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Alfonso Balmori Martínez

Campo a través

ANATEMA

Artículo publicado en El Norte de Castilla, el 23 de febrero de 2020

 

El diez de diciembre pasado estaba programada una conferencia sobre «Enfermedades asociadas al Síndrome de Sensibilización Central», organizada por la Asociación de Enfermos AESSEC de Valladolid. La charla iba a ser impartida por el Dr. Ceferino Maestu, médico y director del Laboratorio de Bioelectromagnetismo del Centro de Tecnología Biomédica y Profesor de la Escuela de Ingenieros de Telecomunicaciones de la Universidad Politécnica de Madrid, e iba a tener lugar en el Colegio Oficial de Médicos de Valladolid.
Según el comunicado de la asociación organizadora, el Síndrome de Sensibilización Central incluye la Fibromialgia (FM), el Síndrome de Fatiga Crónica (SFC), la Sensibilidad a determinados alimentos, la Sensibilidad Química Múltiple (SQM), y la Electrohipersensibilidad (EHS). Estas enfermedades, sobre todo las dos últimas, son prácticamente desconocidas para la clase médica española, lo que provoca una situación insólita que repercute muy negativamente en el diagnóstico y el tratamiento de estos pacientes.
Precisamente, la conferencia tenía como objetivo dar a conocer la existencia de estas nuevas patologías en el entorno médico-sanitario. Igualmente, pretendía subrayar la necesidad de tomar conciencia de que el aumento exponencial de tóxicos químicos y de radiaciones electromagnéticas, aumentan el número de enfermos por la contaminación medioambiental. Previamente a la charla, el doctor Maestu explicó que esta situación obliga a plantearse la necesidad de avanzar en los procesos diagnósticos comunes y poner en marcha nuevas acciones terapéuticas que permitan mejorar la calidad de vida de todos estos pacientes.
Pero finalmente la conferencia no tuvo lugar en el Colegio de Médicos, pues sus representantes decidieron que no debía celebrarse en esa sede. ¿Habrán incluido en su particular lista al bioelectromagnetismo como una pseudociencia? Si esto fuera así, no se entiende entonces cómo desde hace años se está gastando el dinero público en desfibriladores y demás artilugios electromagnéticos. De llegar a oídos del consejo editorial de la revista «Bioelectromagnetics» (1.945 Impact factor), publicada por la «Bioelectromagnetics Society» o al de «Electromagnetic Biology and Medicine» (1.835 impact factor), tal vez mostrarían en su rostro una sonrisa indulgente.
No debería ser necesario recordar las propiedades eléctricas de la membrana celular, en la que pequeñas diferencias de potencial regulan la entrada y salida a través de los canales iónicos (por ejemplo, las importantes bombas socio/potasio, o las del calcio). Se supone que es bien conocido que el sistema nervioso funciona por medio de impulsos eléctricos que recorren las vainas de mielina de los axones, conduciendo la información de un lugar a otro de nuestro cuerpo. Podríamos seguir poniendo ejemplos y llenando varias planas del periódico para mostrar cómo el bioelectromagnetismo está omnipresente en cualquier organismo vivo, y que un organismo deja de ser bioelectromagnético únicamente cuando muere.
Pocos calificativos pueden aplicarse a lo acontecido. Parece que fuera mejor caminar con orejeras, como se conducía a los jumentos de antaño, que completar el currículum médico para solventar algunas lagunas sobre los nuevos problemas que van surgiendo con la evolución de esta compleja sociedad. Por otro lado, con este tipo de actuaciones se denigra a los propios colegas (Ceferino Maestu, médicos acupuntores, médicos naturistas, médicos homeópatas y un largo etcétera). Parece que unos pocos, que no sabemos si son los mejor formados e informados, imponen su opinión a los demás. ¿Podemos estar ante un nuevo tipo de censura dictada por la era de la desinformación?
Actualmente está de moda la medicina basada en la evidencia, pero ¿se conocen perfectamente todos los detalles y mecanismos del funcionamiento de nuestro cerebro, nuestro sistema nervioso, nuestro sistema endocrino? ¿Sabemos perfectamente cómo actúan todos los medicamentos? ¿Por qué cambian determinados criterios médicos cada cierto tiempo? ¿Podría alguna corriente, por ejemplo, de la psiquiatría (psicoanálisis), ser catalogada también, según algún estricto criterio, como pseudociencia? Es posible que con este asunto suceda como con el cambio climático; a toque de corneta, toda la sociedad se volverá de repente de la misma opinión, y los negacionistas intentarán pasar desapercibidos por sus antiguos pregones. Pero para entonces el daño ya estará hecho.
En la revista «Toxicology Letters» (Impact factor 3.49), que es la revista científica oficial de EUROTOX (Federación de toxicólogos y sociedades toxicológicas europeas), se acaba de publicar un importante artículo: «Efectos adversos para la salud de la tecnología de redes móviles 5G en la vida real», en el que se vincula directamente a las radiaciones electromagnéticas artificiales con la infertilidad, las enfermedades neurodegenerativas, los problemas cardiovasculares e inmunológicos y el cáncer. Esto es lo que importa leer para informarse bien, y no hueras opiniones vertidas en redes sociales que dejan en mal lugar a sus autores.
Quizás alguien debiera valorar si el Colegio de Médicos ha incumplido sus propios estatutos, entre cuyos fines figura: «La dedicación constante a la actualización profesional de sus Colegiados a través de cursos y otras actividades de Formación Médica Continuada, bien directamente o en colaboración con la Administración Pública, Estatal o Autonómica, y con instituciones públicas o privadas, para lo que se establecerán los oportunos convenios o acuerdos». Como reza el Juramento hipocrático: «Si observo con fidelidad este juramento, séame concedido gozar felizmente mi vida y mi profesión, honrado siempre entre los hombres; si lo quebranto y soy perjuro, caiga sobre mí la suerte contraria».

Temas

Este blog versa especialmente sobre la conservación de la naturaleza.

Sobre el autor

Soy biólogo y me gusta escribir. Pertenezco al pequeño grupo de ingenuos que todavía piensa que el estado de las cosas puede cambiar mediante la transmisión del conocimiento, la educación y la cultura. He publicado artículos en El Norte de Castilla desde el siglo pasado, siendo colaborador asiduo del periódico entre 2005 y 2010.