{"id":784,"date":"2020-06-21T01:12:18","date_gmt":"2020-06-21T00:12:18","guid":{"rendered":"https:\/\/blogs.elnortedecastilla.es\/cosas-como-son\/?p=784"},"modified":"2020-06-21T01:12:18","modified_gmt":"2020-06-21T00:12:18","slug":"ellos-tampoco-podian-respirar","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.elnortedecastilla.es\/cosas-como-son\/2020\/06\/21\/ellos-tampoco-podian-respirar\/","title":{"rendered":"ELLOS TAMPOCO POD\u00cdAN RESPIRAR"},"content":{"rendered":"<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><strong>Ellos tampoco pod\u00edan respirar<\/strong><\/p>\n<p>\u201c\u00a1No puedo respirar!, \u00a1No puedo respirar!\u201d Este grito no es solo la queja de un hombre negro que agoniza debajo de la bota de un polic\u00eda en Minneapolis, tambi\u00e9n fue y sigue siendo la queja de muchos enfermos de la Covid19 cuando sienten que se ahogan y piden un respirador. \u201c\u00a1No puedo respirar!\u201d, musitaba la joven Miranda mientras luchaba por su vida en un hospital de Denver justo el d\u00eda en que se celebraba el fin de la Primera Guerra Mundial. As\u00ed nos retrata Katherine Porter a su alter ego en \u201cP\u00e1lido caballo, p\u00e1lido jinete\u201d. Porter hab\u00eda padecido en su juventud la Gripe del 18, y qued\u00f3 marcada por aquella epidemia que se llev\u00f3 tambi\u00e9n a numerosos amigos suyos en la flor de la edad pues, a diferencia de la Covid19, aquel virus atacaba especialmente a los ni\u00f1os y j\u00f3venes. Y como los ni\u00f1os sol\u00edan morir, no quedan testimonios de haberla padecido en la infancia entre los autores que escriben sus memorias. Una excepci\u00f3n es la de Antonhy Burgess, que comienza su relato autobiogr\u00e1fico \u201cEl peque\u00f1o Wilson y el gran Dios\u201d con la escena dantesca que se encontr\u00f3 su padre cuando regres\u00f3 a casa desde el frente:<\/p>\n<p>\u201cLos primeros recuerdos de uno suelen ser indirectos: te dicen que hiciste o participaste en algo; uno lo dramatiza y guarda la imagen falsa en los anales de los recuerdos verdaderos. Pues bien, A principios de 1919, mi padre, a\u00fan no licenciado, lleg\u00f3 a Carisbrook Street en uno de sus permisos y encontr\u00f3 muertas a mi madre y a mi hermana. La pandemia de gripe hab\u00eda atacado Harpurhey. No cab\u00eda duda sobre la existencia de un Dios: s\u00f3lo el ser supremo pod\u00eda inventar un sainete tan ingenioso despu\u00e9s de cuatro a\u00f1os de sufrimiento y devastaci\u00f3n sin precedentes. Por lo visto yo cloqueaba en la cuna mientras mi madre y mi hermana yac\u00edan muertas en una cama en la misma habitaci\u00f3n\u201d.<\/p>\n<p>Muchos fueron los que se contagiaron al regreso de la Guerra, aunque el caso paradigm\u00e1tico, al menos en el \u00e1mbito literario, es el de Apollinaire, que se estaba recuperando en Par\u00eds de una herida sufrida en combate cuando contrajo la gripe. El cortejo que le acompa\u00f1\u00f3 en su entierro, en donde estaban Picasso y Modigliani, se encontr\u00f3 con una multitud entusiasta que festejaba el Armisticio.<\/p>\n<p>Yo sab\u00eda algo de la mal llamada \u201cGripe Espa\u00f1ola\u201d por los relatos de mi padre, Te\u00f3filo Ortega, que la padeci\u00f3 cuando ten\u00eda trece a\u00f1os y que presum\u00eda de contarse entre los pocos que hab\u00edan sobrevivido, aunque arrastr\u00f3 siempre la secuela de una bronquitis cr\u00f3nica y una hipocondr\u00eda igual de cr\u00f3nica. En un texto de 1932, identific\u00e1ndose con el licenciado Vidriera de Cervantes, comentaba:<\/p>\n<p>\u201cEn su juventud, seg\u00fan mis datos, padeci\u00f3 una enfermedad del pecho y era tal el miedo que al fr\u00edo y a la influencia del viento y de las corrientes de aire tom\u00f3 desde entonces, que abrigaba y proteg\u00eda su pecho como si de cristal quebradizo se tratase. Y este miedo a que el pu\u00f1al del fr\u00edo le penetrase transform\u00f3se despu\u00e9s en el estado de su locura en miedo a romperse si golpe de mano humana llegara a tocarlo. Me abstengo de se\u00f1alar las fuentes donde he le\u00eddo la informaci\u00f3n. Tambi\u00e9n los escritores tenemos secretos profesionales\u201d.<\/p>\n<p>Sin embargo, la supervivencia a aquella pandemia no fue tan excepcional, como demuestra el n\u00famero elevado de escritores que la padecieron en su juventud. Josep Pla, por ejemplo, comienza su \u201cCuaderno gris\u201d en 1918, comentando que tiene mucho tiempo para escribir porque acaban de cerrar la Universidad por la gripe. Un a\u00f1o m\u00e1s tarde, contar\u00e1 c\u00f3mo \u00e9l mismo ha ca\u00eddo enfermo:<\/p>\n<p>\u201cHe pasado todo el d\u00eda de ayer y una parte del de hoy en la cama, con la gripe. He sudado como un caballo. Treinta y seis horas seguidas. Me levanto p\u00e1lido y deshecho. Por un lado, me parece que me hubiera podido morir y que me he librado por los pelos. Cuando constato que, a pesar de la fatiga, me puedo levantar, pienso que quiz\u00e1 ha sido una gripe benigna (\u2026). Las esquelas son numeros\u00edsimas. Pone la carne de gallina\u201d.