{"id":73,"date":"2011-03-28T21:26:00","date_gmt":"2011-03-28T21:26:00","guid":{"rendered":"http:\/\/blogs.elnortedecastilla.es\/elavisador\/?p=73"},"modified":"2011-03-28T21:26:00","modified_gmt":"2011-03-28T21:26:00","slug":"brines-cuando-conciencia-resuelve-serenidad","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.elnortedecastilla.es\/elavisador\/2011\/03\/28\/brines-cuando-conciencia-resuelve-serenidad\/","title":{"rendered":"Brines: cuando la conciencia resuelve en serenidad"},"content":{"rendered":"<p>Hay veces en que el alma \u00abse quiebra como un vaso\u00bb; a pesar de ello, el oficio del poeta es llenar el vaso y beber antes de que se rompa, y dejar las palabras \u00abgastadas, bien lavadas, \/ en el fondo quebrado \/ de tu alma,\/ y que, si pueden, canten\u00bb. El pu\u00f1ado de versos que componen \u2018El vaso quebrado\u2019, uno de los cinco poemas que, como anticipo de su pr\u00f3ximo libro, se asoman a la antolog\u00eda \u2018Yo descanso en la luz\u2019, resume a la perfecci\u00f3n el empe\u00f1o po\u00e9tico de Francisco Brines (Oliva, Valencia, 1932) a lo largo de medio siglo de escritura. Pocos autores como \u00e9l han labrado su obra desde la fragilidad inmensa que supone el saberse mortal, necesariamente perecedero en cada segundo de la existencia, pero al mismo tiempo, y como consecuencia de ello, tambi\u00e9n desde la necesidad de aprovechar hasta la m\u00e1s m\u00ednima esencia del perfume secreto de la vida. Y cantar, es decir, vibrar para contarlo, como s\u00edmbolo eterno del quehacer po\u00e9tico.<\/p>\n<p>Luis Garc\u00eda Montero, responsable de la edici\u00f3n de esta cuidada antolog\u00eda en la colecci\u00f3n Palabra de Honor, de Visor, titula muy acertadamente su introducci\u00f3n a la misma \u2018La serenidad po\u00e9tica de Francisco Brines\u2019. Y es cierto. Entre los versos inaugurales de \u2018Las brasas\u2019 (1960), su primera y deslumbrante entrada en el mundo de la poes\u00eda, hasta las palabras finales de \u2018La \u00faltima costa\u2019 (1995) prevalece ese mismo tono: el canto sereno del que va diciendo lo suyo quiz\u00e1s calladamente, pero con una intensidad inquebrantable, con un brillo sin estridencias que no deja de emocionar un solo momento. Entre los agujeros negros del alma de Valente y la claridad alt\u00edsima del coraz\u00f3n de Claudio Rodr\u00edguez, dos de sus m\u00e1s notables compa\u00f1eros en la llamada Generaci\u00f3n de los Cincuenta, el verso de Francisco Brines ha sabido distinguirse siempre por ese fulgor perpetuo, por esa meditaci\u00f3n encendida que se cuaj\u00f3 de manera magistral en la que, a mi juicio, es la m\u00e1s bella de todas sus obras: \u2018El oto\u00f1o de las rosas\u2019 (1986).<\/p>\n<p>Ante la omnipresencia de la muerte en la poes\u00eda de Brines, a veces con toda su descarnada imposici\u00f3n, no son pocos los lectores que han querido interpretar el conjunto de su obra desde la negaci\u00f3n, el vac\u00edo, la inexistencia o el nihilismo. Nada m\u00e1s lejos de la realidad. As\u00ed lo asegura Garc\u00eda Montero cuando habla de una conciencia que se resuelve en serenidad, o de una \u00abaceptaci\u00f3n vitalista de la muerte\u00bb. La lucidez de sus reflexiones sobre la fugacidad del tiempo y sobre la finitud del hombre es la misma lucidez que le permite saber que el hombre, desde el mismo momento en que nace, es decir, en que tiene el don de transformar la muerte en vida, tiene ante s\u00ed la posibilidad de disfrutar de un tesoro extraordinario. \u00abAma la tierra el hombre \/ con gran fuerza \/ por una ciega ley del coraz\u00f3n\u00bb, escribe Francisco Brines en el poema inaugural de \u2018Palabras a la oscuridad\u2019 (1966), precisamente dedicado a Lines, la esposa de Jos\u00e9 Hierro, otro de los grandes de su generaci\u00f3n. Una ley ciega que, en el caso de nuestro poeta, y seg\u00fan transcurren los a\u00f1os y los versos, va instal\u00e1ndose en la luz de la trascendencia cada vez con mayor soltura.<\/p>\n<p>\u00abA\u00fan tengo que venir, \/ o esto que m\u00e1s me apena: ya te has ido\u00bb, vuelve a decir Brines en el cierre del poema \u2018Homenaje y reproche a la vida\u2019. Nadie como \u00e9l, frente a la conciencia de la fugacidad del instante, sabe detenerse y solazarse en el instante mismo; a veces con un cierto poso de melancol\u00eda, a veces incluso con una clara rebeld\u00eda que late en el coraz\u00f3n mismo del poema, pero nunca con escepticismo: cantando en voz baja, descansando de las penurias del mundo, pero tocando la luz y su misterio con las mismas manos de la poes\u00eda. Le\u00eddo as\u00ed, desde su primer libro hasta el pen\u00faltimo, podando con eficacia y con afecto aquellas ramas que sobraban todav\u00eda hasta ofrecernos, perfecta y modelada, la gran imagen de su \u00e1rbol po\u00e9tico, el autor de \u2018Materia narrativa inexacta\u2019 (1965), \u2018A\u00fan no\u2019 (1971) e \u2018Insistencias en Luzbel\u2019 (1977) se nos muestra a\u00fan m\u00e1s esclarecedor, a\u00fan m\u00e1s consciente que con la lectura fragmentada, a lo largo del tiempo, de cada uno de sus libros en particular.<\/p>\n<p>Y por lo que podemos ver ahora de su pr\u00f3xima entrega po\u00e9tica, la misma serenidad luminosa que le ha acompa\u00f1ado siempre, incluso m\u00e1s delgada y m\u00e1s pura, sigue siendo ahora, cuando el escritor se acerca ya a los ochenta, su m\u00e1s reconocible se\u00f1a de identidad. As\u00ed en el poema titulado \u2018Trastorno en la ma\u00f1ana\u2019, cuando dice: \u00abHe le\u00eddo el poema de un amigo \/ y se han puesto a cantar todos los p\u00e1jaros\u00bb, y poco despu\u00e9s a\u00f1ade: \u00abNunca vi una ma\u00f1ana \/ (que cantara, que oliera) \/ con tanta luz\u00bb. Esa es exactamente la sensaci\u00f3n que le queda al lector atento al canto de las palabras verdaderas, despu\u00e9s de haber le\u00eddo un libro como este.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Hay veces en que el alma \u00abse quiebra como un vaso\u00bb; a pesar de ello, el oficio del poeta es llenar el vaso y beber antes de que se rompa, y dejar las palabras \u00abgastadas, bien lavadas, \/ en el fondo quebrado \/ de tu alma,\/ y que, si pueden, canten\u00bb. 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