{"id":210,"date":"2014-03-14T13:38:15","date_gmt":"2014-03-14T12:38:15","guid":{"rendered":"http:\/\/blogs.elnortedecastilla.es\/elavisador\/?p=210"},"modified":"2014-03-14T13:38:15","modified_gmt":"2014-03-14T12:38:15","slug":"jorge-de-arco-cuando-el-tiempo-tiene-labios-de-fuego","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.elnortedecastilla.es\/elavisador\/2014\/03\/14\/jorge-de-arco-cuando-el-tiempo-tiene-labios-de-fuego\/","title":{"rendered":"Jorge de Arco: cuando el tiempo tiene labios de fuego"},"content":{"rendered":"<p><a href=\"\/elavisador\/wp-content\/uploads\/sites\/5\/2014\/03\/Jorge.jpg\"><img loading=\"lazy\" class=\"alignleft size-medium wp-image-211\" title=\"Jorge\" src=\"\/elavisador\/wp-content\/uploads\/sites\/5\/2014\/03\/Jorge.jpg\" alt=\"\" width=\"300\" height=\"240\" srcset=\"https:\/\/static-blogs.elnortedecastilla.es\/wp-content\/uploads\/sites\/5\/2014\/03\/Jorge.jpg 599w, https:\/\/static-blogs.elnortedecastilla.es\/wp-content\/uploads\/sites\/5\/2014\/03\/Jorge-300x240.jpg 300w\" sizes=\"(max-width: 300px) 100vw, 300px\" \/><\/a> El tiempo tiene labios de fuego, pero a veces, \u00abse le quedan al par silenciosos y helados\u00bb. Detener el tiempo, deleitarse en \u00e9l, tratar de vendimiar en su quietud racimos de verdad eterna es, seguramente, una de las m\u00e1s viejas ambiciones de los poetas de todos los tiempos. As\u00ed ocurre tambi\u00e9n, con emoci\u00f3n inusitada, en el \u00faltimo poemario de <strong>Jorge de Arco,<\/strong> \u2018Las horas sumergidas\u2019, flamante ganador del <strong>I Premio de Poes\u00eda Jos\u00e9 Zorrilla,<\/strong> un libro que contin\u00faa por la senda profunda de su anterior entrega po\u00e9tica, \u2018La casa que habitaste\u2019, con el que obtuvo precisamente el <strong>San Juan de la Cruz.<\/strong><br \/>\nHablar de una \u00abetapa castellana\u00bb en la obra de Jorge de Arco (Madrid, 1969) es dar testimonio de un camino de perfecci\u00f3n po\u00e9tica que comenz\u00f3 en 1993 con el libro \u2018Las im\u00e1genes invertidas\u2019, todav\u00eda fuertemente influido por el desarraigo de su vida como profesor en Alemania, que continuar\u00eda despu\u00e9s con \u2018Lenguaje de la culpa\u2019, \u2018De fiebres y desiertos\u2019 y \u2018La constancia del agua\u2019, y que alcanzar\u00e1 su m\u00e1ximo nivel expresivo a partir de \u2018La casa que habitaste\u2019, donde la preocupaci\u00f3n por el tiempo y la memoria, por el horizonte de la vida y la inquietud de la eternidad cobra una presencia que define ya muy claramente la singularidad de su voz po\u00e9tica.<br \/>\nEl paso del tiempo o, m\u00e1s concretamente, \u00abla indecisa luz que suele derramarse \/ por los vac\u00edos p\u00e9talos del tiempo\u00bb es sin lugar a dudas el protagonista principal de este libro, donde el poeta sube trabajosamente \u00ablas empinadas cuestas de la memoria\u00bb, en ocasiones para evocar una infancia de faros, de bah\u00edas y de azules gaditanos, pero en otras tambi\u00e9n para indagar sobre ese sentimiento de culpa, de pecado original, de pura inconsistencia de ser hombre que marca toda su producci\u00f3n po\u00e9tica, desde los primeros versos. Una nostalgia del Sur que, en los versos de Jorge de Arco, se confunde peligrosamente con la nostalgia del para\u00edso perdido de la infancia, de un tiempo gastado que no se podr\u00e1 recobrar jam\u00e1s. Sobre \u00abel tacto ardiente y julio de la cal\u00bb de Andaluc\u00eda, la \u00abquimera cautelosa de los d\u00edas\u00bb, cuya superposici\u00f3n va trazando inexorablemente el retrato del hombre presente, el que siente atardecer en su boca y en su esp\u00edritu, el que no termina de encontrar el camino de regreso a la luz.<br \/>\nCierto es que en este camino \u2013manos de luna y verdes ojos de la amada-, el poeta no esta solo. La \u00abmortal, inolvidable danza\u00bb del amor agita su coraz\u00f3n y lo enciende para salvarlo de la noche. Pero en ocasiones ni siquiera esto parece suficiente. Las palabras, perdidas o amarillas, las que el poeta rescata de la regi\u00f3n \u00abm\u00e1s \u00e1rida del sue\u00f1o\u00bb, con facilidad se convierten en \u00abmentiras con sabor a hierbabuena\u00bb, en placebos que, en cuanto baja la guardia, le vuelven a dejar indefenso frente a la intemperie de las horas.<br \/>\nY es aqu\u00ed donde, parad\u00f3jicamente, la \u00faltima poes\u00eda de Jorge de Arco empieza a encontrar otra llama, otro tiempo, otro perfil de la noche, otro ramillete de \u00abhoras sumergidas\u00bb que le hacen perderse gozosamente en el baile de los milenios, para reencontrarse despu\u00e9s\u00a0 en un horizonte nuevo, misterioso, en una nueva realidad vital y po\u00e9tica. Es aqu\u00ed donde los versos de Jorge de Arco, despu\u00e9s de haberse dorado al aire de tantos soles, empiezan ahora a buscar, incluso con denuedo, la \u00abmet\u00e1fora infinita\u00bb de la luz necesaria, de la luz inmortal; la materia del alma y su certeza interior.<br \/>\n\u00abEn el pincel del tiempo \/ te copio. \/ Y me reflejas\u00bb, dice, sencillamente, en este cort\u00edsimo poema, Jorge de Arco. Una bella pugna po\u00e9tica; la raz\u00f3n vigorosa de una batalla perdida de antemano por asir lo inasible, por explicar lo inexplicable, por detener el mundo y volverlo a interpretar desde el fondo del alma. Un gran libro en un momento muy especial de lucidez de su autor.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>El tiempo tiene labios de fuego, pero a veces, \u00abse le quedan al par silenciosos y helados\u00bb. 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