{"id":317,"date":"2015-09-02T09:56:07","date_gmt":"2015-09-02T08:56:07","guid":{"rendered":"http:\/\/blogs.elnortedecastilla.es\/elavisador\/?p=317"},"modified":"2015-09-02T09:56:07","modified_gmt":"2015-09-02T08:56:07","slug":"ilustracion-y-aldea","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.elnortedecastilla.es\/elavisador\/2015\/09\/02\/ilustracion-y-aldea\/","title":{"rendered":"Ilustraci\u00f3n y aldea"},"content":{"rendered":"<p><a href=\"\/elavisador\/wp-content\/uploads\/sites\/5\/2015\/09\/splendid.jpg\"><img loading=\"lazy\" class=\"alignleft  wp-image-318\" style=\"margin-left: 3px; margin-right: 3px;\" title=\"DOCU_GRUPO ARGENTINA-EL ATENEO\" src=\"\/elavisador\/wp-content\/uploads\/sites\/5\/2015\/09\/splendid.jpg\" alt=\"\" width=\"300\" height=\"421\" srcset=\"https:\/\/static-blogs.elnortedecastilla.es\/wp-content\/uploads\/sites\/5\/2015\/09\/splendid.jpg 642w, https:\/\/static-blogs.elnortedecastilla.es\/wp-content\/uploads\/sites\/5\/2015\/09\/splendid-214x300.jpg 214w\" sizes=\"(max-width: 300px) 100vw, 300px\" \/><\/a>Cre\u00edamos que el r\u00e9gimen global de las nuevas tecnolog\u00edas era algo que tan s\u00f3lo afectaba a la econom\u00eda y a los h\u00e1bitos de consumo de las personas y nos equivocamos. Detr\u00e1s de la implantaci\u00f3n planetaria de las multinacionales de la comunicaci\u00f3n, dirigidas desde los Estados Unidos pero con feudos regionales cada vez m\u00e1s definidos en Asia, ya hemos visto extraordinarias maniobras geopol\u00edticas, como las primaveras \u00e1rabes, y empezamos a identificar tambi\u00e9n lo que realmente hay en el fondo: el cuestionamiento de nuestra propia cultura.<br \/>\nViajar hoy por las grandes ciudades de China o de la India, contaminadas en el sentido m\u00e1s profundo del t\u00e9rmino, es ser conscientes de hasta qu\u00e9 punto el hombre de principios del siglo XXI ha llevado hasta el extremo aquella vieja observaci\u00f3n de Sigmund Freud formulada a principios del siglo XX: &#8220;La funci\u00f3n capital de la cultura, su verdadera raz\u00f3n de ser, es defendernos contra la naturaleza&#8221;. Parad\u00f3jicamente, el momento de mayor apertura de estos pa\u00edses de tradici\u00f3n milenaria coincide con el mayor \u00edndice de destrucci\u00f3n de su propio legado cultural.<br \/>\nAlgo muy semejante, con dimensi\u00f3n distinta pero con la misma ra\u00edz de fondo, a lo que le est\u00e1 sucediendo a nuestra cultura occidental: ni Ortega, con su rebeli\u00f3n de las masas, ni Marshall McLuhan, con su teor\u00eda de la aldea global, ni siquiera Umberto Eco, con su pugna entre apocal\u00edpticos e integrados, pudieron llegar nunca a imaginar los efectos reales de la comunicaci\u00f3n global sobre los pilares del edificio de nuestra cultura; un edificio sostenido a duras penas por los diferentes pueblos que han habitado Europa desde los tiempos de los griegos. Una amenaza de derribo que, a pesar de la modernidad, de lo avanzado de nuestra civilizaci\u00f3n y nuestra tecnolog\u00eda, tiene perfiles que nos recuerdan demasiado al m\u00e1s cl\u00e1sico de los derrumbamientos de nuestra historia: la ca\u00edda del Imperio Romano y la consecuente llegada de la Edad Media.<\/p>\n<p><!--more--><br \/>\nCuando Roma entre guerras, crisis, devastaciones y corrupciones, hab\u00eda conseguido hacer suyo el esp\u00edritu de Grecia, la sombra de los b\u00e1rbaros lo volvi\u00f3 a soterrar durante siglos. Los grandes nombres de la cultura grecolatina se refugiaron entonces, como reliquias del pasado, en los ?scriptorium? de los monasterios, y las plazas y los caminos fueron tomados por juglares y artistas an\u00f3nimos que transformaron en cultura popular, en coplas de ciego, los grandes testimonios de la excelencia de sus antecesores. El arte dej\u00f3 de ser la expresi\u00f3n compartida de un individuo, su voz intransferible, para convertirse en una herramienta al servicio de los se\u00f1ores feudales; sin voces personales, desde el anonimato, sin autor\u00eda de ning\u00fan tipo. Ahora podr\u00eda parecer que en este tiempo sucede lo contrario, que nos hallamos ante la apoteosis de la individualidad, pero el resultado no deja de ser el mismo: el coro de voces, uniformadas por el pensamiento \u00fanico, produce un ruido aturdidor que lo invade todo, que lo confunde y lo vulgariza. Aldeas globales, s\u00ed, pero sobre todo aldeas: m\u00e1s sensibles a la admonici\u00f3n del cham\u00e1n o a las habladur\u00edas del vecino que a la voz del fil\u00f3sofo.<br \/>\nPara Cicer\u00f3n tenerlo todo era tener una biblioteca con jard\u00edn, y para Borges el para\u00edso estaba relacionado directamente con &#8220;alg\u00fan tipo de biblioteca&#8221;. Las bibliotecas de nuestros padres son los ?big data? de nuestros hijos, con acceso ilimitado. Y nuestra cultura est\u00e1 cada vez menos en manos de sus creadores o de sus promotores y m\u00e1s en las de los nuevos ?mecenas? de la comunicaci\u00f3n global; mecenas que entienden la cultura no como un modo de progreso individual y colectivo, sino como un bien de consumo a trav\u00e9s del cual se fomenta la dependencia tecnol\u00f3gica y, con ella, la explotaci\u00f3n econ\u00f3mica del individuo.<br \/>\nFue del propio Cicer\u00f3n del que los pensadores del siglo XVII, y sobre todos los del XVIII, extrajeron el sentido profundo de la palabra cultura: ?cultura animi?, el cultivo del alma. Un s\u00edmil agr\u00edcola que sirvi\u00f3 despu\u00e9s para la educaci\u00f3n en el conocimiento, en el buen gusto y en la excelencia de la creaci\u00f3n humana. En la era de la cultura en la red global cultivamos la inteligencia, la universalizamos y hasta la transferimos desde los hombres hasta las m\u00e1quinas con velocidad de v\u00e9rtigo. Pero ese proceso no servir\u00e1 si adem\u00e1s de sobre el cuerpo y sus accesorios tecnol\u00f3gicos no se act\u00faa tambi\u00e9n sobre el alma. No el alma colectiva de una masa an\u00f3nima, sino el alma individual de cada uno de nosotros.<br \/>\nEn medio de este maremagnum, proteger la excelencia parece el \u00fanico camino.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Cre\u00edamos que el r\u00e9gimen global de las nuevas tecnolog\u00edas era algo que tan s\u00f3lo afectaba a la econom\u00eda y a los h\u00e1bitos de consumo de las personas y nos equivocamos. 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