{"id":337,"date":"2015-09-02T11:04:24","date_gmt":"2015-09-02T10:04:24","guid":{"rendered":"http:\/\/blogs.elnortedecastilla.es\/elavisador\/?p=337"},"modified":"2015-09-02T11:04:24","modified_gmt":"2015-09-02T10:04:24","slug":"el-arte-cuando-arden-las-perdidas","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.elnortedecastilla.es\/elavisador\/2015\/09\/02\/el-arte-cuando-arden-las-perdidas\/","title":{"rendered":"El arte, cuando arden las p\u00e9rdidas"},"content":{"rendered":"<p>Aprimera vista, tal vez parezca que los ojos de San Pablo, tal como lo pint\u00f3 Ribera en el siglo XVII, y los de Kirsten Dunst, atrapados por la c\u00e1mara de Lars von Trier en el XXI, no tienen nada que ver. Pero no es verdad. Los primeros, arrasados por la tristeza, buscan en el m\u00e1s all\u00e1 lo que el mundo ya parece incapaz de ofrecerles; los segundos, entregados al desistimiento al tiempo que suena el preludio de &#8216;Trist\u00e1n e Isolda&#8217;, de Richard Wagner, han renunciado ya a toda esperanza. Entre una y otra imagen, separadas por cuatro siglos, hay un hilo invisible. Un hilo que est\u00e1 tejido con el desencanto, con la decadencia, con la conciencia doliente de lo perdido. Un hilo que se mantiene intacto de manera c\u00edclica en nuestra cultura a lo largo de la historia.<\/p>\n<p><!--more--><\/p>\n<p>Fueron los griegos, a falta de otras fuentes m\u00e1s antiguas, los que inventaron la melancol\u00eda. La llamaron &#8220;bilis negra&#8221;, uno de los cuatro humores -junto a la bilis amarilla, la sangre y la flema- que, seg\u00fan Hip\u00f3crates, conformaban el temperamento humano. Desde entonces hasta ahora el fen\u00f3meno ha sido recurrente. Los griegos cayeron en melancol\u00eda cuando su cultura fue travestida por los romanos; los romanos echaron bilis negra cuando su civilizaci\u00f3n fue pisoteada por los pies descalzos de los b\u00e1rbaros, y a partir de ah\u00ed no hubo empresa, imperio ni se\u00f1or\u00edo que no entrara en depresi\u00f3n en el instante mismo de haber tocado su apogeo; si no antes. Tanta ha sido la adicci\u00f3n de los europeos a este fen\u00f3meno, que V\u00edctor Hugo acab\u00f3 definiendo la melancol\u00eda, a principios del XIX, como la &#8220;felicidad de estar triste&#8221;.<br \/>\nLa exposici\u00f3n que ahora se estrena en Valladolid, y que despu\u00e9s seguir\u00e1 camino por Valencia y Palma de Mallorca, nos habla sin embargo de un momento de melancol\u00eda muy especial: aquel que surge del tr\u00e1nsito entre el esplendor y la muerte del imperio espa\u00f1ol, en los siglos XVI y XVII. Eso que se ha dado en llamar Siglo de Oro, con figuras literarias como las de Quevedo, Lope de Vega, Cervantes, San Juan o Santa Teresa de Jes\u00fas -&#8220;tristeza y melancol\u00eda no las quiero en casa m\u00eda&#8221;, dec\u00eda la de \u00c1vila-. Y con artistas, en el mundo de la pl\u00e1stica, de la talla de Rubens o Vel\u00e1zquez, algunos de ellos tan n\u00edtidamente melanc\u00f3licos como El Greco, Ribera, Ribalta o Zurbar\u00e1n, cuyos santos representan la m\u00e1xima expresi\u00f3n de la vibraci\u00f3n del alma humana ante el desasosiego. O como Vald\u00e9s Leal y Antonio de Pereda, cuyas calaveras recuerdan la obsesi\u00f3n de la \u00e9poca por el tiempo y la muerte. La melancol\u00eda, que distingui\u00f3 ya desde el Renacimiento a pr\u00edncipes, poetas y fil\u00f3sofos, tanto m\u00e1s tristes cuanto m\u00e1s conscientes de la condici\u00f3n humana; la que termin\u00f3 encarnando el personaje m\u00e1s c\u00e9lebre de la literatura espa\u00f1ola de todos los tiempos: el ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha.<br \/>\nUna historia universal del desenga\u00f1o que, de manera consecuente, ha tra\u00eddo siempre consigo momentos de alt\u00edsima creatividad. Entonces, cuando los sue\u00f1os m\u00e1s altos de los hombres se vinieron abajo estrepitosamente, y ahora, en un tr\u00e1nsito muy parecido. Pues a la vista est\u00e1 la tremenda actualidad de la melancol\u00eda en un tiempo como el nuestro. Un tiempo que se inaugura con el grito de &#8220;no futur&#8221; de los ?punkies?, y que tiene quiz\u00e1s su m\u00e1ximo esplendor en el pesimismo existencial de la llamada cultura &#8216;grunge&#8217;, o Generaci\u00f3n X, con la m\u00fasica de Nirvana y el suicidio de Kurt Cobain como hito generacional&#8230; Tambi\u00e9n &#8216;El desencanto&#8217;. de Jaime Ch\u00e1varri, o &#8216;Arden las p\u00e9rdidas&#8217;, de Antonio Gamoneda, en nuestro entorno. Lo que dec\u00eda, sin duda con Juan de la Cruz en su cabeza, la gran Mar\u00eda Zambrano en su definici\u00f3n de melancol\u00eda: &#8220;la manera de tener no teniendo, de poseer las cosas por el palpitar del tiempo, por su envoltura temporal&#8221;. La belleza, cuando se marchita en un segundo, inmediatamente despu\u00e9s de haber alcanzado su esplendor, delante de nuestros ojos.<\/p>\n<div><span style=\"font-family: Verdana, Geneva, Arial, Helvetica, sans-serif; font-size: 11px; line-height: normal; background-color: #ffffff;\"><br \/>\n<\/span><\/div>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Aprimera vista, tal vez parezca que los ojos de San Pablo, tal como lo pint\u00f3 Ribera en el siglo XVII, y los de Kirsten Dunst, atrapados por la c\u00e1mara de Lars von Trier en el XXI, no tienen nada que ver. Pero no es verdad. 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