{"id":771,"date":"2019-09-27T22:29:23","date_gmt":"2019-09-27T21:29:23","guid":{"rendered":"https:\/\/blogs.elnortedecastilla.es\/cosas-como-son\/?p=771"},"modified":"2019-09-27T22:29:23","modified_gmt":"2019-09-27T21:29:23","slug":"libros-que-crecian-como-la-hierba","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.elnortedecastilla.es\/cosas-como-son\/2019\/09\/27\/libros-que-crecian-como-la-hierba\/","title":{"rendered":"Libros que crec\u00edan como la hierba"},"content":{"rendered":"<p><strong>Libros que crec\u00edan como la hierba.<\/strong><\/p>\n<p>\u00bfQui\u00e9n es capaz de reproducir el primer relato que ley\u00f3 de ni\u00f1o? Seguro que hay muchos m\u00e1s que contestar\u00edan afirmativamente si les pregunt\u00e1ramos por un cuento que escucharon de labios de alguna figura familiar. Esto ocurre porque, antes de que el ni\u00f1o aprenda a leer, accede a la experiencia literaria por medio del relato oral. Sin duda lo que digo es una perogrullada, pero me consta que, en la actualidad, por la competencia de m\u00f3viles y tablets, se est\u00e1 perdiendo la sana costumbre de que los padres cuenten cuentos a sus hijos. Sin embargo, cuando acudimos a las memorias de infancia de los escritores, nos encontramos con que sus primeros recuerdos literarios suelen ser canciones, retah\u00edlas, romances y relatos, siempre de transmisi\u00f3n oral. La literatura popular tiene adem\u00e1s un valor igualatorio indudable \u00bfQu\u00e9 otra herencia podr\u00eda transmitir a su prole el hombre m\u00e1s pobre del mundo?\u00a0 Y cuando le arranca de la intimidad de su cuerpo, \u00bfqu\u00e9 otro don puede regalar una madre al reci\u00e9n nacido que no sea la lengua con la que le cuenta el secreto de su origen y destino? Por eso han sido madres y abuelas fundamentalmente las transmisoras de los textos de la cultura popular.\u00a0 Voy a referirme, sin embargo, a un caso en que es el padre el m\u00e1s interesado en contar a sus hijos una historia que \u00e9l mismo recibi\u00f3 de sus antecesores.\u00a0 Me refiero al relato de \u201cEl rat\u00f3n y la monta\u00f1a\u201d, al que alude el intelectual antifascista Antonio Gramsci cuando escribe a su mujer desde la c\u00e1rcel y le pide que sea ella la que haga lo que \u00e9l no puede hacer en persona: contar un cuento a sus hijos:<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>\u201cQuerr\u00eda contarle a Delio un cuento de mi tierra. Te lo resumo y t\u00fa se lo contar\u00e1s a \u00e9l y a Giuliano: un ni\u00f1o duerme. Hay un vaso de leche preparado para cuando despierte. Un rat\u00f3n se bebe la leche. El ni\u00f1o grita por no tener leche. El rat\u00f3n, desesperado, se da cabezazos contra la pared, pero se da cuenta de que eso no sirve para nada y corre a pedirle leche a la cabra. La cabra solo le dar\u00e1 leche si tiene hierba que comer. El rat\u00f3n va al campo por hierba y el campo seco le pide agua. El rat\u00f3n va a la fuente. La fuente est\u00e1 destruida por la guerra y el agua se pierde. Quiere que el alba\u00f1il la arregle. El rat\u00f3n va a buscar al alba\u00f1il, y este le contesta que necesita piedras para arreglar la fuente. El rat\u00f3n va a la monta\u00f1a y se produce un di\u00e1logo emocionante entre el rat\u00f3n y la monta\u00f1a, que ha sido deforestada y muestra sus huesos sin tierra. El rat\u00f3n cuenta toda la historia y promete que el ni\u00f1o, cuando sea mayor, plantar\u00e1 pinos, robles, casta\u00f1os etc. La monta\u00f1a le cree y le da piedras \u2026. Y el ni\u00f1o tiene tanta leche que hasta se lava con ella. Crece, planta los \u00e1rboles, todo cambia. Los huesos de la monta\u00f1a desaparecen bajo un humus nuevo; la lluvia vuelve a ser regular porque los arboles retienen la humedad y evitan que los torrentes destruyan la llanura\u2026 Querid\u00edsima Giulia, tienes que contarles este cuento y explicarme despu\u00e9s las impresiones de los ni\u00f1os. Te abrazo tiernamente: Antonio\u201d<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>El