<\/p>\n<p>La historia se repite, podr\u00edamos pensar. Sin embargo, entonces no hab\u00eda confinamiento obligatorio. Tampoco hubo la proliferaci\u00f3n de textos, sobre todo del g\u00e9nero l\u00edrico, escritos expresamente para aliviar la soledad de los confinados y de paso satisfacer el ansia de protagonismo de sus autores.\u00a0 No, tras la Gripe del 18 no surgi\u00f3 un g\u00e9nero \u201ccoronav\u00edrico\u201d ni en la poes\u00eda ni en la novela ni en el ensayo, aunque s\u00ed se publicaron, una vez pasado el peor rebrote, algunas de las grandes obras de la literatura universal. Proust, el eterno confinado, sigui\u00f3 buscando el tiempo perdido y public\u00f3 \u201cA la sombra de las muchachas en flor\u201d en 1919, mientras Virginia Woolfe escrib\u00eda \u201cNoche y d\u00eda\u201d y Fafka, que en el mismo a\u00f1o publicar\u00eda \u201cUn m\u00e9dico rural\u201d, seg\u00fan nos cuenta en sus diarios, deliraba por efecto de la fiebre y se ve\u00eda a s\u00ed mismo convertido en un enorme escarabajo. \u00bfY los poetas?, \u00bfqu\u00e9 fue de ellos durante la epidemia?: \u201cLa tierra bald\u00eda\u201d, de Eliot, y \u201cLos heraldos negros\u201d, de C\u00e9sar Vallejo, tambi\u00e9n aparecieron en 1919, cuando ellos y el mundo se recuperaban de la enfermedad. Y el doctor Wiliam Carlos Williams constata la tragedia con la que se encontraba en las m\u00e1s de cincuenta visitas que realizaba a diario a las viviendas de sus enfermos. \u00a0En cambio, Katherine Porter prefiere situar a Miranda en un hospital, pendiente de las noticias sobre Adans, el soldado que acaba de morir de gripe en otro hospital militar, quiz\u00e1 para denunciar el dolor de tantas personas que se enfrentaban en soledad a la experiencia de la muerte. Si Katherine Porter hubiera vivido hoy, no dudo que podr\u00eda haber escrito un relato protagonizado por un polic\u00eda de Minnesota, capaz de asesinar a un \u201cnegro\u201d a sangre fr\u00eda. Conocedora del racismo de la Am\u00e9rica profunda de la que ella misma proced\u00eda, esta gran novelista sure\u00f1a nos dej\u00f3 m\u00faltiples ejemplos en sus relatos de su consideraci\u00f3n de la literatura como la mejor forma de denuncia.\u00a0 Una muestra son las palabras con las que termina \u201cP\u00e1lido caballo, p\u00e1lido jinete\u201d, con su contenido polivalente y en cierta medida premonitorio:<\/p>\n<p><em>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u201c<\/em>No m\u00e1s guerras, no m\u00e1s plagas, s\u00f3lo el aturdido silencio que sigue al cese de los pesados ca\u00f1ones; las casas sin ruidos con las persianas bajadas, la luz fr\u00eda y muerta del ma\u00f1ana. Ahora habr\u00eda tiempo para todo\u201d.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>&nbsp; &nbsp; Ellos tampoco pod\u00edan respirar \u201c\u00a1No puedo respirar!, \u00a1No puedo respirar!\u201d Este grito no es solo la queja de un hombre negro que agoniza debajo de la bota de un polic\u00eda en Minneapolis, tambi\u00e9n fue y sigue siendo la queja de muchos enfermos de la Covid19 cuando sienten que se ahogan y piden un [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":23,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":[],"categories":[4],"tags":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/blogs.elnortedecastilla.es\/cosas-como-son\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/784"}],"collection":[{"href":"https:\/\/blogs.elnortedecastilla.es\/cosas-como-son\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/blogs.elnortedecastilla.es\/cosas-como-son\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/blogs.elnortedecastilla.es\/cosas-como-son\/wp-json\/wp\/v2\/users\/23"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/blogs.elnortedecastilla.es\/cosas-como-son\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=784"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/blogs.elnortedecastilla.es\/cosas-como-son\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/784\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":785,"href":"https:\/\/blogs.elnortedecastilla.es\/cosas-como-son\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/784\/revisions\/785"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/blogs.elnortedecastilla.es\/cosas-como-son\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=784"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/blogs.elnortedecastilla.es\/cosas-como-son\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=784"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/blogs.elnortedecastilla.es\/cosas-como-son\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=784"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}