{"id":155,"date":"2012-07-05T20:13:56","date_gmt":"2012-07-05T19:13:56","guid":{"rendered":"http:\/\/blogs.elnortedecastilla.es\/elavisador\/?p=155"},"modified":"2012-07-05T20:13:56","modified_gmt":"2012-07-05T19:13:56","slug":"william-faulkner-el-ultimo-caballero-de-yoknapatawpha","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.elnortedecastilla.es\/elavisador\/2012\/07\/05\/william-faulkner-el-ultimo-caballero-de-yoknapatawpha\/","title":{"rendered":"William Faulkner, el \u00faltimo caballero de Yoknapatawpha"},"content":{"rendered":"<p><a href=\"\/elavisador\/wp-content\/uploads\/sites\/5\/2012\/06\/Faulkner1.jpg\"><img loading=\"lazy\" class=\"alignleft size-medium wp-image-162\" title=\"Faulkner\" src=\"\/elavisador\/wp-content\/uploads\/sites\/5\/2012\/06\/Faulkner1.jpg\" alt=\"\" width=\"233\" height=\"300\" srcset=\"https:\/\/static-blogs.elnortedecastilla.es\/wp-content\/uploads\/sites\/5\/2012\/06\/Faulkner1.jpg 300w, https:\/\/static-blogs.elnortedecastilla.es\/wp-content\/uploads\/sites\/5\/2012\/06\/Faulkner1-233x300.jpg 233w\" sizes=\"(max-width: 233px) 100vw, 233px\" \/><\/a>En el a\u00f1o 1936 el condado sure\u00f1o de Yoknapatawpha, un territorio de 2.400 millas cuadradas al noroeste de Misisipi, delimitado por los r\u00edos Tallahatchie, al norte, y Yoknapatawpha, al sur, contaba con una poblaci\u00f3n de 15.611 almas, de las cuales 6.298 eran blancas y 9.313 negras. Este es el espacio de ficci\u00f3n, inspirado en los condados reales de Oxford y, sobre todo, Lafayette, en el que <strong>William Faulkner<\/strong> sit\u00faa la acci\u00f3n de una buena parte de sus novelas: \u2018El ruido y la furia\u2019, \u2018Mientras agonizo\u2019, \u2018Santuario\u2019, \u2018Luz de agosto\u2019, \u2018Desciende, Mois\u00e9s\u2019&#8230;; un territorio m\u00edtico (fundado en la realidad, por cierto, por el espa\u00f1ol <strong>Hernando de Soto<\/strong> en el siglo XVI), del que el propio novelista traz\u00f3 una detallada cartograf\u00eda, con sus principales puntos de inter\u00e9s para el viajero de ficci\u00f3n.<\/p>\n<p>Nadie como Faulkner ha contribuido, con sus relatos, a forjar el gran mito cultural del Sur de los Estados Unidos. Desde el esplendor anterior a la Guerra de Secesi\u00f3n, con sus plantaciones de esclavos y sus caballeros apegados a las viejas tradiciones (uno de ellos fue precisamente su abuelo, el coronel <strong>William Clark Falkner,<\/strong> protagonista de \u2018Sartoris\u2019), hasta la prolongaci\u00f3n exasperante de la decadencia, tras el conflicto, durante decenios y m\u00e1s decenios. Hasta la \u00faltima de sus novelas, \u2018Los rateros\u2019, publicada el mismo a\u00f1o de su muerte, Faulkner mantiene intacto ese retrato del Sur, derrotado y sin horizonte, que se\u00f1ala la permanencia de la herida de quienes perdieron en 1865 la guerra contra el Norte. Una realidad casi tercermundista en pleno coraz\u00f3n del primer mundo; un contraste que ha llegado incluso a nuestros d\u00edas, y que ha vuelto a hacerse evidente, en agosto de 2005, cuando el hurac\u00e1n \u2018Katrina\u2019 dej\u00f3 al descubierto, ante los ojos del planeta, el verdadero rostro de esta regi\u00f3n de los Estados Unidos.<\/p>\n<p>Faulkner, que fue \u00e9l mismo una especia de <strong>Tom Sawyer<\/strong> rebelde e inquieto en el Misisipi de principios del siglo XX, fue creando en sus novelas los diferentes arquetipos del Sur, con su fanfarroner\u00eda, su sentido del humor, su ansia de aventuras, su decadencia o sus tremendas contradicciones. Blancos, negros e indios en una amalgama que dio origen a una buena parte de la cultura musical de nuestro tiempo (desde el blues hasta el rock, pasando por el jazz), y que \u00e9l supo envolver literariamente con un estilo personal e intrasferible. Un estilo que mir\u00f3 a los grandes reformadores de la novela europea, como <strong>Mann<\/strong> o <strong>Joyce<\/strong> (\u00abuno debe acercarse al \u2018Ulysses\u2019 de Joyce como el bautista analfabeto al Antiguo Testamento: con fe\u00bb, escribi\u00f3), y que despu\u00e9s devolvi\u00f3 de nuevo a la literatura con seguidores como <strong>Garc\u00eda M\u00e1rquez, Vargas Llosa<\/strong> o, en Espa\u00f1a, <strong>Luis Mart\u00edn Santos<\/strong> y <strong>Juan Benet.<\/strong> Una visi\u00f3n cr\u00edtica de su espacio y de su tiempo convertida en referencia universal gracias a una escritura donde la emoci\u00f3n y el cuidado de la palabra, alargado hasta el l\u00edmite de lo experimental, se al\u00edan poderosamente; tal como corresponde a un extraordinario novelista que siempre quiso ser poeta, como <strong>Cervantes;<\/strong> una \u00abcriatura impulsada por demonios\u00bb, como \u00e9l defin\u00eda al artista, que aseguraba leer todos los a\u00f1os <strong>El Quijote.<\/strong><\/p>\n<p>Es bastante conocida la an\u00e9cdota del discurso de Faulkner cuando fue a recoger su Premio Nobel de Literatura en 1950. Su marcado acento sure\u00f1o, unido a su estampa de viejo caballero del condado de Yoknapatawpha venido a menos, a su rese\u00f1ado amor por el whisky escoc\u00e9s y a su incapacidad para modular el flujo de su voz frente al micr\u00f3fono, provocaron todo tipo de comentarios malintencionados entre los m\u00e1s estirados de la Academia Sueca. La transcripci\u00f3n posterior de su discurso, sin embargo, sac\u00f3 a relucir de inmediato la largueza de miras y la grandeza literaria del autor de \u2018Una f\u00e1bula\u2019. Genio y figura, tal como lo retrataron no hace mucho en el cine los <strong>hermanos Coen,<\/strong> en su divertida <strong>\u2018Barton Fink\u2019.<\/strong> El Sur, en su estado puro.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>En el a\u00f1o 1936 el condado sure\u00f1o de Yoknapatawpha, un territorio de 2.400 millas cuadradas al noroeste de Misisipi, delimitado por los r\u00edos Tallahatchie, al norte, y Yoknapatawpha, al sur, contaba con una poblaci\u00f3n de 15.611 almas, de las cuales 6.298 eran blancas y 9.313 negras. 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