maridaje entre el relato y la naturaleza, que tan bien representa \u201cEl rat\u00f3n y la monta\u00f1a\u201d, me recuerda una an\u00e9cdota de mi primera infancia, cuando todav\u00eda no sab\u00eda leer y cre\u00eda que los libros no se compraban en las tiendas como los otros objetos de uso cotidiano, sino que crec\u00edan en las estanter\u00edas, igual que las plantas. As\u00ed lo cont\u00e9 en \u201cLas cosas como eran\u201d, mi libro de memorias, aunque con cierto malestar, pues tem\u00eda que mi recuerdo iba a parecer inveros\u00edmil. Por eso me alegr\u00e9 tanto al encontrar en \u201cLa palabra heredada\u201d, de Eudora Welty, un recuerdo muy semejante:<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>\u201cMe asombr\u00f3 y me decepcion\u00f3 descubrir que los libros de cuentos los hab\u00edan escrito las personas, que los libros no eran maravillas de la naturaleza que brotaran como la hierba. Con todo, ajena a su procedencia, no puedo recordar un solo momento en que no estuviera enamorada de ellos \u2013de los propios libros, de las cubiertas, la encuadernaci\u00f3n y el papel en que estaban impresos, de su olor y de su peso, y los cog\u00eda en brazos, como si los hubiese capturado y los poseyera, y me los llevaba a un rinc\u00f3n. A\u00fan analfabeta, ya estaba lista para los libros\u201d<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>\u00bfAcaso la contemplaci\u00f3n de los adultos enfrascados en la lectura contribuir\u00eda a crear ese aura misteriosa alrededor del libro? \u00bfY qu\u00e9 hay m\u00e1s misterioso que la naturaleza? \u00bfM\u00e1s misterioso o, al contrario, m\u00e1s sencillo para el ni\u00f1o, enfrascado \u00e9l mismo en el misterio del crecimiento y la transformaci\u00f3n? Pero es en la obra de otra escritora, la poeta portuguesa Sofhia de Mello, en donde he hallado la expresi\u00f3n exacta de la comuni\u00f3n, previa a la cultura, entre naturaleza y poes\u00eda. Rememora Sofhia de Mello el tiempo en que, sin saber leer a\u00fan, sinti\u00f3 su primera emoci\u00f3n po\u00e9tica:<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>\u201cEn mi infancia, antes de saber leer, o\u00ed recitar y aprend\u00ed de memoria un antiguo poema tradicional portugu\u00e9s, llamado \u201cNau Catrineta\u201d. Tuve as\u00ed la suerte de empezar por la tradici\u00f3n oral, la suerte de conocer el poema antes de conocer la literatura.<\/p>\n<p>Era yo tan muchacha que ni sab\u00eda que los poemas eran escritos por personas, sino que juzgaba que eran consubstanciales al universo, que eran la respiraci\u00f3n de las cosas, el nombre de este mundo dicho por \u00e9l mismo. Pensaba tambi\u00e9n que, si consegu\u00eda quedarme completamente inm\u00f3vil y muda en ciertos lugares m\u00e1gicos del jard\u00edn, conseguir\u00eda o\u00edr uno de esos poemas que el mismo aire conten\u00eda en s\u00ed.<\/p>\n<p>En el fondo, toda mi vida intent\u00e9 escribir ese poema inmanente. Y aquellos momentos de silencio en el fondo del jard\u00edn me ense\u00f1aron, mucho tiempo m\u00e1s tarde, que no hay poes\u00eda sin silencio, sin que se haya creado el vac\u00edo y la despersonalizaci\u00f3n\u201d.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>La lectura, para aquel que ha tenido la experiencia literaria oral antes de aprender a leer, supone un reconocimiento, un encuentro con algo que ya le era familiar: la planta invisible cuyo aroma impregnar\u00e1 siempre las hojas de los libros. Literatura y naturaleza, hermanadas en la memoria sin necesidad de ninguna otra ilustraci\u00f3n explicativa.\u00a0 Pero para el que no haya tenido esa experiencia inicial, ser\u00e1 muy dif\u00edcil que el libro adquiera ese car\u00e1cter m\u00e1gico, de llamada inexplicable y cautivadora.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Libros que crec\u00edan como la hierba. \u00bfQui\u00e9n es capaz de reproducir el primer relato que ley\u00f3 de ni\u00f1o? 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