{"id":19,"date":"2010-05-05T23:47:00","date_gmt":"2010-05-05T23:47:00","guid":{"rendered":"http:\/\/blogs.elnortedecastilla.es\/cosas-como-son\/?p=19"},"modified":"2010-05-05T23:47:00","modified_gmt":"2010-05-05T23:47:00","slug":"poetica","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.elnortedecastilla.es\/cosas-como-son\/2010\/05\/05\/poetica\/","title":{"rendered":"Po\u00e9tica"},"content":{"rendered":"<p>   <meta name=\"Title\" content=\"\"> <meta name=\"Keywords\" content=\"\"> <meta http-equiv=\"Content-Type\" content=\"text\/html; charset=utf-8\"> <meta name=\"ProgId\" content=\"Word.Document\"> <meta name=\"Generator\" content=\"Microsoft Word 2008\"> <meta name=\"Originator\" content=\"Microsoft Word 2008\"> <link rel=\"File-List\" href=\"file:\/\/localhost\/Users\/esperanzaortega\/Library\/Caches\/TemporaryItems\/msoclip\/0clip_filelist.xml\">\n<p class=\"MsoNormal\"><o:p> <\/o:p><\/p>\n<p class=\"MsoNormal\">Genoveva<span style=\"\">  <\/span>de Bravante guardaba los desperdicios para d\u00e1rselos en secreto a los pobres. El rey, su esposo, odiaba ese gesto. Un d\u00eda en que Genoveva llevaba escondidos los mendrugos de pan en la falda, el rey con su s\u00e9quito interrumpi\u00f3<span style=\"\">  <\/span>su camino. \u2013Ens\u00e9\u00f1ame eso que escondes- le dijo. Genoveva siti\u00f3 un temor tan grande al ser sorprendida que cerr\u00f3 los ojos y se desvaneci\u00f3. Todos se asombraron al ver c\u00f3mo su delantal rebosaba de flores. Este es uno de mis primeros recuerdos. No recuerdo de lo vivido, sino recuerdo de lo imaginado. Voy a leer un cuento, la pasta es de color amarillo y en el centro se ve a una mujer muy guapa, con los ojos bajos, en disposici\u00f3n de abrir el delantal. No he encontrado otra imagen m\u00e1s precisa para expresar lo que yo entiendo como gesto po\u00e9tico. Primero recoger los desperdicios, aun corriendo el riesgo de ser descubierta. De hecho, Genoveva acabar\u00eda por perder su papel de reina a causa de un error en sus pesquisas. Al lado del temor, el deseo de dar, de darse a comer, la cortes\u00eda eucar\u00edstica de quien se siente furiosamente impelida hacia el desmoronamiento; y por fin el milagro, los mendrugos convertidos en flores. \u201cEl poeta sabe sacar luz del humo, rosas del estercolero, y otorgar alguna vida a lo inanimado\u201d.- Esto lo dijo Horacio-. No es el que disfruta del olor de las flores, el que se deja arrastrar por una complaciente vocaci\u00f3n de belleza, sino aquella que, avergonzada, esconde los desperdicios y pone en ellos su esperanza de salvaci\u00f3n.\u201cPor eso el poeta labora contra s\u00ed. Ofrece un holocausto a favor de algo en lo que tiene fe, y no puede hacer posible nada m\u00e1s que a trav\u00e9s de su incendio\u201d. \u2013 Esto lo dice Francisco Pino-. Transgresi\u00f3n y metamorfosis, equ\u00edvoco al fin, que acalla las palabras posibles. Un cortejo enmudece ante la aparici\u00f3n de lo inesperado. Po\u00e9ticas no son las flores, ni el prodigio que las suscita, ni siquiera el asombro consiguiente. Po\u00e9tico es el gesto insignificante y poderos\u00edsimo de abrir el delantal, po\u00e9tico es el temblor de la mano, su carga de esperanza y de temor a lo desconocido, instante fugaz que se reitera y anula as\u00ed los otros gestos, los no concertados. Pero su misma formulaci\u00f3n puede convertir el milagro en ret\u00f3rica, atrapar la escena y debilitarla. Lo mejor ser\u00eda callar, no dar pistas. La poes\u00eda es concentraci\u00f3n y concierto, las ideas sobre la poes\u00eda desconcentran y desconciertan. El peligro est\u00e1 ahora en que Genoveva espere demasiado de su delantal, que retoque sus pliegues, que se contemple ella misma centro de la escena y olvide su misi\u00f3n inaudita: dar de comer. No otro es el riesgo de formular una po\u00e9tica, el de hacernos demasiado sabedores. \u201cEl Cador-Preceptor m\u00edo, es mi \u00fanico ardid\u201d. \u2013Esto lo dec\u00eda \u00c9mily Dickinson-. Adem\u00e1s del candor, el poeta puede contar con otro gu\u00eda: el lector. \u00a1Qu\u00e9 buenos lectores eran el s\u00e9quito y el esposo de Genoveva! \u00a1Con cu\u00e1nto inter\u00e9s escudri\u00f1aban su delantal! No hubieran perdonado una vacilaci\u00f3n en su pirueta. Porque son los ojos del lector los que hacen necesaria la metamorfosis, los que han de recoger las palabras justo en el momento en que se pierden en el aire, cuando, como Jon\u00e1s, se arrojan decididas para escapar del vientre de la ballena. Ahora tienen que ser escuchadas, van a vivir, a abrirse, a estallar en llanto e iluminar con su fogata. \u201cY lo enciende de amor para que hable por s\u00ed solo\u201d. \u2013Esto lo dice Jos\u00e9 Miguel Ull\u00e1n-. Y esto es lo que desea expresar el poeta, lo que dice el delantal por s\u00ed solo. Un delantal incendiado, justo en el instante en que dejan de sujetarlo las manos temerosas de la desvanecida. <i style=\"\"><i style=\"\"><\/p>\n<p><\/em><\/em><\/p>\n<p class=\"MsoNormal\"><i style=\"\"><i style=\"\">(Este texto figura en la antolog\u00eda &#8220;Ellas tienen la palabra&#8221;, de Ediciones Hiperi\u00f3n) <\/p>\n<p>   <\/em><\/em><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Genoveva de Bravante guardaba los desperdicios para d\u00e1rselos en secreto a los pobres. El rey, su esposo, odiaba ese gesto. Un d\u00eda en que Genoveva llevaba escondidos los mendrugos de pan en la falda, el rey con su s\u00e9quito interrumpi\u00f3 su camino. \u2013Ens\u00e9\u00f1ame eso que escondes- le dijo. 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