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	<title>Las cosas como sonSin categoría &#8211; Las cosas como son</title>
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		<title>Creadores y estudiosos</title>
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		<pubDate>Wed, 20 Apr 2016 07:20:42 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Esperanza Ortega</dc:creator>
		                		<category><![CDATA[Sin categoría]]></category>

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		<description><![CDATA[Hace dos años que murió Gabriel García Márquez y cincuenta que murió María Moliner. Sus nombres se entrelazan en mi memoria al recordar la necrológica que el escritor colombiano dedicó a la autora del mejor diccionario del español en 1981. Los dos murieron víctimas una enfermedad que mermó su capacidad intelectual, con el resultado de [&#8230;]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Hace dos años que murió Gabriel García Márquez y cincuenta que murió María Moliner. Sus nombres se entrelazan en mi memoria al recordar la necrológica que el escritor colombiano dedicó a la autora del mejor diccionario del español en 1981. Los dos murieron víctimas una enfermedad que mermó su capacidad intelectual, con el resultado de una patética pérdida de memoria. Pero María Moliner no fue una escritora sino una estudiosa de la lengua, y García Márquez no sabía de lingüística nada más que lo justo para poder escribir una de las novelas más grandes del Siglo XX. María Moliner tuvo que salvar más obstáculos que la mayoría de las mujeres, desde su primera juventud, cuando su padre abandonó a la familia. Se dedicó entonces a dar clases particulares para sacar a sus hermanos adelante. Así que trabajó y estudió al mismo tiempo durante toda su vida, y cuando dejó de cuidar a sus hermanos comenzó a cuidar de sus hijos. Estudió el bachillerato por libre y después la carrera de Filosofía y Letras, con unas calificaciones excelentes. Pero fue el recuerdo de las lecciones de Américo Castro lo que le llevó a interesarse por la Lengua. Fue bibliotecaria y archivera, y la “manía” de escribir un diccionario le entró muy pronto, como forma de aprovechar las horas libres en la Biblioteca. Aunque el diccionario lo acabó haciendo en el cuarto de estar de su casa, que es dónde suelen hacer las mujeres las cosas más grandes. ¿Y por qué un diccionario? Porque se daba cuenta de las deficiencias del Diccionario de la RAE. Los lectores también sabíamos que el diccionario de esta señora era mucho mejor que el que habían realizado aquellos 28 vetustos académicos, de eso te dabas cuenta en cuanto buscabas una palabra. No cabía duda, María Moliner le daba cien vueltas a ese alfabeto torpón, de trajes, corbatas y camisas almidonadas.  García Márquez opinaba lo mismo, por eso fue a ella a quien quiso conocer cuando vino a España, ya novelista de éxito, en vez de ir a visitar a los reales académicos. En la Academia María Moliner no tenía muchos adeptos. No la aceptaron cuando nada menos que Dámaso Alonso, Rafael Lapesa Y Laín Entralgo propusieron su entrada en 1972. Allí María era una intrusa, por mujer y, según dijeron, por su escasa formación filológica. ¿Sabrían esos vetustos eruditos el significado de la palabra filólogo? O no lo sabían o se les había olvidado que filólogo significa amante de las palabras, y que no ha habido en toda la Historia de España, desde Nebrija, nadie más enamorado de su lengua que María Moliner. Aunque también es cierto que María había participado en las Misiones pedagógicas de la ILE y que ella y su marido eran “rojos” y como tales habían sido degradados en sus profesiones durante los primeros años de la Dictadura. Lo curioso es que María Moliner se comportó ante la Academia con una indiferencia y desapego propios más de una creadora que de una estudiosa. Pensaba, seguramente, que figurar en la Academia no merecía tanto esfuerzo ni tanto entusiasmo, igual que lo pensaba García Márquez y lo han pensado siempre tantos escritores empujados a formar parte de ese “selecto” club más que a regañadientes. Porque hubo un tiempo en que los escritores no se peleaban por llevar esmoquin y pronunciar discursos con medallas al cuello. Y ese fue el tiempo de María Moliner y de García Márquez.</p>
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		<title>¿El beso o el grito?</title>
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		<pubDate>Tue, 12 Jun 2012 22:09:50 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Esperanza Ortega</dc:creator>
		                		<category><![CDATA[Sin categoría]]></category>
