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Cari

El rincón de Cari

ESOS PECADITOS CAPITALES…

 

Hoy me he dejado llevar de uno de ellos: La pereza, me he negado  a hacer ese esfuerzo que es caminar todos los días, de puro vaga que soy para que me voy a engañar, pero claro, como casi siempre me he puesto una excusa a mi misma,  ¿a quien he querido engañar?. Pero puedo prometer y prometo que nunca máis, a no ser que exista un motivo muy urgente, volver al “pecado” de la pereza. Claro que también pienso en eso de: nunca digas nunca jamás, o sea ¿me entendéis, verdad? Eso espero de los que lean la entrada de hoy, y si no es así, si no comprendéis mi punto de vista estaré presta a explicároslo en cuantito me lo hagáis llegar.

El cuerpo es débil a veces y la comodidad es sinónimo en ocasiones de abandono o relajamiento total, cosas ambas en las que espero no caer hoy por hoy.

Caminar es algo que llevo haciendo un tiempo, hora y pico más o menos una chorrada para los que lo hacen cuatro o cinco horas diarias, pero hasta ahí, lo siento, no llego,  vivo en una zona privilegiada para eso con la montaña y jardines a mi alcance, a tiro de piedra y gratis, ¡ahí es nada! pero incluso caminar por el asfalto puede ser agradable, sólo hay que mirarlo con otros ojos.

Mi cuerpo me agradece el esfuerzo, mi mente también, y creo que he tardado mucho en darme cuenta de lo fácil y placentero que es caminar aunque cueste esfuerzo por eso de subir esas cuestas para mi demasiado cuesta arriba, pero caminar siempre en llano sí, es cómodo, pero no se queman las calorías, y el esfuerzo es mínimo, y ya sabemos que lo que cuesta es lo que vale ¿seguro?, en fin, un esfuerzo que necesita mi cuerpo serrano, con lo cual hay algo de trampa en eso de liso y llano,  y no quiero, no me gusta hacer trampas.

Pienso en todas estas personas que se machacan en los gimnasios, no las crítico, sólo faltaba, pero en ocasiones el culto al cuerpo es obsesivo y encima nos cuesta mucho dinero. Claro que imagino que quien acude al gimnasio de turno es porque se lo puede permitir.

Yo me conformo con ese caminar diario y parada en algún que otro aparato de “mantenimiento” habilitados para los andarines de turno.

Me gusta ver a la gente, cruzarme con ella, y ese amable y cómplice “buenos días” ver a muchos de los caminantes con su mascota de turno disfrutando del aire libre y correteando sin que nadie se sienta molesto por ello.

Espacios abiertos, árboles, fuentes para refrescarse, miradores con vistas estupendas a la ciudad que ahora me acoge: Valladolid.

Pues ya veis, todo esto me lo he perdido hoy por ese pecadito de nada. ¡MECACHIS!

Amenazo, quizá, no sé, hablar de los otros seis faltas capitales de esas en que seguro caigo, aunque no los vea en ningún momento como pecados, digamos debilidades que tenemos todos los humanos que para eso lo somos. :(

Saludos  blogueros.

 

 

Estáis todos invitados, bienvenidos

Sobre el autor

Castellana que adora el norte y a quien la vida trajo a Valladolid. Desde aquí comparto mis vivencias con vosotros.


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