{"id":82,"date":"2011-06-06T10:57:00","date_gmt":"2011-06-06T10:57:00","guid":{"rendered":"http:\/\/blogs.elnortedecastilla.es\/elavisador\/?p=82"},"modified":"2011-06-06T10:57:00","modified_gmt":"2011-06-06T10:57:00","slug":"la-aventura-europea-charlot","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.elnortedecastilla.es\/elavisador\/2011\/06\/06\/la-aventura-europea-charlot\/","title":{"rendered":"La aventura europea de Charlot"},"content":{"rendered":"<p><IMG src=\"\/elavisador\/files\/charlot.jpg\" id=\"img_0\" class=\"imgizqda\"><strong>T<\/strong>odo empez\u00f3 con una visita a su amigo Montague Glass en Pasadena, un d\u00eda de 1921. La velada, en la que adem\u00e1s de la esposa y la hija del escritor estaban presentes el ilustrador Lucius Hitchcock y su mujer, inclu\u00eda un pastel de carne y ri\u00f1ones que era una verdadera \u00absinfon\u00eda\u00bb, un c\u00e1lido ambiente familiar y canciones interpretadas al piano. Y a Charles Chaplin, agobiado por las presiones de Hollywood, se le encendieron las luces de la nostalgia. De regreso a su casa, el telegrama en el que le anunciaban el estreno en Londres de \u2018El Chico\u2019 fue la excusa perfecta para dejar por un tiempo los estudios y embarcarse en un extraordinario viaje de iniciaci\u00f3n por Inglaterra, Francia y Alemania. <\/p>\n<p>Traducido al espa\u00f1ol ocho a\u00f1os despu\u00e9s como \u2018Mis andanzas por Europa\u2019, \u2018My Trip Abroad\u2019 se public\u00f3 por primera vez en Nueva York en 1922. Interesado por conocer \u00abqu\u00e9 aspecto tendr\u00eda Europa despu\u00e9s de la guerra\u00bb, Chaplin quiso consignar en un libro todas sus experiencias en tal aventura, y escribi\u00f3 a su regreso una maravillosa cr\u00f3nica que ahora sirve para inaugurar la colecci\u00f3n El Periscopio, de Ediciones Evoh\u00e9, al lado del no menos fascinante \u2018Singladuras\u2019, de Concha Espina, un libro de viajes en el que, sensu contrario, la autora de \u2018La ni\u00f1a de Luzmela\u2019 relata su periplo americano solo unos a\u00f1os m\u00e1s tarde.<\/p>\n<p>Cautivador, pues quien nos habla es, en palabras de Luis Alberto de Cuenca, prologuista de esta nueva edici\u00f3n, \u00abuno de los cuatro o cinco nombres m\u00e1s relevantes del siglo XX\u00bb, el libro no solo traza un retrato preciso de la Europa de entreguerras, sino que permite, adem\u00e1s, descubrir perfiles literarios y po\u00e9ticos tal vez poco conocidos del cineasta. Por ejemplo cuando, caminando al lado del escritor Thomas Burke por las calles del mismo Londres en el que Charlie hab\u00eda sido un atormentado ni\u00f1o de orfanato, escribe: \u00abHe aqu\u00ed una peque\u00f1a porci\u00f3n de designio divino en el que el amor va de la mano con la muerte, en el que la poes\u00eda canta en marchitos corazones de Mongolia, mientras se hunden cuchillos en pechos de n\u00edvea blancura y cuellos morenos\u00bb. O, un poco m\u00e1s adelante: \u00abTengo la sensaci\u00f3n de que, tras las puertas cerradas, ocurren cosas triviales, portentosas, hermosas, s\u00f3rdidas, rastreras, gloriosas, sencillas, memorables, odiosas, amables\u00bb. Entre otras muchas an\u00e9cdotas, resulta impagable el relato de sus entrevistas con H.G. Wells. Despu\u00e9s de estar a punto de cancelar su primera cita a causa de una falsa