{"id":65,"date":"2019-12-28T20:17:03","date_gmt":"2019-12-28T19:17:03","guid":{"rendered":"https:\/\/blogs.elnortedecastilla.es\/campoatraves\/?p=65"},"modified":"2019-12-28T20:17:03","modified_gmt":"2019-12-28T19:17:03","slug":"dinamitando-cerebros-adolescentes","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.elnortedecastilla.es\/campoatraves\/2019\/12\/28\/dinamitando-cerebros-adolescentes\/","title":{"rendered":"Dinamitando cerebros adolescentes"},"content":{"rendered":"<p>Art\u00edculo publicado en el Norte de Castilla el 22 de diciembre de 2019<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><strong>Dinamitando cerebros adolescentes<\/strong><\/p>\n<p>Alfonso Balmori, bi\u00f3logo<\/p>\n<p>Mar\u00eda Paz de la Puente, psic\u00f3loga. Directora de Proyecto Hombre Valladolid<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Es bien conocido que la adolescencia es una etapa de cambios y de especial vulnerabilidad cuando nos referimos a las adicciones. Varios estudios epidemiol\u00f3gicos han mostrado que, cuanto m\u00e1s temprano es el comienzo del consumo de drogas, mayor es la probabilidad de generar dependencia posterior.<\/p>\n<p>El circuito de recompensa se encuentra regulado por la dopamina, neurotransmisor implicado en el movimiento, las emociones, la motivaci\u00f3n y el placer. Las conductas placenteras, tales como la comida o el sexo, liberan dopamina de forma natural, y ese es el motivo por el que ese tipo de experiencias obtienen un gran refuerzo y nuestro organismo las busca y tiende a repetirlas. El consumo de drogas interacciona tambi\u00e9n con el circuito de recompensa, pero en este caso la duraci\u00f3n e intensidad del refuerzo es considerablemente superior, provocando que el deseo de recuperar dicho estado sea muy poderoso.<\/p>\n<p>En la adolescencia los circuitos motivacionales y cognitivos no maduran a la vez. El refinamiento y el ajuste de los entramados neuronales conducen a una maduraci\u00f3n m\u00e1s temprana del circuito motivacional y a un desarrollo m\u00e1s retrasado de las regiones de control cognitivo. Este desfase en el desarrollo, aumenta la probabilidad de comportamientos de riesgo t\u00edpicos de la adolescencia. El cerebro adolescente, en proceso de maduraci\u00f3n, tiende en consecuencia a sobreestimar el placer y subestimar el peligro, creando una autopercepci\u00f3n de invulnerabilidad, toma de decisiones precipitadas, comportamientos imprudentes e impulsivos, y b\u00fasqueda de sensaciones nuevas. Estas caracter\u00edsticas, programadas por la naturaleza para alcanzar la necesaria maduraci\u00f3n e independencia, se vuelven perversas cuando conviven con las drogas.<\/p>\n<p>\u00bfImaginan un coche que saliera al mercado con gran potencia y velocidad, pero sin volante, ni frenos? Pues este s\u00edmil puede ayudarnos a entender lo que sucede cuando los adolescentes consumen alcohol, tabaco, cannabis o cualquier otra droga. Los menores son m\u00e1s sensibles al refuerzo positivo y a los efectos placenteros y menos sensibles a los est\u00edmulos aversivos de las drogas que los adultos. Adem\u00e1s, su uso en esta etapa puede dificultar la maduraci\u00f3n del cerebro, y desencadenar trastornos neuropsicol\u00f3gicos que pueden persistir en el adulto. Los estudios muestran que los consumidores adolescentes presentan\u00a0 a largo plazo un menor volumen de sustancia gris y blanca en la corteza prefrontal y en el sistema l\u00edmbico, que pueden contribuir a desarrollar trastornos psiqui\u00e1tricos en etapas posteriores.<\/p>\n<p>Los datos de la \u00faltima encuesta oficial sobre el uso de drogas en ense\u00f1anza secundaria en Espa\u00f1a (ESTUDES, 2018-2019), realizado por el Observatorio Espa\u00f1ol de las Drogas y las Adicciones, arroja de nuevo datos preocupantes. Las tres drogas m\u00e1s consumidas por los menores entre 14 y 18 a\u00f1os son el alcohol (75.9%), el tabaco (35%) y el cannabis (27%); adem\u00e1s, el uso de cigarrillos electr\u00f3nicos se ha duplicado respecto a la encuesta anterior: uno de cada dos estudiantes los ha utilizado alguna vez.