Y nunca mejor dicho.
Procesiones, calles cortadas, turistas, el mundillo de nuestro Valladolid se paraliza, sólo existe “casi” ese lugar, de cofrades, de tallas preciosas por cierto, pero que yo he visto en los museos nada más, gente esperando horas para ver pasar esos pasos que duran pocos minutos sólo para sus ojos, pero por lo visto les llenan el alma, nada que objetar.
Pero hoy quiero hablar de esa semana en que aparecen personas de fuera que nos trastocan nuestras vidas, ya, ya sé que son unos días, pero unos días en que tenemos que renunciar a nuestra vida, por los que otros nunca renuncian a la suya. No sé si me explico.
Supongo que se trata de olvidar que no nos hemos ido a algún lugar porque alguien viene, lo mismo nos apetecía desaparecer esos días, lo mismo…
Nos encontramos que los que vienen ya llegan con sus propios planes, no importan los que hayamos hechos los que ya estamos aquí, y si no los sigues parece que no “acoges”, bueno de hecho, seguimos su ruta cueste lo que cueste.
Y cuando acaba la semana de Pasión y llega el domingo en que alguien que murió resucita, ya estamos muertos de asco, muertos de seguir unos pasos, -que no son los de la procesión precisamente- que no deseábamos seguir, pero que son obligados porque hay que ser correctos aún a pesar de que tu vida es tuya, pero esos días para nada, es de otros.
El otro día alguien nos comentaba por las visitas forasteras que llegan en estas fechas, dónde comen dos comen veintiuno, ¡toma ya!
La semana de pasión al final se resume en la pasión siempre de alguien, para los creyentes pendientes del cielo, más que nada por el parte meteorológico, para los otros los que no aparecemos en esos ritos, tradiciones, o llámese como quieran,en ocasiones tenemos esa otra procesión que va por dentro, que tiene que ver con ser generosos y olvidar que esos días de relax nada de nada, supongo quizá, ¿tenemos el resto del año para relajarnos? Pues lo mismo si.
La hipocresía reina en estas fechas, al igual que en Navidad, la diferencia, es que entonces nace, ahora muere, 33 añitos de nada tenía según nos cuentan, carpintero, que entró en una borriquita en Jerusalén ahora entra en los países en un avión algo así como el Air Force One, se desplaza en un papa móvil, bajo palio, con grandes vestiduras un gran anillo que todo el mundo que se le acerca besa, y muchísima protección. ¡Dónde hemos llegado!
Siempre nos quedará el domingo de Resurrección y descansaremos sabiendo que a fin y al cabo nos quedará un año para repetir la misma comedia, con más o menos agrado, con más o menos generosidad y con más o menos cariño hacia los que nos dicen/decimos adiós ese día.
Lo mismo el año que viene me pierdo en algún lugar de…no tiene que ser necesariamente de La Mancha, pero de cuyo nombre no quiero acordarme para no dar pistas ;-)
Saludos blogueros.