear, ni más ni menos que la temperatura de equilibrio en la que se funde la materia y pasa a ser líquido. En el caso de la novela, es la temperatura de la explosión que tuvo lugar en Chernobil, que da lugar a que Sergei Berkoff escriba una novela que se titula igual que la novela que estamos leyendo, Punto de fisión, donde los personajes son entidades muy sólidas, con relaciones consolidadas, pero que la explosión va a licuar, y van a actuar de maneras tan impropias en ellos, que ni se van a creer lo que son.

Pero para que veamos que el Punto de fisión literario al que asistimos al inicio de la novela, esa novela dentro de la novela, no ocurre sólo en la ficción real, nos atrae el escritor hacia un lugar sin explosiones nucleares por accidente, donde per accidents ocurre lo mismo, un punto de fisión. Los personajes se creen tan imbuidos de propiedades solidificadas que a ellos no les afectará la licuación, y se ven licuados a la menor oportunidad, como por ejemplo, el editor del lenguaje impoluto. Una realidad ficcionada al ritmo de la fisión eléctrica, ese escritor que no para de escribir el mundo tras caerle un rayo, y que descubre las amplias posibilidades del humor para licuar mentes sepultas.  Excepción hecha del comisario de policía, que parece el único personaje histerésico, es decir, el que es capaz de salvar sus propiedades a pesar de encontrarse cercano al punto de fisión, quizá por la indiferencia ante el mundo o por su capacidad para generar sonetos como estrellas.

No queremos olvidar que una parte muy importante de la belleza de la novela se encuentra en su utilización salvaje del humor, muy a la manera de aquellas películas sesenteras corales, con un gran reparto y grandes estrellas, ¿qué tal pussycat? o la propia El guateque. Es decir, que hay también mucha cinefilia (y cinefobia) en esta novela, y es algo a descubrir en cada página.

En definitiva, una novela que se complica en la ficción de las vidas que pintay se recomplica en la realidad de sus tramas imaginadas, pero esta complicación está conseguida desde una sencillez formal envidiable.  Una complicación que merece un atención especial y que obliga, como lectores, ha iniciar la segunda lectura, y la tercera…Es indudable que os llamará la atención su lectura y no os dejará indiferentes

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Poundemonium de JULIÁN RÍOS
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Xoel Prado - Antúnez | 29-06-2012 | 12:16| 0

A bate pronto, Poundemonium, es un “pandaimonenium” – la firma con la que Julián Ríos rubrica sobre el mundo: el paso de su rubricón, con elefante y todo. Sobre todo, por la trompa que todo el mundo muestra y todo el mundo pilla y alguna agraciada de mamas, mama como buena “amamante”. Ante todo, porque todos los demonios emergen del Tam-tam-tam-amnesis, ese Támesis que es memoria y es moralia, pero,contra todos, moralina victoriana, no victoriosa. El rubricón que se recuerda: pan-amnesis, tan-amnesis, Támesis. Un río que es todos los ríos, Julián “oneriver”.

A bote tonto, todo se inicia fenicio en una hoja de aligeramiento, la primera, aquella cuya frase incipiente es un esplendor luciferino en la oscuridad reinosa, copiosa, ruinosa, porque da paso con peso, desde las sombras fondosas de Brook Green a los

escaparates oscuros de Shepherd’s Bush Road, acaudalando a un pobre diablo de sucia manta, todo el Spirit of London y a que alguien remembre mimbroso, un viaje al fondo de la mar, en verdad, una “beodisea” desde “Ship and Whale” hasta el “Albany”, la mar de la mer de quijotesco, de tasca en tasca, ver-odo, lo que incita, citando de buena cítara, a verlo todo, incluso la muerte, la buena fuente, the long wáter, el tam-amnesis que nunca se a gota a gota.

A brote de buen cubero, son las eternas historias de los odiseosos sedados de alcohol, que, como alondras, van por Londres, en un vuelo, en busca de su fuel, y brusca mente, hallan a la turgencia, que con urgencia, aquí al lado, contra locas y “estravestidores”

de puerto, les practican un abrasante “chupatirón” con los labios emporrados, oh, la lang, que longjhon. A canto seguido, cuenta cuántas personas son, milalias con milebrios: Rimbaudelaire y Reybaldo Reis, que si beben se iluminan erróticamente y  les entra un leighmotiv tervergisivo, y se hacen a la Babel de una noche de San Juan, con mil de focs, foscos y ofuscos. Es Ra el que los guía por las extrabraganzas ofelísticas, por los móvil Dicks de la noche, y se mueven con dinero, con LSD, libras, chelines y peniques, pounds and pounds, Ezra Pound que ha muerto.

Ha muerto el mejor fabricante de versos, el poeta, el gran Pound merece un velorio y un villorio, este ingente degente Londres de la patria mía, muros que no muraran, murmurarán! Curioso este poeta que pretendió modificar la poesía a fuerza de traducir del chino un Cathay de poemas, que Confucio! tan confundido. Tal que crea escuela la esquela y su muerte es INRI, es un auto de fénix, fenixio. A cuatro voces en el cuarto discruten discursiblos con la treta en la mano, sobre personae y sorben a la personae de la “madama de manos de mantequilla”.

Y buscan bucaneros a los bruscaneros, el Albany al fin, en Deptford, Tam- amnesis abajo, y finalizar esa vela diosvelante, violantes, en los brazos graciosos de Babelle, que es la mejor frígida para frostarse y acostarse vrigidamente, virginamente, fock con male west!, que sueña con un  alba que no llega nunca en el Albany, o con detener y detonar el alba con tanto desdoblamiento en su última nota, peregrinos por este Londres de

alondras.

Como a buen entendingdong, cualquier disco le fonograss, diré que Poundemoniun es un “Long Pound of a great picture book”, un larga duración de imágenes de libro, un libro de larga duración puesto en imágenes, una imagen que no vela en mil palabras, y las vale.

¡Vale, venga, vengrass above us! Abre el libro y leerelelelé!

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Sobre el autor Xoel Prado - Antúnez
Obscuro como él solo sabe serlo, seductor vespertino y a veces matutino.