El que me acompaña cada día, cada mañana cuando me levanto y abro esas páginas de los periódicos digitales, empezando por El Norte, por mi ciudad.
El que parece me hace guiños continuos pidiendo que acaricie sus teclas.
El que aunque no tenga vida propia, ya me encargo yo misma de dársela.
El que logra el milagro de que cuando me pongo frente a él mis pensamientos salgan libres, raudos y veloces.
El que hace posible que esté en contacto con todos vosotros bloguer@s, algo para mi impagable, esa es la verdad.
Está un poco malherido, maltratado por exceso de uso, y su dueña lo siente, pero va tirando cómplice incluso al saber que no está mi economía para sustituirle por otro, como un amante infiel.
Y se me ha ocurrido pensar que quizá la vida a lo inanimado se la damos nosotros.
Que quizá existe química entre esta pantalla y su usuaria, entre cada tecla que esos dedos tocan saliendo de ellas esas palabras unas veces mágicas por estar más inspirada, otras superficiales que no dicen nada, que de todo hay para que me voy a engañar.
Supongo que alguno pensará que se me ha ido la olla hablando de un ordenador como si fuera una persona, un amigo, un cómplice, afortunadamente no es el caso, la olla la tengo bien, sólo he querido reflejar eso que a veces nos ayuda a ser un poco más nosotros mismos, por la oportunidad que tenemos de reflejarlo.
Cada vez que me pongo delante de él es como un misterio saber que tema, que palabras saldrán a borbotones de mis pensamientos, a veces íntimos, a veces intrascendentes.
Nunca me contesta, nunca se queja, sólo se deja hacer…y no siempre me avisa de mis acentos ausentes o mis comas, puntos y comas o puntos aparte a lo loco. :)
Cuando hablo con mis amigos, los de carne y hueso, amigos del alma muchos de ellos, a veces comento que el ordenador es otro amigo pero que no tengan celos, que ellos están por encima en mi escala de valores, pero que lo que hablo, discuto, dialogo con ellos al final lo borra el tiempo, se lo lleva eso que se llama olvido, esas bromas que ellos me autorizan y yo les quiero aún más por ello.
Y como muchas veces digo al acabar un escrito, hoy va…por mi viejo portátil.
Saludos blogueros.