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		<description><![CDATA[Llevaba un tiempo pensado escribir una columna sobre “El grito” de Munch, que hace unos días se ha vendido en Nueva York por 91 millones de euros. Sin duda es tan apreciado en la actualidad porque representa el espeluzne de este tiempo nuestro, cruel, espasmódico e incomprensible. Volví a pensar en El grito cuando escuché [&#8230;]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Llevaba un tiempo pensado escribir una columna sobre “El grito” de Munch, que hace unos días se ha vendido en Nueva York por 91 millones de euros. Sin duda es tan apreciado en la actualidad porque representa el espeluzne de este tiempo nuestro, cruel, espasmódico e incomprensible. Volví a pensar en El grito cuando escuché el domingo la noticia del rescate de 100.000 millones, pero al día siguiente apareció Rajoy asegurando que era una medida muy beneficiosa, fruto de su probada habilidad negociadora. Voy a confiar en su palabra exactamente dos o tres días, que es lo que suele tardar en desdecirse nuestro Presidente. Así que abandono el grito y escribo sobre el beso, un tema mucho más apropiado para los días primaverales. Sobre el beso se ha pintado mucho, aunque ni el cuadro de Klint ni la escultura de Rodin hayan llegado a conmoverme. Para expresar la misteriosa intimidad del beso no hay nada como el cine, lo he corroborado mientras veía en la tele “Lo que el viento se llevó”. Quizá porque el beso de verdad nunca es un acto premeditado, como el motivo de un cuadro. El cine expresa mejor ese gesto imprevisto que, sin embargo, los que se besan parecen haber esperado desde el comienzo del mundo. Claro que hay muchos tipos de besos, y yo me refiero al beso de la pareja que se reconoce entre la multitud, y que junta sus labios, no para saludarse, sino para no despedirse jamás. Para besar nos entrenamos desde la tierna infancia, gracias a la paciencia de nuestros progenitores. Damos besos a diestro y siniestro hasta que un día descubrimos que nunca nos habían dado un beso. Sí, me refiero al beso que lo dice todo sin palabras. “En un beso sabrás todo lo que he callado”, escribió Pablo Neruda. El erotismo del beso es de orden espiritual, es una metáfora de la cópula a la que estoy segura de que a la humanidad le llevó mucho tiempo acceder. Darse un beso de verdad de los buenos es propio de seres refinados, que han llegado a la cumbre de la delicadeza sensitiva. Aunque los besos también tienen su peligro. He leído que en una tribu africana las parejas temen darse besos porque tienen miedo de que el alma se les escape por la boca -¿han escuchado nunca algo más poético?-. Aunque lo que está claro es que el beso posee un carácter eucarístico. “Éste es mi cuerpo”, que para ti se hace comestible. Eso nos dice el que nos come a besos. Y sin embargo el beso, en vez de engordarnos, nos adelgaza, por imposible que parezca. ¿Saben que cada beso nos consume 10 calorías? ¡Qué delgaditos estarían Catulo y su querida Lesbia, que se daban tantos besos, tantos, tantos…. Eso nos confiesa el poeta en su “Catuli carmina”, el tratado más completo para aprender a dar besos.  Aunque el beso de verdad es uno solo, un beso poderoso, que pone de nuevo en marcha un mundo imperturbable, anclado en la quietud de las agujas del reloj impasible. Me refiero al beso de la Bella Durmiente, capaz de despertar su reino dormido. ¿Se acuerdan? Los mirlos detenidos en el aire, las llamas dormidas en la chimenea, los labios entreabiertos, sin llegar a decir la palabra “te quiero”. ¿Debería despertar el príncipe a la Bella Durmiente o, dadas las circunstancias, es mejor que permanezca en su sueño hasta que termine la crisis? Yo creo que sí, que debería intentarlo nuevamente esta primavera -¡que se besen, que se besen!-, aunque todo nos incite al grito. Incluso en este reino de ignominia.</p>
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		<title>El escritor en el aula. Miranda de Ebro.</title>
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		<pubDate>Sun, 20 May 2012 16:44:54 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Esperanza Ortega</dc:creator>
		                		<category><![CDATA[Sin categoría]]></category>

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		<description><![CDATA[Lunes 21 de Mayo &#160; Encuentro con Esperanza Ortega en Miranda de Ebro. &#160; Organiza: Fundación Instituto Castellano-Leonés de la Lengua. &#160; 10´30. Encuentro con los alumnos de Enseñanza Secundaria en el IES Fray Pedro de Urbina. &#160; 12.30. Encuentro con los alumnos del IES Montes Obarenes. &#160; 19.00 Conferencia en la Casa de Cultura.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Lunes 21 de Mayo</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Encuentro con Esperanza Ortega en Miranda de Ebro.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Organiza: Fundación Instituto Castellano-Leonés de la Lengua.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>10´30. Encuentro con los alumnos de Enseñanza Secundaria en el IES Fray Pedro de Urbina.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>12.30. Encuentro con los alumnos del IES Montes Obarenes.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>19.00 Conferencia en la Casa de Cultura.</p>
