{"id":364,"date":"2015-02-12T20:09:17","date_gmt":"2015-02-12T19:09:17","guid":{"rendered":"http:\/\/blogs.elnortedecastilla.es\/cosas-como-son\/?p=364"},"modified":"2015-02-12T20:09:17","modified_gmt":"2015-02-12T19:09:17","slug":"el-primer-dia-de-la-creacion","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.elnortedecastilla.es\/cosas-como-son\/2015\/02\/12\/el-primer-dia-de-la-creacion\/","title":{"rendered":"El primer d\u00eda de la creaci\u00f3n"},"content":{"rendered":"<p>Estaban comenzando los a\u00f1os sesenta, la d\u00e9cada en la que entraron en mi casa todos los inventos modernos. Lleg\u00f3 el t\u00farmix y la televisi\u00f3n, y mi padre decidi\u00f3 comprarse un coche. \u00bfPor qu\u00e9 se habr\u00eda comprado un coche cuando todos sab\u00edamos lo poco que le gustaba viajar? As\u00ed que el d\u00eda en que lo estrenamos yo estaba tan encantada como sorprendida. \u00bfD\u00f3nde \u00edbamos? Me imaginaba\u00a0 \u2013entonces no ten\u00eda ni idea de las distancias- que ir\u00edamos a Valladolid o a Santander, las dos \u00fanicas ciudades que figuraban en mi geograf\u00eda particular. Sin embargo paramos enseguida,\u00a0 al entrar en Autilla del Pino. As\u00ed me dijeron que se llamaba aquel pueblo. En cuanto sal\u00ed del coche me fui corriendo en direcci\u00f3n a la plaza, pero enseguida tuve que volver sobre mis pasos. Mi padre caminaba hacia un lugar en donde solo hab\u00eda una barandilla. \u00bfQu\u00e9 se ve\u00eda desde all\u00ed? Nada -pens\u00e9 tras una primera ojeada- , nada en absoluto. El inmenso cielo azul y una explanada de tierra que parec\u00eda infinita. Al fondo, lejan\u00edsimas, entre una suave neblina que difuminaba sus perfiles, se distingu\u00edan unas monta\u00f1as de color sonrosado. As\u00ed que hab\u00edamos venido a mirar la nada, m\u00e1s o menos. Escudri\u00f1\u00e9 el paisaje con atenci\u00f3n y fui descubriendo unos mont\u00edculos \u00a0que parec\u00edan peque\u00f1os oteros de adobe, flotando en la inmensidad. \u00bfQu\u00e9 era eso? Eran los pueblos de Palencia, pueblos de adobe, p\u00e1lidos pueblos que se confund\u00edan con la tierra desnuda, como si hubieran crecido sin la intervenci\u00f3n de la mano del hombre: Grijota, Villaumbrales, Villamart\u00edn de Campos, Pedraza, Mazariegos\u2026 Hab\u00eda que fijarse para distinguirlos, y esa suerte de invisibilidad concertaba con el silencio que nos invad\u00eda. Eso lo recuerdo muy bien, que mi padre no dec\u00eda nada, atento como estaba a una voz interior, inaudible. Como me aburr\u00eda, me dio por pensar en lo que nos hab\u00edan explicado por la ma\u00f1ana en el colegio. Est\u00e1bamos estudiando la Creaci\u00f3n del mundo. Todo lo hizo Dios, en solo siete d\u00edas. <em>El primer d\u00eda hizo la luz. <\/em>Mira que luz -me dec\u00eda mi padre en ese momento-, mientras miraba al cielo, di\u00e1fano, igual que el primer d\u00eda. <em>Luego dej\u00f3 que la tierra se secara, tras haberla separado del agua de los mares\u2026.. <\/em>Para entonces ya hab\u00eda descubierto lo que hab\u00edamos venido a mirar: el mundo tal como era al comienzo de la Creaci\u00f3n, cuando cielo y tierra a\u00fan no se hab\u00edan separado del todo. Desde Autilla, todav\u00eda se confund\u00edan tierra y cielo en la lejan\u00eda, en la l\u00ednea sutil del horizonte. \u00a0Se lo dije a mi padre, que se ri\u00f3 con ganas de mi ocurrencia; lo digo porque lo contaba una y otra vez: hab\u00edamos comprado el coche para eso, ahora ya lo hab\u00eda entendido. Desde entonces el Mirador de Autilla\u00a0 es aquella tarde de un oto\u00f1o lejano en que vi el mundo reci\u00e9n nacido. Ese desnudo contundente muestra el p\u00e1ramo, hollado lo indispensable para que exista la vida. Aquella tarde sumergida en un silencio que se huele y se toca, que invita a callar, a mirar hacia dentro, sigue all\u00ed, esper\u00e1ndonos. Siempre. Siempre que vuelvo al mirador se superpone aquella nada primigenia a lo que veo hoy, de tal manera que consigo abstraerme y evitar \u00a0las se\u00f1ales el\u00e9ctricas, \u00a0los molinos de viento o los tejados de uralita verde que ahora asaltan la plenitud de la creaci\u00f3n, virgen, intacta. \u201cNo hemos venido a ver sino a no ver\u201d, \u00a0advert\u00eda San Juan de la Cruz a sus hermanos, cuando se deten\u00edan a admirar hermosos parajes. A no ver, es eso lo que se aprende mirando atentamente desde el otero de Autilla. Luego