Estoy pensando que podría hacer una sección de chicas duras o la Liga de las Rubias Extraordinarias o algo así pero que ya va a ser tarde. Hyakurin encajaría perfectamente en esa categoría porque la rubia de La Espada del Inmortal es, probablemente, la chica que más ha sufrido de todas las que han sufrido en esta historia en la que las mujeres son las que peor lo pasan.
Tenemos a Makie, prostituta por elección aunque continuamente torturada por el ‘y si cogiera una espada’. Tenemos a Rin que se debate entre la venganza o no y por fin llegamos a Hyakurin. Se sabe que es mestiza, hija de un holandés y una japonesa pero poco se sabe de su infancia o adolescencia. Su historia empieza con su matrimonio y sus embarazos fracasados.
Hyakurin está codenada a muerte así que desembarga en el Muagai-ryu junto a Giichi y a esa bestia llamada Shira. Hyakurin está condenada por asesinar a su marido el día que mató a su propio hijo porque era débil y estaba enfermo. No es una experta en la batalla pero es una luchadora sin remedio, el mundo la hizo así, no puede hacer nada más que intentar ganarse su libertad. Su arma es una mini ballesta que lleva escondida en el brazo y no es que sea muy efectiva.
En medio de ese jardín de violencia que es La Espada del Inmortal ella guarda su integridad y una serie de principios que le mantienen cuerda y que consiguen que se soporte. Su dilema moral llega con una violación múltiple, torturas y el consiguiente embarazo. No quiere el niño. Bueno, no es que no lo quiera, es que no lo concibe (en su mente, se entiende).
Giichi se ofrece como padre postizo y se enamora de él. El calvo parece pasar de ella, más o menos, no del todo pero ya se sabe entre almas torturadas el amor es un premio completamente inmerecido.
Hyakurin ayuda Rin. Desde el apoyo logístico necesario para sacar a Manji del Castillo de Edo hasta consejos sentimentales varios en plan hermana mayor con experiencia en la vida hasta el punto de aconsejarle que se aleje de su guardaespaldas, que enamorarse de alguien como Manji a la larga no trae nada bueno.