{"id":115,"date":"2012-02-17T10:25:32","date_gmt":"2012-02-17T09:25:32","guid":{"rendered":"http:\/\/blogs.elnortedecastilla.es\/elavisador\/?p=115"},"modified":"2012-02-17T10:25:32","modified_gmt":"2012-02-17T09:25:32","slug":"charles-dickens-o-el-poeta-que-jugaba-con-la-intriga","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.elnortedecastilla.es\/elavisador\/2012\/02\/17\/charles-dickens-o-el-poeta-que-jugaba-con-la-intriga\/","title":{"rendered":"Charles Dickens o el poeta que jugaba con la intriga"},"content":{"rendered":"<p><a href=\"\/elavisador\/wp-content\/uploads\/sites\/5\/2012\/02\/Charles-Dickens.jpg\"><img loading=\"lazy\" class=\"alignleft size-medium wp-image-116\" title=\"Charles Dickens\" src=\"\/elavisador\/wp-content\/uploads\/sites\/5\/2012\/02\/Charles-Dickens.jpg\" alt=\"\" width=\"251\" height=\"300\" srcset=\"https:\/\/static-blogs.elnortedecastilla.es\/wp-content\/uploads\/sites\/5\/2012\/02\/Charles-Dickens.jpg 319w, https:\/\/static-blogs.elnortedecastilla.es\/wp-content\/uploads\/sites\/5\/2012\/02\/Charles-Dickens-251x300.jpg 251w\" sizes=\"(max-width: 251px) 100vw, 251px\" \/><\/a> Cuentan las cr\u00f3nicas que cuando lleg\u00f3 a Nueva York, en el a\u00f1o 1940, un barco que tra\u00eda los \u00faltimos peri\u00f3dicos, libros y revistas publicados en Inglaterra con destino al p\u00fablico americano, una multitud esperaba en el muelle gritando a los marineros: \u00ab\u00bfEst\u00e1 muerta la peque\u00f1a Nell?\u00bb. Los lectores estadounidenses esperaban con ansiedad la \u00faltima entrega de \u2018La tienda de antig\u00fcedades\u2019 (The Old Curiosity Shop), que se hab\u00eda venido publicando, a modo de follet\u00f3n, a lo largo de varios meses. No era la primera vez que Charles Dic kens consegu\u00eda desatar las pasiones de su p\u00fablico. Unos a\u00f1os antes, durante la publicaci\u00f3n fragmentada de \u2018Oliver Twist\u2019 en la revista \u2018Bent ley\u2019s Miscellany\u2019, el escritor decidi\u00f3 interrumpir el relato de la que seguramente es su obra m\u00e1s universal justo en el momento en el que Oliver recib\u00eda un disparo; y aunque fueron miles los que acudieron a comprar el n\u00famero del mes siguiente, para ver c\u00f3mo conclu\u00eda la escena, el autor prefiri\u00f3 esperar todav\u00eda un mes m\u00e1s, aumentando hasta el extremo la ansiedad lectora de sus seguidores. El \u00e9xito de sus novelas por entregas fue tal que, gracias a los ingresos que le proporcionaron, Dic kens termin\u00f3 cumpliendo uno de los sue\u00f1os de su infancia: comprar la m\u00edtica casa de Gads Hill Place, en el condado de Kent, que le hab\u00eda deslumbrado cuando solo ten\u00eda nueve a\u00f1os en un paseo con su padre. De hecho, su novela \u2018David Copperfield\u2019, publicada primero por entregas en 1849 y un a\u00f1o despu\u00e9s como volumen unitario, est\u00e1 considerada como uno de los primeros \u2018best-sellers\u2019 de la literatura brit\u00e1nica, alcanzando los 100.000 ejemplares en el primer lanzamiento.