{"id":311,"date":"2015-08-18T17:37:41","date_gmt":"2015-08-18T16:37:41","guid":{"rendered":"http:\/\/blogs.elnortedecastilla.es\/elavisador\/?p=311"},"modified":"2015-08-18T17:37:41","modified_gmt":"2015-08-18T16:37:41","slug":"gamberros-diletantes-genios","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.elnortedecastilla.es\/elavisador\/2015\/08\/18\/gamberros-diletantes-genios\/","title":{"rendered":"Gamberros, diletantes, genios"},"content":{"rendered":"<p>Muy pocos como Edward Morgan Forster han sabido retratar en sus novelas la belleza decadente, la hipocres\u00eda y las contradicciones de la Inglaterra de los \u00faltimos a\u00f1os del siglo XIX y los primeros del XX. Las im\u00e1genes con las que David Lean y, sobre todo, James Ivory, llevaron m\u00e1s tarde al cine sus textos, en pel\u00edculas como &#8220;Pasaje a la India&#8221;, &#8220;Una habitaci\u00f3n con vistas&#8221; o &#8220;Regreso a Howards End&#8221;, dibujan en nuestra retina la iconograf\u00eda de un tiempo definitivamente rom\u00e1ntico, que da fe del fulgor del que sin duda es uno de los momentos m\u00e1s extraordinarios de la historia de Occidente. Algo que se expresa, quiz\u00e1s todav\u00eda con mayor contundencia, en un libro como &#8220;Maurice&#8221;, llevado tambi\u00e9n a la gran pantalla por Ivory en 1987, con las interpretaciones inolvidables de Hugh Grant, James Wilby y Rupert Graves. Toda la languidez y la morbosidad, pero tambi\u00e9n el brillo de la aventura intelectual de los viejos colegios elitistas brit\u00e1nicos; rectitud y transgresi\u00f3n, casta y contestaci\u00f3n social, frivolidad, rebeld\u00eda y diletancia.<\/p>\n<p><a href=\"\/elavisador\/wp-content\/uploads\/sites\/5\/2015\/08\/woolf.jpg\"><img loading=\"lazy\" class=\"aligncenter size-full wp-image-313\" title=\"DOCU_GRUPO\" src=\"\/elavisador\/wp-content\/uploads\/sites\/5\/2015\/08\/woolf.jpg\" alt=\"\" width=\"402\" height=\"283\" srcset=\"https:\/\/static-blogs.elnortedecastilla.es\/wp-content\/uploads\/sites\/5\/2015\/08\/woolf.jpg 402w, https:\/\/static-blogs.elnortedecastilla.es\/wp-content\/uploads\/sites\/5\/2015\/08\/woolf-300x211.jpg 300w\" sizes=\"(max-width: 402px) 100vw, 402px\" \/><\/a><\/p>\n<p><!--more--><br \/>\n\u00c9se era el caldo de cultivo en el que prosper\u00f3 en la Universidad de Cambridge -para extender despu\u00e9s su ejemplo por otros centros educativos, como el King&#8221;s College de Londres- la famosa sociedad secreta de los Ap\u00f3stoles, la Cambridge Conversazione Society, fundada en 1820 por los doce disc\u00edpulos del estudiante George Tomlinson, en plena efervescencia en el tr\u00e1nsito entre las dos centurias. Una liturgia que se repet\u00eda, cada tarde de s\u00e1bado, con el debate sobre la ponencia de uno de sus miembros, y que cumpl\u00eda fielmente el ritual de las ballenas (whales) de sardina con pan tostado, de los deslumbrantes libros de sesiones y de la custodia sagrada del Arca, que encerraba la sabidur\u00eda del grupo de generaci\u00f3n en generaci\u00f3n. Algunos de estos &#8220;ap\u00f3stoles&#8221; (Strachey, Wittgenstein, Russell, Key-nes) continuaron despu\u00e9s, al salir de la Universidad, fieles al esp\u00edritu de la conjura, integr\u00e1ndose en el famoso C\u00edrculo de Bloomsbury, un grupo de escritores, artistas e intelectuales que revolucion\u00f3, en el primer tercio del siglo XX, este viejo barrio londinense, que se extiende alrededor del Museo Brit\u00e1nico y la Royal Academy of Dramatic Art. Un barrio en el que vivieron tambi\u00e9n, entre otros, personajes como John M. Barrie, el autor de &#8220;Peter Pan&#8221;; como Charles Dickens, Charles Darwin, George du Maurier o William Butler Yeats. Un barrio que tambi\u00e9n dio nombre a otro ilustre c\u00edrculo, quiz\u00e1s menos conocido: el Bloomsbury Gang de Whigs, formado en el siglo XVIII por de John Russell, cuarto duque de Bedford.