{"id":138,"date":"2012-05-05T10:48:02","date_gmt":"2012-05-05T09:48:02","guid":{"rendered":"http:\/\/blogs.elnortedecastilla.es\/cosas-como-son\/?p=138"},"modified":"2012-05-05T10:48:02","modified_gmt":"2012-05-05T09:48:02","slug":"zenobia-tagore-y-juan-ramon-jimenez-una-relacion-triangular","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.elnortedecastilla.es\/cosas-como-son\/2012\/05\/05\/zenobia-tagore-y-juan-ramon-jimenez-una-relacion-triangular\/","title":{"rendered":"Zenobia, Tagore y Juan Ram\u00f3n Jim\u00e9nez, una relaci\u00f3n triangular"},"content":{"rendered":"<p>(Art\u00edculo publicado en &#8220;La sombra del cipr\u00e9s&#8221;, suplemento literario de El Norte de Castilla. S\u00e1bado 5 de Mayo de 2012)<br \/>\nEn 1916, Juan Ram\u00f3n Jim\u00e9nez parte rumbo a los EE.UU en un trasatl\u00e1ntico. Ese viaje va a ser una de las experiencias m\u00e1s importantes de su vida. La idea de que los acontecimientos de su biograf\u00eda ten\u00edan una escasa incidencia en su obra es falsa, hasta el\u00a0 lector menos avisado percibe que la poes\u00eda de J. R, Jim\u00e9nez cambia de rumbo en el momento en que, tras aquel viaje, publica \u201cDiario de un poeta reci\u00e9n casado\u201d. Enamorarse de Zenobia Camprub\u00ed sin duda transforma su visi\u00f3n del mundo, que en adelante va a estar menos ensimismada, m\u00e1s atenta a la transcendencia de una realidad cuyo conocimiento antes hab\u00eda sido descartado a favor enso\u00f1aci\u00f3n. \u00c9l mismo se\u00f1al\u00f3 tambi\u00e9n lo decisivo que fue en ese momento la lectura de los poetas de tradici\u00f3n anglosajona que Zenobia conoc\u00eda desde hac\u00eda ya mucho tiempo, pero nadie ha insistido en otra figura fundamental, tan importante para su evoluci\u00f3n po\u00e9tica como para su relaci\u00f3n amorosa. Me refiero a Tagore, el poeta bengal\u00ed. Sabemos que, en el curso de su noviazgo y en los primeros a\u00f1os de matrimonio, la pareja Zenobia \u2013Juan Ram\u00f3n se dedicaba a traducir a Tagore y hac\u00eda de esta labor un acto \u00edntimo y amoroso. Como Francesca y Paolo en el Infierno de Dante, ellos se enamoraron mientras le\u00edan un libro, en este caso un libro de Tagore. En 1919, Zenobia le hab\u00eda escrito: \u201cConstantemente ha sido usted nuestro compa\u00f1ero espiritual desde el momento en que comenzamos a conocerle hace cinco a\u00f1os. Ha sido una compa\u00f1\u00eda maravillosa\u00a0 y parece que usted se ha compenetrado en todas las cosas nuestras\u201d Quiero subrayar la primera persona del plural que utiliza Zenobia: \u201cnuestro compa\u00f1ero, las cosas nuestras\u201d Y \u201ccompenetrar\u201d significa \u201cpenetrar con alguien, al un\u00edsono\u201d. Esto es lo que ocurre cuando Zenobia y Juan Ram\u00f3n traducen a Tagore, que se compenetran entre ellos dos, cuando penetran juntos en su obra. Y al mismo tiempo que se esfuerzan en buscar las palabras en castellano que equivalen a los t\u00e9rminos de Tagore en ingl\u00e9s, le hacen penetrar a \u00e9l con ellos en el territorio l\u00edrico espa\u00f1ol, no como un extranjero, sino como un aut\u00e9ntico poeta andaluz. \u00bfAcaso traduc\u00edan del ingl\u00e9s? S\u00ed, a los partidarios de las traducciones fieles, las versiones de Tagore de Zenobia y J. R. Jim\u00e9nez han de parecerles una herej\u00eda, pues Zenobia traduc\u00eda del ingl\u00e9s los poemas que el mismo Tagore hab\u00eda trasladado a esta lengua desde el bengal\u00ed, y de manera nada literal. Adem\u00e1s, Juan Ram\u00f3n aportaba su impronta en el ritmo y la expresi\u00f3n po\u00e9tica, de tal manera que el Tagore que hemos conocido los espa\u00f1oles es un Tagore vertido en los frascos que todav\u00eda conservaban el perfume de la poes\u00eda de J. R. Jim\u00e9nez. Y ocurre tambi\u00e9n lo contrario: leyendo la prosa po\u00e9tica que Juan Ram\u00f3n escrib\u00eda en aquel tiempo, notamos una identificaci\u00f3n que nos llevar\u00eda a hablar de un Juan Ram\u00f3n oriental, imbuido por la idea de la comunidad entre el hombre y la