{"id":305,"date":"2014-03-29T19:33:01","date_gmt":"2014-03-29T18:33:01","guid":{"rendered":"http:\/\/blogs.elnortedecastilla.es\/cosas-como-son\/?p=305"},"modified":"2014-03-29T19:33:01","modified_gmt":"2014-03-29T18:33:01","slug":"el-poeta-y-su-doble","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.elnortedecastilla.es\/cosas-como-son\/2014\/03\/29\/el-poeta-y-su-doble\/","title":{"rendered":"El poeta y su doble."},"content":{"rendered":"<p>&nbsp;<\/p>\n<p class=\"MsoNormalCxSpFirst\" style=\"text-align: justify; text-justify: inter-ideograph; line-height: 150%;\"><span style=\"font-size: 16.0pt; line-height: 150%;\"><span style=\"mso-spacerun: yes;\">\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 <\/span><br style=\"mso-spacerun: yes;\" \/><\/span><\/p>\n<p class=\"MsoNormal\" style=\"text-align: justify; text-justify: inter-ideograph; text-indent: 35.4pt;\"><span style=\"font-size: 14.0pt; font-family: 'Arial Narrow';\">En los primeros libros de Juan Ram\u00f3n Jim\u00e9nez se encuentran las claves de muchos de los hallazgos de su poes\u00eda posterior. Para demostrarlo, voy a fijarme en la figura del doble, que recorre toda su obra. <em style=\"mso-bidi-font-style: normal;\">Yo no soy yo, soy este\/ que va a mi lado sin yo verlo\/ que, a veces, voy a ver,\/ y que a veces olvido.\/ El que calla, sereno, cuando hablo\/el que perdona, dulce, cuando odio,\/ el que pasea por donde no estoy,\/ el que quedar\u00e1 en pie cuando yo muera. <\/em>\u00bfA qui\u00e9n no le fascinan estos versos de \u201cEternidades\u201d? Pues bien, la figura del doble no aparece en sus primeros libros con un tono tan conciliador, sino con un aspecto mucho m\u00e1s inquietante. Leemos en \u201cArias tristes\u201d: <em style=\"mso-bidi-font-style: normal;\">Alguna noche que he ido\/ solo al jard\u00edn, por los \u00e1rboles\/ he visto a un hombre enlutado\/ que no deja de mirarme\u2026 <\/em>En \u201cJardines lejanos\u201d, vuelve a aparecer el hombre enlutado, con el que llega a identificarse, aunque su aspecto sea el de un anciano de barba blanca: <\/span><em style=\"mso-bidi-font-style: normal;\"><span style=\"font-size: 14.0pt; font-family: 'Arial Narrow'; mso-bidi-font-family: 'American Typewriter';\">\u00bfSoy yo quien anda esta noche\/ por mi cuarto, o el mendigo\/ que rondaba mi jard\u00edn\/ al caer la tarde\u2026?<\/span><\/em><span style=\"font-size: 14.0pt; font-family: 'Arial Narrow'; mso-bidi-font-family: 'American Typewriter';\"> Leyendo \u201cRecuerdos\u201d, un libro de memorias <span style=\"mso-spacerun: yes;\">\u00a0<\/span>de J. R. Jim\u00e9nez para el que me pidieron el pr\u00f3logo, encontr\u00e9 la prehistoria de aquel mendigo enlutado, extra\u00f1o y parad\u00f3jicamente familiar al poeta, que aparec\u00eda en sus libros iniciales: <em style=\"mso-bidi-font-style: normal;\">Era un hombrecillo enano, magro, carnavalesco, iba envuelto en harapos sombr\u00edos y, en la suciedad del rostro, los ojos eran de un brillo, de un gui\u00f1o, de una burla inolvidables. Cuando fui a darle una limosna hab\u00eda desaparecido. Y qued\u00f3 en m\u00ed un fr\u00edo extra\u00f1o, algo as\u00ed como una entrada de calentura, una inquietud moral absurda y violenta. <\/em>Y el texto contin\u00faa