{"id":297,"date":"2014-03-08T12:04:14","date_gmt":"2014-03-08T11:04:14","guid":{"rendered":"http:\/\/blogs.elnortedecastilla.es\/cosas-como-son\/?p=297"},"modified":"2014-03-08T12:04:14","modified_gmt":"2014-03-08T11:04:14","slug":"memoria-de-la-pobreza","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.elnortedecastilla.es\/cosas-como-son\/2014\/03\/08\/memoria-de-la-pobreza\/","title":{"rendered":"Memoria de la pobreza"},"content":{"rendered":"<p>&nbsp;<\/p>\n<p class=\"MsoNormal\" style=\"mso-margin-top-alt: auto; mso-margin-bottom-alt: auto; text-align: justify; text-justify: inter-ideograph; line-height: 150%;\"><span style=\"font-size: 14.0pt; line-height: 150%; font-family: 'American Typewriter';\">No hay nada m\u00e1s dif\u00edcil de explicar a un ni\u00f1o que la aceptaci\u00f3n social de la pobreza como algo inevitable. La pobreza engendra verg\u00fcenza, tanto si el ni\u00f1o la padece como si la percibe en su entorno. En mis memorias de infancia, explico la verg\u00fcenza que me asaltaba al confrontar mi vida de ni\u00f1a afortunada con la vida miserable de las hero\u00ednas de los cuentos, entre las que destacaba \u201cLa Cenicienta\u201d. Mis cenicientas reales eran las ni\u00f1as gratuitas del colegio, que pose\u00edan, a mi parecer, un talism\u00e1n contra la mala suerte, mientras las ni\u00f1as ricas acabar\u00edamos por rabiar en medio de nuestra opulencia inmerecida. La mayor\u00eda de los escritores no pertenecen a familias pobres, pero no todos tienen la misma percepci\u00f3n de la pobreza ajena. Voy a comparar a dos autores provenientes de la aristocracia: Nabocov y Tolstoi. Nabocov vive en la burbuja de su mundo de privilegio familiar, sin fisuras. En Tolstoi, en cambio, la burbuja se quiebra por el sentimiento de compasi\u00f3n hacia sus sirvientes. Leyendo sus memorias, nos conmovemos tanto como \u00e9l mismo ante la ingratitud de su padre cuando echa a la calle a su anciano preceptor. Pero la relaci\u00f3n m\u00e1s \u00edntima es la que establece con su vieja a\u00f1a, que, en su pobreza, siempre guardaba en su cajita alg\u00fan regalo para \u00e9l. En una ocasi\u00f3n el a\u00f1a le ri\u00f1e, el ni\u00f1o se enfada con ella y llora rabioso. As\u00ed describe Tolstoi la escena: \u201csac\u00f3 de debajo de su toquilla una cajita encarnada, que me ofreci\u00f3 con mano temblorosa. Conten\u00eda dos caramelos y un higo seco. No tuve valor para mirar a la cara a aquella buena vieja. Tom\u00e9 la cajita, volvi\u00e9ndome de espaldas, con las l\u00e1grimas a\u00fan en los ojos. Pero no eran l\u00e1grimas de ira, eran l\u00e1grimas de ternura y de verg\u00fcenza\u201d \u00bfFue aquella vieja criada la que le regal\u00f3 su conciencia social, junto con los higos y los caramelos? En el \u00e1mbito rural es en el que aparecen m\u00e1s casos de escritores de origen pobre. En los pueblos se daba entre los ni\u00f1os una relaci\u00f3n interclasista, por eso Luis Mateo D\u00edez, cuyo padre era funcionario, escribe sus memorias de infancia con una voz plural, en la que no se distinguen ni pobres ni ricos. En la Alcarama de Abel Hern\u00e1ndez, la pobreza era com\u00fan a todos sus habitantes, por lo que tampoco lastraba la vida infantil. Adem\u00e1s, la maravilla de la naturaleza que les rodeaba y el hallazgo continuo de tesoros gratuitos: piedras, plantas, sapos, lagartijas, p\u00e1jaros\u2026, borraba de la pobreza su faz miserable.<span style=\"mso-spacerun: yes;\">\u00a0 <\/span>Nadie como Janet Frame, la poeta neozelandesa,nos hace percibir el atractivo de la infancia pobre en medio de una naturaleza ed\u00e9nica.