<\/p>\n<p>Su primera experiencia con el g\u00e9nero, y tambi\u00e9n su primer triunfo de cara al p\u00fablico, fue la novela \u2018Los papeles p\u00f3stumos del Club Pickwick\u2019. Dickens la public\u00f3 aprovechando el tir\u00f3n de sus \u2018Sketches\u2019, un conjunto de art\u00edculos, firmados bajo el seud\u00f3nimo de Boz, que hab\u00edan ido apareciendo en diferentes peri\u00f3dicos y revistas. Despu\u00e9s de haber trabajado pegando etiquetas en los botes de bet\u00fan para zapatos de la marca Warren, y de haber ejercido como pasante y taqu\u00edgrafo judicial, el escritor inici\u00f3 su relaci\u00f3n con la prensa en 1828, con diecisiete a\u00f1os, abriendo un camino del que no se desvincular\u00eda jam\u00e1s. Los primeros trabajos period\u00edsticos de Dickens se publicaron en el \u2018Doctor\u2019s Commons\u2019; despu\u00e9s trabaj\u00f3 como cronista parlamentario en el \u2018True Sun\u2019; como analista pol\u00edtico y seguidor de las campa\u00f1as electorales en el \u2018Morning Chronicle\u2019; como editor en el \u2018Bentley\u2019s Miscellany\u2019, y como colaborador del \u2018House hold Words\u2019 y el \u2018All The Year Round\u2019. Adem\u00e1s figura como fundador del \u2018Daily News\u2019, y su firma se sucedi\u00f3 en las p\u00e1ginas del \u2018Old Year Magazine\u2019 hasta su muerte.<\/p>\n<p>Esta enorme pujanza de la literatura a trav\u00e9s de la prensa no era, ni mucho menos, un fen\u00f3meno exclusivo de la Inglaterra victoriana. En los a\u00f1os treinta del siglo XIX, cuando Dickens inia su carrera folletinesca, <strong>Balzac<\/strong> y <strong>Eugenio Sue<\/strong> triunfaban tambi\u00e9n con sus novelas por entregas en la Francia de Luis Felipe de Orleans, mientras que en Espa\u00f1a <strong>Mariano Jos\u00e9 de Larra<\/strong> escrib\u00eda una de las p\u00e1ginas m\u00e1s brillantes del periodismo literario espa\u00f1ol. Tan proverbial como la capacidad del escritor madrile\u00f1o (tres a\u00f1os mayor que Dic kens) para hacer negocio con la literatura a trav\u00e9s de la edici\u00f3n peri\u00f3dica lo fue el ingenio del brit\u00e1nico para mantener el inter\u00e9s de sus lectores. No solo con cada una de sus novelas, sino tambi\u00e9n con cada una de las entregas fraccionadas de las mismas. Una t\u00e9cnica utilizada y perfeccionada despu\u00e9s por algunos de los grandes autores de \u2018best-sellers\u2019 del siglo XX.<\/p>\n<p>El evidente signo comercial de sus novelas por entregas no fue \u00f3bice, sin embargo, para que con el paso de los a\u00f1os Dickens fuera reconocido como uno de los grandes escritores en lengua inglesa de todos los tiempos. Si algunos de sus contempor\u00e1neos le criticaron por su falta de formaci\u00f3n intelectual, fruto de una infancia dif\u00edcil y calamitosa, y ciertos grandes de la literatura inglesa, como Virginia Woolf y Henry James, le acusaron de un exceso de sentimentalismo, lo cierto es que otras destacadas cualidades de su escritura, como el dominio de la lengua, la profundidad de la cr\u00edtica hacia la rigidez de la sociedad de su tiempo o la poes\u00eda que supo imprimir a sus ambientes y a personajes, terminaron por imponerse. No es casual, por tanto, que su cuerpo no repose discretamente en la catedral de Rochester, como \u00e9l hubiera preferido, sino en la famosa Esquina de los Poetas de la Abad\u00eda de Westminster, al lado de <strong>Geoffrey Chaucer, Thomas Campbell, Samuel Johnson<\/strong> o <strong>Rudyard Kipling.<\/strong><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Cuentan las cr\u00f3nicas que cuando lleg\u00f3 a Nueva York, en el a\u00f1o 1940, un barco que tra\u00eda los \u00faltimos peri\u00f3dicos, libros y revistas publicados en Inglaterra con destino al p\u00fablico americano, una multitud esperaba en el muelle gritando a los marineros: \u00ab\u00bfEst\u00e1 muerta la peque\u00f1a Nell?\u00bb. 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