{"id":195,"date":"2013-03-14T13:26:33","date_gmt":"2013-03-14T12:26:33","guid":{"rendered":"http:\/\/blogs.elnortedecastilla.es\/elavisador\/?p=195"},"modified":"2013-03-14T13:26:33","modified_gmt":"2013-03-14T12:26:33","slug":"carlos-murciano-historias-de-ciflos-tiorvos-y-hablasolos","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.elnortedecastilla.es\/elavisador\/2013\/03\/14\/carlos-murciano-historias-de-ciflos-tiorvos-y-hablasolos\/","title":{"rendered":"Carlos Murciano: historias de ciflos, tiorvos y hablasolos"},"content":{"rendered":"<p><a href=\"\/elavisador\/wp-content\/uploads\/sites\/5\/2013\/03\/Murciano.jpg\"><img loading=\"lazy\" class=\"alignleft size-medium wp-image-196\" title=\"Murciano\" src=\"\/elavisador\/wp-content\/uploads\/sites\/5\/2013\/03\/Murciano.jpg\" alt=\"\" width=\"300\" height=\"260\" srcset=\"https:\/\/static-blogs.elnortedecastilla.es\/wp-content\/uploads\/sites\/5\/2013\/03\/Murciano.jpg 450w, https:\/\/static-blogs.elnortedecastilla.es\/wp-content\/uploads\/sites\/5\/2013\/03\/Murciano-300x260.jpg 300w\" sizes=\"(max-width: 300px) 100vw, 300px\" \/><\/a>En su memoria prodigiosa, <strong>Carlos Murciano<\/strong> tiene grabada a fuego la sentencia que le dedic\u00f3 una cr\u00edtica literaria cuando public\u00f3 \u2018Las manos en el agua\u2019, su primer libro para ni\u00f1os, en 1981. \u00abFalta de imaginaci\u00f3n\u00bb, le dijo. Nunca se lo ha perdonado, y de hecho a partir de entonces, bien en prosa bien en verso, el poeta de Arcos de la Frontera no ha permitido que uno solo de sus libros, por t\u00e9cnicos y concretos que pudieran parecer, dejaran de rendir pleites\u00eda de una u otra forma a la f\u00e1bula, a la ficci\u00f3n, a la imaginaci\u00f3n&#8230;, a esos mundos so\u00f1ados en los que el escritor siempre se ha sentido como en casa. De hecho en gran manera, justo es reconocerlo, el propio Carlos Murciano no es otra cosa que un personaje de ficci\u00f3n: un raro ejemplar de \u2018hablasolo\u2019 que resulta capaz de sostener un recital de hora y media sobre sus propios poemas \u00fanicamente de memoria, sin tener que recurrir a un solo papel. Solo con el recurso sonoro que le brindan unos versos construidos siempre sobre la base musical de la palabra&#8230;<\/p>\n<p>El hablasolo, por cierto, que seg\u00fan parece, y como el propio Carlos Murciano nos cuenta en su libro \u2018De otros seres\u2019 (Huerga&#038;Fierro, Madrid, 2012), \u00faltimamente prefiere alejarse de \u00ablos vaivenes del oc\u00e9ano\u00bb para esconderse \u00aben los viejos palomares castellanoleoneses\u00bb, concretamente por las proximidades de Villamayor de Campos, Otero de Sariego, Villaf\u00e1fila, Boadilla de Rioseco, Villalumbroso y Matade\u00f3n de los Oteros, \u00abel tu\u00e9tano intraducible \/ de nuestra lengua espa\u00f1ola\u00bb, seg\u00fan dec\u00eda don <strong>Miguel de Unamuno.<\/strong> Una criatura que canta, seg\u00fan algunos, pero que sobre todo gusta de repetir de memoria los vers\u00edculos del \u2018Libro de los Salmos\u2019, antes de echarse a rodar o de mimetizarse con las piedras o los \u00e1rboles, como un camale\u00f3n, cuando piensa que alguien le est\u00e1 observando. Uno m\u00e1s entre la treintena de seres que se se re\u00fanen en este volumen, donde se suman los viejos personajes de \u2018Lirolos, ciflos y paranganalios\u2019 (Edelvives, 1988) con cinco nuevas criaturas, contadas en verso, y con todo un equipo de once nuevas estrellas, formado por el g\u00e1lgulo, el tiorvo, la picazuroba, la mirangoluna, el hada doncella, la zaratola, el carah\u00fa, el p\u00e1jaro felino, el foradomi\u00f1o, el zoylo y el mencionado hablasolo. Seres que, como dice la escritora <strong>Margarita Arroyo<\/strong> (y cu\u00e1nto saben en verdad los leoneses de estas cosas) \u00abno est\u00e1n compuestos de prosaico carbono, ni del inconstante hidr\u00f3geno, el tembible azufre o el fugaz ox\u00edgeno, como sucede al com\u00fan de los mortales\u00bb, porque \u00absurgieron de la poes\u00eda\u00bb.<\/p>\n<p>No se trata, pues, de personajes infantiles, por m\u00e1s que los ni\u00f1os hayan acogido siempre con gran cercan\u00eda a estas criaturas surgidas de la imaginaci\u00f3n de Carlos Murciano, sino m\u00e1s bien de una peque\u00f1a mitolog\u00eda propia, cuajada de referencias cultas y expresiones cuidadamente literarias, que buscan lectores muy especiales. M\u00e1s cerca del mundo de <strong>Lewis Carroll<\/strong> o de <strong>JRR Tolkien<\/strong> que de los cuentos tradicionales: \u00abEl mundo de \u2018\u00c9rase una vez\u2019, con ser encantador y por mucho que lo valoremos, no es el verdadero mundo de las hadas\u00bb, nos dice el escritor citando a <strong>Betty Ballantine.<\/strong> Cr\u00f3nicas secretas, anotaciones curiosas en cuadernos de escritores poco conocidos, estudios sobre criaturas de las fondas y las orillas de los r\u00edos&#8230; Todo con una cuidada apariencia de cient\u00edfica normalidad.<\/p>\n<p>\u00abEl que tiene imaginaci\u00f3n saca con facilidad de la nada un mundo\u00bb, nos dice <strong>B\u00e9cquer.<\/strong> Eso es lo que hace exactamente Carlos Murciano en este libro. Y con pasmosa facilidad, por cierto.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>En su memoria prodigiosa, Carlos Murciano tiene grabada a fuego la sentencia que le dedic\u00f3 una cr\u00edtica literaria cuando public\u00f3 \u2018Las manos en el agua\u2019, su primer libro para ni\u00f1os, en 1981. \u00abFalta de imaginaci\u00f3n\u00bb, le dijo. 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