Esos que creo tenemos todos, cuando nos quedamos en la soledad de nuestro salón o salita de estar, dormitorio, cocina o cuarto de baño.
Cuando vamos a caminar sin esa compañía que nos puede arrebatar nuestros pensamientos más íntimos.
Esos por los que a veces derramamos lágrimas que nadie ve porque no queremos que nadie sepa de nuestra debilidad.
Esos que nos hacen recordar que no somos nada pero que somos mucho más de lo que parece.
Esos que nos hacen ver lo que otros ojos ajenos a nosotros no ven, o no quieren ver.
Esos en los que el silencio se vuelve magia, y los sonidos nos distraen y nos enervan.
Esos en que el amor se hace nada, o se hace todo, sin saber muy bien dónde está la diferencia.
Esos en que quieres ser generosa y eres egoísta porque parece el cuerpo te lo pide, más allá de toda racionalidad.
Esos en que miramos al mendigo como si no estuviera ahí.
Esos en que la noticia ya te pasa por encima de pura rutina por muy grave que sea.
Esos pensamientos y esos silencios que son y no son, que están pero no están, que hacen que al final no los compartamos con nadie.
Esos silencios que un día decidimos escribir para que pasen delante de unos ojos extraños que es más que posible no nos entiendan porque en esos momentos no toca, sólo eso, no toca, hay un tiempo para todo.
Hoy me dio por ser una silenciosa virtual profunda, que grita al final delante de su PC, lo mismo la Semana de Pasión tiene algo que ver, lo mismo.
Saludos blogueros.