{"id":174,"date":"2012-10-09T19:15:07","date_gmt":"2012-10-09T18:15:07","guid":{"rendered":"http:\/\/blogs.elnortedecastilla.es\/elavisador\/?p=174"},"modified":"2012-10-09T19:15:07","modified_gmt":"2012-10-09T18:15:07","slug":"georges-simenon-o-el-hombre-que-se-hizo-novela","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.elnortedecastilla.es\/elavisador\/2012\/10\/09\/georges-simenon-o-el-hombre-que-se-hizo-novela\/","title":{"rendered":"Simenon o el hombre que se hizo novela"},"content":{"rendered":"<p><a href=\"\/elavisador\/wp-content\/uploads\/sites\/5\/2012\/10\/Simenon.jpg\"><img loading=\"lazy\" class=\"alignleft size-medium wp-image-179\" title=\"Simenon\" src=\"\/elavisador\/wp-content\/uploads\/sites\/5\/2012\/10\/Simenon.jpg\" alt=\"\" width=\"198\" height=\"300\" srcset=\"https:\/\/static-blogs.elnortedecastilla.es\/wp-content\/uploads\/sites\/5\/2012\/10\/Simenon.jpg 400w, https:\/\/static-blogs.elnortedecastilla.es\/wp-content\/uploads\/sites\/5\/2012\/10\/Simenon-198x300.jpg 198w\" sizes=\"(max-width: 198px) 100vw, 198px\" \/><\/a>Sus bi\u00f3grafos aseguran que fue en el colegio de Saint-Servais, de Lieja, donde <strong>Georges Simenon<\/strong> aprendi\u00f3 lo que significa vivir despreciado por quienes disfrutan de un estatus social superior al propio. A eso habr\u00eda que a\u00f1adir su temprana experiencia como periodista de sucesos en \u2018La Gazette de Li\u00e8ge\u2019, con la obligaci\u00f3n de frecuentar los antros y los bajos fondos de la ciudad en busca de los testimonios cotidianos de la perversi\u00f3n humana; y unas gotas de su excelente capacidad para expresar sentimientos y pensamientos a trav\u00e9s del humor, como demostr\u00f3, tambi\u00e9n muy pronto, en su trabajo como columnista sat\u00edrico bajo el seud\u00f3nimo de Monsieur Le Coq (el se\u00f1or Gallo). Con todos estos aditamentos, y alguno m\u00e1s, se fue forjando el arte del que sin duda es uno de los maestros mayores del tan mal llamado g\u00e9nero negro.<\/p>\n<p>S\u00f3lo <strong>Tint\u00edn,<\/strong> al que le un\u00eda la misma afici\u00f3n investigadora y un id\u00e9ntico amor por los viajes, representa ante el mundo con tanta exactitud el modelo del genio belga. Al lado, claro est\u00e1, de <strong>Hercules Poirot,<\/strong> el detective creado por <strong>Agatha Christie<\/strong> para sus novelas de intriga, y del propio comisario <strong>Maigret,<\/strong> de alguna manera alter ego de Simenon&#8230; En apariencia, el sensato, concienzudo y tal vez excesivamente met\u00f3dico Maigret muy poco ten\u00eda que ver con el aventurero, so\u00f1ador y, en ocasiones, tormentoso Simenon. Aquel era un investigador de raza que comenz\u00f3 su carrera como ayudante en una comisar\u00eda de barrio y no dej\u00f3 de husmear ni siquiera despu\u00e9s de haberse jubilado ejemplarmente como comisario de la Polic\u00eda Judicial. Este se inaugur\u00f3 en el mundo cambiando sus padres la fecha de su nacimiento, por pura superstici\u00f3n, del 13 al 12 de febrero; goz\u00f3 de una delirante vida sexual (lleg\u00f3 a declarar que tuvo relaciones con m\u00e1s de treinta mil mujeres); vivi\u00f3 como artista y marinero bohemio en un barco del Sena; fue peregrino por las carreteras y moteles de los Estados Unidos de los a\u00f1os cuarenta y cincuenta, y un \u2018bon vivant\u2019 conocido por sus excentricidades y su gusto por las bebidas caras.<\/p>\n<p>Eso no impidi\u00f3, empero, que el novelista se mostrara tan sistem\u00e1tico en su manera de escribir como el detective en su forma de investigar. O que uno y otro, el creador y su criatura, compartieran al final una misma compasi\u00f3n por las miserias del hombre. La voluminosa autobiograf\u00eda de Georges Simenon (\u2018Mes dict\u00e9es\u2019), dictada de manera torrencial a un magnetof\u00f3n una vez que el escritor se decidiera a abandonar la novela, da buena cuenta de su inter\u00e9s, a lo largo de toda una vida, por acercarse a la verdad \u00abdel hombre de la calle\u00bb, y tratar de comprenderlo \u00abde una manera fraternal\u00bb.<\/p>\n<p>Tal vez sus novelas ambientadas en peque\u00f1as ciudades de provincias, donde personajes en apariencia comunes esconden en su interior tragedias que les conducen a los cr\u00edmenes m\u00e1s abyectos, son el mejor testimonio de esta capacidad de Simenon para superar, con creces, las estrecheces gen\u00e9ricas de la novela negra, adentr\u00e1ndose con \u00e9xito en los territorios de la gran novela psicol\u00f3gica. Por encima de las tramas enrevesadas e inveros\u00edmiles, del juego de las sorpresas, las falsas pistas y el complicado armaz\u00f3n argumental, el creador de Maigret siempre prefiri\u00f3 hablar de personas reales y de sucesos reales, de grandes contradicciones morales donde el hombre, y sus circunstancias, se sit\u00faan en el centro de todas las cosas. Todo ello ali\u00f1ado, adem\u00e1s, con una extraordinaria capacidad de recreaci\u00f3n de ambientes, sensaciones y sentimientos; algo, por cierto, que sus numerosas traducciones al cine nunca han conseguido representar. \u00abLa vida de cada hombre es una novela\u00bb, dijo Simenon. Una m\u00e1xima que le permiti\u00f3 convertirse en uno de los escritores m\u00e1s le\u00eddos y, al mismo tiempo, m\u00e1s respetados de la historia.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Sus bi\u00f3grafos aseguran que fue en el colegio de Saint-Servais, de Lieja, donde Georges Simenon aprendi\u00f3 lo que significa vivir despreciado por quienes disfrutan de un estatus social superior al propio. 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