<br \/>\nAl lado del propio Morgan Forster, y sobre el n\u00facleo duro que formaban Virginia Woolf; su marido, Leonard Sidney Woolf; su hermana, la pintora Vanessa Bell; el marido de \u00e9sta, Clive Bell, y el cr\u00edtico de arte Roger Fry, el C\u00edrculo de Bloomsbury logr\u00f3 reunir a su alrededor a personalidades tan singulares como las del orientalista Arthur Walley, el escritor Lytton Strachey, el cr\u00edtico literario Desmond MacCarthy, los escritores Katherine Mansfield y Gerald Brenan, y los pintores Dora Carrington y Duncan Grant. Y a aut\u00e9nticos agitadores de nuestra cultura como el Premio Nobel de Literatura Bertrand Rusell, su disc\u00edspulo Wittgenstein o el economista John Maynard Keynes. Una confluencia de talentos que llev\u00f3 a escribir a Russell: \u00abCada vez que hablaba con Keynes, sent\u00eda que mi vida estaba en sus manos, y rara vez no me hac\u00eda sentir un poco tonto\u00bb, y al propio Key-nes a decirle a su mujer, despu\u00e9s de recibir a Wittgenstein en la estaci\u00f3n: \u00abHe encontrado a Dios en el tren de las 5:15\u00bb&#8230; Verdaderos maestros de la literatura y del pensamiento de la pasada centuria que, adem\u00e1s, nunca terminaron de perder esa cierta rebeld\u00eda juvenil que alumbr\u00f3 sus primeros a\u00f1os, ni tampoco esa iron\u00eda y ese sentido del humor que les caracteriz\u00f3.<br \/>\nCuando pienso en la aventura de los &#8220;ap\u00f3stoles&#8221;, o en la vitalidad y el genio creador de los miembros del C\u00edrculo de Bloomsbury, se me vienen tambi\u00e9n a la memoria, inevitablemente, las divertidas excentricidades del grupo espa\u00f1ol de la Generaci\u00f3n del 27: Lorca y Bu\u00f1uel, disfrazados de barrenderos, escuchando c\u00f3mo les criticaban los &#8220;putrefactos&#8221; con los que hab\u00edan quedado en una esquina, o Alberti col\u00e1ndose en el Museo del Prado para ofrecer una surrealista explicaci\u00f3n de &#8220;Las Meninas&#8221; a los incautos visitantes extranjeros&#8230; De hecho, no podemos olvidar que la verdadera fama del C\u00edrculo de Bloomsbury, el detonante que servir\u00eda para que el grupo terminara convirti\u00e9ndose en un aut\u00e9ntico mito, provendr\u00eda precisamente de una gamberrada, de una broma colosal que sacudi\u00f3 los cimientos de la sociedad de su tiempo.<br \/>\nFue en 1910 cuando seis miembros del C\u00edrculo, el poeta Horace de Vere Cole, la novelista Virginia Stephen (m\u00e1s tarde Virginia Woolf), el psiquiatra Adrien Stephen (su hermano), el pintor Duncan Grant, el naturalista Anthony Buxton y Guy Ridley se disfrazaron de pr\u00edncipes abisinios -acompa\u00f1ados de un &#8220;traductor&#8221; y de un falso funcionario del Foreingn Office- para pasar revista, con honores de jefes de Estado, al acorazado HMS Dreadnought. La broma, que se trag\u00f3 por completo el almirante William May, comandante de la Home Fleet, se cuaj\u00f3 con unos disfraces pintorescos, con la invenci\u00f3n de una jerga que mezclaba lenguas ind\u00edgenas africanas con frases de Horacio y Virgilio y con el recochineo de una expresi\u00f3n de admiraci\u00f3n, \u00abbunga bunga\u00bb, que fue s\u00edmbolo durante d\u00e9cadas de la farsa y de la verg\u00fcenza. Los azotes con un bast\u00f3n en el trasero del poeta Cole, propinados por un grupo de indignados oficiales de la Royal Navy, apenas sirvieron para vengar una afrenta que puso en evidencia la simbolog\u00eda mayor del glorioso Imperio Brit\u00e1nico&#8230;<br \/>\nConviene recordarlo siempre, cuando pensamos, cien a\u00f1os despu\u00e9s, en todas las cosas que nos quedan todav\u00eda por cambiar.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p align=\"justify\">Algunos &#8220;ap\u00f3stoles&#8221; de Cambridge pasaron a engrosar las filas del C\u00edrculo de Bloomsbury<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Muy pocos como Edward Morgan Forster han sabido retratar en sus novelas la belleza decadente, la hipocres\u00eda y las contradicciones de la Inglaterra de los \u00faltimos a\u00f1os del siglo XIX y los primeros del XX. 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