naturaleza, con un esp\u00edritu ind\u00fa. Elisa Mart\u00edn Ortega lo ha se\u00f1alado con acierto en el pr\u00f3logo a \u201cEl ala compasiva\u201d, un libro que mantiene una relaci\u00f3n estrech\u00edsima con \u201cLuna nueva\u201d de Tagore. En ambas obras aparece la misma visi\u00f3n trascendente de la ni\u00f1ez, e incluso un ritmo en la prosa que quiz\u00e1 el poeta de Moguer no hubiera hallado sin su labor de traductor. No quiero decir con esto que la tarea de Juan Ram\u00f3n fuera meramente imitativa, sino que \u00e9l descubri\u00f3 las posibilidades de su propia sensibilidad al hilo del esfuerzo que hac\u00eda para verter al espa\u00f1ol a Tagore. \u201c \u00bfTe vemos sin que t\u00fa nos veas, absorto en tus sue\u00f1os, o nos hab\u00edas t\u00fa visto ya por el borde blanco de una nube negra, una noche de est\u00edo, sin que nosotros lo supi\u00e9ramos?\u201d, le pregunta J. R. Jim\u00e9nez a Tagore en el colof\u00f3n de \u201cLuna nueva\u201d. Ortega y Gasset parece contestar a esa pregunta cuando le explica a Zenobia en una carta c\u00f3mo la lectura de un gran poeta le revela al lector algo de s\u00ed mismo que antes ignoraba, y produce la sensaci\u00f3n de que expresa algo ya vivido por \u00e9l. No es extra\u00f1o que esta carta figure al comienzo de la Antolog\u00eda de Tagore que preparan juntos Zenobia y Juan Ram\u00f3n. Aunque cuando la influencia de Tagore va a ser m\u00e1s patente en Juan Ram\u00f3n Jim\u00e9nez es en sus \u00faltimos libros, en la etapa que \u00e9l llamaba intelectiva o inmanente, cuando el poeta se identifica con lo absoluto, lo eterno y, en definitiva, con la poes\u00eda misma. La poes\u00eda llega a ser entonces para J. R. Jim\u00e9nez un dios \u201cdeseado y deseante\u201d, ajeno al paradigma del dios judeocristiano. Se ha hablado mucho de la influencia de la filosof\u00eda krausista en la conformaci\u00f3n de este dios que depende del poeta para existir, pero no se ha hablado lo suficiente de la tradici\u00f3n oriental, y en concreto de la poes\u00eda de Tagore, para explicar este encuentro \u00edntimo del poeta con la Poes\u00eda. Me refiero al dios que en el poema titulado \u201cLa transparencia, Dios, la transparencia\u201d Juan Ram\u00f3n define como \u201cla luminaria del clariver\u201d y al que describe enredado con \u00e9l \u201cen lucha de amor\u201d, el dios \u201cde lo hermoso conseguido, conciencia m\u00eda de lo hermoso\u201d. Tan semejante al dios que Tagore llama \u201cSe\u00f1or del silencio, se\u00f1or de las canciones\u201d y al que se dirige con estas palabras: \u201cSe\u00f1or de todos los cielos, si yo no existiera, \u00bfqu\u00e9 ser\u00eda de tu amor?\u201d\u00a0 El dios de Tagore es el dios de la sed, del deseo, un dios que, como el de Juan Ram\u00f3n Jim\u00e9nez, necesita ser mirado y escuchado para que su potencia creadora se exprese. Dice Tagore en el poema titulado \u201cLa cosecha\u201d: \u201cCuando t\u00fa viv\u00edas solo, no te conoc\u00edas. Ninguna llamada, ning\u00fan mensaje llevaba el viento de una a otra orilla. Vine yo, y te despertaste, y los cielos florecieron con su luz\u201d\u00a0 Les propongo un juego: dirijan estas palabras de Tagore a Juan Ram\u00f3n Jim\u00e9nez y ver\u00e1n que tienen sentido. Y viceversa. Entonces, \u00bfse despertaron ambos poetas al un\u00edsono, mientras los cielos florec\u00edan?, \u00bfhasta tal punto lleg\u00f3 la compenetraci\u00f3n de ambas escrituras? La contestaci\u00f3n a estas preguntas la encontramos en otra frase de la carta antes aludida de Ortega y Gasset. Con su perspicacia caracter\u00edstica no exenta de iron\u00eda, Ortega le asegura a Zenobia: \u201cTodo gran poeta, se\u00f1ora, nos plagia\u201d.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>(Art\u00edculo publicado en &#8220;La sombra del cipr\u00e9s&#8221;, suplemento literario de El Norte de Castilla. S\u00e1bado 5 de Mayo de 2012) En 1916, Juan Ram\u00f3n Jim\u00e9nez parte rumbo a los EE.UU en un trasatl\u00e1ntico. 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