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		<title>¡Vive la France!</title>
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		<pubDate>Sun, 06 May 2012 19:08:36 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Esperanza Ortega</dc:creator>
		                		<category><![CDATA[Sin categoría]]></category>

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		<title>Al borde del abismo, sin Javier Pradera</title>
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		<pubDate>Sun, 27 Nov 2011 11:15:17 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Esperanza Ortega</dc:creator>
		                		<category><![CDATA[Sin categoría]]></category>

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		<description><![CDATA[23-11-2011 Un veinte de noviembre tuvimos las mujeres la oportunidad de votar por primera vez. –esto ya lo comenté en mi columna anterior-. Un veinte de Noviembre murió Franco –sin comentarios, afortunadamente-. Un veinte de Noviembre la derecha obtuvo los mejores resultados de toda la historia de la Democracia –mejor no comentar-. Un veinte de [&#8230;]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>23-11-2011<br />
Un veinte de noviembre tuvimos las mujeres la oportunidad de votar por primera vez. –esto ya lo comenté en mi columna anterior-. Un veinte de Noviembre murió Franco –sin comentarios, afortunadamente-. Un veinte de Noviembre la derecha obtuvo los mejores resultados de toda la historia de la Democracia –mejor no comentar-. Un veinte de Noviembre murió Javier Pradera – esto sí que merece un comentario-. Lo merece sin duda, desgraciadamente. Recibimos la noticia mientras el mapa de España se volvía azul y resonaban en las calles de Madrid el “Y viva España” y el “Soy español, español, español”, himnos que resumen toda la enjundia que atesoran las nuevas generaciones victoriosas. Nos dejaba Javier Pradera mientras Rajoy, en su balcón, apenas respondía torpemente –eso le honra- a la invitación de que botara para corresponder a tantos como habían votado por él. Y nosotros, espectadores perplejos de escena tan poco gratificante, propia de la España “de charanga y pandereta” que un día creímos definitivamente derrotada, no sabíamos todavía que al día siguiente no tendríamos ni siquiera el consuelo de leer la interpretación de lo sucedido en el artículo de Javier Pradera. ¿Por qué consuelo? Porque incluso en las situaciones  adversas consuela el espectáculo de la inteligencia y la honradez, dos ingredientes que unidos son la base de la verdadera nobleza. Y mientras Javier Pradera se moría,  la prima de riesgo seguía creciendo, ajena como  es ella a todo lo humano, a la victoria y a la derrota, a la vida y a la muerte. Durante tantos años Javier Pradera nos había enseñado a pensar,  a opinar… incluso cuando no estábamos de acuerdo con sus conclusiones, incluso entonces nos había enseñado a pensar libremente. Y no solo con la lectura de sus artículos, sino también por medio de la selección de las obras que leíamos en las editoriales de las que fue director: Siglo XXI, Fondo de Cultura Económica, Alianza Editorial. ¿Qué hubiera opinado el hombre de la reconciliación más generosa –incontrolados republicanos mataron en la Guerra a su padre y su abuelo, ¿no lo sabía?-  qué hubiera opinado de la victoria de Bildu en el País vasco, por ejemplo? El título de su último artículo nos da la clave: “Al borde del abismo”. Se lo dictó a su mujer antes de las elecciones, preocupado como estaba por el futuro de los otros. ¿Qué hacemos ahora? , ¿fiarnos de las opiniones que se vierten en twtter, fundamento último de la reflexión  política en la actualidad?  Sí, algunos nos sentimos huérfanos al borde del abismo, arañándonos los pies con la aspereza del acantilado, sin esa pradera en la que nos tendíamos a descansar, a pensar, a discutir. ¿Hubiera temido Javier Pradera, como lo temo yo, que dentro de unos años un juez español  sea  sentado en el banquillo por haber intentado investigar los crímenes de ETA, igual que el juez Garzón fue condenado por investigar los crímenes de la Guerra Civil?  Mientras, dice que España está al borde del abismo, y que él nos va a conducir hasta un lugar seguro, ¿no es eso lo que dice Rajoy, el Prudente? Sí, eso afirmaba, con otras palabras, mientras Javier Pradera descendía, solo, hacia el fondo de su último abismo.  Se le echa en falta, ahora más que nunca. Es una pena. </p>
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		<title>Instrucciones para votar</title>