<span style=\"mso-spacerun: yes;\">\u00a0 <\/span>As\u00ed describe los alrededores de la caseta cercana al ferrocarril donde se ve obligada a vivir su familia tras el derribo de su casa: \u201cPantano colorado, animalucho dorado, cielo gris, tren rojo, tren amarillo, carpa verde, hierba fina dorada, naranjitas de penique anaranjadas, bayas blancas y lechosas, todo iluminado por el firmamento que reflejaba la luz de la nieve de la Ant\u00e1rtida\u201d M\u00e1s tarde, cuando abandona el \u00e1mbito rural, la pobreza le impide arreglarse sus dientes podridos, engendrando en la adolescente una verg\u00fcenza de la que no se librar\u00e1 en toda su vida. Otro ejemplo de esa pobreza avergonzada es el relato de infancia de Antonio Gamoneda. Gamoneda vive la escasez de la postguerra espa\u00f1ola, que se cierne tambi\u00e9n sobre familias como la suya, en la que la muerte temprana de su padre, maestro y autor de un libro de poemas, deja en la pobreza a madre y a hijo. Una escasez humillante que motiva su abandono de los estudios cuando en el colegio se mofan de que no tenga dinero para comprar los libros de texto: \u201cNo fue el sadismo ni los diversos aspectos y grados de la pederastia frailuna lo que me ech\u00f3 de los agustinos y acrecent\u00f3 mi maldad; fue la verg\u00fcenza de ser publicado pobre\u201d<em style=\"mso-bidi-font-style: normal;\">.<\/em> \u00c9sta y otras humillaciones est\u00e1n en el origen de su rabia contra la injusticia, pero tambi\u00e9n funcionan como un correlato po\u00e9tico de la profunda y hermos\u00edsima tristeza de su obra. Aunque, para los futuros escritores, la pobreza nunca es un peso imposible de sobrellevar, porque su riqueza estriba en el lenguaje, y este es un tesoro que se distribuye a partes iguales entre pobres y ricos; para comprobarlo solo hace falta leer a Eudora Welty o a Natalia Ginzburg, cuyos recuerdos infantiles se conforman en torno a la memoria de las palabras. La pobreza absoluta solo la he encontrado en Appelfeld, cuando relata su peregrinaje tras haberse escapado a los 10 a\u00f1os del Campo de exterminio nazi. Hambre, sed y soledad absoluta, abandono sin expresi\u00f3n posible. Y sin embargo, ante el hallazgo de un \u00e1rbol cargado de manzanas, su asombro propicia la presencia encantada de la madre perdida. El hambre tambi\u00e9n engendra estos prodigios. Leyendo a Appelfeld me he vuelto a avergonzar ante el brillo de las manzanas que ofrece en cada una de sus p\u00e1ginas, igual que de ni\u00f1a me avergonzaba, al dewslumbrarme, el resplandor mortal de \u201cLa ni\u00f1a de los f\u00f3sforos\u201d. En eso estriba la maravilla de la literatura, en el poder de transformar lo despreciable en envidiable, digno de ser guardado en la memoria igual que el a\u00f1a de Tolstoi guardaba en su cajita los higos y los caramelos, y de ser ofrecido a los lectores como se ofrece un talism\u00e1n. <\/span><\/p>\n<p class=\"MsoNormalCxSpMiddle\" style=\"text-align: justify; text-justify: inter-ideograph; line-height: 150%;\"><span style=\"font-family: 'American Typewriter';\">Memorias infantiles citadas:<\/span><\/p>\n<p class=\"MsoNormalCxSpMiddle\" style=\"text-align: justify; text-justify: inter-ideograph; line-height: 150%;\"><strong style=\"mso-bidi-font-weight: normal;\"><span style=\"font-family: 'American Typewriter';\">Aharon Appelfeld<\/span><\/strong><span style=\"font-family: 'American Typewriter';\">. \u201cHistoria de una vida\u201d. Pen\u00ednsula, 2004. <\/span><\/p>\n<p class=\"MsoNormalCxSpMiddle\" style=\"text-align: justify; text-justify: inter-ideograph; line-height: 150%;\"><strong style=\"mso-bidi-font-weight: normal;\"><span style=\"font-family: 'American Typewriter';\">Luis Mateo D\u00edez<\/span><\/strong><span style=\"font-family: 'American Typewriter';\">: \u201cD\u00edas de desv\u00e1n\u201d. Edilesa, 1997.