con la descripci\u00f3n de otro encuentro: <em style=\"mso-bidi-font-style: normal;\">Pasaron los a\u00f1os (\u2026) en las altas horas de la noche de Madrid, el hombrecillo enano, magro y carnavalesco abri\u00f3 la portezuela. Brillaron los ojillos fijos y burlones. Vacil\u00f3 un instante, con el mismo fr\u00edo de la otra vez, baj\u00e9 del coche y mir\u00e9. Hab\u00eda nevado y la luna a\u00f1ad\u00eda plata azul a la plata blanca y fr\u00eda. Ni una sombra de hombre. \u00a1Nada! <\/em>Y termina: <em style=\"mso-bidi-font-style: normal;\">A\u00fan no ha llegado la tercera vez. Pero yo s\u00e9 que llegar\u00e1, que es inevitable. <\/em>Esa tercera aparici\u00f3n es, sin duda, la que le espera en el momento de la muerte. En otro fragmento, el poeta se preguntaba:<em style=\"mso-bidi-font-style: normal;\"> \u00bfEl hombre ese siempre era el cochero? <\/em>Y yo me pregunto<em style=\"mso-bidi-font-style: normal;\">: <\/em>\u00bfAcaso el cochero ser\u00e1 la imagen urbana de Caronte? La seguridad de que inevitablemente volver\u00e1 a presentarse el doble siniestro proviene de su certeza de que cualquier acontecimiento significativo se presenta antes o despu\u00e9s en el texto. Pero la experiencia de la vida no se traslada al poema de manera autom\u00e1tica, sino que sufre siempre una metamorfosis. Lo que nos muestran los poemas citados no es al hombrecillo mismo, sino la perturbaci\u00f3n que produjo su presencia en la psique del poeta. Lograr que el texto opere como talism\u00e1n contra este doble inquietante, que es la imagen misma de la muerte, ser\u00e1 desde entonces la tarea de juan Ram\u00f3n Jim\u00e9nez. Y lo conseguir\u00e1, en la etapa de su \u201cpoes\u00eda desnuda\u201d. Entonces ya no tendr\u00e1 que refugiarse en la fantas\u00eda y el ensue\u00f1o para huir de una realidad destructiva, sino que el descubrimiento de la \u201crealidad invisible\u201d har\u00e1 de la tarea del poeta una forma de desvelamiento de la vida escondida, presente en el mundo de las cosas cotidianas. Es en esta realidad nueva donde se encuentra con su doble ben\u00e9fico. En \u201cEternidades\u201d, Juan Ram\u00f3n formula en palabras su descubrimiento: el env\u00e9s de la realidad visible no es un agujero negro sino un foco de luz cegadora . El poeta Tomas Carlyle dec\u00eda en un texto dedicado a su padre muerto: <em style=\"mso-bidi-font-style: normal;\">Adi\u00f3s por \u00faltima vez en este mundo de sombras. En el mundo de las Realidades, \u00a1ojal\u00e1 el gran Padre nos re\u00fana de nuevo en perfecto amor!<\/em> En ambos poetas, la realidad visible, aparente, aparece identificada con la sombra, al contrario que la \u201crealidad invisible\u201d, el \u201cmundo de las Realidades\u201d, que posee el poder de comunicarnos con la verdad luminosa. Y estas dos miradas, la de Carlyle y la de J. R. Jim\u00e9nez, <span style=\"mso-spacerun: yes;\">\u00a0<\/span>remiten al mito de la caverna plat\u00f3nica: el oscuro mendigo del jard\u00edn no era m\u00e1s que una sombra de la que el poeta ha de desembarazarse para desvelar la realidad total, luminosa, de su doble po\u00e9tico. Entonces se atrever\u00e1 a hablarle a la muerte cara a cara, al darse cuenta de que vida y muerte, luz y sombra, hombre y poeta, son