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		<pubDate>Wed, 16 Nov 2011 19:09:49 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Esperanza Ortega</dc:creator>
		                		<category><![CDATA[Sin categoría]]></category>
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		<description><![CDATA[¿Usted no va a votar? ¿Porque no quiere o porque no sabe? En el caso de que no lo haya hecho nunca, le serán muy útiles mis instrucciones, y si es reincidente, confieso que aspiro a hacerle sonreír. Para votar hay que seguir estos cinco pasos: 1) Dirigirse hacia el Colegio electoral con el carnet [&#8230;]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>¿Usted no va a votar? ¿Porque no quiere o porque no sabe? En el caso de que no lo haya hecho nunca, le serán muy útiles mis instrucciones, y si es reincidente, confieso que aspiro a hacerle sonreír. Para votar hay que seguir estos cinco pasos:<br />
1)	Dirigirse hacia el Colegio electoral con el carnet de identidad a mano. Una vez allí, consultar los folios en los que aparecen todos sus vecinos por orden alfabético. Mientras lo hace, le recorrerá un escalofrío ante el temor a ser ninguneado, el temor a que su nombre no aparezca en la lista y, en consecuencia, usted sea un ciudadano inexistente. Y sentirá un alivio y una alegría interior inusitada al descubrir que sí, que allí está usted, con nombre y apellidos.<br />
2)	Una vez comprobado que usted existe, diríjase a la mesa en la que están las papeletas de todos los partidos. Y no elija al tuntun. Si usted es votante del PP, no necesita de mis consejos, pues votará, seguro, a don Mariano. Y si es de los que, según Pons, cometieron la idiotez de votar al PSOE, piense bien lo que hace. Vote a quien quiera, pero descarte los consejos de ese vecino del PP. Sí, me refiero a ese que respeta tanto sus ideas y comprende muy bien que usted se abstenga, el mismo que le aconseja que vote a Rosa Díez. Y si usted está indignado, hágase cargo de cuánto lo estaría si ni siquiera tuviera derecho al voto, como ocurría cuando gobernaba el dictador que murió un día como hoy. Y si usted es mujer, piense en cuántas mujeres fueron vejadas por defender el derecho a que usted vote hoy. Y sobre todo –hágame caso, que se lo digo por su bien- no piense que si no vota no pasa nada, porque, en democracia, abstenerse significa no tener opinión, es decir, sumarse al voto de la mayoría.<br />
3)	¿Ya se ha decidido? Entonces, con el sobre en la mano, diríjase a la urna, que es una caja transparente que está encima de una mesa alargada, rodeada de personas sonrientes dispuestas a decir su nombre y asentir con la cabeza. Pero no se extasíe demasiado con la ternura de la escena porque seguramente estará esperando otro vecino para votar detrás de usted. Son cosas de la democracia, que es de todos.<br />
4)	Una vez superados los apartados anteriores, olvídese del tema y no escuche los informativos, porque no hay cosa más aburrida que la noticia de que no ha habido incidentes en el día de las elecciones. Si salen los que usted votó, acuéstese feliz. Mañana será otro día. Si no han ganado los que usted votaba, acuéstese también, que más se perdió en Cuba. Porque lo que da más rabia es lo que me ocurrió a mí en las únicas elecciones en las que no voté: que me pasé toda la noche delante del televisor, interesada como nadie en los resultados, rabiando por haberme abstenido.<br />
5)	Por último, rece porque quien gobierna el mundo en la actualidad, que no es ningún partido político, considere que es peligroso seguir dando cuerda al artilugio de la usura, y que le conviene más asentar su poder sobre la justicia que sobre la avaricia.  Y si sus rezos no son escuchados, salga a la calle a luchar por lo que es suyo y también, en la medida que usted sea capaz de ello, por lo que es de los otros, de todos. Usted ha votado, usted existe, usted tiene todo el derecho a ser escuchado. Pero, ¡cuidado!, no destruya nada, sea delicado hasta con las flores de los jardines. </p>
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		<title>Vargas Llosa y Liu Xiaobo</title>
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		<pubDate>Wed, 13 Oct 2010 00:39:00 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Esperanza Ortega</dc:creator>
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		<description><![CDATA[“Todavía llevaban pantalón corto ese año, aún no fumábamos, entre todos los deportes preferían el fútbol y estábamos aprendiendo a correr olas, a zambullirnos desde el segundo trampolín del “Terrazas”, y eran traviesos, lampiños, curiosos, muy ágiles, voraces”. Así comienza “Los cachorros”, una de las obras maestras de la Literatura Universal. Su autor es Vargas [&#8230;]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>   <meta name="Title" content=""> <meta name="Keywords" content=""> <meta http-equiv="Content-Type" content="text/html; charset=utf-8"> <meta name="ProgId" content="Word.Document"> <meta name="Generator" content="Microsoft Word 2008"> <meta name="Originator" content="Microsoft Word 2008"> <link rel="File-List" href="file://localhost/Users/esperanza/Library/Caches/TemporaryItems/msoclip/0clip_filelist.xml">
