La imagen de José María López Aparicio saliendo a última hora de la sede del ‘Ya’, en Mateo Inurria, 15 o en Alcobendas, con los brazos cargados de periódicos de provincia, es un clásico de la intrahistoria del rotativo madrileño. Ahora que se ha ido, seguramente todos le recordamos así, porque sin duda López Aparicio ha sido uno de los periodistas más preocupados, desde Madrid, por el mundo de las ediciones de provincias. En su día, de hecho, le ofrecieron dirigir ‘El Adelantado’ de Segovia, pero él prefirió seguir en la capital; eso sí, mirando con máximo interés al resto de España. Una actitud, por cierto, que cada día se lleva menos en los llamados periódicos nacionales. Y bien que lo están pagando.
Había ingresado en el histórico periódico de la Editorial Católica en 1960, coincidiendo con el reforzamiento del ‘Ya’ en su XXV aniversario. Entró formando parte de un escogido grupo de jóvenes periodistas que iban a lavar la cara del periódico fundado por Ángel Herrera Oria en 1935. A las órdenes de Aquilino Morcillo, que había conseguido hacer del ‘Ya’ el periódico más fiable de su tiempo, junto a López Aparicio pasaron entonces a formar parte de la plantilla otros periodistas míticos del rotativo madrileño, como Alejandro Fernández Pombo, Manuel Calvo Hernando o Antonio J. González Muñiz.
Si hubiera que definir a José María López Aparicio con una palabra, ésa era la de “reportero”. Nada le gustaba más que viajar fuera de Madrid y hacer grandes reportajes por las tierras de España. Recuerdo también sus títulos, siempre ocurrentes. “Holocausto porcino” tituló por ejemplo, en cierta ocasión, un reportaje de huecograbado en las centrales sobre los centenares de miles de jamones que se curaban en Guijuelo, con fotos espectaculares. Sintió también una enorme atracción, una curiosidad insaciable, por la historia de Sefarad, de los judíos españoles, de los que escribió muchísimo y leyó mucho más
Lejos de camarillas, siempre fue por libre, pasando por todas las secciones del periódico. Con él se va un modo de hacer periodismo en la que sin duda fue la gran escuela de prensa de la Transición.