{"id":774,"date":"2019-11-09T13:06:12","date_gmt":"2019-11-09T12:06:12","guid":{"rendered":"https:\/\/blogs.elnortedecastilla.es\/cosas-como-son\/?p=774"},"modified":"2019-11-09T13:06:12","modified_gmt":"2019-11-09T12:06:12","slug":"camino-del-colegio","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.elnortedecastilla.es\/cosas-como-son\/2019\/11\/09\/camino-del-colegio\/","title":{"rendered":"Camino del colegio"},"content":{"rendered":"<p>&nbsp;<\/p>\n<p>La palabra \u201cescuela\u201d proviene del griego \u201cscol\u00e9\u201d, que significaba tiempo de ocio. Coincide la etimolog\u00eda con la publicidad de los centros escolares, que, sobre todo en los primeros cursos, insiste en que el ni\u00f1o aprende por medio del juego. Sin embargo, si leemos las memorias de los escritores, encontramos que nos ofrecen recuerdos bien distintos. En vez de juego, aburrimiento infinito, en vez de amabilidad y comprensi\u00f3n, represi\u00f3n de sus deseos m\u00e1s elementales. Pero existe una gran diferencia entre el recuerdo de unos colegios y otros. Las escuelas p\u00fablicas de zonas rurales son rememoradas en general con cari\u00f1o, como comprobamos al leer las memorias de Luis Mateo D\u00edez o Abel Hern\u00e1ndez. Ocurre lo contrario con los colegios cat\u00f3licos. Si hacemos caso a James Joyce, peor que los castigos f\u00edsicos era la conciencia de culpa con la que all\u00ed tatuaban para siempre el esp\u00edritu de los alumnos. En su \u201cRetrato del artista adolescente\u201d, recuerda, por medio de Stephen Dedalus, su <em>alter ego<\/em>, un retiro espiritual en el que sinti\u00f3 la proximidad de una muerte merecida por sus pecados carnales:<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>El d\u00eda siguiente aport\u00f3 consigo muerte y juicios y con ellos el despertar del alma de Stephen de su inerte desesperaci\u00f3n. La vaga vislumbre del miedo se convirti\u00f3 ahora en espanto cuando la voz ronca del predicador fue introduciendo la idea de la muerte en su alma. Sufri\u00f3 todas las miserias de la agon\u00eda (\u2026) la impotencia de los miembros moribundos; la palabra que se iba haciendo torpe e indecisa, extingui\u00e9ndose poco a poco; el palpitar del coraz\u00f3n, cada vez m\u00e1s tenue, m\u00e1s tenue, casi rendido ya, y el soplo, el pobre soplo vital, el triste e inerte esp\u00edritu humano, sollozante y suspirante, en un ronquido, en un estertor, all\u00e1 en la garganta. \u00a1No hay salvaci\u00f3n! \u00a1No hay salvaci\u00f3n!<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Otro de los esc\u00e1ndalos de los colegios cat\u00f3licos, pensados para educar a la \u00e9lite social, era el desprecio que sufr\u00edan los alumnos de clase baja. Esta fue la causa de que Antonio Gamoneda dejara de estudiar el bachillerato en los agustinos, seg\u00fan relata \u00e9l mismo en \u201cUn armario lleno de sombra\u201d:<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Yo, cuando iba a clase, consultaba las lecciones por el libro del compa\u00f1ero de pupitre: no ten\u00eda libros porque mi madre no pod\u00eda compr\u00e1rmelos. Los frailes comprendieron la situaci\u00f3n, pero hubo uno que no lo comprendi\u00f3 o no quiso comprenderlo (\u2026) El padre Anacleto decidi\u00f3 ponerme de pie todos los d\u00edas al lado del estradillo, comunicando a los dem\u00e1s alumnos, tambi\u00e9n todos los d\u00edas, que all\u00ed y as\u00ed habr\u00eda de estar hasta que no me llegase el libro. Fue un trance prolongado y amargo (\u2026) Aprovechando mi visibilidad, (otro alumno) hac\u00eda correr la informaci\u00f3n de que yo iba calzado con zapatos de mujer. La crueldad y la risa se generalizaban. Efectivamente, yo no ten\u00eda calzado para el invierno leon\u00e9s. Mi madre no encontr\u00f3 otra soluci\u00f3n que rebajar el escaso tac\u00f3n de unos viejos zapatos de mi abuela y calzarme con ellos. No llegaban a pasar por zapatos masculinos. La pobreza es grotesca muchas veces. No fue el sadismo ni los diversos aspectos y grados de la pederastia frailuna lo que me ech\u00f3 de los agustinos y acrecent\u00f3 mi maldad; fue la verg\u00fcenza de ser publicado pobre.