{"id":63,"date":"2019-11-17T13:40:49","date_gmt":"2019-11-17T12:40:49","guid":{"rendered":"https:\/\/blogs.elnortedecastilla.es\/campoatraves\/?p=63"},"modified":"2019-11-17T13:40:49","modified_gmt":"2019-11-17T12:40:49","slug":"ruidos-y-silencio","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.elnortedecastilla.es\/campoatraves\/2019\/11\/17\/ruidos-y-silencio\/","title":{"rendered":"Ruidos y silencio"},"content":{"rendered":"<p>Art\u00edculo publicado en El Norte de Castilla el 17 de noviembre de 2019<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>En algunos momentos del d\u00eda hay un ruido abrumador en la ciudad, provocado especialmente por los coches y las obras; incluso en los parques, adonde acude el ciudadano buscando reposo para el cuerpo y el esp\u00edritu, atronadores cortac\u00e9sped e infernales sopladoras de hojas alteran el encanto de esos espacios destinados a la tranquilidad \u00bfD\u00f3nde qued\u00f3 aquel barrido r\u00edtmico y sugerente de las antiguas escobas de mimbre?<\/p>\n<p>El intenso tr\u00e1fico de las tupidas redes de autov\u00edas y carreteras penetra en el paisaje a varios kil\u00f3metros de distancia, dejando a cada lado amplias bandas de h\u00e1bitat perdido para la fauna y aleja nuestra reconciliaci\u00f3n con el silencio de la naturaleza. Ruido tambi\u00e9n en el monte provocado por los aerogeneradores que, junto a los tendidos el\u00e9ctricos, se han apoderado paulatinamente del paisaje mesetario.<\/p>\n<p>Ruido digital, de los auriculares que trepanan los conductos auditivos de muchos j\u00f3venes, y tambi\u00e9n el de los potentes altavoces de conductores desconsiderados, deseosos de compartir con los dem\u00e1s un estruendo pretendidamente armonioso: exhibicionistas a ventanilla abierta de su dudoso gusto musical de una desconsideraci\u00f3n quiz\u00e1s equiparable a las motos que pasan a tumba abierta sin escape.<\/p>\n<p>Ruido de los m\u00f3viles, que interrumpen reuniones relevantes y conversaciones \u00edntimas con su ampl\u00edsimo repertorio de sonidos, anunciando con sus incesantes reclamos \u2014como ni\u00f1os vocingleros llamando la atenci\u00f3n\u2014 la acuciante llegada en r\u00e1faga de mensajes insustanciales.<\/p>\n<p>Ruido tambi\u00e9n en las redes sociales, que han trasladado la barra del bar al ciberespacio, donde proliferan comentarios banales y linchamientos p\u00fablicos; espacio virtual que acoge a todos por igual y donde cualquiera tiene la posibilidad de decir la ocurrencia o la barbaridad que se le antoje, destinada a cientos o miles de seguidores que le agasajar\u00e1n con lo m\u00e1s deseado, un \u201clike\u201d. Estamos permanentemente conectados a otros pero realmente eso no evita nuestra sensaci\u00f3n de soledad.<\/p>\n<p>Ruido en Internet, por la ingente cantidad de informaci\u00f3n, donde se vuelve necesario mucho criterio para discriminar la falsa de la valiosa, cada vez m\u00e1s escondida en la fronda de esa selva de Babel, para navegar sin br\u00fajula ni sextante por la procelosa Web.<\/p>\n<p>Ruido en el interior de nuestro cerebro, provocado por el tr\u00e1fago de informaci\u00f3n imposible de procesar, que nos llega a un ritmo sin precedentes en la historia de la humanidad. El c\u00f3ctel de exceso de est\u00edmulos, las propias vivencias personales y los imparables pensamientos conducen a las personas a la b\u00fasqueda de propuestas de origen oriental: yoga, meditaci\u00f3n, chi kung, mindfulness\u2026 t\u00e9cnicas rehabilitadoras de almas desconcertadas hacia el reencuentro con la paz. Buscamos deliberadamente el ruido mental, la distracci\u00f3n, el movimiento, el no parar, porque el silencio obliga al reencuentro con uno mismo y nos asusta, pero parad\u00f3jicamente la sociedad de la comunicaci\u00f3n provoca insatisfacci\u00f3n.