<\/p>\n<p>Recordemos alguno de los perniciosos efectos de estas drogas en el cerebro adolescente. Alcohol: d\u00e9ficit de atenci\u00f3n y memoria verbal, alteraci\u00f3n de funciones ejecutivas, desinhibici\u00f3n comportamental, reactividad emocional exacerbada y baja tolerancia a la angustia. Tabaco: alteraciones cognitivas y conductuales, menor capacidad atencional, mayor impulsividad y s\u00edndromes depresivos. Cannabis: alteraciones en la atenci\u00f3n, memoria, planificaci\u00f3n, velocidad de procesamiento, orientaci\u00f3n, visi\u00f3n espacial y tareas psicomotoras, as\u00ed como mayor\u00a0 probabilidad de desarrollar d\u00e9ficit neurocognitivos y trastornos del espectro psic\u00f3tico.<\/p>\n<p>Seg\u00fan los datos de la encuesta ESTUDES, uno de cada siete j\u00f3venes entre 14 y 18 a\u00f1os es consumidor problem\u00e1tico de cannabis. La Estrategia Nacional de Adicciones (ENA 2017-2024) constata que el cannabis es la droga ilegal m\u00e1s consumida en nuestro pa\u00eds, y que su consumo en\u00a0 menores casi triplica al consumo de los mayores de 35 a\u00f1os.<\/p>\n<p>La citada ENA, incorpora por primera vez las adicciones sin sustancia o comportamentales, esto es los juegos de apuesta (presencial y on line), videojuegos y otras adicciones a trav\u00e9s de las tecnolog\u00edas. Los mecanismos de actuaci\u00f3n sobre el sistema de recompensa tienen ciertas similitudes con los de las drogas convencionales. De nuevo los adolescentes son poblaci\u00f3n de alto riesgo frente a las adicciones sin sustancia.<\/p>\n<p>Que detr\u00e1s de todo esto se mueve un importante negocio econ\u00f3mico y que los menores son clientes por excelencia del mercado de drogas legales, ilegales, juego, casas de apuestas etc.; que qui\u00e9n controla y dirige este negocio lucrativo conoce muy bien la idiosincrasia de esta etapa y sabe c\u00f3mo fidelizarla, y que gran parte de los beneficios son el resultado de su uso problem\u00e1tico y de la destrucci\u00f3n de personas y familias lo sabemos casi todos.<\/p>\n<p>Los adolescentes, gracias a la \u201cconflictividad existencial\u201d inherente a la etapa, se presentan como cabezas de turco perfectas, son estigmatizados (\u201cesto no pasaba antes\u2026\u201d) y la perplejidad de los adultos ante su comportamiento, puede hacernos perder de vista la responsabilidad de quienes tenemos la obligaci\u00f3n de educar y de quienes tienen la potestad de prevenir,\u00a0 regular y controlar.<\/p>\n<p>Castilla y Le\u00f3n tiene una de las m\u00e1s fundamentadas trayectorias en el desarrollo de programas de prevenci\u00f3n dirigidos a profesionales, padres, madres y menores. Pero es necesario\u00a0 regular m\u00e1s, supervisar mejor, hacer cumplir la normativa,\u00a0 controlar la publicidad y sancionar.<\/p>\n<p>Los factores de riesgo &#8220;fisiol\u00f3gicos&#8221; indican tambi\u00e9n la necesidad de disminuir la accesibilidad, y retrasar lo m\u00e1s posible el consumo de drogas por parte de los menores. Y es nuestra obligaci\u00f3n protegerlos y evitar que cualquier inter\u00e9s, econ\u00f3mico o de cualquier otro tipo, se sit\u00fae por encima de sus derechos fundamentales. Salvaguardar la salud biol\u00f3gica, psicol\u00f3gica y social de nuestros hijos e hijas es una responsabilidad de todos.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Art\u00edculo publicado en el Norte de Castilla el 22 de diciembre de 2019 &nbsp; Dinamitando cerebros adolescentes Alfonso Balmori, bi\u00f3logo Mar\u00eda Paz de la Puente, psic\u00f3loga. 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