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Las escritoras, sin embargo, nos ofrecen una visi\u00f3n menos t\u00e9trica de los colegios religiosos. Simone de Beauvoir, la autora de \u201cEl segundo sexo\u201d, recuerda con gratitud el colegio cat\u00f3lico en donde fue educada en sus \u201cMemorias de una joven formal\u201d. Rosa Chacel no se muestra tan entusiasta cuando habla de las Carmelitas de Valladolid, colegio al que asisti\u00f3 solo unos d\u00edas, pero su reproche solo ata\u00f1e a la escasa inteligencia de las monjas:<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Llegu\u00e9 un lunes al colegio y en el recreo se le ocurri\u00f3 a la hermana Pura preguntarme: \u00bfQu\u00e9 hiciste ayer domingo? Como llovi\u00f3 tanto no ir\u00edas de paseo. Yo contest\u00e9: &#8211; No, hermana Pura, estuve en casa toda la tarde, haciendo t\u00edteres con mi pap\u00e1. -\u00a1T\u00edteres! \u00a1Qu\u00e9 ocurrencia!, no debes hacer eso. La Virgen Mar\u00eda no hac\u00eda t\u00edteres-. Yo no s\u00e9 qu\u00e9 contest\u00e9, me escabull\u00ed para que la monja no viese el desprecio de mi mirada.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>La lista de escritores que rememoran sus a\u00f1os de colegio es interminable, y la diversa manera de vivir experiencias similares es tambi\u00e9n notoria, como demuestran los testimonios de Vicente Aleixandre y Rafael Alberti, que asistieron al colegio de los jesuitas, de M\u00e1laga y Puerto de Santa Mar\u00eda, respectivamente. Alberti iba al colegio apesadumbrado y temeroso. As\u00ed lo recuerda en estos fragmentos de \u201cRetornos de los d\u00edas colegiales\u201d:<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Va repitiendo nombres a ciegas, va torciendo<\/p>\n<p>de memoria y sin ganas las esquinas. No ignora<\/p>\n<p>que irremediablemente la calle de la Luna,<\/p>\n<p>la de las Never\u00edas, la del Sol y las Cruces<\/p>\n<p>van a dar al cansancio de alg\u00fan libro de texto.<\/p>\n<p>(\u2026)<\/p>\n<p>Las horas prisioneras en un duro pupitre<\/p>\n<p>lo amarran como a un pobre remero castigado<\/p>\n<p>que entre las paralelas rejas de los renglones<\/p>\n<p>mira su barca y llora por asirse del aire.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Aleixandre, al contrario, recorr\u00eda un camino semejante envuelto por un halo de beatitud, hasta el punto de que se sent\u00eda ascender sobre el suelo. Dice en \u201cAl colegio\u201d:<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Yo iba en bicicleta, casi alado, aspirante.<\/p>\n<p>Y hab\u00eda anchas aceras por aquella calle soleada.<\/p>\n<p>(\u2026)<\/p>\n<p>Ah, nada era terrible.<\/p>\n<p>La c\u00e9ntrica calle ten\u00eda una posible cuesta y yo ascend\u00eda impulsado.<\/p>\n<p>Un viento barr\u00eda los sombreros de las viejas se\u00f1oras.<\/p>\n<p>Los \u00e1rboles en hilera eran un vapor inm\u00f3vil, delicadamente<\/p>\n<p>suspenso bajo el azul. Y yo casi ya por el aire,<\/p>\n<p>yo apresurado pasaba en mi bicicleta y me sonre\u00eda\u2026<\/p>\n<p>Y recuerdo perfectamente c\u00f3mo misteriosamente plegaba<\/p>\n<p>mis alas en el umbral mismo del colegio.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Alberti hubiera querido asirse del aire para salir volando, mientras Aleixandre, alegremente, ascend\u00eda y descend\u00eda a discreci\u00f3n de la realidad a la fantas\u00eda. \u00bfLa diferencia entre los dos estribar\u00eda \u00fanicamente en ir andando o ir en bicicleta al colegio? No, con seguridad. Hay algo m\u00e1s hondo detr\u00e1s de la dicha o la desdicha del ni\u00f1o que acude a la escuela, algo que, en cualquier caso, marcar\u00e1 su personalidad de manera indeleble, como demuestran estos dos poemas. Por eso nada disculpa a los que hac\u00edan desdichados a los m\u00e1s peque\u00f1os: aquellos aguafiestas los alejaban tanto de la alegr\u00eda como de la bondad, porque, como afirm\u00f3 Oscar Wilde, \u201cEl mejor medio para hacer buenos a los ni\u00f1os es hacerlos felices\u201d.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>&nbsp; La palabra \u201cescuela\u201d proviene del griego \u201cscol\u00e9\u201d, que significaba tiempo de ocio. Coincide la etimolog\u00eda con la publicidad de los centros escolares, que, sobre todo en los primeros cursos, insiste en que el ni\u00f1o aprende por medio del juego. 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