me he asomado a muchos miradores, con la misma curiosidad, con la misma esperanza. En Palencia tambi\u00e9n tenemos el de\u00a0 Piedrasluengas, desde donde se ve un paisaje majestuoso, inolvidable, pero ni en Piedrasluengas ni en ning\u00fan otro mirador\u00a0 se distingue con tanta nitidez la infinitud habitada, que transforma en habitable a la nada, al vac\u00edo. He visto, s\u00ed, el mismo panorama en los cuadros de D\u00edaz Caneja, el pintor palentino, cuya obra, para verse de verdad,\u00a0 necesita ser mirada con los mismos ojos que miran desde el mirador de Autilla. Pasados los a\u00f1os, ojeando los libros de mi padre, Te\u00f3filo Ortega, hall\u00e9 un texto que tambi\u00e9n est\u00e1 escrito desde aqu\u00ed. Pertenece a su libro \u201cLa voz del paisaje\u201d, obra en la que intenta traducir en palabras la voz milenaria de la tierra que vimos aquel d\u00eda. Una voz silenciosa, profunda, anterior a la humana, que nos invita a callar. Dice al describir precisamente este paraje: \u201cEl \u00e1ncora que sujeta, en el puerto de todo lo ef\u00edmero y terreno, el bajel de nuestro esp\u00edritu, abandona las quietas profundidades concedi\u00e9ndonos la deseada libertad. Olvidamos este lugar y este siglo, y fuera de los enojosos l\u00edmites de espacio y de tiempo, paralizamos nuestros movimientos, sobrecogidos de extraordinaria emoci\u00f3n. Cerramos los ojos, y en posesi\u00f3n de lo contemplado, permitimos que, a costa de nuestro callado vivir material, se desarrolle y expanda la vida del esp\u00edritu. Para lo que est\u00e1 desnudo y se proyecta m\u00e1s all\u00e1 del tiempo, tambi\u00e9n nuestra alma desnuda sobre la caediza actualidad\u2026\u201d S\u00ed, hay que cerrar los ojos para ver lo invisible, esa cualidad que Pino identificaba con la tierra de Castilla: \u201c\u00bfExistir\u00e1 Castilla en la ma\u00f1ana?\u201d, se pregunta el poeta, y la voz del paisaje \u00a0le contesta que s\u00ed, \u201cdonde se escucha volar, aunque el sonido se pierda\u2026.\u201d Rilke tambi\u00e9n lo hab\u00eda dicho con su voz de poeta total: \u201c\u2026porque los hombres somos las abejas de lo invisible. Libamos desesperadamente la miel de lo visible para acumularla en la gran colmena de oro de lo que no se ve\u201d. Para ver lo invisible, los seres humanos abandonaron su instinto animal de vigilancia y se entregaron al placer contemplativo. \u00a0\u00bfFue aqu\u00ed donde un d\u00eda decidi\u00f3 erguirse el primer hombre? Yo creo que muy bien pudo ser aqu\u00ed donde abandon\u00f3 la ruin existencia a cuatro patas que \u00fanicamente le permit\u00eda ver su propia sombra sobre el suelo. Aqu\u00ed precisamente, en esta tierra sin caminos, donde solo sus huellas comenzaron a dibujar un destino humano. Cuando la tierra a\u00fan era plana y todo era m\u00e1s all\u00e1. Pero el mundo ha dado muchas vueltas desde entonces, y se han sucedido las noches y los d\u00edas. Y en aquella tarde rememorada, \u00a0el d\u00eda acab\u00f3 cediendo y se puso el sol. \u00a1Qu\u00e9 puesta de sol la de Autilla del Pino!\u00a1Qu\u00e9 dramatismo sosegado el de su luz en derrota! No intenten contarle a nadie c\u00f3mo es, d\u00edganles que vengan hasta aqu\u00ed a mirar.<\/p>\n<p>De entre las much\u00edsimas veces que volv\u00ed durante mi infancia al mirador de Autilla, hay otra que no he olvidado. Lo cont\u00e9 en mi libro \u201cLas cosas como eran\u201d, y no voy a repetirlo aqu\u00ed de nuevo, con todos sus detalles. Solo dir\u00e9 que fue la \u00faltima tarde que mi padre sali\u00f3 de casa, el d\u00eda en que yo me di cuenta de que se iba a morir. Casi no se ten\u00eda en pie cuando se apoy\u00f3 en la barandilla del mirador. La tarde aquella, ni mi madre ni yo mir\u00e1bamos el paisaje, le mir\u00e1bamos a \u00e9l, que miraba por nosotros el d\u00eda sin final. Desde entonces veo siempre lo mismo en Autilla del Pino: vida y muerte mir\u00e1ndose a los ojos, promesa y olvido, destino y ocaso, primer y \u00faltimo d\u00eda. Y escucho una voz tan ancestral como la del G\u00e9nesis. Me dice: <em>en la placidez de esta planicie ilimitada, Dios se qued\u00f3 en silencio y decidi\u00f3 tenderse a descansar.<\/em> \u00bfA\u00fan sigue all\u00ed?<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Estaban comenzando los a\u00f1os sesenta, la d\u00e9cada en la que entraron en mi casa todos los inventos modernos. 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