{"id":262,"date":"2015-03-27T20:22:46","date_gmt":"2015-03-27T19:22:46","guid":{"rendered":"http:\/\/blogs.elnortedecastilla.es\/elavisador\/?p=262"},"modified":"2015-03-27T20:22:46","modified_gmt":"2015-03-27T19:22:46","slug":"escenario-mayor-del-sueno-de-valladolid","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.elnortedecastilla.es\/elavisador\/2015\/03\/27\/escenario-mayor-del-sueno-de-valladolid\/","title":{"rendered":"Escenario mayor del sue\u00f1o de Valladolid"},"content":{"rendered":"<p><a href=\"\/elavisador\/wp-content\/uploads\/sites\/5\/2015\/03\/Calderon1.jpg\"><img loading=\"lazy\" class=\"aligncenter size-large wp-image-263\" title=\"Calderon1\" src=\"\/elavisador\/wp-content\/uploads\/sites\/5\/2015\/03\/Calderon1.jpg\" alt=\"\" width=\"1024\" height=\"757\" srcset=\"https:\/\/static-blogs.elnortedecastilla.es\/wp-content\/uploads\/sites\/5\/2015\/03\/Calderon1.jpg 2600w, https:\/\/static-blogs.elnortedecastilla.es\/wp-content\/uploads\/sites\/5\/2015\/03\/Calderon1-300x222.jpg 300w, https:\/\/static-blogs.elnortedecastilla.es\/wp-content\/uploads\/sites\/5\/2015\/03\/Calderon1-768x568.jpg 768w, https:\/\/static-blogs.elnortedecastilla.es\/wp-content\/uploads\/sites\/5\/2015\/03\/Calderon1-1024x758.jpg 1024w\" sizes=\"(max-width: 1024px) 100vw, 1024px\" \/><\/a><\/p>\n<p>\u00abFingimos lo que somos; seamos lo que fingimos\u00bb, escribi\u00f3 don Pedro Calder\u00f3n de la Barca. Desde que el hombre es hombre, es decir, desde que tiene la conciencia de poder representarse a s\u00ed mismo, el teatro ha reflejado fielmente lo que somos en realidad, lo que aparentamos ser delante de los dem\u00e1s, lo que los dem\u00e1s esperan que seamos delante de ellos y lo que terminamos siendo, al fin, con referencia a los otros. Nos guste o no nos guste. As\u00ed ha sido en todos los momentos de la historia, y as\u00ed lo era en Espa\u00f1a, sin duda especialmente, en los \u00faltimos a\u00f1os del reinado de Isabel II, pasados el bienio progresista y el bienio moderado y en v\u00edsperas de la Revoluci\u00f3n del 68: un hervidero social donde nada, ni las instituciones, ni los partidos pol\u00edticos, ni las personas, parec\u00edan ser lo que eran, y en el que las artes esc\u00e9nicas, fundamentalmente la \u00f3pera y el teatro, brillaban con absoluto esplendor. Quiz\u00e1s como espejo cierto de todas aquellas turbulencias.<br \/>\nEn Europa, la alta burgues\u00eda hab\u00eda hecho de los coliseos el espacio de la exhibici\u00f3n social por excelencia; en Madrid, el Teatro Real se hab\u00eda convertido en el mentidero m\u00e1s bullicioso de la corte isabelina, y Valladolid no quer\u00eda ser menos. En este contexto, las p\u00e1ginas de El Norte de Castilla, que hab\u00eda nacido diez a\u00f1os antes con el nombre de El Avisador, daban cuenta en septiembre de 1864 de la flamante inauguraci\u00f3n del Teatro Calder\u00f3n de la Barca, levantado sobre el solar de lo que fuera el antiguo palacio del Almirante de Castilla; un edificio medieval que fue propiedad del Duque de Osuna y del que hoy apenas nos quedan testimonios. La obra elegida para el estreno: &#8220;El alcalde de Zalamea&#8221;, pieza mayor del gran teatro cl\u00e1sico espa\u00f1ol y maravillosa met\u00e1fora del momento en el que viv\u00eda la ciudad del Pisuerga.<br \/>\nJer\u00f3nimo de la G\u00e1ndara, el arquitecto al que se le encarg\u00f3 el proyecto, consigui\u00f3 entregar a los vallisoletanos uno de los teatros m\u00e1s modernos y deslumbrantes de la \u00e9poca. Alumno de Antonio de Zabaleta, viajero por Alemania e Inglaterra, presum\u00eda de ser el primer arquitecto espa\u00f1ol que hab\u00eda registrado en directo, con sus dibujos, las piedras del Parten\u00f3n ateniense, y firmar\u00eda a lo largo de su carrera otras obras tan relevantes como el Teatro Lope de Vega, de Valladolid, o el antiguo teatro de la Zarzuela, de Madrid. Al Calder\u00f3n le dio un aire clasicista con toques de Renacimiento, y un cierto tono germ\u00e1nico que rend\u00eda homenaje a la obra del arquitecto Friedrich Schinkel. Desde el mismo d\u00eda de su inauguraci\u00f3n, se convirti\u00f3 en el favorito de la burgues\u00eda vallisoletana para su representaci\u00f3n social.<br \/>\nDesde entonces hasta ahora, 150 a\u00f1os cumpli\u00f3 el pasado a\u00f1o, el Calder\u00f3n ha vivido todo tipo de acontecimientos. No s\u00f3lo musicales y teatrales, con el paso de grandes nombres como los de Juli\u00e1n Gayarre, Mar\u00eda Guerrero o Tom\u00e1s Bret\u00f3n, sino tambi\u00e9n literarios, cinematogr\u00e1ficos o puramente sociales. La presencia de algunos mitos del cine, durante la Seminci, o el gran Congreso Internacional de la Lengua Espa\u00f1ola, celebrado en octubre de 2001, forman parte de su leyenda m\u00e1s cercana, tanto como la biblioteca secreta que se descubri\u00f3, diez a\u00f1os antes, en el transcurso de unas obras&#8230;<br \/>\nDesde entonces hasta ahora, con la excepci\u00f3n, sin duda, de la Catedral, ning\u00fan otro edificio de la ciudad ha sido testigo de la vida del &#8220;todo Valladolid&#8221; como el viejo y flamante Teatro Calder\u00f3n. De la vida de todos y de la vida, tambi\u00e9n, en gran manera, de cada uno de los vallisoletanos que han pasado por este teatro a lo largo de las generaciones. Pues la vida al cabo, desde su misma esencia colectiva, es puro teatro, como nos ense\u00f1aron los cl\u00e1sicos y como nos siguen se\u00f1alando los modernos. Un frenes\u00ed, una ilusi\u00f3n, una sombra, una ficci\u00f3n&#8230; un sue\u00f1o extraordinario, como dej\u00f3 escrito para siempre el genio.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>\u00abFingimos lo que somos; seamos lo que fingimos\u00bb, escribi\u00f3 don Pedro Calder\u00f3n de la Barca. 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