{"id":12,"date":"2010-01-13T23:44:00","date_gmt":"2010-01-13T23:44:00","guid":{"rendered":"http:\/\/blogs.elnortedecastilla.es\/cosas-como-son\/?p=12"},"modified":"2010-01-13T23:44:00","modified_gmt":"2010-01-13T23:44:00","slug":"el-milagro-las-castanas","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.elnortedecastilla.es\/cosas-como-son\/2010\/01\/13\/el-milagro-las-castanas\/","title":{"rendered":"El milagro de las casta\u00f1as"},"content":{"rendered":"<p>   <meta name=\"Title\" content=\"\"> <meta name=\"Keywords\" content=\"\"> <meta http-equiv=\"Content-Type\" content=\"text\/html; charset=utf-8\"> <meta name=\"ProgId\" content=\"Word.Document\"> <meta name=\"Generator\" content=\"Microsoft Word 2008\"> <meta name=\"Originator\" content=\"Microsoft Word 2008\"> <link rel=\"File-List\" href=\"file:\/\/localhost\/Users\/esperanzaortega\/Library\/Caches\/TemporaryItems\/msoclip\/0\/clip_filelist.xml\">\n<p class=\"MsoNormal\"><span style=\"font-family: Helvetica;\">LAS COSAS COMO SON<o:p><\/o:p><br \/>\n<\/span><\/p>\n<p class=\"MsoNormal\"><strong>El milagro de las casta\u00f1as<\/strong><span style=\"font-family: Helvetica;\"><\/span><\/p>\n<p class=\"MsoNormal\"><span style=\"font-family: Helvetica;\">He salido de casa pensando en la columna que tengo que mandar hoy mismo a El Norte de Castilla. \u00bfDe qu\u00e9 tratar\u00e1? La sensaci\u00f3n que tiene un escritor al iniciar el texto hiere como una culpa, se parece a una deuda que hubiera contra\u00eddo con sus lectores. \u00bfPara qu\u00e9 te has comprometido?, me dice mi conciencia, mientras me sigue por la calle Mac\u00edas Picavea. Huyendo de sus reproches, apresuro el paso y voy a dar con la casta\u00f1era que asienta su peque\u00f1o confesonario delante del Penicilino. A m\u00ed me encantan las casta\u00f1as asadas, me calientan el alma con su sabor a pan bendito. Por lo bajo, como quien musita sus pecados, le he pedido dos euros a la casta\u00f1era. Revuelve un poco y me ofrece un cucurucho con catorce casta\u00f1as. Le doy las gracias por las dos de propina y me zampo la primera con avidez. Entonces oigo la voz del paladar: <\/span><em>sigue mi dictado y vete a casa a escribirla, con los dedos a\u00fan calentitos<\/em><strong><\/strong><strong><\/strong><em>.<\/em><em><\/em><span style=\"font-family: Helvetica;\"><i style=\"\"> <strong><\/strong><\/em><\/span><span style=\"font-family: Helvetica;\"><i style=\"\"><i style=\"\"><i style=\"\"><i style=\"\"><i style=\"\"><strong><\/strong><\/em><\/em><\/em><\/em><\/em><\/span><i style=\"\"><i style=\"\"><i style=\"\"><i style=\"\"><i style=\"\"><i style=\"\"><i style=\"\"><i style=\"\"><i style=\"\"><i style=\"\"><i style=\"\"><i style=\"\"><i style=\"\"><i style=\"\">Mientras devoro las tres siguientes recuerdo que las casta\u00f1as deben su nombre a la ninfa Nea. Empezar\u00e9 explicando que J\u00fapiter intent\u00f3 poseerla por la fuerza y que la casta-Nea prefiri\u00f3 convertirse en erizo de casta\u00f1a a caer en los brazos de su violador. Con mi cuarto de columna en el bolsillo, enfilo la Bajada de la Libertad  m\u00e1s animada.  Contar\u00e9 que Jenofonte llam\u00f3 al casta\u00f1o \u00c1rbol del pan, que es como llamarle \u00e1rbol de los pobres. \u00a1A cu\u00e1ntos habr\u00e1 salvado de la inanici\u00f3n ese man\u00e1 que derrama el oto\u00f1o tan generosamente!, me digo al entrar en los soportales, mientras dedico un recuerdo al caf\u00e9 Espa\u00f1a.  Si en vez de una columna, me hubieran encargado escribir un soneto, qu\u00e9 bien me hubiera venido rimar Espa\u00f1a con casta\u00f1a. Pero el tiempo ha devorado al Caf\u00e9 con la misma impiedad que me he engullido yo medio cucurucho. S\u00f3lo me quedan seis y todav\u00eda no he hablado de los multiplicadores milagrosos de casta\u00f1as. Me refiero a San Juan Bosco y a Mariuca la Casta\u00f1era. \u00bfSe acuerdan de Mariuca? De noche los \u00e1ngeles le rellenaban el cesto de casta\u00f1as que de d\u00eda hab\u00eda regalado a los ni\u00f1os hambrientos. El coraz\u00f3n bondadoso de Mariuca me trae a la memoria las palabras de G\u00f3mez de la Serna: las casta\u00f1eras asan los corazones del invierno. Y me pregunto de d\u00f3nde sacaba \u00e9l sus greguer\u00edas, merecedoras de haber sido escritas por los \u00e1ngeles.  Pero mis casta\u00f1as no se multiplican.  Compruebo desolada que solo me queda una, en medio de la calle Plater\u00edas, justo cuando paso por el portal de las oficinas de El Norte de Castilla. Mientras me como con parsimonia la catorce, siento en el est\u00f3mago el vac\u00edo del papel en blanco, la angustia de quien sabe que nadie va a acudir a sacarle las casta\u00f1as del fuego. Todas mis reflexiones se han esfumado como el humo de asar las casta\u00f1as. Resignada a mi suerte, me acerco al contenedor a tirar los restos de mi humilde banquete y entonces\u2026 \u00bfQu\u00e9 sucede? Sucede un prodigio:  encuentro mi columna escrita en el papel del cucurucho. Aqu\u00ed la tienen, a\u00fan tiznada de holl\u00edn. Y me digo satisfecha: las habr\u00e1 mejores, pero ninguna como esta, escrita de milagro. <i style=\"\"><i style=\"\"><i style=\"\"><\/p>\n<p><\/em><\/em><\/em><\/em><\/em><\/em><\/em><\/em><\/em><\/em><\/em><\/em><\/em><\/em><\/em><\/em><\/em><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>LAS COSAS COMO SON El milagro de las casta\u00f1as He salido de casa pensando en la columna que tengo que mandar hoy mismo a El Norte de Castilla. \u00bfDe qu\u00e9 tratar\u00e1? 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