<p class="MsoNormal" style="margin: 0.1pt 0cm; text-align: justify;"><b style=""><span style="font-family: Georgia;"><o:p> </o:p></span></strong></p>
<p class="MsoNormal" style="margin: 0.1pt 0cm; text-align: justify; text-indent: 35.4pt;"><span style="font-family: Georgia;">“Todavía llevaban pantalón corto ese año, aún no fumábamos, entre todos los deportes preferían el fútbol y estábamos aprendiendo a correr olas, a zambullirnos desde el segundo trampolín del “Terrazas”, y eran traviesos, lampiños, curiosos, muy ágiles, voraces”. Así comienza “Los cachorros”, una de las obras maestras de la Literatura Universal. Su autor es Vargas Llosa. Devoramos sus novelas cuando aún éramos cachorros lectores, curiosos, muy ágiles, voraces. Leímos con el mismo entusiasmo “La ciudad y los perros”, “La casa verde” y “Conversaciones en La Catedral”, y en ambientes tan ajenos como un internado militar de Lima o un prostíbulo de Piura reconocimos la verdad dura y tierna de la vida, protagonizada por seres que se debatían entre el idealismo y la mezquindad, ángeles caídos en un abismo de desolación. Como los espectadores de las tragedias de Sófocles, asistimos al enfrentamiento del hombre con su destino y al desastre inevitable que esta lucha heroica acarreaba. En las novelas de Vargas Llosa descubrimos que Caín y Abel eran una misma persona, que Abel perecía en cada individuo a manos de un Caín acosado por la necesidad de sobrevivir en un mundo en donde la inocencia es una enfermedad mortal. Acostumbrados a esos platos tan fuertes, a muchos de sus lectores se nos cayó luego de las manos el humorismo insignificante de “Pantaleón y las visitadoras”. Seguimos leyendo por fidelidad “La guerra del fin del mundo” y ya hemos olvidado cuál fue la novela de Vargas Llosa que abandonamos a la mitad. No desde luego sus ensayos de crítica literaria, en los que permanecía la tensión y la trascendencia de sus novelas primeras. Lo malo es que, dejando aparte la deriva ideológica de su autor, -ahí tenemos el ejemplo de Borges, siempre admirado a pesar de sus abominables preferencias políticas- con la concesión de este Premio, la “Internacional conservadora en busca de un profeta” ha escogido a Vargas Llosa como su capo y mentor. Al no<span style="">  </span>haber<span style="">  </span>leído sus novelas mejores –son obras ásperas, salvajes- ponderan sobre todo su elegancia, simpatía y talante liberal. Pero si algún día las sacan de sus estanterías de madera noble, verán que Vargas Llosa es un hueso duro difícil de digerir para los estómagos satisfechos. Sin embargo, es por haber escrito esas obras por lo que le han concedido el Premio Nobel: “por su cartografía de las estructuras del poder y sus imágenes mordaces de la resistencia del individuo, su rebelión y su derrota”, esto ha dicho el Jurado. Y ha dado en el clavo por esta vez: ni todo el éxito del mundo, ni toda la complacencia de los neocons, puede detener la fuerza y la verdad arrolladora que transita por las páginas de estas novelas. Las escribió en los años 60, en el tiempo en que su mayor deseo era estrechar la mano de Jean Paul Sartre, el escritor comprometido que renunció al Premio Nobel. Y hablando de Premios Nobel, ¿han leído algo de Liu Xiaobo, el escritor chino que se pudre en una cárcel de Pekín? Dicen que lloró de emoción al enterarse de que el mundo no le había olvidado. Apenas sabemos nada de él. Por eso esperamos con curiosidad y voracidad leer las palabras que Vargas Llosa le dedicará en su discurso. Hablará de Liu Xiaobo, seguro. No puede haber olvidado que lo verdaderamente profundo anida en el corazón de los hombres que se enfrentan al destino, de los que se juegan la vida por perseguir esa quimera que es la libertad. <o:p></o:p></span></p>
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		<title>Metamorfosis de un chupatintas</title>
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		<pubDate>Wed, 28 Jul 2010 13:46:00 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Esperanza Ortega</dc:creator>
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<p class="MsoNormal"><o:p> </o:p></p>
<p class="MsoNormal"><b style=""><br />
<o:p></o:p></p>
<p>  </strong></p>
<p class="MsoNormal"><b style=""><b style=""><o:p> </o:p></p>
