{"id":643,"date":"2018-04-24T22:35:42","date_gmt":"2018-04-24T21:35:42","guid":{"rendered":"http:\/\/blogs.elnortedecastilla.es\/cosas-como-son\/?p=643"},"modified":"2018-04-24T22:35:42","modified_gmt":"2018-04-24T21:35:42","slug":"con-pipe-por-el-campo-grande","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.elnortedecastilla.es\/cosas-como-son\/2018\/04\/24\/con-pipe-por-el-campo-grande\/","title":{"rendered":"Con Pipe por el Campo Grande"},"content":{"rendered":"<h1>La cultura de una ciudad no se calibra por sus escuelas y por sus librer\u00edas, sino por el n\u00famero y calidad de sus jardines p\u00fablicos. Porque un jard\u00edn es un remedo del Ed\u00e9n primordial, ese lugar preparado para el disfrute del g\u00e9nero humano, del que fuimos expulsados por nuestra mala cabeza en medio de una naturaleza hostil, donde todos los placeres nos acaban pasando factura. Por eso los poderosos se prepararon pronto sus jardines propios, hasta que, en el siglo XVI, se abrieron los primeros jardines para el uso p\u00fablico y general. Fue en el tiempo en que se cre\u00eda que los hombres mismos pod\u00edan crear \u201clugares amenos\u201d donde sentir la dicha de nacer de nuevo. Y desde entonces el jard\u00edn en una ciudad no representa solo su pulm\u00f3n, sino tambi\u00e9n su coraz\u00f3n palpitante. Los jardines son la memoria de lo que fuimos y fundan en ella un nuevo pacto con la naturaleza, para vencer las inclemencias sin dejar de ser humanamente perdedores. De ah\u00ed que sus plantas tengan solo una funci\u00f3n ornamental, sin otra utilidad que el hacernos libres e inocentes de nuevo. \u00bfPor qu\u00e9 si no los jardines est\u00e1n llenos de ni\u00f1os y de ancianos, es decir, de aquellos que viven en el presente, que es el tiempo imposible del Para\u00edso Terrenal? Pues bien, en Valladolid, los jardines est\u00e1n abandonados a su suerte, como si la ciudad no los necesitara. Me lo digo mientras paseo por las Moreras, ese parque deshilvanado que nunca ha llegado a ser jard\u00edn, con la excepci\u00f3n del milagro de su Rosaleda. Llego al Poniente con mis cavilaciones, y lo hallo herido por las excavadoras, entre los escombros y la desmemoria. \u00bfY qu\u00e9 me dicen del Campo Grande, cuyos \u00e1rboles languidecen, enfermos de abandono y melancol\u00eda, desde el tiempo en que Le\u00f3n de la Riva levant\u00f3 su puerta monumental, m\u00e1s apropiada para entrar en el Infierno de Dante que en el Para\u00edso perdido de Milton? \u00a1Ay sus ramas tendidas, esperando un nuevo renacimiento de la ciudad!\u00a0 Me siento en un banco polvoriento, mientras un pavo se ense\u00f1orea en su paseo central, y a lo lejos aparece Pipe, que decidi\u00f3 abandonarnos la semana pasada, sin aviso previo, como \u00e9l hac\u00eda siempre las cosas. No, no busquen en Internet. Pipe no escrib\u00eda ni pintaba ni se subi\u00f3 nunca a un escenario, aunque haya sido el m\u00e1s aut\u00e9ntico entre una generaci\u00f3n de artistas vallisoletanos. Porque Pipe, como Ad\u00e1n irredento que era, no se amold\u00f3 nunca a vivir en este valle de l\u00e1grimas. Ca\u00edn y Abel conviv\u00edan en su interior, en donde batallaban la ternura y la desobediencia, su brutal originalidad y su inocencia salvaje. \u00a1Pobre Pipe! El ansia de para\u00edso acab\u00f3 por convertir su vida en un infierno. Y sin embargo, lo \u00fanico que queda de \u00e9l en m\u00ed ahora es su risa y sus relatos maravillosos y sus silencios densos, cargados de palabras exactas, indecibles, iluminadas por el resplandor de lo verdadero. Amante de los ni\u00f1os y de los animales, con esa preocupaci\u00f3n suya, propia del que no ha tenido una infancia feliz, siempre me preguntaba al mirar a mis hijos, como si fuera el inspector de la alegr\u00eda infantil: \u00bfLes llevas al Campo Grande? Pipe se me aparece como el guardi\u00e1n entre el centeno, igual que entonces, en la primavera aquella en que hasta la desdicha ol\u00eda a promesa inmerecida. S\u00ed, Pipe, llev\u00e9 a mis hijos y ahora llevo a mis nietos. Por eso hay que salvar el Campo Grande, para que los ni\u00f1os sigan corriendo entre las sombras de los muertos y de los que vivimos todav\u00eda, como t\u00fa lo hac\u00edas de ni\u00f1o, en aquella foto que nos ense\u00f1abas, con tu abrigo largo de pa\u00f1o color beige. Pipe, cargado ya para siempre de raz\u00f3n, contra toda esperanza.<\/h1>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>La cultura de una ciudad no se calibra por sus escuelas y por sus librer\u00edas, sino por el n\u00famero y calidad de sus jardines p\u00fablicos. 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