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Xoel Prado - Antúnez

Oliendo páginas de tinta

Ácido a quemarropa: Rufus T. Firefly

Foto Manuel Prado Andueza/
Foto de Manuel Prado Andueza

Foto de Manuel Prado Andueza

En Leon capital, la recorrimos por el centro campamental de sus murallas inexistentes mientras aguardábamos al inicio del concierto de Rufus T. Firefly, el cuarto al que acudíamos – la verdad es que los otros tres ocurrieron en el mismo lugar Sonorama. En esta ocasión y por sorpresa, actuaba de telonero del bolo Kill Aniston, al que vimos teloneando a Shinova y Correos, en La Colmena Musical. León donde la noche se echa despacio sobre la urbe porque la protege la magia y un cielo estrellado antes del manto de estrellas del universo – y desde el jueves, con el universo de milagros lisérgicos de Rufus.

El local “El gran café” de León se queda pequeño para acoger a los incondicionales de esta banda y a sus nuevos seguidores. En un espacio que se agrandará en cuanto comiencen a sonar los primeros acordes incólumes y que  transmutan a quien los absorbe.  Trasmutan porque traspasan a nuestra sangre todo lo que se esmera Victor en img_20171228_224327transmitir de viva voz en cada concierto – la Naturaleza, el Arte y el Amor, como valores consustanciales a la persona humana. Y tan olvidados en estos tiempos neoliberales, donde lo único que nos dan son datos macroeconómicos y generalidades democráticas.

Foto Manuel Prado Andueza

Foto Manuel Prado Andueza

Tras la actuación de Kill Anistton, a quien dedicaremos otro de estos artículos ahora que ha volado a Ciudad de México, salieron al escenario los músicos de la banda y hasta el propio Rufus T. Firefly. La cercanía era tan fuerte que daba una calidez especial al concierto y una candidez conmovedora a cada mirada cómplice entre los acordes de las canciones y el público.

Se abre el concierto como siempre, con esa ruptura del espacio y el tiempo que explica el rasgado de la guitarra de Víctor y las baquetas felinas de Julia y que despierta hasta al bosque muerto, envueltos por el resto de la banda, que los subraya de una manera diabólicamente parsimoniosa y que nos lanza a un vértigo reconocible de viaje trip-tico. img_20171229_000033-2Navegando por los acordes de la música, como senderos de pasos agrandados por la inmensidad del universo, habilitados en el espacio permanente de aquella pequeña sala de conciertos, que ya no está en León sino en plena naturaleza, en la inmensidad de la mente del artista, en el corazón universal del amor libre.

Una liberación instantánea de la dificultad de la vida diaria, de la negación de nosotros mismos para desarrollarnos; una nebulosa donde la vida se desprende en un jade iridiscente, un aullido de lobo que marca el límite de lo ilimitado, donde el agua se hace amor; una constatación de que a pesar de encontrarnos a mil millas de estar bien, siempre queda algo de esperanza de que se produzca el milagro del cielo de Granada; la notas se esparcen por la sala como besos eternos desprendidos del humo azul: la mirada infinita que protege de la protección. La necesidad de romper con la culpabilidad de sentirse culpable.

Antes de entrar en el corazón de la magnolia, como un lapsus psicoanalítico, volvemos a Nueve, como quien traspasa las fronteras de la naturaleza a través del arte para preguntarnos su hasta ahora hemos sabido oír.  Nos dice que no es tarde para amar la Naturaleza a través de la desobediencia que nos procura el arte. Nos obliga a reconocer que podemos despertar al bosque muerto asumiendo que hay que reírse del vértigo y reivindicar algo, aunque sea las ruínas, incendiándolas.

Hay que ver más allá.

En el corazón de la magnolia, donde se provoca la pequeña luz de la duda y la respuesta en nuestra corteza cerebral. La segunda pmgarte del concierto como una disección del corazón de la magnolia, con bisturí de baquetas desenfrenadas, que consiguen que queramos tanto a Julia. Es Julia la que ahora domina la escena, la que gobierna el lado oscuro de la luna, la que consigue que explote el corazón del desierto en una luminosidad de magnolias. Esa eclosión de magnolias es el nuevo despertar en la nebulosa jade, que se produce en cada golpeo de las baquetas de Julia, que golpea en la oscuridad y la torna brillante. La Magnolia se abre y todo el amor se desborda como un salto de agua que desenreda horizontes y agrieta desiertos y culpabilidades.

Más allá, en el interior del corazón de una magnolia.

Y que San Albert Hoffman les guíe en este viaje, porque el concierto no finaliza jamás – un viaje infinito.

 

 

Degustar la lectura, el teatro y el amor/humor

Sobre el autor

Obscuro como él solo sabe serlo, seductor vespertino y a veces matutino.


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