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<p class="MsoNormal" style="text-indent: 35.4pt;"><b style=""><b style="">Les voy a contar una vida corriente, de lo que antes llamaban un “chupatintas” y hoy un administrativo. El hombre al que me refiero nació 1883 en una ciudad europea, de una familia de comerciantes. Era el hijo mayor, por lo que su padre, un tipo muy autoritario, planeó que, por medio de los estudios, hiciera ascender a la familia en la escala social. Fue un buen estudiante de Primaria y Bachillerato, pero se torció al llegar a la Universidad: se matriculó en Químicas y no duró allí ni tres semanas, luego probó con Filología e Historia del Arte, pero tampoco se centraba. Así que su padre decidió cortar por lo sano y le obligó a estudiar Derecho, que es una carrera muy aconsejable para los indecisos, como ustedes saben. En sus años de estudiante se interesó por el teatro y recibió la influencia de las ideas socialistas. Y es que el muchacho tenía aficiones intelectuales. Sus compañeros le describían como un joven solitario. Aunque no parecía tonto en absoluto, carecía de don de gentes y aparentaba estar acomplejado, no se sabe por qué. Yo tengo un retrato suyo y, excepto una profunda mirada de asombro y las orejas de soplillo, no le veo nada de particular. Quizá es en su salud quebradiza en donde reside la clave de su misantropía. Nada más finalizar los estudios, su padre le colocó en una agencia de seguros, en donde permaneció hasta los 39 años. Le jubilaron por enfermedad, cinco años antes le habían diagnosticado una tuberculosis. El suyo era un trabajo de media jornada, anodino y mal retribuido, pero le dejaba tiempo para escribir, tarea a la que se dedicó durante toda su vida, sin mucho éxito, ya me entienden. Su padre, que llevaba mal haber tenido un hijo con tal cortedad de miras, intentó motivarle incluso por las malas, hasta que dio el caso por perdido. Él se tomaba muy a pecho los reproches de su progenitor, pero seguía erre que erre, emborronando papeles sin salir de su cuarto. Para que se hagan una idea, un día escribió en su Diario que se sentía como un insecto, encima de la cama, respirando con dificultad y sin atreverse a abrir la puerta por no encontrarse con el energúmeno de su padre. ¿Tiene su hijo algún amigo en semejantes circunstancias? Los hay a cientos. Pero no crean que en su vida solo hubo desdichas. Tuvo tres novias, a las que escribía un montón de cartas, aunque no terminó casándose con ninguna de ellas. Por eso murió solo, en un sanatorio, en 1924. En los últimos días hablaba poco, le dolía mucho la garganta. Sin embargo, sacó fuerzas de flaqueza y llamó a un amigo suyo para pedirle que quemara todos los papeles tras su muerte. Además de numerosos relatos, tenía dos novelas inéditas y una inacabada, nada que considerara suficientemente bueno para ser conservado. Su amigo se lo prometió, pero, una vez muerto, decidió intentar publicarlos. Y tuvo tanto éxito que acabó por editar hasta los diarios y las cartas a las novias. Llegaron a ocuparse de sus escritos grandes intelectuales, como Adorno, Barthes o Deleuze, y hace unos días he visto en el periódico que aquellos papeles de su puño y letra permanecen guardados en una caja fuerte de un banco suizo que se niega a desprenderse de tan cuantioso tesoro. Y lo que es más importante: el mundo sería mucho peor si él no hubiera renunciado a escribir. Se me acaba el espacio de mi columna, pero si quieren saber más sobre mi personaje solo tienen que mirar en Google las entradas de Frank Kafka. Y miren a su alrededor, por si acaso. <span style="font-size: 10pt; font-family: Times;"><o:p></o:p></span></p>
<p>   </strong></strong></p>
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		<title>El alma de los perros</title>
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		<pubDate>Mon, 07 Jun 2010 07:40:00 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Esperanza Ortega</dc:creator>
		                		<category><![CDATA[Columnas]]></category>
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		<description><![CDATA[He echado de menos, entre los artículos que recordaban la figura de Miguel Delibes, alguna alusión a sus perros. Nadie seleccionó tampoco una fotografía con sus compañeros de paseo. Se lo digo a Tula, mi perra, que me mira con ojos resignados mientras vuelve a sumirse en sus meditaciones. Quizá no se dieron cuenta del [&#8230;]]]></description>