llamada, que le propon\u00eda la alternativa de un encuentro con el pr\u00edncipe de Gales, Chaplin y Wells, dos de los mayores genios que vio la pasada centuria, tuvieron tiempo para conocerse, para conversar e, incluso, para cambiar opiniones sobre Espa\u00f1a y sobre los toros. A Chaplin, quien amaba \u00ablos sentimientos mucho m\u00e1s que los detalles\u00bb, le interesaban las corridas porque encerraban \u00abalgo crudamente elemental\u00bb, algo que \u00abnecesariamente tiene que atraer a cualquier artista\u00bb. A Wells, sin embargo, le parec\u00eda que era un espect\u00e1culo \u00abdemasiado cruel para los caballos\u00bb\u2026<\/p>\n<p>En su recorrido Europeo Chaplin no vino a Espa\u00f1a, ni tampoco fue a Rusia para conocer a Lenin y a Trotsky, como era su intenci\u00f3n, pero s\u00ed pas\u00f3 por Francia y por Alemania. En Francia, donde supo por primera vez que le llamaban Charlot, respir\u00f3 con intensidad el aroma de Par\u00eds, a la que calific\u00f3 como \u00abuna obra maestra entre las ciudades\u00bb; \u00ab\u00bfPuede alguien \u2013dice- concebir tal creaci\u00f3n, un lugar de tal gozo ininterrumpido?\u00bb De Alemania, entre otras muchas cosas escribi\u00f3: \u00abLa gente se agolpa en los campos, labrando el suelo, trabajando febrilmente sin descanso mientras nuestro tren cruza raudo. Hombres, mujeres y ni\u00f1os est\u00e1n trabajando. Est\u00e1n haciendo frente a su problema y reconstruyendo. Un gran pueblo, pervertido por y para unos pocos\u00bb.<\/p>\n<p>De regreso por barco a casa, Chaplin no puede dejar de rese\u00f1ar su peque\u00f1a historia afectiva con una ni\u00f1a de ocho a\u00f1os. Al mejor estilo de Lewis Carroll, el c\u00f3mico cuenta la gracia y la coqueter\u00eda de la peque\u00f1a quien, para darle su beso de despedida, le lleva a un aparte y le dice: \u00abCharlie, no te pod\u00eda besar ah\u00ed fuera, delante de todo el mundo. Adi\u00f3s, querido. Cu\u00eddate\u00bb; \u00abEsto es aut\u00e9ntico amor\u00bb, escribe el viajero. Tras una visita a la c\u00e1rcel de Sing Sing, donde deja de manifiesto su oposici\u00f3n a la pena de muerte (\u00abYo abolir\u00eda las prisiones. Las llamar\u00eda hospitales y tratar\u00eda a los prisioneros como pacientes\u00bb), Charlot cruza los Estados Unidos en tren para regresar a Hollywood. Su retorno coincide con la Conferencia de Desarme, y la experiencia europea le sirve para so\u00f1ar con un mundo que aprenda por fin de sus errores; de hecho, el libro se cierra con el fragmento de un poema de Tennyson que dice: \u00ab\u00bfCu\u00e1ndo ser\u00e1 el bien de todos los hombres \/ la norma de cada hombre, y cu\u00e1ndo la paz universal \/ brillar\u00e1 como un haz de luz a lo largo del camino \/ y como una capa de fulgores atravesando el mar?\u00bb. Nada m\u00e1s lejos de la realidad. En paralelo al regreso de Chaplin al olor del celuloide y al fragor de la vida hollywoodiense, Hitler est\u00e1 pasando sus primeros tres meses en prisi\u00f3n por las palizas de los SA, los temidos camisas pardas del Partido Nacionalsocialista Obrero Alem\u00e1n. Pero \u00e9sa es otra historia.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Todo empez\u00f3 con una visita a su amigo Montague Glass en Pasadena, un d\u00eda de 1921. 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