{"id":202,"date":"2013-06-05T09:54:29","date_gmt":"2013-06-05T08:54:29","guid":{"rendered":"http:\/\/blogs.elnortedecastilla.es\/elavisador\/?p=202"},"modified":"2013-06-05T09:54:29","modified_gmt":"2013-06-05T08:54:29","slug":"horacio-quiroga-memoria-modernista-del-rio-de-la-plata","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.elnortedecastilla.es\/elavisador\/2013\/06\/05\/horacio-quiroga-memoria-modernista-del-rio-de-la-plata\/","title":{"rendered":"Horacio Quiroga, memoria modernista del R\u00edo de la Plata"},"content":{"rendered":"<p><a href=\"\/elavisador\/wp-content\/uploads\/sites\/5\/2013\/06\/Horacio-Quiroga.jpg\"><img loading=\"lazy\" class=\"alignleft size-medium wp-image-203\" title=\"Horacio_Quiroga_1897.jpg\" src=\"\/elavisador\/wp-content\/uploads\/sites\/5\/2013\/06\/Horacio-Quiroga.jpg\" alt=\"\" width=\"212\" height=\"300\" srcset=\"https:\/\/static-blogs.elnortedecastilla.es\/wp-content\/uploads\/sites\/5\/2013\/06\/Horacio-Quiroga.jpg 378w, https:\/\/static-blogs.elnortedecastilla.es\/wp-content\/uploads\/sites\/5\/2013\/06\/Horacio-Quiroga-213x300.jpg 213w\" sizes=\"(max-width: 212px) 100vw, 212px\" \/><\/a> Como si de uno de sus relatos fant\u00e1sticos se tratara, el \u00faltimo testimonio literario de <strong>Horacio Quiroga,<\/strong> un largo poema de amor manuscrito a lo largo de tres cuartillas, se encontr\u00f3 en septiembre de 2009, 72 a\u00f1os despu\u00e9s de su muerte, en un s\u00f3tano de Buenos Aires, entre otros dos mil manuscritos de autores c\u00e9lebres que formaban parte de una extraordinaria colecci\u00f3n. \u00abTengo en el fondo de mi cerebro \/ bajo la cripta de mis amores \/ una capilla donde celebro \/ la corta misa de mis dolores \/ \u00a1Pobre capilla de mis amores!\u00bb, escribe el uruguayo en este texto, fechado en su primera etapa como poeta adolescente (de la que se conserva todav\u00eda el primer cuaderno de poes\u00edas), justo antes de su viaje inici\u00e1tico a Par\u00eds, adonde se fue con la herencia que le dej\u00f3 su padrastro antes de suicidarse.<\/p>\n<p>Lo cierto es que ese mismo ambiente cr\u00edptico, turbio y subterr\u00e1neo de sus primeros versos acompa\u00f1\u00f3 siempre al autor de \u2018Cuentos de amor de locura y de muerte\u2019, ya que su obsesi\u00f3n por las jovencitas, mejor deber\u00edamos decir por las \u2018n\u00ednfulas\u2019, fue como un rayo que no cesa hasta el \u00faltimo d\u00eda de su vida. Con 20 a\u00f1os se enamor\u00f3 de la ni\u00f1a jud\u00eda Mar\u00eda Esther Jurkovski (la inspiradora de\u00a0 \u2018Las sacrificadas\u2019 y \u2018Una estaci\u00f3n de amor\u2019), hasta el punto de que sus padres tuvieron que esconderla; con 30, se termin\u00f3 casando con una de sus alumnas, Ana Mar\u00eda Cires, a la que se llev\u00f3 a vivir, junto con sus suegros, a su casa de la selva de Misiones (y que tambi\u00e9n termin\u00f3 suicid\u00e1ndose); con 46, se enamor\u00f3 perdidamente de <strong>Ana Mar\u00eda Palacio,<\/strong> de 17, acos\u00e1ndola con estratagemas de todo tipo, incluida la excavaci\u00f3n de un t\u00fanel hasta su habitaci\u00f3n, lo que provoc\u00f3 que su familia huyera despavorida (como se cuenta en \u2018Pasado amor\u2019), y cuando contaba ya con 49 a\u00f1os se cas\u00f3 con la que ser\u00eda su \u00faltima esposa, <strong>Mar\u00eda Elena Bravo,<\/strong> compa\u00f1era de clase de su hija Egl\u00e9: ella ten\u00eda 19.