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<div class="p">He echado de menos, entre los artículos que recordaban la  figura de Miguel Delibes, alguna alusión a sus perros. Nadie seleccionó  tampoco una fotografía con sus compañeros de paseo. Se lo digo a Tula,  mi perra, que me mira con ojos resignados mientras vuelve a sumirse en  sus meditaciones. Quizá no se dieron cuenta del lugar que ocupaban los  perros en la vida del escritor, quizá pensaban, con el obispo Munilla  -lean sus pastorales-, que al fin y al cabo, como animales que son, no  tienen alma, y por tanto no merecen ni nuestra atención ni nuestro  recuerdo. Y sin embargo, los perros sí tienen personalidad, por eso el  primer regalo de sus amos es un nombre que los distingue e identifica.  Los perros han entrado en el Olimpo de la literatura con nombres  inolvidables, desde que el fiel Argos, el perro de Ulises, esperó para  morir a que su amo regresara de su odisea por los mares. Y es en el  momento de la muerte -¡con qué dignidad saben morir nuestros fieles  compañeros!- donde aflora el alma de los perros, con perdón de Munilla.  Entonces es cuando nos preguntamos dónde irán. Unamuno lo dice en la  elegía a la muerte de su perro Remo: «¿Dónde se fue tu espíritu sumiso? /  ¿No hay otro mundo / en que revivas tú, mi pobre bestia, / y encima de  los cielos / te pasees brincando al lado mío?». Y no se trata únicamente  de que algunos perros merezcan más que muchas personas entrar en el  Cielo, sino de que los hombres les necesitamos, de tal manera que no  podemos codiciar un edén vacío, de espíritus puros. «Bien sé que en el  cielo hay arroyos de plata y frondas de oro; que el cielo de los niños  tendrá perros y mariposas y pájaros», decía Juan Ramón Jiménez. El  sábado, mientras el ataúd en donde llevaban a Delibes salía de la  catedral entre cánticos que anunciaban su entrada al Paraíso, yo pensaba  que lo primero que oiría al llegar a sus puertas serían los ladridos de  la Fita, el Coquer y el Grim, moviendo el rabo alegremente, dispuestos a  seguirle por los senderos del Más Allá. Recientemente vi &#8216;En la  carretera&#8217;, una película que muestra un panorama desolador del futuro de  la especie humana. Sus protagonistas,  un hombre y un niño, intentan  sobrevivir en un mundo estéril en el que &#8216;casi&#8217; todos los hombres se han  envilecido hasta convertirse en desalmados caníbales. Sólo algunos  conservan su alma humana. Al final, el niño se ve en la tesitura de  distinguir si unos hombres con los que se encuentra son de los que ya  han perdido sus rasgos de humanidad o de los que todavía los conservan. Y  se da cuenta enseguida de que pertenecen al segundo grupo. ¿Por qué?  Porque llevan con ellos un perro. Sí, puede que los perros no tengan  alma inmortal -¿la tendremos nosotros?-, pero  es seguro que tienen algo  que nos hace distinguir a unos hombres de otros. Los que van con perro,  como Miguel Delibes, son gente de fiar, podemos estar seguros de que sí  tienen alma humana. (Esta columna se la dedico Tana, la perra de mi  hijo Manuel, que murió hace tres años, en olor de santidad).</div>
</p></div>
</p></div>
</p></div>
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		<title>Ensayo y ediciones críticas</title>
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		<pubDate>Mon, 19 Apr 2010 17:22:00 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Esperanza Ortega</dc:creator>
		                		<category><![CDATA[Sin categoría]]></category>

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		<description><![CDATA[&#8211; El baúl volador. Junta de Castilla y León, 1986. Premio Giner de los Ríos. Ediciones y antologías críticas: &#8211; Siempre y nunca (Antología de Francisco Pino). Cátedra, Colección Letras Hispánicas. Madrid, 2002. &#8211;Francisco Pino. 100 poemas. Antología. Edilesa. León, 2000. -Ella. 50 poemas de amor. Antología de Francisco Pino. Plaza Janés. Barcelona, 1999. -Calamidad [&#8230;]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>   <meta name="Title" content=""> <meta name="Keywords" content=""> <meta http-equiv="Content-Type" content="text/html; charset=utf-8"> <meta name="ProgId" content="Word.Document"> <meta name="Generator" content="Microsoft Word 2008"> <meta name="Originator" content="Microsoft Word 2008"> <link rel="File-List" href="file://localhost/Users/esperanzaortega/Library/Caches/TemporaryItems/msoclip/0/clip_filelist.xml">
<p class="MsoNormal" style="text-align: justify; line-height: 150%;"><b style=""><span style="font-family: Helvetica; color: black;"><o:p> </o:p></span></strong></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align: justify; line-height: 150%;"><b style=""><span style="font-family: Helvetica; color: black;">&#8211; El baúl volador.</span></strong><span style="font-family: Helvetica; color: black;"> Junta de Castilla y León, 1986.<b style=""> <u>Premio Giner de los Ríos</u>.