<\/p>\n<p>Ruido pol\u00edtico, enga\u00f1os y medias verdades, informaci\u00f3n falsa de grupos ultra que pretenden hacer pasar por normal y democr\u00e1tico lo que no lo es. O de otros que, preparados en su propia salsa y ajenos a lo valioso del exterior,\u00a0 espolean la primac\u00eda de la emoci\u00f3n sobre la raz\u00f3n y tratan de imponer a los dem\u00e1s sus propias creencias excluyentes, incluso agitando a las masas desde puestos institucionales de responsabilidad. Sigmund Freud afirmaba que el fanatismo es un medio por el que el hombre busca la seguridad y la felicidad motivado por la ansiedad de estar seguro. De alguna forma es un mecanismo de defensa contra la inseguridad. Erich Fromm coincide con ese punto de vista y define esa exaltaci\u00f3n apasionada de creencias y opiniones como un intento de escapar de la soledad y un deseo de establecer v\u00ednculos afectivos con otras personas que piensan de la misma manera, reduciendo de esa manera el miedo a la libertad y a la soledad.<\/p>\n<p>En una de las zonas m\u00e1s escondidas y alejadas del Pirineo Leridano, al otro lado del conocido t\u00fanel de Viella y enmarcado en pleno Valle de Ar\u00e1n, la magn\u00edfica torre de la iglesia de Salard\u00fa, antigua fortificaci\u00f3n defensiva, proyecta su sombra sobre las tumbas de un peque\u00f1o cementerio que esconde un ir\u00f3nico secreto, por medio del cual los muertos parecen desmentir a bastantes de sus paisanos vivos de la \u00fanica forma que quiz\u00e1s pueden hacerlo: con su silencio respetuoso y sus nombres inscritos en las peque\u00f1as l\u00e1pidas de m\u00e1rmol, que cuentan sin apasionamiento alguno, al fr\u00edo viento del norte, la historia real de las personas, en las que el viajero inquieto y algo esc\u00e9ptico puede leer profusamente repetido el apellido \u00abEspa\u00f1a\u00bb, tan poco corriente en el resto del Estado. Finalmente, tras la ensordecedora aglomeraci\u00f3n de ruidos, acabaremos todos ineludiblemente rodeados de ese sabio silencio del camposanto.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Art\u00edculo publicado en El Norte de Castilla el 17 de noviembre de 2019 &nbsp; En algunos momentos del d\u00eda hay un ruido abrumador en la ciudad, provocado especialmente por los coches y las obras; incluso en los parques, adonde acude el ciudadano buscando reposo para el cuerpo y el esp\u00edritu, atronadores cortac\u00e9sped e infernales sopladoras [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":33,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":[],"categories":[1],"tags":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/blogs.elnortedecastilla.es\/campoatraves\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/63"}],"collection":[{"href":"https:\/\/blogs.elnortedecastilla.es\/campoatraves\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/blogs.elnortedecastilla.es\/campoatraves\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/blogs.elnortedecastilla.es\/campoatraves\/wp-json\/wp\/v2\/users\/33"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/blogs.elnortedecastilla.es\/campoatraves\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=63"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/blogs.elnortedecastilla.es\/campoatraves\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/63\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":64,"href":"https:\/\/blogs.elnortedecastilla.es\/campoatraves\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/63\/revisions\/64"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/blogs.elnortedecastilla.es\/campoatraves\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=63"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/blogs.elnortedecastilla.es\/campoatraves\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=63"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/blogs.elnortedecastilla.es\/campoatraves\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=63"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}