aliados en la b\u00fasqueda del equilibrio absoluto, Al menos esto es lo que leemos en \u201cCenit\u201d, otro poema de \u201cEternidades\u201d: <em style=\"mso-bidi-font-style: normal;\">Yo no ser\u00e9 yo, muerte,\/<\/em> <em style=\"mso-bidi-font-style: normal;\">hasta que t\u00fa te unas con mi vida\/ y me completes as\u00ed todo;\/ hasta que mi mitad de luz se cierre\/ con mi mitad de sombra\/ -y sea yo equilibrio eterno\/ en la mente del mundo:\/Unas veces, mi medio yo, radiante;\/ otras, mi otro medio yo, en olvido-.\/Yo no ser\u00e9 yo, muerte,\/hasta que t\u00fa en tu turno, vistas\/ de huesos p\u00e1lidos mi alma. <\/em>Esta evidencia, la de la muerte como reencuentro con el doble a\u00f1orado, es el mensaje de todos los poetas m\u00edsticos, pues la experiencia m\u00edstica es la experiencia de la muerte en vida: <span style=\"mso-spacerun: yes;\">\u00a0<\/span><em style=\"mso-bidi-font-style: normal;\">Vivo sin vivir en m\u00ed\/ y con tanta vida espero\/ que muero porque no muero<\/em>, dec\u00eda Teresa de \u00c1vila. \u00bfY c\u00f3mo conciliar este misticismo con un pensamiento materialista, en el que no hay ninguna certeza de que exista otra vida despu\u00e9s la muerte? En uno de sus \u00faltimos poemas, Juan Ram\u00f3n Jim\u00e9nez responde a esta pregunta, y lo hace por medio de una petici\u00f3n: <em style=\"mso-bidi-font-style: normal;\">Cuando est\u00e9 con las ra\u00edces\/ ll\u00e1mame t\u00fa con tu voz.\/ Me parecer\u00e1 que entra\/ temblando la luz del sol.<\/em> \u00bfA qui\u00e9n dirige su petici\u00f3n de ayuda? Se la dirige a sus posibles lectores futuros, imprescindibles para que el poeta regrese desde las fr\u00edas sombras de la tumba a la luz de la existencia real, carnal, plena. Ellos son los \u00fanicos que pueden evitar la mirada del hombrecillo nocturno, los que tendr\u00e1n el poder de neutralizar su energ\u00eda tan prosaica como mal\u00e9fica. De esa manera el poeta har\u00e1 realidad su deseo imperioso de existir fuera de la caverna, y mirar con nuevos ojos el mundo, finalmente libre de las cadenas de su propia sombra. <span style=\"mso-spacerun: yes;\">\u00a0\u00a0\u00a0<\/span><\/span><\/p>\n<p class=\"MsoNormal\" style=\"text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;\"><span style=\"font-size: 16.0pt; font-family: 'American Typewriter';\">\u00a0<\/span><\/p>\n<p class=\"MsoNormal\" style=\"margin-left: 70.8pt; text-align: justify; text-justify: inter-ideograph; text-indent: 35.4pt;\"><span style=\"font-size: 16.0pt; font-family: 'American Typewriter';\">\u00a0<\/span><\/p>\n<p class=\"MsoNormal\" style=\"text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;\"><span style=\"font-size: 16.0pt; font-family: 'American Typewriter';\">\u201cRecuerdos. Tempo\u201d, Juan Ram\u00f3n Jim\u00e9nez. Pr\u00f3logo de Esperanza Ortega. Visor, Madrid,2012.<\/span><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>&nbsp; \u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 En los primeros libros de Juan Ram\u00f3n Jim\u00e9nez se encuentran las claves de muchos de los hallazgos de su poes\u00eda posterior. Para demostrarlo, voy a fijarme en la figura del doble, que recorre toda su obra. 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