{"id":284,"date":"2014-01-28T21:46:15","date_gmt":"2014-01-28T20:46:15","guid":{"rendered":"http:\/\/blogs.elnortedecastilla.es\/cosas-como-son\/?p=284"},"modified":"2014-01-28T21:46:15","modified_gmt":"2014-01-28T20:46:15","slug":"el-mensaje-de-lo-desconocido","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.elnortedecastilla.es\/cosas-como-son\/2014\/01\/28\/el-mensaje-de-lo-desconocido\/","title":{"rendered":"El mensaje de lo desconocido"},"content":{"rendered":"<p>&nbsp;<\/p>\n<p class=\"MsoNormalCxSpFirst\" style=\"text-align: justify; text-justify: inter-ideograph; line-height: 150%;\">Esta semana se han muerto dos poetas: Jos\u00e9 Emilio Pacheco y Juan Gelman. Cuando muri\u00f3, Pacheco acababa de escribir una columna en recuerdo de Gelman, sin darse cuenta de que era \u00e9l mismo el que se ir\u00eda aquella misma noche. Ahora los dos recorren juntos id\u00e9ntico itinerario: el del olvido. Un hombre es una gota de agua en el mar de la vida, pero algunas gotas de agua dejan huella. Lo dec\u00eda Pacheco: \u201cLa gota es un modelo de concisi\u00f3n:\/ todo el universo\/ encerrado en un punto de agua.\/ La gota representa el diluvio y la sed.\/ Es el vasto Amazonas y es el gran Oc\u00e9ano.\u201d Sin embargo, las gotas no dejan huella en el cristal de la Historia, a menos que el dolor las dote de la densidad de las l\u00e1grimas. A Gelman, esa densidad se la dio la b\u00fasqueda de su nieta Macarena, secuestrada cuando era un beb\u00e9 por el ej\u00e9rcito argentino, el mismo que se encarg\u00f3 de acabar con sus padres. Aunque no hubiera vivido con ella, Juan Gelman la hab\u00eda imaginado y deseado como se imaginan y desean los poemas, desde el m\u00e1s absoluto desconocimiento. En la poes\u00eda, lo que se a\u00f1ora no es lo que se ha vivido, sino lo que no se ha vivido, habl\u00e1ndonos en el idioma que no se puede traducir. La semana pasada estuve en Nava de la Asunci\u00f3n en un Jurado de un Premio de Poes\u00eda que lleva el nombre de otro poeta: Gil de Biedma. Gan\u00f3 Enrique M\u00e1rquez, con un poema que se titula \u201cLa Fontana de Trevi\u201d, y nos lleva a la famosa fuente donde los turistas tiran su moneda y piensan un deseo. Es una reflexi\u00f3n sobre lo no vivido, pero presente en la huella del tiempo. Hace ya muchos a\u00f1os, alguien sac\u00f3 una foto en Trevi, al lado de su Fontana. En la fotograf\u00eda aparec\u00eda una mujer. La misma persona se pregunta, treinta a\u00f1os despu\u00e9s, qu\u00e9 habr\u00e1 sido de ella, d\u00f3nde estar\u00e1, si es que vive, esa desconocida: \u201cSe introdujo en tu vida\/ por esa puerta falsa que entreabri\u00f3\/ el azar; y tan solo\/ dej\u00f3 impresa la huella de su imagen\/ como un d\u00e9bil rel\u00e1mpago\u201d, dicen los versos de M\u00e1rquez. \u201cEsa mujer parec\u00eda la palabra nunca\u201d, encuentro en un verso de Gelman, y esa misma palabra podr\u00eda haber servido para nombrar a la mujer desconocida de la foto. Algo hubo, sin embargo, algo indefinible qued\u00f3 all\u00ed petrificado por el flash: lo perdido de antemano, como esas monedas que se arrojan a la Fontana de Trevi y que nadie vuelve a recoger. Como la mujer del poema, as\u00ed nos miran los rostros desconocidos que aparecen en las fotograf\u00edas de los peri\u00f3dicos \u00bfQui\u00e9nes son? \u00bfQui\u00e9nes los que gritan de rabia, los que huyen de los tiroteos, los que intentan saltar las cuchillas o los que simplemente permanecen all\u00ed, expectantes, con la \u00fanica misi\u00f3n de engrosar la multitud de desterrados? Dentro de treinta a\u00f1os, podr\u00eda volver a contemplar sus rostros interrogantes como gotas de sangre a punto de desaparecer en un desierto, sin respuesta posible. \u00bfSe habr\u00e1 cumplido su deseo?, podr\u00eda preguntarme, si es que vivo. \u00bfAlguien habr\u00e1 escuchado sus s\u00faplicas, habr\u00e1 dado respuesta a su exigencia de justicia? No es nada probable. Sin embargo, sirvan estos versos de Pacheco para dar sentido tanto a su lucha como a la que libran los poetas con el \u00fanico arma del verso: \u201cNo quedar\u00e1 el trabajo, ni la pena\/ de crecer y de amar. El tiempo abierto,\/ semejante a los mares y al desierto,\/ ha de borrar de la confusa arena\/ todo lo que me salva o encadena.\/ Mas si alguien vive yo estar\u00e9 despierto\u201d.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>&nbsp; Esta semana se han muerto dos poetas: Jos\u00e9 Emilio Pacheco y Juan Gelman. Cuando muri\u00f3, Pacheco acababa de escribir una columna en recuerdo de Gelman, sin darse cuenta de que era \u00e9l mismo el que se ir\u00eda aquella misma noche. Ahora los dos recorren juntos id\u00e9ntico itinerario: el del olvido. 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