<o:p></o:p></strong></span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align: justify; line-height: 150%;"><b style=""><span style="font-family: Helvetica; color: black;"><o:p> </o:p></span></strong></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align: justify; line-height: 150%;"><b style=""><span style="font-family: Helvetica; color: black;">Ediciones y antologías críticas:<o:p></o:p></span></strong></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align: justify; line-height: 150%;"><b style=""><span style="font-family: Helvetica; color: black;"><o:p> </o:p></span></strong></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align: justify; line-height: 150%;"><b style=""><span style="font-family: Helvetica; color: black;">&#8211; Siempre y nunca (Antología de Francisco Pino).</span></strong><span style="font-family: Helvetica; color: black;"> Cátedra, Colección Letras Hispánicas.<span style="">  </span>Madrid, 2002.<o:p></o:p></span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align: justify; line-height: 150%;"><span style="font-family: Helvetica; color: black;"><o:p> </o:p></span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align: justify; line-height: 150%;"><span style="font-family: Helvetica; color: black;">&#8211;<b style="">Francisco Pino. 100 poemas.</strong> Antología. Edilesa. León, 2000.<o:p></o:p></span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align: justify; line-height: 150%;"><span style="font-family: Helvetica; color: black;"><o:p> </o:p></span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align: justify; line-height: 150%;"><b style=""><span style="font-family: Helvetica; color: black;">-Ella. 50 poemas de amor</span></strong><span style="font-family: Helvetica; color: black;">. Antología de Francisco Pino. Plaza Janés. Barcelona, 1999.<o:p></o:p></span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align: justify; line-height: 150%;"><span style="font-family: Helvetica; color: black;"><o:p> </o:p></span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align: justify; line-height: 150%;"><b style=""><span style="font-family: Helvetica; color: black;">-Calamidad hermosa. Antología de Francisco Pino</span></strong><span style="font-family: Helvetica; color: black;">. Ediciones Cálamo. Palencia, 2010<o:p></o:p></span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align: justify; line-height: 150%;"><span style="font-family: Helvetica; color: black;"><o:p> </o:p></span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align: justify; line-height: 150%;"><span style="font-family: Helvetica; color: black;">&#8211;<b style="">Antología de la Generación del 27. </strong>Anaya. Madrid,1987.<b style=""><o:p></o:p></strong></span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align: justify; line-height: 150%;"><b style=""><span style="font-family: Helvetica; color: black;"><o:p> </o:p></span></strong></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align: justify; line-height: 150%;"><span style="font-family: Helvetica; color: black;">-Introducción y comentarios al <b style="">Romancero Gitano de García Lorca<i style="">.</em> </strong>Colección Austral.<span style="">  </span>Madrid, 1997.<o:p></o:p></span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align: justify; line-height: 150%;"><span style="font-family: Helvetica; color: black;"><o:p> </o:p></span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align: justify; line-height: 150%;"><span style="font-family: Helvetica; color: black;">&#8211;<b style="">La poesía del Siglo de Oro.</strong> Anaya. Madrid, 2001.<o:p></o:p></span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align: justify; line-height: 150%;"><span style="font-family: Helvetica; color: black;"><span style=""> </span><o:p></o:p></span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align: justify; line-height: 150%;"><b style=""><span style="font-family: Helvetica; color: black;">-Verso y prosa de Juan Ramón Jiménez</span></strong><span style="font-family: Helvetica; color: black;">. Cátedra base. Madrid, 2006<o:p></o:p></span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align: justify; line-height: 150%;"><span style="font-family: Helvetica; color: black;"><o:p> </o:p></span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align: justify; line-height: 150%;"><span style="font-family: Helvetica; color: black;">&#8211;<b style="">Aita Tettuauen<i style="">, de Pérez<span style="">  </span>Galdós.<span style="">  </span></em></strong>Ediciones S.M, Madrid, 2001.<o:p></o:p></span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align: justify; line-height: 150%;"><span style="font-family: Helvetica; color: black;"><o:p> </o:p></span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align: justify; line-height: 150%;"><b style=""><span style="font-family: Helvetica; color: black;">-Nueve cuentos sin final feliz<i style="">.</em></span></strong><span style="font-family: Helvetica; color: black;"> (Antología de Antón Chejov) Editorial Sirpus. Barcelona, 2002.<o:p></o:p></span></p>
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