{"id":181,"date":"2012-10-31T01:33:34","date_gmt":"2012-10-31T00:33:34","guid":{"rendered":"http:\/\/blogs.elnortedecastilla.es\/cosas-como-son\/?p=181"},"modified":"2012-10-31T01:33:34","modified_gmt":"2012-10-31T00:33:34","slug":"el-hambre-y-la-honra","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.elnortedecastilla.es\/cosas-como-son\/2012\/10\/31\/el-hambre-y-la-honra\/","title":{"rendered":"El hambre y la honra"},"content":{"rendered":"<p>Media cebolla y unas migajas de pan, esa era la dieta del Lazarillo. Pero a la cr\u00edtica no le debe de haber parecido el hambre de L\u00e1zaro un asunto fundamental, ocupada como estaba en comentar la influencia erasmista, la posible autor\u00eda de un jud\u00edo converso o las ra\u00edces folcl\u00f3ricas de las an\u00e9cdotas narradas. Y sin embargo, es el hambre el que convierte en p\u00edcaro al protagonista, el que le hace renunciar al bien de la honra. Los lectores modernos mal lo pod\u00edan entender, sin conocer el hambre nada m\u00e1s que por referencias literarias; pero apuesto a que el autor del Lazarillo s\u00ed sab\u00eda lo que se tra\u00eda entre manos: una triste cebolla. Como lo sab\u00eda Garc\u00eda M\u00e1rquez cuando escrib\u00eda en Par\u00eds \u201cEl coronel no tiene quien le escriba\u201d, y acud\u00eda diariamente a correos, a ver si le llegaba el giro que El Espectador de Bogot\u00e1 hab\u00eda prometido enviarle, y que no lleg\u00f3 nunca. As\u00ed que el Coronel pas\u00f3 un hambre inhumano, mientras preservaba la dignidad de su hijo asesinado, simbolizada en el gallo de pelea que segu\u00eda alimentando en la miseria, porque tampoco a \u00e9l le llegaba la pensi\u00f3n que acud\u00eda a buscar al correo. En una sociedad opulenta, \u00bfc\u00f3mo iban a entenderse los dramas cotidianos de L\u00e1zaro o del Coronel? Ahora, cuando el hambre se hace presente en nuestras ciudades, lo entendemos. Me refiero a las sombras nocturnas que hurgan en los contenedores en busca de comida, quiz\u00e1 para llenar el t\u00e1per de la hija o la nieta con la basura encebollada. Miguel Hern\u00e1ndez, el autor de las \u201cNanas de cebolla\u201d, advirti\u00f3 en otro poema: \u201cPor hambre vuelve el hombre sobre los laberintos \/ donde la vida habita siniestramente sola. \/ Reaparece la fiera, recobra sus instintos, \/ sus patas erizadas, sus rencores, su cola\u201d. Esta victoria del instinto ciego de la naturaleza sobre la humana raz\u00f3n y la bondad humana podr\u00eda tener consecuencias temibles para la civilizada Europa. Lo hemos visto en las feroces guerras africanas, donde el hambre guiaba los brazos que sosten\u00edan los machetes. \u00bfEs inocente el sistema que propicia la barbarie? Antonio Gamoneda, en una entrevista en la que comenta la concesi\u00f3n del Premio Nobel de la Paz a la Comunidad Europea, contesta a esta pregunta: \u201cLa imposici\u00f3n de la pobreza, el hambre y la enfermedad son cr\u00edmenes sociales(\u2026)porque la paz no es \u00fanicamente la ausencia de enfrentamiento b\u00e9lico\u201d. A lo largo del siglo XX, la izquierda hab\u00eda ali\u00f1ado el hambre de pan con el hambre de justicia. As\u00ed humaniz\u00f3 el ansia de los parias hasta convertirla en promesa de un mundo mejor para todos. Y el sistema capitalista ofreci\u00f3 el consumismo tambi\u00e9n a la clase trabajadora. Pero ante el fracaso de la utop\u00eda comunista, el capital ya no tiene necesidad de repartir el sobrante, y el mercado financiero ha vuelto a ense\u00f1ar sus fauces devoradoras. Esto suced\u00eda mientras la socialdemocracia segu\u00eda saboreando el men\u00fa de la nouvelle cuisine, con sus colegas del consejo de administraci\u00f3n. Sin embargo, los hombres necesitan hoy m\u00e1s que nunca recibir una carta con la receta para vivir en este mundo desolado. \u201cPues sepa vuestra merced\u2026\u201d, nos escribe a cada uno L\u00e1zaro de Tormes. Su lectura no saciar\u00e1 el hambre de pan ni de justicia, pero al menos seguir\u00e1 alimentando al gallo de pelea que cada uno lleva dentro y que simboliza la dignidad humana.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Media cebolla y unas migajas de pan, esa era la dieta del Lazarillo. Pero a la cr\u00edtica no le debe de haber parecido el hambre de L\u00e1zaro un asunto fundamental, ocupada como estaba en comentar la influencia erasmista, la posible autor\u00eda de un jud\u00edo converso o las ra\u00edces folcl\u00f3ricas de las an\u00e9cdotas narradas. 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