<\/p>\n<p>Pocos como \u00e9l encarnan el ideal del personaje del escritor posrom\u00e1ntico, wagneriano, casi un joven Werther, que exportar\u00eda en su tiempo a todo el mundo en su imagen modernista iberoamericana el gran <strong>Rub\u00e9n Dar\u00edo,<\/strong> once a\u00f1os mayor. Obsesionado por igual por la literatura que por la mec\u00e1nica; por la fotograf\u00eda que por la f\u00edsica y la qu\u00edmica; domador de animales salvajes, constructor de barcos en mitad de la selva&#8230;, Horacio Quiroga fue uno de esos j\u00f3venes ind\u00f3mitos y apasionados que formaron tertulias y grupos art\u00edsticos de leyenda, como el Consistorio del Gay Saber, cuyas pol\u00e9micas con el grupo de <strong>Julio Herrera y Reissig<\/strong> marcaron la vida intelectual del Montevideo de finales del siglo XIX. Una pr\u00e1ctica descontrolada y loca que termin\u00f3 cuando \u00e9l mismo, revisando el rev\u00f3lver con que su amigo <strong>Federico Ferrando<\/strong> iba a batirse en duelo con el periodista <strong>Germ\u00e1n Papini,<\/strong> dispar\u00f3 accidentalmente el arma y termin\u00f3 con la vida de su compa\u00f1ero de excentricidades literarias&#8230; Una m\u00e1s entre la serie de catastr\u00f3ficas desdichas que le acompa\u00f1aron desde que, cuando ten\u00eda dos a\u00f1os, su propio padre muri\u00f3 despu\u00e9s de que se le disparara el arma que manipulaba.<\/p>\n<p>No es de extra\u00f1ar, pues, que el mismo final del <strong>Edgar Allan Poe<\/strong> o el <strong>Maupassant<\/strong> del R\u00edo de la Plata fuera digno de una de sus fant\u00e1sticas y estremecedoras novelas g\u00f3ticas. Enfermo e insoportable a causa de un c\u00e1ncer de pr\u00f3stata, termin\u00f3 refugi\u00e1ndose en un hospital de Buenos Aires donde, entre otras extravagancias, logr\u00f3 que sacaran de su encierro a <strong>Vicente Batistessa,<\/strong> un \u2018hombre elefante\u2019 cuya deformidad le manten\u00eda apartado de todos en un s\u00f3tano l\u00f3brego de la instituci\u00f3n. Su amigo Batistessa, que en los \u00faltimos d\u00edas de su existencia actu\u00f3 como una especie de lacayo agradecido del escritor, fue el \u00fanico testigo de la ingesti\u00f3n de cianuro de Horacio Quiroga, incapaz de soportar por m\u00e1s tiempo los dolores. Una muerte en consonancia con otro de sus poemas m\u00e1s conocidos, \u2018La barca\u2019, donde el escritor juega con la muerte: la otra compa\u00f1era, junto al amor, que habit\u00f3 en su coraz\u00f3n a lo largo de su existencia. \u00abCon triste sonrisa que aterra y fascina, \/ me toma una mano la horrible fantasma, \/ y \u2018Aqueste es el puerto \u2013me dijo\u2013; llegamos; el remo abandona y arroja tu ancla\u2019\u00bb.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Como si de uno de sus relatos fant\u00e1sticos se tratara, el \u00faltimo testimonio literario de Horacio Quiroga, un largo poema de amor manuscrito a lo largo de tres cuartillas, se encontr\u00f3 en septiembre de 2009, 72 a\u00f1os despu\u00e9s de su muerte, en un s\u00f3tano de Buenos Aires, entre otros dos mil manuscritos de autores c\u00e9lebres [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":7,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":[],"categories":[2],"tags":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/blogs.elnortedecastilla.es\/elavisador\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/202"}],"collection":[{"href":"https:\/\/blogs.elnortedecastilla.es\/elavisador\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/blogs.elnortedecastilla.es\/elavisador\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/blogs.elnortedecastilla.es\/elavisador\/wp-json\/wp\/v2\/users\/7"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/blogs.elnortedecastilla.es\/elavisador\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=202"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/blogs.elnortedecastilla.es\/elavisador\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/202\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/blogs.elnortedecastilla.es\/elavisador\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=202"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/blogs.elnortedecastilla.es\/elavisador\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=202"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/blogs.elnortedecastilla.es\/elavisador\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=202"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}