<\/span><\/p>\n<p class=\"MsoNormalCxSpMiddle\" style=\"text-align: justify; text-justify: inter-ideograph; line-height: 150%;\"><strong style=\"mso-bidi-font-weight: normal;\"><span style=\"font-family: 'American Typewriter';\">Janet Frame<\/span><\/strong><span style=\"font-family: 'American Typewriter';\">: \u201cUn \u00e1ngel en mi mesa\u201d. Seix Barral, 1991. <\/span><\/p>\n<p class=\"MsoNormalCxSpMiddle\" style=\"text-align: justify; text-justify: inter-ideograph; line-height: 150%;\"><strong style=\"mso-bidi-font-weight: normal;\"><span style=\"font-family: 'American Typewriter';\">Antonio Gamoneda<\/span><\/strong><span style=\"font-family: 'American Typewriter';\">: \u201cUn armario lleno de sombra\u201d. Galaxia Gutenberg, 2009.<\/span><\/p>\n<p class=\"MsoNormalCxSpMiddle\" style=\"text-align: justify; text-justify: inter-ideograph; line-height: 150%;\"><strong style=\"mso-bidi-font-weight: normal;\"><span style=\"font-family: 'American Typewriter';\">Natalia Ginzburg<\/span><\/strong><span style=\"font-family: 'American Typewriter';\">: \u201cL\u00e9xico familiar\u201d. Lumen, 2009. <\/span><\/p>\n<p class=\"MsoNormalCxSpMiddle\" style=\"text-align: justify; text-justify: inter-ideograph; line-height: 150%;\"><strong style=\"mso-bidi-font-weight: normal;\"><span style=\"font-family: 'American Typewriter';\">Abel Hern\u00e1ndez<\/span><\/strong><span style=\"font-family: 'American Typewriter';\">: \u201cHistorias de Alcarama\u201d. Gadir, 2008.<\/span><\/p>\n<p class=\"MsoNormalCxSpMiddle\" style=\"text-align: justify; text-justify: inter-ideograph; line-height: 150%;\"><strong style=\"mso-bidi-font-weight: normal;\"><span style=\"font-family: 'American Typewriter';\">Vladimir Nabocov<\/span><\/strong><span style=\"font-family: 'American Typewriter';\">: \u201cHabla, memoria\u201d. Anagrama, 1994.<\/span><\/p>\n<p class=\"MsoNormalCxSpMiddle\" style=\"text-align: justify; text-justify: inter-ideograph; line-height: 150%;\"><strong style=\"mso-bidi-font-weight: normal;\"><span style=\"font-family: 'American Typewriter';\">Esperanza Ortega<\/span><\/strong><span style=\"font-family: 'American Typewriter';\">: \u201cLas cosas como eran\u201d. Menoscuarto, 2000.<\/span><\/p>\n<p class=\"MsoNormalCxSpMiddle\" style=\"text-align: justify; text-justify: inter-ideograph; line-height: 150%;\"><strong style=\"mso-bidi-font-weight: normal;\"><span style=\"font-family: 'American Typewriter';\">Le\u00f3n Tolstoi<\/span><\/strong><span style=\"font-family: 'American Typewriter';\">&#8211; \u201cMemorias. (Infancia-Adolescencia- Juventud). Casa editorial Maucci,1907.<\/span><\/p>\n<p class=\"MsoNormalCxSpMiddle\" style=\"text-align: justify; text-justify: inter-ideograph; line-height: 150%;\"><strong style=\"mso-bidi-font-weight: normal;\"><span style=\"font-family: 'American Typewriter';\">Eudora Welty<\/span><\/strong><span style=\"font-family: 'American Typewriter';\">: La palabra heredada. Impedimenta, 2013.<\/span><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>&nbsp; No hay nada m\u00e1s dif\u00edcil de explicar a un ni\u00f1o que la aceptaci\u00f3n social de la pobreza como algo inevitable. La pobreza engendra verg\u00fcenza, tanto si el ni\u00f1o la padece como si la percibe en su entorno. 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