{"id":76,"date":"2011-04-18T10:37:00","date_gmt":"2011-04-18T10:37:00","guid":{"rendered":"http:\/\/blogs.elnortedecastilla.es\/elavisador\/?p=76"},"modified":"2011-04-18T10:37:00","modified_gmt":"2011-04-18T10:37:00","slug":"ana-maria-matute-o-luz-la-luciernaga","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.elnortedecastilla.es\/elavisador\/2011\/04\/18\/ana-maria-matute-o-luz-la-luciernaga\/","title":{"rendered":"Ana Mar\u00eda Matute o la luz de la luci\u00e9rnaga"},"content":{"rendered":"<p><IMG src=\"\/elavisador\/files\/Matute.JPG\" id=\"img_1\" class=\"imgcen\">Siempre que pienso en Ana Mar\u00eda Matute la recuerdo salvando, con mucho cuidado, la enorme distancia entre el estribo del vag\u00f3n del tren y el and\u00e9n de la estaci\u00f3n de \u00c1vila, un d\u00eda de nieve y hielo muy poco despu\u00e9s de haber sido elegida para ocupar el sill\u00f3n K de la Real Academia Espa\u00f1ola. Cogida de mi brazo y del brazo del poeta Jos\u00e9 Mar\u00eda Mu\u00f1oz Quir\u00f3s, pr\u00e1cticamente se dejaba llevar patinando sobre el hielo como una ni\u00f1a de m\u00e1s de setenta a\u00f1os, disfrutando del espect\u00e1culo de la ciudad nevada y evocando las p\u00e1ginas que dej\u00f3 escritas Miguel Delibes sobre el fr\u00edo abulense en \u2018La sombra del cipr\u00e9s es alargada\u2019&#8230; Cualquier tipo de fragilidad, sin embargo, qued\u00f3 disipada cuando Ana Mar\u00eda se sent\u00f3 frente al p\u00fablico y empez\u00f3 a responder a nuestras preguntas en el coloquio. La misma energ\u00eda que despleg\u00f3 para criticar la dureza de la educaci\u00f3n de las monjas con las que realiz\u00f3 una buena parte de sus estudios la emple\u00f3 para re\u00edrse de sus compa\u00f1eros de la Espa\u00f1ola, que no hab\u00edan sido capaces de tener un bar como Dios manda, un bar donde se pudiera tomar una copita de whisky o de ginebra, hasta que lleg\u00f3 ella e impuso la costumbre.<\/p>\n<p>Tal vez ese mismo contraste entre la aparente fragilidad de la mujer y la inmensa fuerza interior de la escritora, de la creadora de historias capaces de conmover a lectores de todo el mundo, nos sirva tambi\u00e9n para adentrarnos en el maravilloso mundo literario de Ana Mar\u00eda Matute. Mano de hierro en guante de terciopelo, o tambi\u00e9n la ternura de los personajes de ese peque\u00f1o teatro que concibi\u00f3 cuando apenas ten\u00eda 17 a\u00f1os para denunciar, casi descarnadamente, los vicios y las contradicciones de una sociedad, la espa\u00f1ola de los a\u00f1os cuarenta, donde las sombras de la guerra civil estaban todav\u00eda demasiado presentes. <\/p>\n<p>No es balad\u00ed, a la hora de hablar de Ana Mar\u00eda Matute, recordar la figura de Miguel Delibes. La escritora que qued\u00f3 finalista del Nadal en 1949 con \u2018Luci\u00e9rnagas\u2019 (un libro al que la densidad de las sombras de la censura impidi\u00f3 mostrar su verdadera luz), y que diez a\u00f1os despu\u00e9s termin\u00f3 ganando el premio con \u2018Primera memoria\u2019, pertenece por derecho a ese n\u00facleo esencial de nuestra literatura de posguerra donde, alrededor de este galard\u00f3n, cobraron un vuelo extraordinario nombres como los de Carmen Laforet, Jos\u00e9 Mar\u00eda Gironella, Rafael S\u00e1nchez Ferlosio, Carmen Mart\u00edn Gaite, Jos\u00e9 Luis Mart\u00edn Descalzo o el propio Delibes. Recordando la versi\u00f3n literaria de aquella Espa\u00f1a, resulta inevitable tambi\u00e9n hacer otra referencia muy cercana: la de Rosa Chacel y sus \u2018Memorias de Leticia Valle\u2019; la misma ternura, la misma aparente inocencia de los adolescentes, y el mismo fondo del claroscuro espa\u00f1ol actuando de manera inquietante.<\/p>\n<p>Despu\u00e9s de aquellos a\u00f1os iniciales, para Ana Mar\u00eda la vida tuvo serias dificultades, lo que no impidi\u00f3 que, en medio de grandes territorios de silencio, siguiera escribiendo novelas, relatos y cuentos para ni\u00f1os hasta llegar a ser propuesta para el Nobel de Literatura. Ahora le ha correspondido, por fin, el Cervantes, y aunque su salud ya no es la que era, sin duda podremos volver a sentir muy pronto la transformaci\u00f3n de esa debilidad de los a\u00f1os y las experiencias vividas en una exhibici\u00f3n de fuerza literaria.<br \/>\nSiempre que pienso en Ana Mar\u00eda Matute me acuerdo tambi\u00e9n del personaje de \u2018Luci\u00e9rnagas\u2019, de esa ni\u00f1a que ve\u00eda las letras como hormiguitas negras sobre el folio en blanco y que se decidi\u00f3 a escribir y a escribir para huir de la crueldad de los adultos, como un peque\u00f1o Peter Pan de la escritura. La ni\u00f1a se hizo grande, o tal vez no, pero el mismo esp\u00edritu rebelde, inquieto y, a la vez, un poco misterioso, de aquella joven de 17 a\u00f1os que concibi\u00f3 el mundo como un teatro de t\u00edteres permanece en esta escritora que frisa ya los 86, y a la que las nieves de su cabeza no han conseguido enfriar ni un \u00e1pice el fuego de su coraz\u00f3n.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Siempre que pienso en Ana Mar\u00eda Matute la recuerdo salvando, con mucho cuidado, la enorme distancia entre el estribo del vag\u00f3n del tren y el and\u00e9n de la estaci\u00f3n de \u00c1vila, un d\u00eda de nieve y hielo muy poco despu\u00e9s de haber sido elegida para ocupar el sill\u00f3n K de la Real Academia Espa\u00f1ola. 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